Las catadoras del Führer: la resiliencia femenina en pleno horror del nazismo
Las catadoras del Führer (Le Assaggiatrici, Italia, Bélgica, Suiza/2024). Dirección: Silvio Soldini. Guion: Doriana Leondeff, Silvio Soldini, Lucio Ricca. Fotografía: Renato Berta. Edición: Ca...
Las catadoras del Führer (Le Assaggiatrici, Italia, Bélgica, Suiza/2024). Dirección: Silvio Soldini. Guion: Doriana Leondeff, Silvio Soldini, Lucio Ricca. Fotografía: Renato Berta. Edición: Carlotta Cristiani. Elenco: Elisa Schlott, Max Riemelt, Alma Hasun, Emma Falck, Olga von Luckwald, Berit Vander, Kriemhild Hamann, Thea Rasche. Duración: 123 minutos. Calificación: apta para mayores de 13 años con reservas. Nuestra opinión: buena.
Las catadoras del Führer está basada en una novela histórica de la calabresa Rosella Postorino que llamó la atención del italiano Silvio Soldini, cineasta milanés de 67 años del que se sabe poco y nada en la Argentina. En ese libro, Postorino cuenta la historia de una mujer alemana, Margot Wölk, que habría sido una de las elegidas por los jerarcas nazis para probar la comida que Adolf Hitler ingería cada día con el objetivo de comprobar que no estuviera envenenada por algún cómplice de los aliados.
Wölk contó en distintas entrevistas que un grupo de catorce mujeres (el doble de las que aparecen involucradas en la película) pasaron más de dos años obligadas a emplearse en esa humillante tarea que se llevó a cabo a diario mientras Hitler estuvo refugiado en la “Guarida del Lobo” (“Wolfsschanze”, en alemán), el principal cuartel general militar de los nazis en el frente oriental durante la Segunda Guerra Mundial, situado en un bosque cercano a Kętrzyn, en la región de Masuria (actual Polonia), que entonces formaba parte de Prusia Oriental.
Pero en su libro Vor dem Untergang: Hitlers Jahre in der Wolfsschanze (Antes de la caída: los años de Hitler en la Guarida del Lobo), el periodista e historiador alemán Felix Bohr asegura que, por curiosa y apasionante que sea la historia de Wölk, no hay ninguna prueba, más allá de los dichos de la mujer, de que sea cierta. E incluso la propia Postorino comenta en los agradecimientos de su libro que nunca pudo contactar con Wölk y decidió entonces recurrir a su imaginación para escribir la novela.
¿Importa tanto la veracidad del relato? Si habláramos de un documental, claro que sí (y ya hay uno, además de otra novela y una obra de teatro basados en este caso). Pero la película de Soldini es una ficción, y su objetivo central, como explicó con claridad Elisa Schlott, la actriz que encarna a la protagonista (la joven Rosa Sauer), es contar cómo un puñado de mujeres logró construir un heroico entramado de resiliencia y comunidad en un contexto de inusitada violencia.
Para reflejar ese clima desalmado y asfixiante de la Alemania del nazismo, Soldini escogió una puesta en escena sobria: la fotografía tiende a tonos fríos y apagados que subrayan el carácter opresivo del entorno militar. La sensación de encierro, vigilancia y persecución es persistente, aunque la figura de Hitler no aparezca: es una amenaza constante fuera de campo.
Rosa llega al lugar de los hechos huyendo de los bombardeos en Berlín. Busca protección en la modesta casa campestre de los ancianos padres de su pareja, un joven reclutado por el ejército alemán y enviado al peligroso frente oriental. Se integra como puede a ese grupo femenino atravesado al principio por el miedo, la rivalidad y una solidaridad bastante frágil que, con el paso del tiempo, se transformará en otra cosa.
Mientras tanto, el fantasma del Ejército Rojo parece cada vez más cercano. Es ese ambiente cargado de angustia y terror el que está en el foco de Las catadoras del Führer. Un veneno que contamina todas las relaciones, incluso aquellas en las que Rosa se involucra como mera estrategia de supervivencia, poniendo de relieve que los juicios morales se deben relativizar cuando la presión es tan insoportable.