Más que rivales: una historia de amor, sexo y clandestinidad que busca quebrar tabúes pero no esquiva los lugares comunes
Más que rivales (Heated Rivalry, Canadá/2025). Creación: Jacob Tierney. Elenco: Hudson Williams, Connor Storrie, François Arnaud, Christina Chang, Dylan Walsh, Yaroslav Poverlo, Slavic Rogozine...
Más que rivales (Heated Rivalry, Canadá/2025). Creación: Jacob Tierney. Elenco: Hudson Williams, Connor Storrie, François Arnaud, Christina Chang, Dylan Walsh, Yaroslav Poverlo, Slavic Rogozine, Ksenia Daniela Kharlamova, Robbie G. K., Sophie Nélisse. Disponible en: HBO Max. Nuestra opinión: buena.
La era de las historias queer con una pizca de romance y mucho de sexo llegó a su apogeo en los años 2000 cuando el tabú respecto a la representación de historias de amor gay o lésbico ya se había relajado hacia una década, pero todavía no habían aparecido ficciones que se animaran a representarlas con valentía e inteligencia. Las series más recordadas de ese período son la británica Queer as Folk, despegando en el mismo 2000, y The L Word, situada en la glamorosa costa californiana a fines de esa década. Las claves eran el retrato de un mundo propio, algo cerrado, con sus códigos y su lenguaje; relaciones de amistad que derivaban en sexo y anhelo de compromiso, mientras los enredos y malentendidos daban pie al drama y hasta -a veces- a la tragedia.
La década siguiente permitió levantar esas barreras y destronar la idea de “ficción queer” para pasar a narrativas más fluidas, que incluían claves de género como la ciencia ficción o el terror, que imaginaban historias de amor LGBTQ no como una curiosidad o una exigencia de agenda sino como parte orgánica del show, y los personajes expandían los distintos estereotipos para integrarse a un panorama más complejo, de mayor espesura dramática. Series como Glee en clave musical, Sense8 en sintonía sci-fi, Orange is The New Black, en el espacio carcelario, Modern Family en modo sit-com, Please Like Me con aires indie, y Transparent, abordando la problemática trans adulta. Esa salida del nicho sacudió las anteriores coordenadas de las series pioneras, dio entrada a artistas con personalidad como Andrew Haigh para Looking, las hermanas Wachowski para Sense8, y el vendaval Ryan Murphy para su multitudinaria explosión kitsch.
Más que rivales parece querer regresar a aquella primera época de quiebre de tabúes llevando el sexo gay a un terreno donde parece estar vedado: el deporte de alta competencia y exposición. Todas las ficciones queer situaban su acción en el mundo del arte y el espectáculo, en la escuela secundaria, en un pasado victoriano, pero nunca en el deporte, con sus atletas fornidos y musculosos, sus campañas publicitarias de millones, y sus exigencias competitivas para medir triunfos y virilidad. De hecho, la única cercanía a esa lógica fue la malograda adaptación de Un equipo muy especial de Penny Marshall sobre el derrotero de un equipo de béisbol femenino durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Estrenada en 2022 en Prime Video, ese intento de remake duró apenas una temporada. El deporte sigue siendo un terreno espinoso para las narrativas queer, sobre todo en los deportes masculinos de equipo como el fútbol, el béisbol, el básquet, el fútbol americano y el hockey. Y es en ese universo donde se mete Más que rivales, serie basada en las novelas de Rachel Reid (Game Changers) y creada por el canadiense Jacob Tierney, actor y artífice de la exitosa sitcom Letterkenny (2016-2023)., serie basada en las novelas de Rachel Reid () y creada por el canadiense Jacob Tierney, actor y artífice de la exitosa sitcom (2016-2023).
En un extendido prólogo que ocupa casi todo el primer episodio se instala el eje del relato: Shane Hollander (Hudson Williams), joven promesa del equipo de hockey sobre hielo de Montreal, y el ruso Ilya Rozanov (Connor Storrie), capitán del equipo de Boston, cruzan miradas en el exterior de un estadio y explotan chispazos de deseo y ebullición de hormonas. Eso ocurre en 2008 y en cada nueva temporada se cruzarán en prácticas o backstage de publicidades, en entregas de premios o Juegos Olímpicos, y lo que comienza como un juego de enemistad y seducción deriva en encuentros sexuales clandestinos en hoteles de lujo, baños de estadios, gimnasios y casas paradisíacas en los diversos rincones del mundo que ponen a prueba sus propias identidades, sus ambiciones profesionales y la amenaza del ojo público sobre una sexualidad que sigue siendo un secreto.
Ahora bien, la serie no pretende ser una seria reflexión ni una concienzuda exploración de esos interrogantes a lo largo de los años en los que transcurre el romance, sino que hay mucho sexo -siempre desde ángulos que dejan ver lo justo, y coreografiado por coordinadores de intimidad-, chicos lindos y musculosos, lugares de ensueño, un poco de hockey, e historias secundarias que aportan un poco de madurez y emoción a la principal. Las presiones familiares importan para ambos, ya sean del lado del negocio y las expectativas económicas (para el canadiense y su madre manager), o culturales y mafiosas (obvio, para el ruso), y no terminan de desenredarse de los clisés y los más perezosos lugares comunes. Pero sí es interesante el reflejo de los condicionamientos del mundo deportivo para los atletas jóvenes, que además de las exigencias de su vida profesional, de sus entornos corporativos, y de todo el negocio publicitario, deben lidiar con una sexualidad que se convierte en un terreno de escrutinio, secretismo y a menudo simulación.
Más que rivales fue un éxito rotundo el año pasado en diversos países, y quizás eso se debe justamente a que no se toma demasiado en serio en sus aspiraciones, se conforma con ser un drama (erótico) queer con algo de glamour, ritmo y astucia en el reflejo del amor juvenil, guiños al sexting (a veces no muy inspirado, pero efectivo), a los juegos de roles (Shane e Ilya se convierten en Lily y Jane), a la competencia sexual que emula la deportiva, y cierto aire de sátira sobre toda la parafernalia que rodea a premiaciones, torneos y eventos solidarios del deporte que asimilan la propia lógica de un negocio que no admite erogaciones.