Lo que dicen los ojos: un viaje al cerebro a través de la mirada
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Los ojos son protagonistas de grandes refranes populares. “Los ojos hablan cuando la boca calla”, “ojos que no ven, corazón que no siente”, “no hay peor ciego que el que no quiere ver” y hasta que “el ojo del amo engorda el ganado”. ¿Qué sucede cuando nos detenemos a observar científicamente lo que comunican “los espejos del alma”?
Una eminencia en este campo es Hugo Lescano, perito judicial en el análisis del lenguaje corporal, quien también es consultor de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en comunicación no verbal y negociación. Al empezar a hablar del tema, Lescano aclara: “La comunicación no verbal, en general, contiene el centro del mensaje que transmitimos a nuestro entorno. Luego las palabras confirman o contradicen ese mensaje central. Una de las máximas del lenguaje corporal es que nuestro cuerpo no sabe mentir”. La oculésica se ha encargado de echar luz al respecto.
“El contacto visual es tan relevante como la intención que una persona muestra al evitar mirarnos. De igual modo, la gestualidad en los ojos en formato de microexpresiones nos da un sinnúmero de información específica referida al estado de ánimo. Por ejemplo, la dirección de la mirada en una conversación. Háganle una pregunta a su pareja o amigo sobre un tema incómodo y vean hacia dónde mira. En general, si nos incomoda la pregunta, en un microsegundo buscamos con la mirada una puerta de escape”, señala. Y agrega: “Quizá el principal código de la oculésica sea la cronemia. O sea, el tiempo de duración de una frecuencia de pestañeo o de la mirada sostenida o incluso de un guiño. Si bien el contacto visual directo es relevante, lo cierto es que lo que nos da información sobre la intensidad de una emoción específica es la cronemia. Si una persona me mira con una sonrisa dos segundos, no es lo mismo que si lo hace de igual modo por 15”, explica.
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¿Se puede detectar la mentira solo a través de los ojos? Este es uno de los interrogantes más grandes. Según Lescano, solo con el comportamiento ocular no es posible: “Es prudente, luego de verificar el código basal de la persona –su modo particular de comunicar–, analizar otros aspectos de su lenguaje corporal. La postura, el paralenguaje, la kinesia (movimiento corporal) y la proxemia (distancia corporal) con el interlocutor. La mirada entonces cobra un significado más relevante en búsqueda de la mentira”.
“Los buenos mentirosos no existen. Solo existen los malos observadores. Los humanos no somos capaces de mentir o simular más allá de los tres o cuatro minutos. Si estiramos la conversación y conocemos el ‘idioma de los cuerpos’, no hay posibilidad de ser engañados”, afirma Lescano. El Sistema de Codificación de Acción Facial es una herramienta científica creada por Paul Ekman y su socio académico Wallace Friesen. Se publicó en 1978 y se actualiza permanentemente. Aprender comunicación no verbal es como aprender cualquier otro idioma.
“Nos han enseñado mal desde chicos cuestiones referidas a la mirada. Por ejemplo, nos han dicho: ‘Si no mira a los ojos, desconfiá’. Es un error seguir este consejo porque se ha demostrado que cuando mentimos contando algo de nosotros mismos, miramos a los ojos para asegurarnos de que nos están creyendo. Esquivar la mirada está más vinculado a emociones tales como miedo, tristeza, vergüenza, entre otras, pero nunca a la mentira”, señala a modo de referencia.
“En cuanto a la mirada arriba a la izquierda (M63I) o derecha (M63D), cada quien tiene su propio patrón. O sea que hay quienes al recordar miran arriba a la derecha mientras otros lo hacen arriba a la izquierda. Lo importante es que quienes recuerdan mirando arriba a la izquierda, el día que te inventen una historia o mientan sobre un tema, su mirada irá en sentido contrario, ya que el cerebro tiene el cuadrante del recuerdo en el extremo opuesto al de la creatividad o mentira”, devela el especialista.
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“Técnicas de la PNL (programación neurolingüística), como los accesos oculares, permiten sentarse en el asiento del conductor del cerebro. Le damos herramientas prácticas para que puedan programar su propio mundo mental”, asegura Melina Vicario, la argentina a quien CNN define como “la voz del biohacking en español”. Estudió neurociencias en Stanford y se formó en PNL junto a Richard Bandler, uno de los fundadores de esta metodología. “Sus fundadores, Richard Bandler y John Grinder, detectaron que movemos los ojos al buscar información en nuestro cerebro. Es más, te puedo asegurar que una persona no puede buscar información en su cerebro sin mover sus ojos”, afirma con la convicción de quien dicta seminarios por el mundo enseñando estas técnicas junto al mismísimo Bandler.
La PNL, según Vicario, es una herramienta práctica, es tecnología de la mente. Sus técnicas permiten cambiar las representaciones mentales y de este modo cambiar los pensamientos, para que estén a nuestro favor. “Podemos crear representaciones mentales provechosas, que nos acercan a nuestro destino deseado, alineadas con quienes queremos ser y la vida que queremos vivir”, agrega. Los ‘accesos oculares’ (movimientos de los ojos en diferentes direcciones), dan la oportunidad a los programadores neurolingüísticos de entender cómo cada persona está elaborando una representación mental.
“A muy grandes rasgos: a la izquierda arriba es visual recordado, a la izquierda al centro auditivo recordado y a la izquierda abajo auditivo/digital diálogo interno. A la derecha arriba, visual construido; a la derecha al centro, auditivo construido; y a la derecha abajo, kinestésico”, ilustra Vicario. Es fundamental aclarar que se habla de la derecha o izquierda de la persona; si lo estamos viendo de frente, sería exactamente inverso. Además, depende de cómo cada cerebro esté ‘cableado’, ya que si es zurdo, puede ser que sea al revés. Esto lo ‘calibra’ un especialista entrenado en la disciplina durante una primera sesión. “Todo esto sirve para detectar las representaciones mentales de cada persona y es el paso previo de herramientas como el ejercicio de switch pattern (cambio de patrón).
La importancia del contextoDaniel Zazzini, especialista en comunicación y lenguaje corporal, explica: “La oculésica se ocupa de todas las señales que mostramos con los ojos y su conjunto: párpados, cejas y pupilas. Aunque no hay que observar de forma aislada ninguna parte del cuerpo, es un canal de mucha importancia porque los ojos nos ayudan a ver estados emocionales, de atención y carga cognitiva, es decir, cómo está trabajando el cerebro. Con esas señales podemos regular las interacciones entre personas, interpretar interés, confianza y carga emocional en los mensajes”.
Zazzini, diplomado en comunicación no verbal, agrega: “El mito número uno de la comunicación no verbal es que se puede detectar la mentira a través de la gestualidad. No se puede. Al día de hoy no hay un solo estudio científico serio en el mundo que haya encontrado aunque sea solo un gesto relacionado directamente con la mentira. Lamentablemente, es una creencia que tiene muchísimo tiempo y que forma parte de la necesidad que tenemos todos de poder descubrir o confirmar las sospechas de que alguien nos está mintiendo, pero no es real”.
El especialista explica que los ojos pueden mostrarnos estrés, incomodidad, ansiedad… que son los mismos estados que experimenta una persona que está diciendo la verdad y tiene miedo de que no le crean. “Si voy a contarte una historia, un chisme, una anécdota, incluso si estoy dando un examen, el cerebro construye el relato en función del contexto y de la audiencia para hacer llegar el mensaje de forma más efectiva. Muchísimas personas están superconvencidas de sus propias mentiras; en sus cabezas no están mintiendo porque creen en sus propias historias”, relata.
Además, explica que los ojos se mueven porque el cerebro está trabajando, procesando estímulos. “Las emociones mueven una determinada cantidad de músculos, como el orbicular, que trabaja en la sonrisa real. Por eso podemos distinguir una sonrisa auténtica de lo que es una sonrisa para la foto”, concluye.