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Marcelo Canevari: el legado del naturalista que inspiró a sus hijos

El hombre viste pantalones caqui y camisa marrón de manga corta. De su cuello cuelgan un cámara profesional con lente de alto alcance y binoculares que ahora mismo tiene montados en la nariz. Cad...

Marcelo Canevari: el legado del naturalista que inspiró a sus hijos

El hombre viste pantalones caqui y camisa marrón de manga corta. De su cuello cuelgan un cámara profesional con lente de alto alcance y binoculares que ahora mismo tiene montados en la nariz. Cad...

El hombre viste pantalones caqui y camisa marrón de manga corta. De su cuello cuelgan un cámara profesional con lente de alto alcance y binoculares que ahora mismo tiene montados en la nariz. Cada tanto, el rumor de un auto corta un silencio hecho de viento, ramas y mundos invisibles. De espaldas al hombre, en el falcon estacionado al costado de la ruta, esperan su mujer Mónica Dibbern -bióloga, igual que él- y sus cuatro hijos. Aguardan, como tantas veces, en un camino hecho de pausas sucesivas. ¿Cuál sería el fin? Que un ave se asome, mirarla y tomarle fotos, y luego ilustrarla para un libro de naturaleza. Reflejar cada ángulo, cada hueso y cada pluma, para que cualquiera pueda saber de qué especie se trata.

Marcelo Canevari hijo, el tercero de los cuatro, recuerda: “Me encantó crecer con un papá así. Entiendo que no es para todos, pero a mí me encantaba la naturaleza y viajar, estos viajes eran situaciones de mucho disfrute. No importaba tanto el destino, porque eran viajes trabados. Íbamos de Buenos Aires a la Patagonia, dormíamos en carpa, y todo el tiempo teníamos que frenar porque pasaba un pajarito u otra cosa. Podía ser enloquecedor pero a mí me encantaba. Era una aventura”.

Como muchas obsesiones, algunas se heredan. Marcelo Canevari padre (fallecido en 2023) fue naturalista y divulgador científico. Fue director de Conservación de Áreas Protegidas y de Interpretación y Extensión Ambiental de Parques Nacionales de la Argentina. Durante una época de mucha demanda de trabajo, sumó a su hijo para realizar ilustraciones de fauna y flora del país, y así comenzó un trabajo conjunto que continuó durante muchos años.

Salir del nido

“Cuando éramos chicos, mi papá nos hacía un juego a mi hermano y yo. Nos dibujaba rodeados de animales y nosotros teníamos que adivinar cuál era cada uno. Para hacerlo más difícil, empezaba por partes menos evidentes, una pata o una oreja”, Marcelo hijo recuerda esta y otras historias, todas las cuales lo marcaron profundamente como artista. Sin embargo, salir del nido no fue fácil. “Tuve que pasar por un accidente grave para darme cuenta de que tenía que jugarme por el arte, que era lo que yo quería hacer. En esto me apoyó e impulsó mi pareja, la artista Ornella Poccetti”.

El apellido, igualmente, sigue dando su impronta: “En mis cuadros la naturaleza tiene un rol protagónico. Hay personajes, pero siempre en una escala menor a el entorno. Algo que busco es que las situaciones parezcan importantes si las ves de cerca, pero cuando ves el cuadro general, al lado de los árboles todo pasa un poco desapercibido”. Son cuadros de tamaño grande, donde los paisajes son el marco para personajes misteriosos como fantasmas y calaveras.

Con el tiempo, el hijo convocó a su padre a un trabajo juntos. Así, durante un breve lapso, los roles se invirtieron y padre e hijo, obtuvieron un premio en el Salón Nacional de Artes Visuales. “En ese trabajo se cambiamos los roles”, recuerda su hijo. “Habitualmente él me corregía el trabajo, las plumas, posturas, lo que fuera. Pero en este caso yo era el que marcaba el rumbo. Igualmente, a veces él pintaba sobre mis dibujos”, recuerda divertido.

“Terminar la obra de mi padre me produjo una mezcla de emociones. Tuve diálogos imaginarios con él para saber cómo resolvería cada cosa. Me da orgullo haber podido hacerlo, porque siento que es increíble todo el trabajo que hizo, y me pone contento que se ponga en valor.”

El legado

“Hoy me dedico casi exclusivamente al arte contemporáneo, pero cuando surgió el libro de Veo Veo, quise colaborar para terminar ese trabajo”, recuerda Marcelo. Se trata de Veo veo en Buenos Aires (ed. Anaquel), libro para niños donde aparecen jacarandás, tipas, cigarras y mariposas espejos, entre otros referentes de la Ciudad de Buenos aires. Un trabajo que también contó con la ayuda Miguel, hermano de Marcelo, y la investigación de la museógrafa Nélida Lascano González.

“Terminar la obra de mi padre me produjo una mezcla de emociones. Por un lado, me pone contento que todo el trabajo que hizo no quede en un cajón. Es una forma de mantenerlo vivo. Pero a la vez es muy movilizante. Tuve diálogos imaginarios con él para saber cómo resolvería cada cosa. Para Veo Veo tuve que empezar a abrir mails que nos habíamos mandado donde además me contaba cosas, revisar archivos. Pero ahora me da orgullo haber podido hacerlo, porque además siento que es increíble todo el trabajo que hizo, y me pone muy contento que se ponga en valor.”

Editado por Anaquel Editora, recientemente se lanzó Veo veo en la playa, ejemplar que retrata la flora y fauna de las playas de Buenos Aires, sus acantilados, médanos y lagunas. En el prólogo se lee: “Mi papá, el autor de este libro que tienen en las manos, tenía un don muy especial: el de asombrarse con la naturaleza como si fuera un niño, una y otra vez”. Esa capacidad de asombro, y también de observación, se traslada a la obra de Marcelo hijo. “Mi viejo me enseñó mucho de la observación. De Buenos Aires a la Patagonia. Nos ensañaba a mí y a mis hermanos a estar atentos y reconocía todo. No nos pedía que supiéramos, pero sí que abriéramos los sentidos para ver eso que nos rodeaba.”

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-jardin/marcelo-canevari-el-legado-del-naturalista-que-inspiro-a-sus-hijos-nid28082026/

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