La startup argentina que utiliza desechos de langostinos para reducir el uso de agroquímicos
Para Matías Figliozzi, el camino hacia la biotecnología no fue lineal. Sin embargo, su impulso emprendedor lo cruzó con Claudia Casalongué, Vera Álvarez, Daniela Caprile, Florencia Salcedo -to...
Para Matías Figliozzi, el camino hacia la biotecnología no fue lineal. Sin embargo, su impulso emprendedor lo cruzó con Claudia Casalongué, Vera Álvarez, Daniela Caprile, Florencia Salcedo -todas científicas- y con base en Mar del Plata lanzaron una plataforma tecnológica para optimizar el uso de productos químicos en el agro. Así nació Unibaio, reconocida en el South Summit Brazil 2026.
Criado en una familia de artistas -entre directores de cine y actrices-, Figliozzi eligió la carrera de Economía en la UBA para entender los colapsos cíclicos de la Argentina. Tras un paso por la gestión pública -en el que se acercó al ecosistema emprendedor- y un primer traspié en un proyecto familiar, encontró su lugar en el mundo startup.
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“De adolescente me tocó vivir la crisis del 2001 y quise entender por qué la Argentina colapsa tanto y tan seguido. Después de trabajar en el ámbito público me di cuenta que la política no era para mí, Y cuando descubrí el mundo emprendedor dije ‘esto es lo que estaba buscando’. Me gusta poder crear cosas que ayuden a cambiar la realidad”, señaló.
Convencido de este camino, se acercó a la Fundación Argentina de Nanotecnología donde conoció a una de sus actuales socias científicas, quienes buscaban un perfil comercial para sacar sus investigaciones del laboratorio y llevarlas al campo. Se postuló, se incorporó como socio y CEO, y empezaron a trabajar en conjunto.
En diálogo con LA NACION, Matías Figliozzi desglosa las claves de un modelo que busca desintoxicar el agro sin perder rentabilidad.
1. El cruce de ciencias como ventaja competitivaLa génesis de la empresa radica en una combinación poco frecuente: la ciencia de los materiales y la fisiología del estrés en plantas. Mientras que la ciencia de materiales suele ser asociada a microchips, el equipo liderado por Casalongué y Álvarez -investigadoras del CONICET y la Universidad de Mar del Plata- logró aplicar estos conocimientos para optimizar la entrega de compuestos químicos en los cultivos
“Cuando decidimos armar un Unibaio y nos dimos cuenta que requería mucha inversión, el proyecto se transformó en un spin-off. Allí empezó una nueva etapa de investigación e inversión desde fondos privados”, explicó.
2. Una solución para el “dolor” regulatorio del clienteEl corazón del producto es un polvo desarrollado a partir de bioplásticos extraídos de desperdicios de la industria pesquera, específicamente de los caparazones y cabezas de langostinos. Mediante reingeniería, crearon una partícula que actúa como un “imán” para los agroquímicos. Esta tecnología “engaña” a la planta para que absorba mejor los productos, atacando un problema crítico del sector: hoy, cerca del 80% de lo que se aplica en el campo se pierde y termina en el suelo de forma ineficiente.
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A diferencia de otras soluciones agtech, Uniboi no busca reemplazar lo químico por lo orgánico de un día para otro, sino mejorar la eficiencia de lo que ya se usa. Y según precisó, el verdadero incentivo para sus clientes (como Carozzi en Chile o grandes productores de papa en Argentina) no es solo la sustentabilidad, sino evitar las barreras comerciales.
“En muchos cultivos, los productores no pueden seguir agregando químicos porque pasan los límites permitidos y aun así pierden rendimiento”, explicó Figliozzi. Y graficó: “En Chile, por ejemplo, el hongo en el tomate llega a causar pérdidas del 30% de la cosecha porque los productores no pueden aplicar más químicos sin volver el producto invendible”.
3. El “paso a paso” del financiamientoLa startup evitó los saltos al vacío y optó por una validación escalonada. El primer capital llegó del gobierno de Chile (US$40,000) para probar el concepto en laboratorio, lo que obligó a Figliozzi a radicarse allí durante cuatro meses. Luego, una aceleradora de Estados Unidos aportó US$30,000 para las pruebas de campo, paso previo fundamental para convencer al fondo argentino SF500 de inyectar US$500.000 en 2023. Hoy lleva un total de US$1,7 millones recaudados y entre sus inversores se listan también figuras vinculadas al agro, como Andrea Grobocopatel.
“Fue como pasito a pasito. Pudimos hacerlo porque yo tenía la experiencia de entender qué era lo mínimo que se necesitaba para convencer al siguiente que te da el próximo capital Todo siempre fue con apoyo de terceros y de fondos especializados que se dedican a financiar específicamente startups”, indicó.
A la nómina de validaciones, Unibaio sumó el reconocimiento como la startup más sostenible en el South Summit Brazil, evento coorganizado por IE University y el Gobierno de Río Grande do Sul. El congreso, desarrollado del 25 al 27 de marzo en Porto Alegre bajo el lema Human by Design, reunió a más de 24.000 asistentes de 70 países.
4. Escalabilidad y proyección globalPara Unibaio, el 2026 marca el fin de la era de las “ideas locas” y el inicio de la validación comercial a gran escala. Tras años de investigación científica, la startup se encuentra hoy en una etapa de fidelización y expansión, donde el objetivo es transformar las pruebas piloto exitosas en contratos de volumen que podrían llevar su facturación a lUS$1 millón este año.
Durante la última temporada, la empresa cerró pruebas con productores clave, como proveedores de papa de las principales marcas de papas fritas en la Argentina y el gigante alimenticio Carozzi en Chile. “Nos compraron para probarlo y les funcionó. Como funcionó, la expectativa es que recompren en volúmenes suficientes. Además, nos entusiasman estos clientes porque se replican en otros continentes”, explicó.
De acuerdo a Figliozzi, el modelo es altamente escalable: al ser un polvo que se utiliza en dosis mínimas (apenas 50 gramos por hectárea), la logística permite producir en la Argentina y exportar al mundo. El horizonte cercano incluye la expansión a cultivos de manzana en Estados Unidos y bananas en Costa Rica, con la mira puesta en el mercado de la soja para reducir el uso de glifosato.