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Las memorias de Liza Minnelli: de su marido gay y el peligroso legado “genético” de su madre a la lucha contra los excesos

Su vida despertó el interés del público y de la prensa aún antes de nacer. Y ella no los defraudó: les dio en pequeñas dosis escándalos y talento. Pasó de ícono estético a artista consagr...

Las memorias de Liza Minnelli: de su marido gay y el peligroso legado “genético” de su madre a la lucha contra los excesos

Su vida despertó el interés del público y de la prensa aún antes de nacer. Y ella no los defraudó: les dio en pequeñas dosis escándalos y talento. Pasó de ícono estético a artista consagr...

Su vida despertó el interés del público y de la prensa aún antes de nacer. Y ella no los defraudó: les dio en pequeñas dosis escándalos y talento. Pasó de ícono estético a artista consagrada y de símbolo de una época a la categoría de clásico. Sin embargo, siempre quedó flotando la sensación de que Liza Minnelli tenía mucho más para contar.

Sin embargo, quizás para mantener ese misterio en el que se recluyó durante las últimas décadas, nunca estuvo en sus planes escribir sus memorias. Como le dijo a su mejor amigo, el pianista Michael Feinstein: “¡Podrás contarlo todo después de que muera!”.

Pero, adicta al control, a medida en que se iba terminando su séptima década, seguramente sintió que nadie mejor que ella podía decidir qué contar -y qué callar- sobre su propia historia. Por eso, dos días antes de cumplir 80 años, el 10 de marzo, sale a la venta Kids, Wait Till You Hear This (Chicos, tienen que escuchar esto), el libro que se basa en más de 10 años de charlas y entrevistas contadas a Feinstein.

Este viernes, la revista People publicó un adelanto, con extractos de algunas de las anécdotas y vivencias más picantes de la leyenda del mundo del espectáculo. Hija de dos estrellas, Judy Garland y el director Vincente Minnelli, Liza comienza contando su propia historia desde el principio, pero se detiene también en sus noches alocadas en Studio 54, en la experiencia de haberse convertido en una luminaria con brillo propio, en sus amores complejos y su lucha contra las adicciones.

De hecho, este último de los temas fue el que la impulsó a apurar la publicación. Después de haber permanecido 11 años sin probar drogas ni alcohol, consideró que quizás este libro pueda ayudar a otras personas que lidian contra el abuso de sustancias.

Madre mía

El primero de los extractos relata sus recuerdos de infancia, junto con sus hermanos Lorna y Joey Luft, y su icónica madre. “Nunca olvidaré el día que nos sentó y nos dio a Lorna y a mí una opción; Joey tenía menos de un año. Podíamos quedarnos en la escuela en Los Ángeles, o podíamos acompañarla en el viaje. Entraríamos y saldríamos de diferentes hoteles, escuelas (llegué a asistir a 22) y ciudades. ‘¿Cuándo nos vamos?’, respondimos al unísono", comienza el relato.

Pero la historia no fue siempre colorida y efervescente: “A los 13 años, cuidaba a mi madre: era su enfermera, médica, farmacóloga y psiquiatra, todo en uno. Perdí la cuenta de las veces que llamé a los médicos para decirles que se había quedado sin pastillas. Les decía: “¡Soy una niña! ¡Por favor, hacele la receta a mi mamá!”.

Liza abandonó la secundaria para convertirse en actriz. Y a los 18 años, cantó junto a Garland en el London Palladium. “Después de mi primera canción , la oí gritar: “¡Sí, nena! ¡A por ellos!”. Después de la segunda canción, otro “¡Sí!”, pero no tan fuerte. Para la tercera, digamos que ya estaba perdiendo el entusiasmo. La oí susurrarle a nuestro productor, Harold Davison: ‘¡Harold, sácala de mi maldito escenario!’. Seguí cantando entre aplausos entusiastas mientras mamá se enfurecía. Tuve una revelación impactante: había empezado la noche como la hija de mamá y ahora estaba en el escenario con Judy Garland".

“Liza, soy gay”

Su talento fue marcando el camino. Ganó su primer premio Tony en 1965 y dos años después se casó con el cantautor Peter Allen. “Una tarde, al volver temprano de unas compras compulsivas, entré en nuestro apartamento y encontré a Peter teniendo sexo apasionado. Con un hombre. ¡En nuestra cama!“, reveló la artista.

“Mientras el otro caballero se vestía rápidamente y desaparecía, me sentí frágil y asustada. Demasiado paralizada emocionalmente como para desahogar mi ira y mi dolor. Entonces, Peter se acercó y me abrazó fuerte. Ambos empezamos a llorar. Sollozos desgarradores. Me dijo por primera vez: ‘Liza, te amo más que a nadie en el mundo... Y soy gay’. Se disculpó una y otra vez, diciéndome que, además de nuestra vida sexual activa y muy satisfactoria, también se sentía atraído por los hombres”. relata en su libro.

La “bendición” que la llevó al infierno

Su carrera ya iba en ascenso: había firmado su primer contrato discográfico y había sido nominada el Oscar por su interpretación en la película Los años verdes, cuando la muerte se acercó a ella por primera vez. Su madre murió el 22 de junio de 1969, por una sobredosis accidental. “Lloré durante ocho días seguidos”, rememora.

“El estrés y la tensión me abrumaban. Estaba desmoralizada, y un médico me recetó Valium para relajarme justo antes del funeral. Lo que empezó como una bendición de un día pronto se convirtió en un hábito, y luego en una adicción en los años siguientes. Fue un último regalo, una herencia genética de mamá de la que no podía escapar”, resume con ironía y crudeza.

La consagración

Su ahora icónica actuación en Cabaret, de Bob Fosse, le mereció otra nominación al Oscar, como mejor actriz. Sin embargo, ella nunca pensó que tenía posibilidades de quedarse con la estatuilla, porque competía con Diana Ross, que había cosechado las mejores críticas por su interpretación de Billy Holliday en El ocaso de una estrella. “¡Diablos! Ni siquiera me molesté en escribir un discurso de agradecimiento", asegura.

“Estaba nerviosa, orgullosa y a la vez resignada. Todo junto. Papá estaba sentado a mi derecha. A mi izquierda estaba mi amante de 19 años, Desi Arnaz Jr., a quien conocía desde la infancia: el guapísimo hijo de Lucille Ball y Desi Arnaz. ¡Y también era mi prometido! Por fin llegó el gran momento. “¡Y el premio es para... Liza Minnelli!”, detalla.

“De la noche a la mañana, parecía que había pasado de ser la típica ‘niña nepo’ a ser Sally Bowles: un desastre de ambición, peculiaridades adorables, sexo desenfrenado y manipulación egoísta. Tenía la palabra ‘problema’ tatuada en mi piel, debido a la intensidad con la que lo aplicaba todo”, repasa aquel tiempo de esplendor y escándalos.

“¡El mundo me conocía como Liza! Por primera vez en mi vida, me pregunté qué significaba eso realmente, sobre todo entre la confusión de sustancias. Benzodiazepinas. Barbitúricos. Anfetaminas. Alcohol. Cocaína", confiesa.

Un enjambre de hombres

En 1973 se enamoró del comediante Peter Sellers, mucho mayor que ella. Dieron una conferencia de prensa para anunciar su compromiso, pero ella seguía casada con Allen y comprometida con Arnaz. Al año siguiente, se casó con el productor Jack Haley Jr. Luego, en 1976, protagonizó Nueva York, Nueva York y se involucró sentimentalmente con el director Martin Scorsese.

“A decir verdad, nuestro romance tenía más matices que una lasaña. Ambos éramos italianos. Apasionados. Intensos. Comprometidos con nuestro oficio. Ambos teníamos temperamentos volcánicos. Él era un hombre endiabladamente atractivo, que compartía mi pasión por el cine. Yo era hija de un director. Con la guía de Marty, por poco ortodoxa que fuera, hice algunos de mis mejores trabajos. Me contuve por una vez en mi vida. ¡Yo!“, asegura la artista.

En 1979, se casó con el director de escena Mark Gero. Sufrió dos abortos espontáneos, el segundo a los cinco meses de embarazo. “Recé todos los días para que nuestro hijo sobreviviera, pero no fue así. Me llevaron de urgencia a un hospital en Reno, Nevada, donde pasé por la desgarradora experiencia. Hasta el día de hoy, no puedo hablar de estos eventos sin tristeza y ansiedad. La incapacidad de ser madre es una tragedia que jamás superaré”, repasa.

La caída

Con el temor que su desenlace fuera igual al de su madre, en 1984, su hermana Lorna le pidió que se internara en una clínica de rehabilitación. “Cuando mis auxiliares me preguntaron si tomaba algún medicamento, dije: ‘Solo unos pocos, los fines de semana’. Los de admisión ni se inmutaron. Había tenido un asiento en primera fila para los demonios de mamá. Pero estaba convencida de que era diferente. Consumía cocaína, pero todos los demás también. Cariño, lo tenía todo bajo control. ¡Menuda mierda!“, relata aquella experiencia en sus memorias.

Meses después, fue Elizabeth Taylor, quien había logrado salir de esa zona oscura, quien le recomendó que volviera a internarse. “Nunca olvidaré la urgencia en su voz y sus palabras: ‘Liza, esta enfermedad te va a matar si no haces lo correcto. Por favor, basta de mentiras. Mírate al espejo y mira lo que todos vemos. Te ves fatal y te sientes aún peor. No puedes con esto sola’”, recordó el diálogo con la gran diva del cine, especialista en “salvarle la vida” a sus colegas y amigos.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/las-memorias-de-liza-minnelli-de-su-marido-gay-y-el-peligroso-legado-genetico-de-su-madre-a-la-lucha-nid20022026/

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