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La lucha por la camiseta de Colombia: mundiales en tiempos de elecciones

A Santiago Abascal, líder de Vox (ultraderecha opositora en España), no le gusta decirle “La Roja” a la selección de su país, gran candidata a ganar el Mundial (años atrás, en la Venezuel...

La lucha por la camiseta de Colombia: mundiales en tiempos de elecciones

A Santiago Abascal, líder de Vox (ultraderecha opositora en España), no le gusta decirle “La Roja” a la selección de su país, gran candidata a ganar el Mundial (años atrás, en la Venezuel...

A Santiago Abascal, líder de Vox (ultraderecha opositora en España), no le gusta decirle “La Roja” a la selección de su país, gran candidata a ganar el Mundial (años atrás, en la Venezuela de Hugo Chávez, un Papá Noel vestía de azul en Caracas. Mi interlocutor fue claro: “Santa Claus no es rojo”). Pero los simpatizantes de Vox sí suelen ir con “La Roja” a sus mitines. Así se vistió también Jair Bolsonaro cuando era presidente de Brasil y recibió a Abascal en 2021 en el Palacio de la Alvorada. Hoy condenado por golpismo, Bolsonaro usó en su campaña la camiseta de la selección brasileña. También sus votantes. La verdeamarilla secuestrada como disfraz patriótico. Es el mismo debate que vive hoy Colombia. Y que votará nuevo presidente en pleno Mundial.

La despedida de la selección que dirige el argentino Néstor Lorenzo, victoria 3-1 ante Costa Rica el lunes por la noche en El Campín, de Bogotá, se jugó apenas horas después de que el candidato de la izquierda oficialista, Iván Cepeda, acusó al ganador de la primera vuelta, el abogado ultraderechista Abelardo de la Espriella, de usar políticamente la camiseta de la selección. A Cepeda le recordaron de inmediato que también aliados suyos habían usado antes la camiseta.

“No es igual el uso ocasional que vestirla como uniforme de campaña”, replicaron analistas. De la Espriella había sido claro: pidió a sus votantes ir “con la camiseta de Colombia” para votar “con sentido patrio, amor por nuestra nación y unión entre los colombianos”. Y cerró con música de cancha: “que este domingo tenemos que ganar”. Fue obedecido. Y celebró su triunfo también él con la camiseta puesta. Obligada a intervenir, la Federación Colombiana citó a la camiseta como “icono de unidad” y pidió “mantenerla al margen” del debate político.

De la Espriella, que según su biógrafo Angel Becassino “detesta el fútbol y nunca ha ido a un estadio”, recibió apoyos de ex jugadores como Teófilo Gutiérrez, Faustino Asprilla y también del padre de Luis Díaz. El crack de Bayern Munich se mantuvo en silencio, igual que James Rodríguez, que lo tuvo como abogado. El silencio fue de toda la selección, que debutará en el Mundial el 17 de junio en el Estadio Azteca contra Uzbekistán y jugará luego el 23 ante República Democrática del Congo en Guadalajara (cerrará el 27 contra Portugal en Miami). El 21 de junio, en el medio de los dos primeros partidos, De la Espriella, que cosechó inesperadamente diez millones de votos en primera rueda, irá por el triunfo definitivo.

El candidato que admira la motosierra de Javier Milei, las prisiones del salvadoreño Nayib Bukele y defendió a un señalado testaferro de Nicolás Maduro, quiere que Dios vuelva a las escuelas, rediscutir una ley de 2022 sobre el aborto, que los matrimonios homosexuales no adopten niños y que Colombia se retire de las Naciones Unidas. “Defensor de la patria”, discurso de “mano dura”, saluda de modo castrense con la mano derecha en la frente. En una entrevista de TV, el abogado millonario -mocasines Louis Vuitton, botellas de alcohol de diez mil dólares-, acusado por algunos clientes famosos de quedarse con dinero ajeno, pidió a la cámara que pusiera zoom sobre sus genitales. Ostentó que tiene un pene grande.

Como Colombia, Brasil también se despidió de su gente. Goleó el domingo 6-2 a Panamá con buenas sensaciones y con la camiseta supuestamente recuperada. “En esta Copa del Mundo”, pidió el presidente Lula la semana pasada, “vamos a andar de verde y amarillo para no dejar que los colores sean tomados por ningún fascista”.

El bolsonarismo, que celebró como propia la vuelta de Neymar a la selección y quiere retomar el poder en las elecciones de octubre, tuvo amplio apoyo del establishment del fútbol, no solo Neymar. Felipe Melo, Thiago Silva, Dani Alves, Cafú, Rivaldo, Romario, Ronaldinho, vuelta olímpica con la selección campeona de la Copa América 2019, Flamengo, camisetas de muchos clubes más. “Populista” que combatió el “populismo”. Simuló ametralladora y mezcló misoginia y homofobia con reivindicaciones a golpes de Estado y torturadores.

El poder político siempre se subió a los Mundiales. El fascista Benito Mussolini celebró las Copas de Italia en 1934 y ’38. Allí está nuestro Mundial 78. Hay casos de apropiación de camiseta en varios países.

La “máxima alegría del pueblo”, esa “tregua civil” del fútbol reducida a “chaleco de campaña” o a “uniforme de milicia digital”, como leí en Brasil, donde aun hoy hay quienes evitan salir a la calle con la verdeamarilla para no ser confundidos de bolsonaristas. “Inspectores de aduana del patriotismo”, dijeron en España de Vox. Casi siempre un abuso afectivo de nacionalistas que vomitan xenofobia y a quienes el fútbol, sin embargo, les responde con selecciones mestizas, diversas, multiculturales (y, a veces, con jugadores que deciden denunciar los discursos de odio).

Milei, que compartió semanas atrás un video ridículo de IA, se exhibió no solo con la camiseta, sino jugando el Mundial. Aparece serio y firme como arquero, mientras suena el himno, y con Leo Messi a su lado y “Giménez, Susana” como DT. El rival es “Red Legion”. Fidel Castro, Stalin, Maduro. “El comunismo”. Por suerte, faltan apenas ocho días para que empiece el fútbol.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/la-lucha-por-la-camiseta-de-colombia-mundiales-en-tiempos-de-elecciones-nid03062026/

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