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Los días de encierro y ocaso de Isabel Perón en su refugio en las sierras de Madrid

MADRID.- Son las 11 de la mañana de un lunes en Villafranca del Castillo, pero las persianas del chalet están cerradas. Los cubos de la basura, mojados por el rocío, todavía están en la puerta...

Los días de encierro y ocaso de Isabel Perón en su refugio en las sierras de Madrid

MADRID.- Son las 11 de la mañana de un lunes en Villafranca del Castillo, pero las persianas del chalet están cerradas. Los cubos de la basura, mojados por el rocío, todavía están en la puerta...

MADRID.- Son las 11 de la mañana de un lunes en Villafranca del Castillo, pero las persianas del chalet están cerradas. Los cubos de la basura, mojados por el rocío, todavía están en la puerta. La expresidenta María Estela Martínez de Perón está dentro de la casa, que se convirtió en los últimos años prácticamente en un refugio. Empleados, amigos, exfuncionarios y vecinos que la frecuentaban dijeron a LA NACION que no hablan con ella desde hace meses.

Cada vez más lejos de la Argentina, Isabel Perón carga con sus 95 años. “Ya no habla prácticamente con nadie. Justo ella, que era un torrente de voz”, recuerda, melancólico, Alfredo García Serrano, uno de sus mejores amigos. Las últimas veces que llama por teléfono a su casa -relata- pide directamente con sus cuidadoras para preguntarles si su amiga está bien. “Hombre, a los 95 años es normal que no tenga ganas de hablar o de articular una opinión”, aclara.

Después de haber sido detenida durante la última dictadura militar, Isabel Perón se instaló en Madrid en 1981, el lugar que ya había sido su casa cuando acompañó a Juan Perón durante su exilio en Puerta de Hierro. “Desde hace muchísimos años lleva una vida monacal. Después del golpe de Estado nunca quiso volver a involucrarse en política”, recuerda un amigo argentino que la frecuentó, sobre todo, apenas llegó a España. Enterró las memorias de los 632 días de sangre y caos en los que fue presidenta, antes del golpe militar.

“Su vida ha sido: de la casa a la iglesia y de la iglesia a casa”, coincide una persona de su entorno, parafraseando a Perón. Pero sus problemas de movilidad ya no la dejan ir a la parroquia de su pueblo, a 20 kilómetros de Madrid. Era la poca vida social que tenía en un barrio privado donde ya pocos la reconocen. La última que entró a su chalet fue Victoria Villarruel, que la visitó el 17 de octubre de 2024, para agasajarla. El homenaje despertó polémica en Argentina, pero fue todo un reconocimiento para la expresidenta.

“Fue un gesto muy noble de Villarruel. Un reconocimiento para la gran proscripta de la historia argentina”, asegura Diego Mazzieri, biógrafo y amigo de Isabel Perón. “Hubo muchos políticos que quisieron verla, pero ella siempre se negó. No recibe a nadie”, recuerda. Lo intentó Carlos Menem en su campaña electoral de 1989, que viajó hasta España porque quería tener el apellido de Perón de su lado. El riojano había enviado un ramo de gladiolos a la casa de Isabel con una dedicatoria personal. Pero las flores terminaron en la basura y Menem nunca fue atendido, dicen las crónicas periodísticas de aquella época.

Los primeros años de la democracia argentina fueron agitados para Isabel por los fantasmas del pasado que la atormentaban, especialmente por su relación con José López Rega, exministro de Bienestar Social, recordado por sus vínculos con la Triple A. “Te puedo asegurar que cada vez que pisaba Buenos Aires recibía mensajes intimidatorios de Daniel (López Rega)”, sostiene una fuente que fue testigo de “su cara de terror” cuando llegaban las supuestas amenazas del hermano de “El Brujo”.

El pasado también la azotaba desde lo económico, con deudas y reclamos judiciales por la herencia de Perón que encabezó, primero, la familia de Eva Duarte y que, después, se extendieron con la Fundación por la Paz y Amistad de los Pueblos, manejada por Mario Rotundo. Tuvo que vender su único activo: la famosa residencia de Puerta de Hierro, la meca del peronismo durante los años de proscripción y exilio. Ella desembarcó allí apenas después de ser liberada por la dictadura militar, pero la casona, donde convivió durante un tiempo con el cadáver de Eva Perón, tampoco le ayudaba a su salud mental.

Casi medio siglo después de su regreso a España, su vínculo con Argentina se limita a unas pocas amistades y a su sostén económico. Sus cuentas son un misterio, pero el último gran desembolso ocurrió hace más de 20 años, cuando compró el chalet en Villafranca del Castillo. Su casa es una especie de dúplex de tres plantas con parque que compró después de haber recibido la indemnización millonaria por los bienes que le habían confiscado durante la dictadura. Todavía percibe, además, una jubilación de privilegio como expresidenta y la pensión por ser la viuda de Perón.

Una de sus últimas satisfacciones vinculadas a Argentina llegó de la mano de la Iglesia, su gran refugio en estas últimas décadas. “La ponía muy feliz su relación con el Papa Francisco, que se comunicaba permanentemente con ella. La llamaba para los cumpleaños y otras fechas festivas. Siempre estaba muy pendiente de Isabel. Por algo la definió como la prenda de paz y unidad de los argentinos”, sostuvo el biógrafo Mazzieri. Le envió un video, por ejemplo, para saludarla el 1 de julio de 2024, aniversario de la muerte de Perón.

“¿Aquí vive la viuda de Perón? No tenía ni idea. ¿Aquí en esta misma calle?”, pregunta incrédula una de sus vecinas que se mudó a su barrio privado hace un par de años. “No he visto nunca a una persona de esa edad desde que estoy aquí”, agregó. En la Embajada Argentina tampoco saben nada de ella. De hecho, uno de los últimos embajadores que llegó a Madrid se puso en contacto con su entorno interesado en tomar un café con ella. “Me hizo saber que no le interesaba”, recuerda, todavía incrédulo por el desplante de Isabel.

Otro misterio es su herencia: la única familia que tiene son unas sobrinas que viven en Argentina, pero desde su entorno no descartan que pueda donar sus bienes para fines benéficos. ¿Qué pasará con sus secretos? LA NACION relató hace diez años que, encerrada en una habitación entre retratos de Perón, Isabel escribía “sus pensamientos” en un cuaderno que no le mostraba a nadie. Acaso esas memorias emerjan algún día para recordar aquellos momentos de poder y descontrol en la Casa Rosada.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/politica/los-dias-de-encierro-y-ocaso-de-isabel-peron-en-su-refugio-en-las-sierras-de-madrid-nid21032026/

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