Las aulas de los Estados Unidos se llenaron de pantallas y ahora padres y docentes piden dar marcha atrás
ESTADOS UNIDOS (AP).- Hace apenas unos años, las escuelas públicas de Estados Unidos trabajaban intensamente para lograr que cada alumno tuviera una computadora portátil. Anna Soffer, docente de...
ESTADOS UNIDOS (AP).- Hace apenas unos años, las escuelas públicas de Estados Unidos trabajaban intensamente para lograr que cada alumno tuviera una computadora portátil. Anna Soffer, docente de secundaria de Los Ángeles, lo recuerda bien: “La idea era que la tecnología es el futuro, así que necesitamos poner la tecnología en manos de cada alumno”.
Ahora, la conversación se dio vuelta. Tras invertir miles de millones de dólares en computadoras portátiles, tablets y aplicaciones de aprendizaje, muchas escuelas enfrentan un ajuste de cuentas digital. Las aulas se llenaron de pantallas y un número cada vez mayor de padres, docentes y distritos escolares afirma que llegó el momento de reducirlas.
“El Chromebook no es más que un mundo de distracciones”, sostiene Soffer, que enseña inglés e historia en sexto grado. Prefiere las tareas con lápiz y papel, pero le exigen usar computadoras portátiles y aplicaciones en línea para ciertas actividades. “Todos los días lucho con el dilema de: ‘¿a quién preferirías escuchar, a la señorita Soffer o a Minecraft?’”.
El Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles, donde enseña Soffer, se convirtió recientemente en el primer gran distrito escolar en informar que dejará de entregar dispositivos a sus estudiantes más pequeños. Esto forma parte de una nueva política de tiempo de pantalla que entrará en vigor en otoño en el segundo sistema escolar más grande de los Estados Unidos.
En una amplia resolución aprobada el mes pasado por la junta escolar de Los Ángeles se exige que el distrito retire los dispositivos hasta segundo grado, establezca límites diarios y semanales de pantalla para todos los grados superiores, bloquee YouTube en los dispositivos escolares y prohíba el uso de dispositivos durante el almuerzo y el recreo en primaria y secundaria. El distrito también auditará sus contratos de tecnología educativa, que, según el sindicato de docentes, ascienden a US$1600 millones.
La ofensiva de Los Ángeles impulsa los pedidos de reforma que surgieron en todo Estados Unidos. En muchos casos, los padres presionaron hace unos años para prohibir los teléfonos celulares en las escuelas, algo que ahora se volvió la norma. Al darse cuenta de que los teléfonos no eran la única distracción en el aula, cambiaron de objetivo: los dispositivos entregados por las instituciones educativas.
La campaña por el cambio se está convirtiendo en un tema de política pública. Al menos 14 estados propusieron leyes para limitar el tiempo de pantalla en las escuelas, según Ballotpedia. La semana pasada, el gobierno federal emitió un aviso en el que advirtió que el uso excesivo de pantallas entre los jóvenes se está convirtiendo en una creciente preocupación de salud pública.
Para los padres, los dispositivos entregados por la escuela socavan los límites de pantalla en casa. El año pasado, padres preocupados formaron en Los Ángeles el grupo Schools Beyond Screens y presionaron al distrito manifestándose en reuniones de la junta escolar, en redes sociales y en conversaciones privadas con administradores. Muchos se sienten frustrados al intentar reducir el tiempo de pantalla en casa, solo para que la escuela imponga el uso de dispositivos electrónicos.
Como madre de tres, Katie Pace hace todo lo que está a su alcance para limitar el uso de pantallas. En casa hay un iPad familiar y un televisor, no hay tiempo de pantalla entre semana y no se permiten pantallas en los dormitorios. Su hija Clementine, que cursa octavo grado, no tiene teléfono.
Pero en cuanto Clementine se sube al colectivo escolar con Wi-Fi, su día da un giro hacia lo digital.
Durante el trayecto de 30 minutos a la escuela, la menor mira videos de YouTube en su Chromebook escolar.
En la clase de español, las tareas están en la aplicación Duolingo, pero muchos estudiantes usan Google Translate para obtener las respuestas, señala Clementine. A menudo, los chicos juegan en sus teléfonos, que supuestamente deben estar guardados bajo llave. En álgebra, Clementine escribe con el dedo en una pantalla táctil para resolver ecuaciones. En historia, los cuestionarios, exámenes y tareas de redacción están en la computadora.
Casi todas las tareas escolares están en línea. Hasta hace poco, Clementine llegaba a su casa y leía un libro, dijo su madre, pero ya no. En el historial del dispositivo de su hija, Pace ve que pasa horas al día escuchando música en streaming, armando listas de reproducción en Spotify y mirando tutoriales de maquillaje y videos de gatos en YouTube.
“Me enfurece”, afirmó Pace, integrante de Schools Beyond Screens. “Mi hija fue a la secundaria y volvió a casa con una adicción a la pantalla en la mochila”.
La pandemia disparó el acceso de los estudiantes a los dispositivosEl impulso por poner un dispositivo en manos de cada alumno y cerrar la “brecha digital” comenzó hace más de una década, pero se aceleró durante la pandemia de COVID-19.
En marzo de 2020, la educación pasó a ser en línea de un día para el otro. Las escuelas se apuraron a conseguirles a los chicos los dispositivos necesarios para conectarse a clases. Cuando comenzó el ciclo escolar 2021-2022, el 96% de las escuelas públicas de Estados Unidos informó que había entregado dispositivos digitales a los estudiantes que los necesitaban, según el Centro Nacional de Estadísticas de Educación.
Muchas escuelas dejaron de usar fondos para adquirir libros de texto, cuadernos de trabajo e impresiones en papel y los destinaron a alternativas digitales. La tecnología educativa creció hasta convertirse en una industria de miles de millones de dólares.
“Durante la pandemia, conseguirles dispositivos a los chicos fue un salvavidas. Ahora es momento de hacer un ajuste”, expresó Nick Melvoin, miembro de la junta escolar del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles que redactó la nueva resolución.
Melvoin calcula que pocas aulas de Los Ángeles usan las pantallas de manera eficaz y en formas que beneficien el aprendizaje. Con demasiada frecuencia, señaló, los docentes reemplazan la enseñanza por aplicaciones en línea y usan pantallas “como muleta”.
Algunas escuelas establecen nuevos límitesEl desafío, dicen los educadores, es que la tecnología se volvió tan parte del aprendizaje, especialmente para los estudiantes mayores, que desconectarse de las pantallas en la escuela es complejo.
En el acomodado suburbio de Lower Merion, en Filadelfia, varios padres lanzaron una campaña de petición para tener el derecho de excluir a sus hijos del uso de dispositivos digitales durante la escuela, mencionando dudas sobre los beneficios de la tecnología educativa. El distrito dijo que no es posible excluirse.
“Si realmente no hay evidencia de que ayude, y, de hecho, hay evidencia de que es perjudicial, ¿qué estamos haciendo? Los puntajes de las pruebas están en su punto más bajo”, afirmó Alex Bird Becker, uno de los fundadores del grupo PA Unplugged.
Otras escuelas están descubriendo que dejar de enviar un dispositivo a casa con cada alumno tiene sentido desde el punto de vista económico.
El Distrito Escolar Unificado de Fresno, el tercero más grande de California, gasta 4 millones de dólares al año en reparar y reemplazar computadoras portátiles. En parte para recortar costos, el distrito les dijo a sus 40.000 estudiantes de primaria que devuelvan las computadoras portátiles que se llevan a casa y, en otoño, hará que el acceso a esos dispositivos sea solo en el aula, indicó el vocero AJ Kato.
El Distrito Escolar Unificado de Simi Valley, cerca de Los Ángeles, dejó de enviar dispositivos a casa para sus estudiantes más pequeños este año, en parte por el alto costo de las reparaciones, pero también porque se usaban para realizar “búsquedas inapropiadas en Google” y jugar videojuegos, según un memorando dirigido a los padres. El distrito ahora guarda los dispositivos en carritos en la escuela.
Hace poco, un grupo de padres en Arlington, Virginia, se reunió un sábado por la noche para compartir las dificultades de sus hijos con la adicción a las pantallas y otros efectos derivados de los dispositivos entregados por la escuela.
“Ninguno de nosotros es ludita (grupo que, en el siglo XIX, protestó contra el uso de máquinas en la industria textil de Reino Unido). Sé que la tecnología aporta valor, pero tampoco quiero que mi hijo esté en YouTube todo el tiempo”, comentó LuAnn Oliver, quien recibió al grupo en la sala de su casa. Su hijo de sexto grado tiene dificultades para llevar el control de las tareas en línea y resistir la tentación que el iPad ofrece para los videojuegos. “Recibimos reportes de los sitios web que visitó. Está entrando a un sitio de juegos en casi todas las clases”.
El Distrito Escolar de Arlington dejó de entregar iPads antes de primer grado y está imponiendo nuevos límites en primaria, pero los estudiantes de sexto a duodécimo grado todavía deben contar con dispositivos entregados por la escuela.
Otra madre, Jenny Sullivan, dijo que notó que su hijo de cuarto grado pone mayúsculas al azar y no lo corrigen porque hay muy poco trabajo en papel. También le preocupan las implicancias sociales: su hijo de sexto grado no quiere ir al programa extraescolar porque todos están en su iPad. “Preferiría quedarse en casa”, le dice a su madre.
Tras una reunión de tres horas, los padres hicieron un plan para dialogar con la escuela en otoño con un pedido unificado para “excluirse de la tecnología e incluirse en libros de texto y papel”.
“Dentro de diez años”, dijo Kristina Jackson, una de las madres, “no puedo imaginar que miremos atrás con otra reacción que no sea: ¿cómo pudimos ser tan ingenuos como para entregarles estos dispositivos a nuestros hijos?”.