La nueva Playboy se desnuda, les gusta a ellos... y a ellas también
AMAGANSETT.– Hace siete años, en este mismo café orgánico a la salida de un estudio de yoga, esta cronista escribió sobre las madres jóvenes que la rodeaban, con sus remeras de #girlpower y ...
AMAGANSETT.– Hace siete años, en este mismo café orgánico a la salida de un estudio de yoga, esta cronista escribió sobre las madres jóvenes que la rodeaban, con sus remeras de #girlpower y baberos en mellizas rubias que aclaraban, en letras de brillantina con los colores del arcoíris, que esas bebés no eran “futuras princesas sino futuras presidentas”. Contaba también que hojeaba, sin ningún pudor, una Playboy —aunque bien podría haber sido el especial de decoración de una revista de labores, por la nula sensación que causaba—. Era el verano de 2019.
La imagen difícilmente sea apta para las niñas de la brillantina —y no solo por el cigarrillo entre los labios entreabiertos—. Toda esa alegoría del fuego resulta, cuando menos, apropiada: esta cronista termina abordando la revista en su edición digital, bastante más discreta
A ese café de Amagansett —quizás el pueblito más cool a la vez que pudiente de los Hamptons— se va todos los años a hacer tiempo mientras los hijos participan de una competencia deportiva cercana. En 2026, las luchas de moda allí reflejadas parecen haber cambiado un poco. Pero la gran diferencia es que a la nueva Playboy resulta imposible sacarla a relucir con la misma impasibilidad. Aquella vez, Playboy había dedicado gran parte de sus páginas al “futuro del género y la sexualidad”. La tapa, fotografiada bajo el agua, era una alegoría de la fluidez sexual y de género: muy linda, pero difícilmente sexy, y el contenido interior acompañaba. En este verano de 2026, en cambio, la chica de tapa es la modelo, actriz y cantante Cara Delevingne. Según la propia revista, es la primera lesbiana declarada en ocupar la tapa, tiene un cuerpo evidentemente espectacular y aparece cubierta apenas por un corsé negro y tatuajes. La imagen difícilmente sea apta para las niñas de la brillantina —y no solo por el cigarrillo entre los labios entreabiertos—. Toda esa alegoría del fuego resulta, cuando menos, apropiada: esta cronista termina abordando la revista en su edición digital, bastante más discreta.
La entrevista a Delevingne se la hace nada menos que Ottessa Moshfegh, autora de My Year of Rest and Relaxation y escritora de culto de varias amigas de esta cronista y, dato quizás más significativo, de su hija de 16 años. Playboy la presenta como la novelista por excelencia de las “mujeres complicadas”. Hablan de sobriedad, sexualidad, enamorarse, música y de la curiosa experiencia de pasarse media vida siendo mirada para, finalmente, decidir cómo quiere ser mirada. Hay ficción, fotografía de autor, moda, cultura y textos sobre sexo, relaciones, intimidad y masculinidad contemporánea. Es decir: hay chicas desnudas, sí, pero también vuelve el viejo argumento de comprar Playboy “por los artículos” y ni que hablar, “por las entrevistas”.
Todo esto es parte de la enésima —y quizás más curiosa— reencarnación de una revista que parecía haber agotado ya todas las posibilidades de morir y resucitar. Al frente está ahora Phillip Picardi, de 35 años, ex Teen Vogue y de la revista queer Them, graduado en teología por Harvard: un currículum que Hugh Hefner difícilmente hubiera imaginado. Picardi cree, sin embargo, haber encontrado esta vez la fórmula para que la revista fundada en 1953 sobreviva. Sostiene que, si bien el núcleo comercial de Playboy sigue siendo el hombre de entre 25 y 45 años, las mujeres son, paradójicamente, su público “más importante”. Según explicó a los medios, si las mujeres no encuentran interesante y dinámica la revista —y, sobre todo, si no están contentas de que un hombre la lea—, Playboy habrá fracasado.
Hay ficción, fotografía de autor, moda, cultura y textos sobre sexo, relaciones, intimidad y masculinidad contemporánea. Es decir: hay chicas desnudas, sí, pero también vuelve el viejo argumento de comprar Playboy “por los artículos” y ni que hablar, “por las entrevistas”
Y quizás allí esté la verdadera diferencia entre las dos Playboy que esta cronista llevó al mismo café con siete veranos de distancia. En 2019, la revista parecía pedir disculpas por ser Playboy. En 2026 vuelve a desnudarse, pero quiere demostrar que aprendió algo en el intervalo. ¿Es real esa nueva complicidad femenina? Y, si lo es, ¿alcanzará para que Playboy vuelva a encontrar su lugar en generaciones que cambian tanto como la propia revista?
Por lo pronto, si esta nueva reencarnación resiste un par de veranos más, las niñitas que no eran “futuras princesas sino futuras presidentas” ya van a tener edad suficiente para opinar.