Los secretos de la maestra india que ganó un premio de un millón de dólares
Rouble Nagi, una docente india de 45 años, acaba de convertirse en la ganadora del Global Teacher Prize 2026, un premio de un millón de dólares otorgado por la Fundación Varkey en colaboración...
Rouble Nagi, una docente india de 45 años, acaba de convertirse en la ganadora del Global Teacher Prize 2026, un premio de un millón de dólares otorgado por la Fundación Varkey en colaboración con la UNESCO que reconoce anualmente el trabajo notable de un educador del mundo.
Durante los últimos 20 años Rouble se ha dedicado a que la educación sea atractiva y divertida para los niños de las comunidades más vulnerables de la India a través de un innovador proyecto artístico. Living Walls of Learning es un programa educativo que transforma paredes deterioradas y abandonadas de barrios carenciados en grandes murales que enseñan desde lengua y matemática hasta conciencia ambiental. El programa se ha implementado en más de 800 centros educativos a lo largo de 100 asentamientos del país.
Como resultado, el proyecto ha acercado a más de un millón de chicos al sistema educativo indio, reduciendo el abandono escolar en más de un 50% y mejorado significativamente la tasa de retención escolar del país a largo plazo.
Las aulas en las que enseña Rouble suelen funcionar en condiciones desafiantes, marcadas por la pobreza, el trabajo infantil, el matrimonio temprano, la asistencia irregular y la falta de infraestructura. Sin embargo, en lugar de ver estas realidades como barreras, Rouble trabaja en torno a la vida real: horarios flexibles para niños que trabajan, aprendizaje práctico utilizando materiales reciclados y habilidades que demuestran un valor inmediato para las familias.
LA NACION conversó con Rouble sobre su proyecto, visión sobre la educación, el rol de las familias y cómo piensa usar el premio recibido.
—Estudiaste formalmente ciencia política y arte. ¿En qué momento viste a la educación como un posible camino para vos y cómo decidiste seguirlo?
—Vengo de una familia en la que mi padre era trasladado a una nueva ciudad, a un nuevo estado en India, cada dos años. Viajamos mucho en mi infancia y cada vez que íbamos a un lugar nuevo había muchísimo por aprender. India es un país muy grande y cada estado es muy diferente del otro. Así que creo que la parte creativa de mi vida viene de esos viajes de la infancia, de conocer personas tan distintas, ver su cultura, lo que vestían, lo que comían, distintos idiomas. Todos esos días de viajar a pequeñas ciudades de mi país fue muy inspirador. Me casé muy joven y llegué a Mumbai cuando aún no tenía ni 19 años. Estaba en la universidad y mi suegra me dijo: “Sé que te casaste temprano, pero tenés que educarte”. Ahí fue cuando estudié ciencia política, tomé cursos cortos de arte y luego fui a Londres para hacer más cursos y una maestría. Mientras estudiaba, hacía muchos talleres de arte con niños y ahí descubrí que quería hacer algo que me mantuviera siempre rodeada de ellos porque me inspiran y motivan. Un día tomé mis baldes de colores y entré a una zona de asentamientos y pinté todo el lugar. En la primera pared había 15 o 20 niños mirando; en la segunda, un poco más; en la tercera, unos 200 niños. Empezamos a hacer talleres de arte con ellos y a conectar lo que dibujaban con lo que aprendían en sus libros escolares. El arte les dio libertad para expresarse, libertad para crear, y sentían que eran escuchados. Cuando era niña, si leía un capítulo, tenía que leerlo dos o tres veces para entenderlo bien, pero si veía algo dibujado lo comprendía más rápido. Empecé a ver la misma positividad en mis estudiantes: muchos que no hablaban ni participaban comenzaron a expresar lo que entendían. Estos murales se convirtieron en experiencias de aprendizaje: dibujaban números, historia, cambio climático, cuidado del agua, limpieza… lo que estudiaban cobraba vida en las paredes. Esa fue la principal motivación para dedicarme a la educación.
—El arte muchas veces se ve como algo secundario frente a materias como matemática o lengua. ¿Por qué creés que es una herramienta educativa tan poderosa?
—Siempre decimos “hagamos que el aprendizaje sea divertido”, pero ¿cómo lo hacemos realmente? Cuando decimos “hay mucho abandono escolar, los chicos no asisten”, ¿nos detenemos a pensar en las razones detrás de esa situación? ¿Qué es lo que está haciendo que los chicos no vayan a la escuela? He conocido a miles de niños y creo que todos quieren ir a la escuela si disfrutan ir. El aprendizaje basado en el arte se volvió algo divertido para ellos. Y no me refiero a que tengan que convertirse en artistas. Hablo de expresarse a través de la poesía, el teatro, la narración de historias, el canto; hay muchas formas de arte que motivan a los niños a aprender más rápido. En las escuelas públicas de India tenemos el programa Midday Meal, donde los niños reciben desayuno, fruta y almuerzo, lo que los trae de vuelta a la escuela porque las familias sienten que además de educarse, se alimentan. Pero la segunda parte viene cuando son los chicos los que dicen “quiero ir al colegio porque me divierto, porque aprendo, porque hablo con mi maestra” y ahí los docentes son fundamentales. Estamos en la era de la IA y la tecnología, pero no podemos olvidar a los maestros. Los maestros son la columna vertebral de los países, de cada médico, ingeniero, presidente. Es muy bueno seguir el ritmo de la tecnología, pero es importante mantener viva la conexión humana y los maestros hacen eso. La IA puede darte párrafos, pero no puede sentir, tomarte de la mano o ver tus lágrimas. La relación entre estudiante y docente es muy personal, como la de madre e hijo o padre e hijo. Ese es el foco de mi proyecto. Dar la oportunidad de aprender con diversión para que suceda el aprendizaje.
—¿Los murales están en escuelas o en centros educativos separados?
—Tenemos murales tanto en escuelas como en asentamientos y en pueblos donde tenemos centros de aprendizaje. Cuando empezamos, no teníamos aulas. Comencé enseñando bajo el cielo. Poco a poco aumentó el número de niños, la gente ofreció espacios, las escuelas se acercaron a nosotros y luego el gobierno de Maharashtra firmó un MOU —Memorando de Entendimiento— con nosotros, dándonos acceso a casi 200 aulas y ahí se volvió un gran proyecto.
—¿Y tus programas forman parte del horario escolar o son consideradas actividades extracurriculares?
—Ambas cosas. En algunas escuelas forman parte de lo que los niños aprenden todos los días. En otros lugares tenemos Balwadis (centros de aprendizaje) donde damos clases adicionales. Los niños van a la escuela, vuelven a sus casas y luego vienen a nuestras clases por la tarde. En algunos asentamientos también enseñamos nuestro propio currículo. Para mí, el crecimiento integral del niño es muy importante. No se trata solo del arte o de los contenidos académicos, sino de que cuando un chico viene a tu aula crezca de manera holística y aprenda valores. Cuando damos principios correctos a nuestros hijos desde que son pequeños, muchos de los problemas que hoy enfrenta el mundo se desvanecerían, porque sabrían distinguir lo que está bien y lo que está mal. Hoy la mayoría de los padres —madre y padre— trabajan y están muy ocupados. Por eso los docentes son tan importantes en la vida de un estudiante. Siempre digo que solemos aplaudir a los estudiantes que alcanzan los logros primero, pero el estudiante que se atrasa necesita más atención que el que llega primero. No se trata de llegar primero, se trata de participar y de comprender lo que estás aprendiendo. Ese enfoque integral es el que importa y el que brinda una educación de calidad.
—¿Y qué se puede hacer cuando se enseña en contextos en los que muchos niños en una misma clase están atrasados? En la Argentina tenemos muchos chicos que también estudian en contextos vulnerables como los que mencionás…
—Cuando empecé este proyecto, me llevó más de dos años hacer tutorías con padres que no querían enviar a sus hijos a la escuela. Para nosotros, la base es que todo niño debe ir a la escuela, no solo para estudiar, sino para aprender a saludar a sus maestros, a sus amigos y a todo el personal de la escuela. Así aprendes respeto y los valores básicos de la vida como la compasión, el trabajo en equipo, la pertenencia. En zonas más difíciles como asentamientos y pueblos remotos, muchas familias priorizan el sustento. Algunos padres me dijeron que un niño de 10 años debería empezar a trabajar. Yo les digo que la infancia es para aprender y disfrutar y hay tantos chicos que se pierden eso. Fue estresante, pero hoy creo que lo hemos atravesado. No solo estamos conectados con los chicos sino con sus familias. Con todos los cursos hacemos reuniones de padres cada tres meses, en algunas áreas todos los meses incluso, para charlar sobre el progreso de los chicos. Tenemos un equipo que visita los hogares. Si un niño falta más de cuatro días, vamos a su casa para ver qué está pasando. Nos mantenernos conectados con la comunidad y eso es muy importante para evitar el abandono escolar.
—¿Cuál ha sido el grado de involucramiento de los gobiernos a la hora de impulsar este proyecto?
—Como mencioné, firmamos un Memorando de Entendimiento con el gobierno de Maharashtra y eso fue de gran ayuda para comenzar. Tenemos distintas conexiones y colaboraciones con diferentes estados y gobiernos. En India existe un gobierno central y gobiernos estatales, y estamos muy vinculados a la mayoría de los proyectos estatales. La mayor parte de nuestro trabajo ocurre en escuelas públicas, porque es allí donde más se necesita apoyo para garantizar que la educación sea accesible para todos. Hoy el Gobierno de India proporciona comidas, uniformes, zapatos, libros de texto y mochilas de forma gratuita, lo que ha ayudado a reducir el abandono escolar y aumentar la asistencia.
—¿Qué consejo darías a docentes de todo el mundo, especialmente de Argentina?
—Este reconocimiento del Global Teacher Prize no es solo para mi o los docentes de India, sino para todos los maestros del mundo y me gustaría dar este humilde mensaje: los maestros somos los que moldeamos el futuro de una nación. Somos formadores, columna vertebral, madres, guías para cada estudiante. Debemos recordar que cada niño es diferente y tratar a todos los estudiantes con igualdad. Hoy vivimos presionados por nuestro trabajo, nuestra casa, nuestra familia y a veces como docentes tendemos a olvidar a quienes se quedan atrás. Por eso nuestro foco debería estar mucho más en los niños que se están quedando atrás; ellos deben sentirse incluidos dentro de toda la clase y poder expresarse libremente con sus docentes. Debemos convertirnos en sus mejores amigos, porque cuando tu mejor amigo es quien te enseña, aprender se vuelve divertido. Siempre me recuerdo a mí misma que en una clase de 50 alumnos hay que mirar a los 50, no solo a los cinco o diez que se sientan adelante. La igualdad y la atención equitativa son absolutamente necesarias. Debemos seguir intentando dar lo mejor de nosotros para educar a la mayor cantidad posible de niños.
—¿Cómo te sentiste al saber que habías ganado el premio? ¿Ya decidiste qué harás con el dinero?
—Como trabajadora social, como docente, como educadora, me siento tan feliz y tan honrada de que los maestros sean reconocidos en una plataforma global tan grande. Es algo impensado, algo por lo que nunca imaginamos que podríamos ser valorados. Cuando pronuncian tu nombre entre tantos docentes, no sabés cómo expresar esa sensación; es simplemente un sentimiento de gratitud y de estar profundamente conmovida. Con el dinero quiero crear un centro integral de habilidades y aprendizaje en Cachemira. Actualmente tenemos siete centros allí, pero separados en informática, habilidades y aprendizaje. Quiero reunir todas las áreas bajo un mismo techo para niños, jóvenes y mujeres.
Sobre el GEMS Education Global Teacher PrizeGEMS Education Global Teacher Prize 2026 es una iniciativa de la Fundación Varkey, organizada en colaboración con la UNESCO y es el mayor premio de este tipo en el rubro. En esta décima edición, Rouble fue elegida entre más de 5000 nominaciones y postulaciones de 139 países y el anuncio fue realizado durante el World Governments Summit 2026 en Dubái, Emiratos Árabes Unidos.
Sunny Varkey, fundador del premio, dijo: “Rouble Nagi representa lo mejor de la docencia: coraje, creatividad, compasión y una convicción inquebrantable en el potencial de cada niño. Al llevar la educación a las comunidades más marginadas, no solo ha transformado vidas individuales, sino que también ha fortalecido familias y comunidades. Su trabajo nos recuerda que los docentes son la fuerza más poderosa para el progreso en nuestro mundo”.
Por su parte, Stefania Giannini, directora general adjunta de Educación de la UNESCO, agregó: “Este momento nos recuerda una verdad simple: los docentes importan. La UNESCO se honra en acompañar al Global Teacher Prize en la celebración de maestros como Rouble, que a través de la paciencia, la determinación y la confianza en cada estudiante ayudan a que los niños ingresen a la escuela, un acto que puede cambiar el curso de una vida”.