Los amenities con los que sorprenden los edificios: desde los más insólitos hasta los que funcionan como un Tinder
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El mercado inmobiliario premium atraviesa una etapa de redefinición profunda en la que los amenities dejan de ser un complemento aspiracional para convertirse en un componente estructural de la experiencia residencial. La transformación surge de un cambio cultural más amplio: nuevas formas de habitar, el avance del trabajo híbrido, la búsqueda de bienestar integral y la consolidación de servicios que antes solo pertenecían al universo hotelero.
“Si algo nos ha enseñado la última media década, es que el paradigma del ladrillo como activo estático, murió”, sentencia Marcos Villanueva, CEO de Waves, una compañía dedicada al gerenciamiento, operación y administración de activos inmobiliarios de clase A/A+.
“Los nuevos proyectos ya no se definen solo por la calidad constructiva o la ubicación, sino por la sofisticación de los que llamamos la ´capa blanda´: los servicios, la tecnología y la curaduría de experiencias que actúan como el tejido conectivo entre las personas y los espacios”, agrega.
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Según reportes internacionales, los nuevos edificios se conciben como espacios flexibles, conectados y capaces de acompañar distintos estilos de vida, con amenities que aportan valor real al día a día de los residentes.
Esta tendencia se alinea con un mercado que prioriza la calidad de vida, la adaptabilidad y la integración de servicios que antes no formaban parte del repertorio de un proyecto residencial.
En este contexto, la mirada de los especialistas locales permite entender cómo estas tendencias globales se traducen en decisiones concretas de diseño y desarrollo.
Para Alice Pfeiffer, gerente de sucursal Nordelta y Puertos de Achaval Cornejo, el punto de partida es claro: “En proyectos premium lo que se busca es calidad y que los amenities realmente sirvan”.
Su planteo sintetiza un cambio de época: ya no alcanza con sumar espacios por acumulación, sino que cada uno debe tener un propósito definido y un uso real por parte de los residentes.
El avance del trabajo híbrido es uno de los motores más visibles de esta transformación. La demanda de coworkings dentro de los edificios dejó de ser una tendencia incipiente para convertirse en un estándar en crecimiento.
Pfeiffer lo explica con claridad: “Los nuevos espacios de cowork en los edificios incluyen buenas salas de reuniones, cerradas y aptas para tener encuentros virtuales”.
La diferencia entre un espacio improvisado y uno profesional marca la frontera entre un amenity decorativo y uno que efectivamente mejora la vida cotidiana.
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Ya no se venden solo metrosLos edificios que se proyectan incorporan cada vez más espacios multifuncionales que permitan combinar trabajo, ocio y socialización sin necesidad de desplazamientos constantes.
En paralelo, la lógica del hospitality —propia de los hoteles— se integra al diseño residencial, con servicios orientados a la experiencia, el confort y la atención personalizada, una tendencia que también se observa en los mercados de Estados Unidos y Canadá según el informe Emerging Trends in Real Estate® 2026 de PwC y ULI.
En la Argentina, esta convergencia entre bienestar, funcionalidad y servicio también se acelera.
Alan Flexer, gerente de sucursal San Isidro de la inmobiliaria Narvaez, destaca que “los amenities en los proyectos premium están evolucionando hacia un enfoque vinculado al wellness y al bienestar integral, que hoy se volvió un eje central en el diseño residencial”.
Ya no se trata solo de un gimnasio básico, sino de espacios pensados para nuevas formas de entrenamiento, como calistenia, funcional o prácticas que promueven un estilo de vida más consciente.
Esta tendencia coincide con el crecimiento global de áreas deportivas y zonas de actividad física dentro de los edificios, que buscan fomentar hábitos saludables y reducir la necesidad de traslados.
Flexer también subraya un fenómeno que gana terreno: “Aparecen con fuerza los espacios de uso colaborativo y utilidad práctica, donde el concepto de compartir cobra protagonismo”.
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Entre ellos, menciona un ejemplo que ya existe en desarrollos de alta gama: “Espacios con cajas de herramientas, que permiten a los residentes acceder a ellas sin necesidad de que cada uno las compre. Por otra parte, a través de la tecnología, se puede controlar el uso y hasta alquilarlas de manera organizada”.
Esta lógica de recursos compartidos dialoga con tendencias globales que apuntan a optimizar costos, reducir consumos y promover un uso más eficiente de los espacios y objetos.
“No se trata de tener solo áreas comunes sino también de dar servicios”, afirma Alex Sakkal, uno de los directores de la desarrolladora Nómada, que construye un proyecto mixto de US$75 millones en un lote de casi 65 metros de frente en la avenida Santa Fe al 4600 —a pasos de la calle Godoy Cruz— que además de departamentos tendrá un hotel, oficinas y hasta un polo gastronómico.
“Habrá más de 1600 m² de amenities pensados para el bienestar: desde una terraza vegetada de 800 m², piscina con borde infinito, salón de eventos, cowork, salones gourmet y espacios recreativos para chicos”, agrega Andrés Neumann, otro de los socios de la desarrolladora.
Como novedad, destaca que el edificio tendrá una “biblioteca de cosas”.
¿Qué significa esto? Un espacio al que todos los vecinos podrán acceder a herramientas, a una aspiradora de vapor, un compresor para inflar la bicicleta, impresora o todos aquellos elementos que las familias suelen necesitar en algún momento y no tienen en su casa.
“Hay que aprovechar los principios de la economía compartida”, agrega.
Además, en el proyecto funcionará un supermercado sin cajeros humanos que estará abierto 24/7.
“Los proyectos tienen que resolverle la vida a la gente, por eso planteamos un ecosistema de servicios cotidianos como por ejemplo limpieza a demanda, paseadores de mascotas, alquiler de auto por día, bicicletas y actividades wellness, bajo un modelo pay-per-use. Todo lo podrán pagar desde una app”, detallan los desarrolladores.
La dimensión del bienestar también se extiende a las mascotas, que hoy ocupan un lugar central en la vida de las personas.
Flexer señala que “se suman amenities vinculados a los animales, que responden a una demanda cada vez más presente”. Desde pet spas hasta áreas de recreación específicas, como parte del nuevo estándar de los edificios premium.
En paralelo, los rooftops continúan su expansión como espacios sociales y de disfrute.
Pfeiffer destaca que “se están usando mucho las terrazas con livings, fogoneros, parrillas, buenas piletas in and out, piscinas calefaccionadas, todo lo que sea para mejorar la calidad de vida de la gente”.
Espacios con uso realLa clave, insiste, es que estos espacios sean realmente aprovechables: “Lo importante de los amenities es que estén diseñados para que a la gente realmente le haga la diferencia tenerlo, y no una cantidad de salitas o de gimnasitos chiquitos”.
A nivel global, la digitalización también se integra a la gestión de amenities, permitiendo reservar espacios, organizar actividades o incluso administrar servicios de manera remota, una tendencia que se consolida.
En mercados más desarrollados, la incorporación de tecnología también se vincula a la eficiencia energética y la automatización de procesos, aspectos que comienzan a permear lentamente en los desarrollos locales.
Maximiliano D’Aria, director de D’Aria Propiedades, agrega otro tema de agenda: la evolución de los últimos años terminó de romper los límites geográficos tradicionales del mercado del desarrollo inmobiliario.
“Ni la Capital ni zona norte funcionan ya como mercados uniformes. Hoy la verdadera división es conceptual: por un lado, el mercado que se limita a vender metros cuadrados, que sigue siendo la mayoría de las operaciones, y por el otro, el estándar del corredor norte, donde el amenity dejó de ser un ‘extra’ para ser el corazón de la propuesta y una condición de compra”.
El broker reconoce que en zona norte, principalmente en ejes como Libertador, Cabildo y Maipú, la demanda exige una escala que solo los grandes desarrolladores pueden ofrecer.
Ejemplifica con el proyecto Libertador Boulevard de MMP Group, con más de 1200 m² exclusivamente destinados a amenities.
Otro caso es el de Vincent, del Grupo Basso, sobre la avenida Maipú, que lleva esta tendencia al extremo: está en un lote de 2770 m², lo que le permite tener no solo una piscina de 25 metros, sino un gimnasio de nivel profesional, club de juegos, plaza pet friendly y un coworking corporativo, entre otros servicios.
“Fusiona la vida urbana con el aire de un resort”, agrega D’Aria.
Convencido de que este tipo de proyectos se despegan de la oferta tradicional porque permiten vivir de adentro hacia afuera, sostiene que ofrecen una dinámica de hotel cinco estrellas que además genera un impacto beneficioso inmediato en su entorno.
“En un mercado cada vez más selectivo, esta combinación de ubicación estratégica y calidad de vida es la que asegura la mejor defensa del valor de la propiedad a largo plazo”, afirma.
Comparte otros casos: Selene, del Grupo Chomer, una torre icónica frente al río, y el proyecto Nila en La Lucila, que introduce una distinción clave al concentrar todos sus amenities en los pisos superiores (16 y 17).
Se trata de una decisión estratégica que reserva la mejor parte de la torre para el disfrute común, garantizando que las vistas más impactantes sean para todos y potenciando el uso de los espacios compartidos.
La misma fórmula eligió Eduardo Costantini en el emprendimiento que construyó junto a Criba: Huergo 475, en el bajo porteño.
Esta torre de 38 pisos y US$90 millones de inversión, a pasos de Puerto Madero, busca fomentar la vida comunitaria en altura.
Sus amenities —que incluyen biblioteca, coworking, wellness, gimnasio, piscina y parrillas en el rooftop— se distribuyen a lo largo de los distintos niveles de la torre.
Esta configuración, que suma más de 1500 m² de espacios comunes, permite “democratizar la altura”, afirma Santiago Tarasido, CEO de Criba.
No importa si vivís en un monoambiente en un piso bajo: podés usar toda la torre. Eso la vuelve mucho más humana.
Las nuevas oficinasPor otra parte, el mercado corporativo no queda exento de esta movida. Las oficinas, para justificar el desplazamiento de los colaboradores, deben ofrecer la hospitalidad de un cinco estrellas.
De hecho, ya surgieron proyectos de cowork como HIT Polo, con una cava de vinos, una peluquería, sala de masajes, running track, consultorios médicos y una cafetería.
“El futuro del trabajo no se trata solo de metros cuadrados, sino de experiencias que potencien a las personas y a las empresas”, afirma Uri Iskin, CEO y cofundador de HIT Cowork.
Con el mismo foco en ofrecer experiencias y lograr que las nuevas generaciones vuelvan a la oficina sin sentirlo como una obligación, el grupo IRSA, dueño de los principales shoppings del país, invirtió US$2,5 millones en un proyecto ubicado en el ex edificio Philips, dentro del Polo DOT.
El desarrollo combina coworking con amenities que rompen con el paradigma de una oficina tradicional: un siestario, un espacio con sillones masajeadores y cuatro canchas de pádel vidriadas en altura que se pueden ver desde la General Paz.
“Los amenities comienzan a ser el valor principal de las empresas a la hora de atraer a los empleados. Hoy, ese espacio se presenta como el AAA plus de las oficinas”, analiza Ben Elsztain, director creativo de Workplace by IRSA.
En línea con el fenómeno, Domingo Speranza, socio de Newmark explica que el futuro del trabajo no se define por un solo lugar, sino por la capacidad de elegir e integrar espacios que no solo sean funcionales, sino que también promuevan el bienestar y el desarrollo personal. El espacio de trabajo del futuro será aquel que inspire a las personas a mejorar tanto en sus tareas como en la forma en que las desempeñan. “Diseñar estos espacios no implica únicamente la creación de oficinas, sino la construcción de entornos que fomenten la creatividad, la colaboración y el bienestar. En definitiva, se trata de generar espacios para la vida", profundiza.
“Hacia el 2030, la sostenibilidad dejará de ser un sello para convertirse en un imperativo regenerativo. Los desarrollos de vanguardia integran el bienestar físico y mental como un amenity estructural”, sintetiza Villanueva, quien incorpora además otro concepto: el placemaking.
“Es crear lugares donde la gente quiera estar, no donde tenga que estar. El valor del activo inmobiliario dependerá de la vibración de su comunidad en espacios que le devuelvan salud a sus ocupantes a través del diseño biofílico, los servicios, las experiencias wellness y los lugares que fomenten la conexión humana real”.
El futuro es claro: los amenities ya no son un accesorio, sino un diferencial competitivo.
El desafío no será sumar más espacios, sino diseñarlos analizando el verdadero impacto en la vida cotidiana.