Las trepadoras nativas que casi nadie elige pero debería
Las paredes y los cercos no tienen por qué ser superficies desnudas. Las trepadoras nativas, con estrategias evolutivas tan diversas como eficaces, convierten espacios verticales rígidos en tapic...
Las paredes y los cercos no tienen por qué ser superficies desnudas. Las trepadoras nativas, con estrategias evolutivas tan diversas como eficaces, convierten espacios verticales rígidos en tapices de hojas, flores y movimiento
La trepadora es, además, una solución inteligente para espacios reducidos —aprovecha el soporte para crecer sin invertir en madera gruesa como un árbol— y actúa como una interfaz botánica entre el jardín y su entorno: atrae fauna, mejora microclimas y borra límites.
Las trepadoras no se adhieren todas igual: algunas utilizan tallos volubles que se enroscan y se atan al soporte a medida que crecen, otras despliegan raíces adventicias que se pegan a muros y superficies, y algunas cuentan con zarcillos especializados que funcionan como brazadas que buscan luz.
Esta diversidad no es superficial: marca decisiones de diseño, elección de soporte y manejo del jardín
Seis elegidasOjo de muñeca — Paullinia elegansUna joya poco conocida entre las trepadoras nativas, P. elegans —conocida también como Isipó Morotí u ojo de muñeca— es una liana perenne de la familia Sapindaceae que puede trepar hasta unos 4 m de altura sobre alambrados o estructuras de enrejado.
“Sus frutos y flores pequeñas muy perfumadas resultan ornamentales en todos sus estadíos, abiertos exponen la semilla negra recubierta por un arillo blanco que semeja un pequeño ojo, de donde proviene uno de sus nombres vulgares”, explica la especialista Claudia Naridini.
Flor de patito — Aristolochia fimbriataEs una herbácea trepadora perenne de follaje persistente que florece de primavera a otoño con flores color bordó de forma escultural.
Puede cultivarse en macetas o en el suelo, y se adapta a distintos tipos de sustratos. Es ideal para muros que no reciben sol intenso, ya que añade textura y color continuos al espacio.
Dama del monte — Bignonia callistegioidesPertenece a la familia Bignoniaceae. Su follaje es persistente y aporta una profusa floración rosada en primavera y verano.
Tolera exposiciones soleadas y media sombra, pero es sensible a heladas fuertes por lo que conviene cultivarla en espacios reparados. Su ritmo de crecimiento la convierte en una candidata ideal para cubrir cercos y glorietas con un efecto floral generoso.
Uña de gato — Dolichandra unguis-catiFamosa por sus zarcillos con ganchos que se adhieren a superficies, esta trepadora desarrolla lianas robustas con hojas persistentes y flores amarillas espectaculares en primavera y verano.
Tolera suelos pobres y riego escaso, aunque en algunos contextos fuera de su distribución natural puede comportarse como invasora; por eso es clave evaluar su uso según el sitio.
Dama de noche — Ipomoea albaEsta trepadora perenne de la familia Convolvulaceae abre de noche flores blancas de perfume suave, evocando atardeceres en climas cálidos.
En inviernos duros o zonas con heladas frecuentes puede comportarse como anual, pero en condiciones templadas su crecimiento es constante y resulta ideal para alambrados que buscan impacto olfativo y visual al caer el sol.
Jazmín de Córdoba — Solanum angustifidumMás que una trepadora estricta, este arbusto apoyante de Solanaceae puede utilizarse para cubrir cercos con un efecto laxamente vertical.
Sus flores violetas o lilas en primavera y verano aportan color y atraen abejorros, motivo por el que conviene ubicarla donde el tránsito humano sea moderado.
Elegir con criterioEl soporte de la trepadora es importante: no es lo mismo un muro liso, un alambrado metálico o una estructura de madera. El soporte determina qué tipo de trepadora prosperará mejor.
Algunas especies prefieren sol pleno, otras media sombra. Leer la luz del sitio es una condición ineludible.
La planta que florece sin parar y atrae un ejército de mariposas al jardín
En cuanto al riego, las nativas bien ubicadas suelen ser moderadas en sus demandas hídricas, y muchas aportan beneficios ecológicos (atracción de polinizadores, refugio para fauna).
Hay que tener en cuenta que ciertas especies de trepadoras responden mejor en climas templados; las heladas y la sequía deben considerarse al momento de planificar el espacio para garantizar su ciclo de vida.