Liliane Bettencourt, heredera de L’Oreal: la controvertida amistad que puso en jaque a la mayor fortuna de Francia
Todo empezó con una foto. En 1987, Liliane Bettencourt posó en su mansión de Neuilly para la revista Egoïste. Era la heredera de L’Oréal, dueña de una de las mayores fortunas de Francia, un...
Todo empezó con una foto. En 1987, Liliane Bettencourt posó en su mansión de Neuilly para la revista Egoïste. Era la heredera de L’Oréal, dueña de una de las mayores fortunas de Francia, una mujer reservada que ya había pasado los 60. Los medios de todo el mundo la presentaban como “la mujer más rica del mundo”. Detrás del lente estaba François-Marie Banier, un fotógrafo veinte años menor que ella. Ese encuentro, casual, fue el comienzo de una amistad que con los años desató una escandalosa guerra familiar que inspiró libros, series y películas.
En 2023 Netflix presentó la miniserie El caso Bettencourt : El escándalo de la mujer más rica del mundo. Y como la historia parece inagotable, en 2025 en Francia se estrenó la película “La mujer más rica del mundo”, protagonizada por Isabelle Huppert. El film llegó hace días a los cines españoles y se espera que pronto se proyecte en el país.
Los protagonistasLiliane Henriette Charlotte Bettencourt fue la única hija de Eugène Schueller, el químico que en 1907 lanzó una línea de tinturas para el cabello y sentó las bases de lo que después sería L’Oréal. Su madre murió cuando ella tenía apenas cinco años y desde entonces la relación con su padre ocupó un lugar central en su vida. Sentía una gran admiración por él. A los 15 años empezó a trabajar en la empresa familiar etiquetando botellas de shampoo.
En 1950 se casó con André Bettencourt, un político que años más tarde sería varias veces ministro en los gobiernos de De Gaulle y Pompidou, de quien adoptó el apellido. La pareja tuvo una única hija, Françoise Bettencourt Meyers. Cuando Schueller murió, en 1957, Liliane heredó su participación en la compañía y se convirtió en la principal accionista del grupo. Décadas después, la fortuna ligada a la dinastía Bettencourt siguió creciendo: en 2026, Forbes estimó en 100.000 millones de dólares el patrimonio de la familia Bettencourt Meyers.
Del otro lado de la lente estaba François-Marie Banier, un fotógrafo y escritor muy conocido en la alta sociedad parisina. Era famoso por retratar celebridades y por la naturalidad con la que se movía entre artistas, coleccionistas y millonarios. De joven había frecuentado a Borges, Salvador Dalí y a otras figuras del mundo artístico.
La amistadDespués de aquella sesión de fotos, Bettencourt y Banier empezaron a verse cada vez más seguido. Con el tiempo, él fue ocupando un lugar especial en su vida. Quienes los conocían decían que Banier le aportaba a Liliane compañía, espontaneidad y otra manera de mirar el mundo. Él no era solo un artista con talento: tenía además una facilidad natural para moverse entre millonarios y artistas. Sabía escuchar, cautivar y hacerse un lugar. Con el tiempo dejó de ser “el fotógrafo” para convertirse en una presencia cada vez más habitual en la vida de Liliane: la visitaba en su casa, se escribían cartas, la acompañaba a exposiciones, viajaban juntos y la acercaba a artistas y a un mundo que no era el suyo.
“Su vida estaba un poco vacía, si se puede decir así, y un día, apareció François-Marie Banier”, sintetizó Georges Kiejman, abogado de Bettencourt, en la serie documental de Netflix El caso Bettencourt: el escándalo.
A ella, esa cercanía le parecía natural y la divertía mucho. Para quienes la rodeaban, en cambio, empezó a ser motivo de preocupación. El vínculo no respondía a la lógica de un romance convencional, ya que Banier era homosexual. Pero eso no hacía menos incómoda la pregunta que empezaba a crecer en el entorno de Bettencourt: ¿cuánto poder podía ejercer sobre ella un hombre ajeno a la familia que se había vuelto central en su vida?
La actriz Isabelle Huppert, protagonista de La mujer más rica del mundo, la película inspirada en esta historia que se estrena esta semana en Espala, en una entrevista con EL PAIS, habló de “amores contrariados”: relaciones que alteran el equilibrio del mundo en el que nacen y obligan, tarde o temprano, a una renuncia. Una idea que describe bien el clima de lo que sucedió luego.
La primera en preocuparse fue su hija Françoise. Lo que veía ya no le parecía una amistad excéntrica, sino una influencia cada vez más difícil de separar del dinero. Todas las salidas que hacían juntos, los restaurantes y también los viajes, era Liliane quien pagaba siempre. Y la situación se volvió más delicada cuando empezaron a aparecer los regalos a Banier: obras de arte, dinero y otros beneficios por sumas millonarias.
La denunciaDurante años, ese malestar creció puertas adentro. Madre e hija no veían la relación del mismo modo. Para Liliane, Banier era un amigo especial, alguien que le aportaba compañía y alegría. Para Françoise, en cambio, era un hombre que se estaba aprovechando de su madre. La muerte de André Bettencourt, marido de Liliane, en noviembre de 2007, volvió ese equilibrio todavía más frágil. Entre esas dos versiones, la familia Bettencourt terminó de resquebrajarse.
Con el tiempo, alguien del entorno contable llegó la confirmación de una cifra difícil de asimilar: entre 1997 y 2007, Banier había recibido de Bettencourt alrededor de mil millones de euros entre cheques, obras de arte, pólizas y otros beneficios. Fue entonces cuando la sospecha tomó forma y se convirtió en una verdadera pelea familiar.
Y como si los regalos no fueran suficientes, se le sumó otra cuestión determinante. Según reconstruyó Le Monde, en diciembre de 2007 Liliane llegó a firmar un testamento que apartaba a su hija y convertía a Banier en su heredero. A esa altura, la disputa ya no era solo por el dinero que Banier había recibido, sino también por la herencia. Entonces Françoise decidió llevar el caso a la Justicia y denunciarlo por abus de faiblesse (abuso de debilidad).
Otro de los episodios que mejor retratan la escala de generosidad que tuvo Liliane con Barnier fue la isla D’Arros, en las Seychelles. Según Le Monde, los Bettencourt la compraron en 1997, incentivados por Banier y años después su nombre apareció ligado a la posibilidad de heredar esa propiedad. La isla terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más llamativos del caso que mostraba hasta dónde había llegado la influencia del fotógrafo en el universo Bettencourt.
En el juicio, la cuestión a resolver era si Liliane había sido plenamente consciente de sus actos. Banier defendía esos regalos como decisiones tomadas por una mujer lúcida. Bettencourt, por su parte, también negó que él la hubiera forzado y agregó que no estaba especialmente apegada a las posesiones materiales. Pero sus propias palabras dejaban una zona gris. Sobre Banier, llegó a decir: “Es persuasivo. Para resistirse, hace falta fuerza”. Esa frase resumía, de algún modo, la ambigüedad de toda la historia.
Sobre la isla, Barnier dijo en el juicio: “Quiero que entiendan que me importa un bledo su dinero.(...) Odio esta isla. Está infestada de mosquitos, es diminuta y muy húmeda. Además, hay tiburones. Odio las islas. Johnny Depp tiene dos islas en el Pacífico, a las que me ha invitado varias veces y nunca voy...”.
El proceso también dejó al descubierto que Banier no era el único beneficiado por la generosidad de Liliane. Aparecieron sueldos desmesurados, departamentos cedidos a empleados y pedidos difíciles de justificar, como el del gestor de su fortuna Patrice de Maistre, que cobraba más de un millón de euros anuales, que llegó a pedirle que le obsequiara “el barco de su sueños”, un yate de más de un millón de euros. Aunque esa compra nunca se concretó ni recibió el dinero, el episodio dejó al descubierto un entorno entero habituado a recibir.
El escándaloEn medio de esa batalla surgieron además las grabaciones secretas realizadas por Pascal Bonnefoy, el mayordomo de Bettencourt. Con ellas salieron a la luz conversaciones sobre cuentas en el extranjero, ventajas fiscales y posibles conexiones con el poder político. A partir de ahí, el caso dejó de ser solo una pelea entre madre e hija o un juicio sobre la relación con Banier: se convirtió en un escándalo nacional.
El llamado affaire Bettencourt ya no giraba solo alrededor del fotógrafo. También rozaba a empresarios, abogados, gestores de fortuna y dirigentes políticos. Uno de los nombres más mencionados fue el de Éric Woerth, entonces ministro y tesorero del partido de Nicolas Sarkozy (Union pour un mouvement populaire, UMP), en medio de sospechas sobre financiación política y trato privilegiado.
La reconciliaciónEn diciembre de 2010, después de tres años de enfrentamiento judicial, madre e hija anunciaron una reconciliación. El acuerdo puso fin, al menos por un tiempo, a la guerra familiar: Françoise retiró sus acciones contra Banier y dejó de pedir un tutor legal para su madre, mientras que Liliane aceptó no volver a ver al fotógrafo y apartar a Patrice de Maistre, su gestor de fortuna. También aceptó someterse a una evaluación médica y designar a una figura de asistencia en caso de vulnerabilidad.
Pero esa tregua duró poco. En 2011 la tensión reapareció y un juez terminó poniendo los asuntos de Liliane bajo el control de Françoise y de sus dos nietos, por considerar que ya no estaba en condiciones de gestionarlos sola.
Con el tiempo, la Justicia fue cerrando el cerco sobre Banier. En 2015 fue condenado en primera instancia por “abuso de debilidad” contra Liliane Bettencourt. Un año más tarde, la apelación confirmó la condena y le impuso cuatro años de prisión en suspenso y una multa de 375.000 euros.
Patrice de Maistre, el gestor de fortuna de Liliane Bettencourt, también terminó condenado en el caso. Lo sentenciaron a 18 meses de prisión efectiva y una multa de 250.000 euros, aunque después renunció a apelar luego de llegar a un acuerdo con la familia Bettencourt-Meyers.
En cuanto a los políticos involucrados en el escándalo, el desenlace fue distinto: Éric Woerth, entonces ministro y tesorero de la UMP, el único funcionario juzgado en el proceso Bettencourt, terminó absuelto en 2015. En cuanto a Sarkozy, las sospechas sobre una eventual financiación ilegal de su campaña de 2007 con dinero de Bettencourt no prosperaron.
Liliane Bettencourt murió el 21 de septiembre de 2017, a los 94 años, en Neuilly-sur-Seine. Hoy Françoise Bettencourt Meyers y su familia siguen siendo las principales accionistas de L’Oréal.
La mujer más rica del mundo - Trailer en español