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La pregunta del millón: ¿por qué no llegan las inversiones?

Si hay una comunidad en la cual la administración libertaria genera expectativa es en la de los empresarios argentinos exiliados en Uruguay. Tal vez, Marcos Galperín, el fundador de Mercado Libre...

La pregunta del millón: ¿por qué no llegan las inversiones?

Si hay una comunidad en la cual la administración libertaria genera expectativa es en la de los empresarios argentinos exiliados en Uruguay. Tal vez, Marcos Galperín, el fundador de Mercado Libre...

Si hay una comunidad en la cual la administración libertaria genera expectativa es en la de los empresarios argentinos exiliados en Uruguay. Tal vez, Marcos Galperín, el fundador de Mercado Libre, sea el exponente más locuaz. Durante la gestión de Alberto Fernández, la mayoría de los fundadores de los grandes unicornios argentinos -como se denomina a las empresas que alcanzan una valuación de más de US$1000 millones- eligió el país rioplatense como lugar de residencia o “resistencia”.

A pesar del cambio de clima, en lo que va de la gestión de Javier Milei, apenas uno solo decidió hacer las valijas y volver al país: Alex Sakkal, cofundador de la desarrolladora inmobiliaria Grupo Nómada. Y es que entre los argentinos en Uruguay, como sucede con los inversores que ven a Milei con buenos ojos, prima la cautela. El problema no es Milei, sino la historia.

Todavía son muchos los desafíos por delante. Los inversores saben que en la Argentina se puede hacer plata fácil, pero que se la puede perder más fácilmente aún. “En las reuniones con inversores, siempre hay alguien al que le fue mal con la Argentina”, reconoce uno de los banqueros mejor conectados con Wall Street. Así, pese a que el interés por la Argentina es enorme -prueba de ello es la súper convocatoria que tiene la Argentina Week la segunda semana de marzo en Nueva York- muchos prefieren entrar tarde y caro, que anticiparse y quedar mal parados. El que ahora mira para entrar con plata al país ya no es el que quieren hacer millones en pocos meses con algún bono; hoy el horizonte es más largo. Ya la plata fácil no está.

“Cambió el inversor, debería cambiar el discurso del Gobierno”, coincide el economista de una entidad, que esta semana recibió una decena de fondos internacionales. “Ya no hay que mostrar que se apaga el incendio, sino que esto es sostenible”, dice. En privado, no pocos miembros del gabinete libertario muestran su frustración por la falta de avances en materia de inversiones. Los resultados ahora llegan en cámara lenta. ¿Será la política, estúpido?, se preguntan algunos.

La reforma laboral, imprescindible, no modificará de un día para el otro la alicaída oferta de empleo. Sí mejora las bases hacia el futuro. La realidad es que el equipo económico se encuentra con varios limitantes para avanzar con mayor velocidad, aun en terrenos en los que sus objetivos están claros. Como con la reforma tributaria. No fueron solo los gobernadores los que pidieron quitar el capítulo de Ganancias de la reforma laboral. Sottovoce el ministro de Economía, Luis Caputo, estaba al tanto de que, con este nivel de recaudación, al Gobierno nacional no le sobraba nada para poder avanzar en más recortes impositivos. El deseo de bajar impuestos está, pero más fuerte es la necesidad de sostener el superávit fiscal. Ya febrero arrancó con la orden de, por las dudas, pisar pagos. La actividad no cae más, pero tampoco repunta.

Tal vez por eso hay grandes operaciones de fusiones y adquisiciones lanzadas hace meses, que vienen más lento de lo esperado. Es el caso de la venta de Carrefour. Pese a que había trascendido que la compra por parte del empresario Francisco De Narváez sería casi un hecho, la oferta no terminaría de acercarse a lo que pretende el grupo francés. “Bien contabilizada, están dispuestos a poner más cerca de US$700 millones que de US$1000 millones”, admite alguien cercano a la operación. “Diría que hay un 50% de chances de que se la lleve, y un 50% de que no”, agrega. De ahí que en la compulsa vuelven a ganar terreno dos de los interesados internacionales: el grupo chileno Cencosud, y el peruano InRetail, de la poderosa familia Rodríguez Pastor.

Algo similar sucede con la venta de Raízen, que hoy opera las estaciones Shell en la Argentina. Después de varias idas y venidas, la empresa suiza Mercuria, con la cual el empresario José Luis Manzano tiene una alianza estratégica, estaría pronta a quedarse con el negocio. Entre la semana que viene y la próxima se espera que se selle el acuerdo. Los bancos BBVA y UBS habrían acordado proveer parte del financiamiento.

La misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) que esta semana estuvo en el país no fue mucho más original con sus consultas. Idealmente, según habrían deslizado entre economistas y otros interlocutores que participaron de encuentros con los enviados del organismo, al FMI le hubiera gustado que la Argentina evitara entrar en polémicas como la del Indec -publicando los dos índices de inflación en simultáneo, en lugar de continuar solamente con el viejo-, y además espera que el país, más allá de seguir acumulando reservas, vuelva a emitir deuda en los mercados internacionales.

Según el economista Fernando Marull, el soberano debe refinanciar entre deuda y organismos internacionales unos US$14.000 millones este año. No es cuestión de que, una vez más, el hábil equipo de Finanzas consiga los dólares a último momento. Parte de la idea de salir al mercado es que la Argentina muestre que, con Wall Street, la línea de crédito está abierta.

Los bancos que vienen asesorando al equipo económico en muchas de las operaciones financieras que el Gobierno llevó adelante en estos años, vienen recomendándole a Caputo no demorar demasiado el regreso de la Argentina a los mercados. Pese a que el Gobierno insiste en que no tiene intenciones de emitir deuda, en privado responde que espera que el riesgo país baje todavía un poco más para contemplarlo. “Quieren salir a menos del 9%; ahora quieren que el riesgo país esté abajo de 400 puntos”, dice una fuente de buen vínculo con el equipo económico. “Pero es un círculo virtuoso. Empezás a mostrarle al mercado que tenés acceso, como hicieron El Salvador o Ecuador, emitís y rescatás bonos cortos. Aunque es cierto que hasta ahora Toto no se ha equivocado”, concede.

No hay industria en la que la Argentina no tenga un problema de reputación. La agenda diplomática todavía está copada de casos de empresas internacionales que tienen reclamos al país. Son años de emisión de cheques voladores. El gobierno suizo tuvo que involucrarse a comienzos de año para garantizarse de que la administración Milei cubriera una deuda de 25 millones de euros que había asumido el gobierno de Alberto Fernández con la empresa Koenig & Bauer Banknote Solutions. Con la intención de avanzar hacia una “soberanía monetaria” y transformar a Casa de Moneda en la imprenta más grande de América Latina, Fernández había contratado en su momento los servicios de la empresa suiza. El equipo de Milei buscó darle un cierre al asunto previo al viaje a Davos: la Argentina no pagó, pero prometió que la empresa tendría un lugar en futuras licitaciones de Casa de Moneda. Patear pagos es un arte que manejan los pillos, pero que aprenden hasta los más correctos.

Construir reputación es un trabajo de hormiga. Hoy termina la reunión plenaria del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI). El año pasado, el país pasó con lo justo. En el actual formó parte de la agenda del plenario y fue prudente: no pidió recalificaciones. Sabía que no contaba con las mejores credenciales para hacerlo. El cambio de nombres en la Unidad de Información Financiera (UIF) -la salida de Paul Starc es la segunda en lo que va de la gestión Milei- y la renuncia el año pasado del embajador Eugenio Curia, como Coordinador Nacional del Programa de Coordinación Nacional para el Combate del Lavado de Activos y la Financiación del Terrorismo no ayudan.

También tiene un pendiente la Argentina -grande- en su propio mercado de capitales. Atento a esto, en la Comisión Nacional de Valores (CNV) estarían avanzando con normas destinadas a proteger el dinero que los inversores ceden en préstamo a las Alycs. Hoy no todos tienen información transparente sobre lo que pasa con sus ahorros. También estaría al salir una denuncia fuerte por operaciones con información privilegiada. En toda la historia del mercado argentino apenas hubo dos sumarios de lo que en la jerga se conoce como insider trading: en los 90 contra Terrabusi y antes, contra un conocido periodista especializado en Finanzas. Para avanzar, la Argentina tiene que ser seria en todo. Solo así llegará las inversiones.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/la-pregunta-del-millon-por-que-no-llegan-las-inversiones-nid12022026/

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