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La política, atravesada por la fe

La compleja relación entre política y religión ha estado en el centro de la historia argentina desde los orígenes del estado nacional, a pesar de que una y otra son dimensiones diferentes de la...

La política, atravesada por la fe

La compleja relación entre política y religión ha estado en el centro de la historia argentina desde los orígenes del estado nacional, a pesar de que una y otra son dimensiones diferentes de la...

La compleja relación entre política y religión ha estado en el centro de la historia argentina desde los orígenes del estado nacional, a pesar de que una y otra son dimensiones diferentes de la organización social. Cada tanto ese vínculo vuelve a dominar la escena. Como en estos días. Por razones, motivos y en planos muy diferentes.

Cuando falta una semana para la llegada a Buenos Aires del Papa, la sensibilidad social, así como la dinámica política, están impregnadas por el impacto que ese viaje tendrá en el país. Las especulaciones y los interrogantes son enormes y cada sector tiene expectativas y respuestas distintas. Da igual que se trate de fieles católicos, agnósticos o ateos.

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Toda la dirigencia política y social está en vilo a la espera de las palabras y, sobre todo, del énfasis que ponga en cada una de ellas León XIV. El Gobierno es claramente el más preocupado por sacarle anclaje local a lo que diga, especialmente, en cuanto a cuestiones sociales y económicas, dada la lejanía que la Iglesia actual tiene del dogma libertario.

También, trata de desargentinizar la prédica que tenga resonancias políticas, como el cuestionamiento que el Papa viene pronunciando desde el día de su consagración respecto de la violencia de las palabras y la polarización. Son expresiones universales con reverberaciones muy locales. Urbi et orbi.

Por eso, anteayer Javier Milei consideró necesario subrayar su beneplácito por la inminente llegada de Prevost hasta la exageración de hacerlo durante la inauguración de un templo evangélico. A las llamaradas verbales contra sus contradictores, intenta apagarlas con agua bendita prestada. No será fácil.

En tanto, el karinismo ha estado muy activo para tratar, con poco éxito, de separar las voces de los prelados locales, en especial la del arzobispo porteño Jorge García Cuerva, de la del sumo pontífice.

Además, hubo que limar las asperezas que se han generado con representantes de la Iglesia en el seno del comité organizador de la visita, por la magnitud de algunos costos y, también, por la cobertura mediática. La vicaria karinista Mara Gorini es recurrentemente mencionada por allegados a la Iglesia y no siempre con elogios.

La televisación, sobre todo, de la visita al Cottolengo Don Orione, en el conurbano de las necesidades, ha sido motivo de varias discusiones. El celo por tratar de controlar o de evitar ciertas imágenes causó algunos disgustos eclesiásticos, que la paciencia vaticana atemperó. Serán días muy estresantes. Cada hecho y dicho estará sujeto a interpretaciones y a operaciones comunicacionales de altísima tensión e intensidad. El ejército de prensa y propaganda oficialista vela sus armas.

Por otro lado, el devenir político-electoral nacional está cada vez más atravesado por cuestiones de fe en los más diversos espacios, aunque acá las diferencias parecen mayores.

No solo son distintos y hasta antagónicos las pertenencias y los ritos que se profesan. También son muy diferentes las realidades que cada uno ve, a la luz de su creencia, y los futuros que cada uno proyecta desde esa perspectiva.

Lo cierto es que, una vez más, el mileísmo y el peronismo coinciden (hasta para divergir) en la dimensión supra o prepolítica, muchas veces atravesada por el mesianismo o el esoterismo. Cartesianos abstenerse.

Javier Milei ha ratificado públicamente en las últimas horas la concepción místico-religiosa de lo que considera su misión, más que su gobierno. Ya no encarnan él y su proyecto una batalla cultural, sino una batalla moral, arraigada en mandatos bíblicos, como dijo en su presentación ante alumnos partidarios de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT).

Fue una exposición antológica, aunque no necesariamente por las buenas razones sino por varios de sus furcios, que hicieron recordar a desopilantes intervenciones de su otrora idolatrado Carlos Menem, quien alguna vez afirmó haber leído las obras completas de Sócrates y confundió los versos de Antonio Machado con los de Atahualpa Yupanqui en el sepelio del músico. Delicias de la intelectualidad presidencial argentina.

El Presidente ratifica en toda ocasión el dogmatismo respecto de su gestión y despacha por herejes a todos los que le piden revisiones y flexibilizaciones a su programa económico. Por eso, los escépticos o temerosos del futuro que integran su equipo se encomiendan a la sacerdotisa Karina, a quien consideran patrona del pragmatismo o el relativismo libertario (en varios planos) para que interceda por ellos y sus necesidades político-electorales. En la cima del oficialismo son muchos los que desatacan que ella ha sido una de las pocas o la única persona que ha conseguido torcerle el brazo o llevarlo a revisar posturas irreductibles a Milei. La salida de Manuel Adorni, aunque tardía, es un leading case en esa materia.

La intransigencia mileísta se agudiza mientras la economía sigue sin dar los resultados promeditos y no solo por cuestiones exógenas, como insiste el Presidente, lo que alimenta las tensiones internas.

El oficialismo ya no se divide en dos alas, sino en tres. Del triángulo de hierro se pasó al trío de adversarios, liderados por la hermanísima Karina, el asesorísimo Santiago Caputo y la independentísima Patricia Bullrich. El calendario corre y las elecciones, aunque todavía lejanas, se ven más cerca, mientras el Gobierno no logra avanzar para imponer sus tiempos y sus reglas de juego.

La discusión sobre el estancamiento económico, la destrucción del empleo y la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos es cada vez más intensa sobre todo por razones políticas, pero siempre por debajo del Presidente, que no abre el juego. La promesa de que a comienzos del año próximo empezarán a percibirse en la sociedad algunas mejoras ya ingresó a esta altura en los asuntos de la fe. Y crece el plantel de los agnósticos.

Esoterismo perokirchnerista

Del otro lado, el perokirchnerismo, con argumentos probablemente más esotéricos y voluntaristas que cientificistas, ha recobrado el ánimo y la vitalidad, alimentado por la esperanza de que las puertas de un paraíso electoral no están cerradas a cal y canto para ellos, sino que entreven una oportunidad más amplia que la que la demoscopia les indica hoy. Cuestión de fe. Así funcionan las creencias.

Para retemplar el ánimo, los herederos de Juan Perón unen en su favor la ripiosa marcha de la economía real, a punto de entrar técnicamente en recesión, con la excepcional recuperación electoral de Lula da Silva, para imponerse en el balotaje brasileño después de haber perdido la primera vuelta ante el ahora fugitivo Flavio Bolsonaro.

Cristina Kirchner, en particular, encontró en esos hechos señales que le devolvieron la fe, luego de un largo proceso de escepticismo. Hasta hace apenas un par de semanas ella transmitía la semicerteza de que el Presidente lograría la reelección. Así lo decían los más próximos a ella.

“Como están las cosas, Milei tiene las mayores chances de ser reelegido. Y mucho más si Axel es el candidato del peronismo”, afirmaba una de las principales figuras de La Cámpora, brazo ejecutor del dedo y el cerebro cristinistas. En la sentencia había partes iguales de resignación y realismo como de malicia.

La relación entre Kicillof y el cristicamporismo atraviesa sino el peor uno de los peores momentos de su historia político-familiar, mucho más después de que el gobernador renegara públicamente del dedo de quien fue su madre política y de la que dice estar decidido a cortar definitivamente el cordón umbilical, pero sin enfrentarla ni romper con ella. Una cirugía demasiado complicada para hacerla sin consentimiento.

“Axel no quiere que La Cámpora lo condicione con su compañero de fórmula, con los cargos en las listas y con los candidatos bonaerenses. Dice que Máximo y los suyos son voraces y que no puede aceptar lo que pretende sin quebrar los apoyos que ahora tiene y sin quedar de rehén de la madre y el hijo. Pero, además, pretende que Cristina le reconozca que él es el que más mide”, cuenta un intendente del conurbano, que hace equilibrio y mantiene relaciones con los dos bandos enfrentados. Su relato no difiere casi en nada con el análisis que se escucha en torno del gobernador.

Ese posicionamiento hizo que varios soldados cristicamporistas subieran el tono y la puntería de los disparos sobre Kicillof, con la anuencia y el impulso de mamá Cristina y el hijo Máximo. A lo que se suma el combustible premium que aporta el hiperactivo Sergio Massa, a quien ya no le alcanzan dos celulares para intervenir en la interna perokirchnerista.

El exministro de Economía no dejó nunca de estar en busca del resquicio para su reposicionamiento, a pesar de que su imagen negativa sigue estando entre las más altas de la dirigencia política. Él es, sobre todo, un hombre de ingentes recursos tanto como de inclaudicable fe (en sí mismo).

Pero para el peronismo nada será sencillo. Sigue sumido en un profundo cisma, también con tres facciones, lo que lleva a poner en duda que su genética vocación de poder esta vez se imponga a la divergencia de intereses de sus principales dirigentes.

No parece sencillo deponer tantas discrepancias para restaurar y dotar de aptitud electoral el aparato más exitoso de la historia política argentina. Hoy no hay un peronismo y mucho menos un proyecto nacional del peronismo.

Hoy lo que existe son tres peronismos. Por un lado, ese en el que (hasta hoy) conviven el cristicamporismo y el massismo. Por otro lado, el kicillofismo, sostenido, más por conveniencia que por convicción, por una mayoría de los intendentes bonaerenses y algunos gobernadores oscilantes. Esas dos facciones por ahora solo coinciden en intentar evitar que el Gobierno logre eliminar o suspender las PASO. Aunque, paradójicamente, nunca hayan sido usuarios intensivos de esa herramienta para dirimir candidaturas principales.

Finalmente, está la confederación peronista que componen los gobernadores amigables con el Gobierno, demasiado cómodos en sus parroquias, para las cuales se encargan de recolectar donaciones y evitar exacciones ecuménicamente, sin mirar a quien.

Según los evangelistas Mateo y Marcos, Jesús de Nazareth predicaba que la fe mueve montañas. El problema es que los creyentes de la política argentina pretenden que se muevan en direcciones diferentes.

Habrá que ver si la llegada del Papa logra algunas convergencias o si ahonda las divergencias. Y, sobre todo, cómo lo interpretará una multitud de fieles genuinos que no la pasan bien y que pueden definir la elección del año próximo en un sentido u otro. Días de vigilia en los que abundan las cadenas de oración.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/politica/la-politica-atravesada-por-la-fe-nid01112026/

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