Lucila Polak posa en su piso de Nueva York, donde descubrió su nueva pasión, y habla de su hija Camila Morrone y su ex Al Pacino
Desde su piso de West Village, Lucila Polak (50) atiende la llamada de ¡HOLA! Argentina. Ya hace tres años que dejó su casa de Los Ángeles –donde vivió veintisiete años junto a su hija, la ...
Desde su piso de West Village, Lucila Polak (50) atiende la llamada de ¡HOLA! Argentina. Ya hace tres años que dejó su casa de Los Ángeles –donde vivió veintisiete años junto a su hija, la actriz, Camila Morrone– para instalarse en Nueva York y empezar una nueva etapa llena de sueños y proyectos. “Mientras buscaba el departamento que quería, le alquilé uno a una amiga. Fueron seis meses increíbles, con un montón de desafíos. El cambio me llevó a bajar los pies a la tierra y a plantarme en un lugar que me hizo preguntarme una y otra vez: ‘¿Cómo quiero que sea el próximo capítulo de mi vida’”, cuenta.
Mudarse, dar vuelta la página, le significó también dejar definitivamente atrás su noviazgo de alto perfil con el consagrado actor Al Pacino (estuvieron juntos diez años y se separaron en 2018) y distanciarse poco a poco de la actuación para entregarse de lleno a su otra faceta creativa: el interiorismo.
Si bien había remodelado y decorado casas, incluso durante su matrimonio con el ex modelo Máximo Morrone, lo cierto es que su nuevo hogar en la Gran Manzana fue el puntapié inicial para conectarse con esa pasión. “Me desprendí de casi todo, fue como un volver a empezar. Me acuerdo que llegué al departamento, tiré un colchón en el piso, puse unas cortinas con blackout que me había comprado en Amazon, un parlante, una cafetera y mi vela preferida. Y dije: ‘No necesito nada más’. Estaba como un adolescente viviendo con lo básico, feliz”, recuerda la artista de la agencia Chekka Group.
–¿Por qué te mudaste a Nueva York?
–Los Ángeles cambió muchísimo desde que me mudé en el 95. Es una ciudad que me dio muchísimo y en la cual fui muy feliz; pensá que es el lugar donde se crio mi hija, pero ya necesitaba otro aire. Me acuerdo que abrí las puertas de mi casa y regalé muebles, todo. Llegué a Nueva York con una valija en la mano y nada más.
–¿Te atrae la idea de reinventarte?
–No sé si la palabra es que me “atrae”, simplemente creo que nunca es tarde para darse una nueva oportunidad. Cuando uno hace lo que ama, las cosas fluyen. Por eso me gusta pensar en mi vida como un gran libro con muchos capítulos y etapas por vivir, por escribir… Todavía hay muchísimas cosas que me siguen gustando y apasionando.
–¿Cómo es tu departamento?
–¡Divino! Un punto no negociable para mí cuando decidí mudarme a Nueva York es que sí o sí tenía que estar ubicado en el West Village, un barrio mágico para mí. Y lo encontré. Es un townhouse de tres pisos nomás y tiene mucho verde, otro punto imprescindible para mudarme. Hoy miro por la ventana y todavía no puedo creer que vivo acá, es como un cuento… Las hojas rojas en otoño, la nieve que transforma el lugar en un winter wonderland, y en verano, todas las calles llenas de cherry blossoms, esos árboles japoneses que son soñados.
–Contanos cómo es tu vida en Nueva York.
–Últimamente estoy viajando mucho, con lo cual no estoy tanto en Nueva York como quisiera. Pero cuando estoy, trato de mantener la rutina de siempre. Voy al gimnasio, hago pilates, después en casa chequeo mis mails y me pongo al día con algunos de los trabajos que tengo encaminados. A la noche salgo mucho a comer con amigas o voy a screenings de películas; lo importante es encontrar un balance entre la vida social nocturna y la demanda de trabajo, con tus momentos de silencio y quietud. Nueva York es una ciudad muy intensa, que no para y tiene una energía muy alta… Si no encontrás un equilibrio, la ciudad te arrasa, te consume.
–¿Cómo nació la idea de dedicarte al interiorismo?
–En realidad, siempre me fascinó decorar y remodelar. Cuando me mudé a Los Ángeles a los 19 años, con Maxi compramos nuestra primera casa y la reformamos. A partir de ahí no paré. De repente, quería cambiar de estilo y vendía la casa y compraba una más moderna, pasaba de una con estilo East Coast Traditional a una más Mid-Century Modern. Son procesos muy creativos. En lo personal, me gusta mucho respetar el alma de una casa y mantener su propio estilo, aunque con un twist. Soy muy fan del departamento cómodo, cozy, lavable… Que si se vuelca algo en el sillón, no sea una tragedia.
–De a poco fuiste construyendo otra carrera a la par de la actuación…
–Tal cual. Al principio eran mis amigos los que me pedían una mano. Me mandaban una foto desde sus pisos o casas de París, Los Ángeles, Buenos Aires o Nueva York y yo les compartía algunas ideas y después me contrataban. Hoy tengo mi empresa de diseño de interiores, Lucila Inc., con la que ya hice catorce proyectos en casas de Milán, Buenos Aires, Miami… Estoy feliz.
EL PRESENTE Y NADA MÁS
–¿Qué te hizo querer tomar distancia de la actuación?
–Un poco de todo. Ya hace unos años había empezado a plantearme mi lugar en Hollywood. Un poco el clic vino después de una participación que hice en un episodio de Modern Family, donde interpreté un papel del que ya estaba un poco cansada. “¿Hasta cuándo voy a seguir siendo la sexy latin girlfriend... Vestida con un top rojo, polvo bronceante, argollas y corpiño push up?”, me dije. Por otro lado, Cami ya estaba empezando a hacer su propio camino, entonces me pareció un buen momento para dar un paso al costado y que el spotlight lo tuviera ella. Fue una transición muy natural, que por suerte no me costó porque ya estaba superenganchada con el interiorismo.
–¿Cómo describirías el momento en el que te encontrás hoy?
–Estoy muy, muy contenta donde estoy parada. Me parece que todo el camino recorrido sirvió para algo. Pasé por momentos muy difíciles, muy duros y me costó mucho trabajo interior salir adelante. La verdad es que me siento orgullosa de todo lo que conquisté. Hago terapia, medito, practico yoga. Trabajo en mi paz interior y ahora, en vez de explotar (porque siempre fui muy impulsiva), me tomo el tiempo para pensar las cosas.
–¿Qué lugar ocupa el amor en tu vida?
–Ocupa un lugar, aunque no es lo más importante. Toda la vida fui una persona muy independiente, por eso para mí es importantísimo estar sola y saber estar bien… Algo que siempre le digo a Cami. En algún momento me gustaría volver a enamorarme, pero la verdad es que hoy no me es una prioridad, no necesito de una pareja para sentirme completa. Mi vida es como una gran torta, donde una porción se la dedico a mi hija, otra lo ocupa mi familia, otro tanto mis amigos, mi tiempo sola, mi trabajo, mi labor solidaria en una ONG, cuidarme e ir al gimnasio y otra porción es mi pareja. Con esto quiero decir que el amor de un hombre está presente, pero nunca va a ocupar la torta entera en mi vida. Vivir sola a esta edad es divino: hacés lo que querés cuando querés.
–Entonces quizá vivir una relación con casas separadas sea ideal para vos…
–Eso seguro que sí. Cuando planteamos nuestra relación con Al , los dos teníamos hijos chiquitos y teníamos la custodia de ellos una semana sí y otra semana no… con lo cual, nos pareció que lo mejor era vivir juntos así también, una semana sí y una semanano. Y la verdad es que nos funcionó a nosotros, en ese sentido creo que fuimos una pareja de avanzada. La independencia fue clave en nuestra relación.
–¿Qué tendría que tener esa persona para que capte tu atención?
–Y, tendría que ser un hombre que tenga su vida armada, muy independiente, con gran sentido del humor, con experiencia de mundo, de vida bien vivida. Tendría que ser una persona que sume, con quien pueda transitar un camino de aprendizaje también. No quiero más un “plus one”. Con Al teníamos esto de que podíamos estar juntos y conectados sin estar físicamente juntos todo el día. Eso era espectacular.
–Recién mencionaste a tu hija Cami, quien sigue afianzándose como actriz en Hollywod luego de haber trabajado con estrellas de la talla de Bruce Willis y Willem Dafoe… ¿Cómo es para vos verla crecer en su carrera?
–Cami no para de sorprenderme, tiene un talento innato. Ella eligió ser actriz a los 19 años, sin que ninguno de los dos, ni Máximo ni yo, la empujáramos a dedicarse a eso. Como madre, tengo la suerte de poder viajar y acompañarla mucho en los sets de filmación y no puedo más que decirte lo orgullosa que me siento de ver cómo trabaja, su ética, su profesionalismo y su dedicación. Todo lo que consiguió fue por su propio mérito.
–En redes se las ve muy cómplices…
–Cami y yo tenemos una relación muy particular. Tenía 21 años cuando nació ella. Yo cumplí en abril y dos meses después nació Cami. Así que las dos crecimos juntas. Además, al estar tan lejos de casa, nuestra familia éramos nosotros tres. Nos hicimos muy unidas y así es nuestra relación. Obvio que trato de no meterme mucho y sólo le doy consejo cuando ella me lo pide. Y como sabe que también conozco este medio, que he leído miles de guiones en mi vida y que estuve al lado de alguien que es un ícono del cine, cada tanto me pide mi opinión sobre alguna propuesta de trabajo.
–¿Qué te gustaría hacer que todavía no concretaste?
–No pienso mucho en el futuro, trato de aprender a disfrutar más del día a día. La realidad es que mi vida ha dado tantos giros que nunca imaginé, que prefiero seguir disfrutando de lo imprevisto. El sueño de vivir en otro lugar ya lo alcancé con mi departamento de Nueva York, ahí nacen mis nuevos recuerdos: los momentos que vivo cuando llego de un día de laburo, donde festejo mis cumpleaños, donde me encuentro con mis amigas. Por eso para mí era tan importante tener un hogar, es mi refugio del mundo.
Agradecimientos: Alex Korolkovas, Gabriela Hearst, Walker Ridge Construction LLC (fotografías) y Chekka Group.