La paradoja del récord del comercio internacional
Desde hace algunos años, diversos acontecimientos de alcance internacional han generado ciertas interferencias en el comercio transfronterizo entre países. Desde el Brexit, pasando por la pandemi...
Desde hace algunos años, diversos acontecimientos de alcance internacional han generado ciertas interferencias en el comercio transfronterizo entre países. Desde el Brexit, pasando por la pandemia del Covid-19, siguiendo por la invasión a Ucrania y su impacto en el Mar Negro y -por otro lado- las distintas agresiones en el Mar Rojo y el Canal de Suez, continuando con las reacciones regulativas ante el cambio climático y terminando por recientes decisiones públicas distorsivas para los negocios, motivadas por razones geopolíticas en diversos puntos del planeta y, en particular, la llamada “guerra arancelaria” impulsada por el presidente Donald Trump. son muchos los hechos que han llevado a organizaciones, autoridades, analistas y estudiosos a suponer que el comercio internacional en el planeta se reduciría ante las mayores dificultades. Sin embargo, el comercio internacional global se ha mantenido resiliente.
Un reciente trabajo publicado por la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo proyecta que en el año último el comercio internacional planetario superó los 35 billones de dólares por primera vez en la historia, logrando un récord que surge de un aumento interanual de unos 2,2 billones de dólares (alrededor del 7% en comparación con 2024). Según esa organización, el comercio de bienes representa aproximadamente 1,5 billones de dólares de ese incremento, mientras que el de servicios creció en torno a 750.000 millones de dólares, es decir, cerca del 9%.
Así, aunque parezca contraintuitivo, los flujos comerciales se mantuvieron intensos y llegaron al récord histórico. Y ello ocurrió por diversos motivos. Por un lado, el comercio entre economías en desarrollo –conocido como “comercio Sur-Sur”– se expandió alrededor del 8% en los últimos cuatro trimestres, mostrando una creciente intensidad en las regiones en desarrollo, especialmente, las exportaciones de Asia Oriental que registraron el mayor crecimiento en los últimos cuatro trimestres: 9%, con un crecimiento del comercio intrarregional del 10%.
Por otro lado, la reconfiguración de cadenas internacionales de valor en busca de mayor seguridad generó desplazamientos de mercados que mantuvieron la intensidad en vínculos comerciales.
Adicionalmente, la imparable revolución tecnológica, que es sustancialmente internacional, generó que el intercambio suprafronterizo de manufacturas creciera un 10% en los últimos cuatro trimestres, especialmente debido al crecimiento del comercio de electrónicos, que lideró esa alza con el 14% durante el mismo período, impulsado por una fuerte demanda relacionada con la inteligencia artificial.
A ello hay que añadir que numerosas empresas globales han desarrollado capacidades de resiliencia en sus propias organizaciones o en sus redes de valor, lo que les ha permitido una adaptación relativa a las nuevas circunstancias. Ello ha llevado a que, a pesar de las dificultades crecientes, el comercio agrícola creciera 6% en los últimos 4 trimestres medidos y el comercio de hierro y acero (también impulsado por la revolución tecnológica) se elevara 40% en el último plazo diagnosticado.
Un motivo relevante que explica este paradójico récord mundial de intercambios comerciales es el constante avance en la cantidad de acuerdos de ese tipo entre países, a los que la Organización Mundial de Comercio llama “acuerdos comerciales regionales. Este tipo de pactos, que integran mercados selectivamente, eliminando o reduciendo dificultades para el intercambio comercial entre quienes operan dentro de las áreas cubiertas por ellos, continúa siendo el principal instrumento de proliferación de incentivos al comercio. Según la Organización Mundial de Comercio, ya están vigentes 381 pactos de este tipo en el planeta y, desde la pandemia hasta hoy, se han celebrado 70 nuevos. Estos espacios de integración contrastan con las restricciones que surgen de tensiones geopolíticas o regulativas, y producen un escenario binario: reducción de comercio entre países enfrentados por tensiones de diversa índole e incremento del comercio entre quienes se alían por medio de pactos.
El mundo asiste a profundos cambios. Hoy, un debilitamiento del sistema de reglas globales nos aleja del viejo propósito de una globalización universal e indiscriminada. Pero, ante este escenario, la acción de numerosos países que en un proceso contrario a los más conflictivos se acercan entre sí, así como la de las empresas que desarrollan una poderosa capacidad de avance tecnológico y de nuevos modelos de organización y relacionamiento que les permiten enfrentarse a la adversidad regulativa en frontera, han logrado que, hasta ahora, la internacionalidad del comercio perviva y, aun más, crezca.
Un mundo basado en instituciones y reglas universales debe seguir siendo reclamado. Pero, mientras corren tiempos complicados para eso, la realidad exhibe que la intencionalidad en los negocios no se detiene.