La falsa presencia de los ausentes
El pasado fin de semana, los dos sobrevivientes del grupo Soda Stereo (Zeta Bosio y Charly Alberti) incluyeron en su espectáculo Ecos un avatar del difunto Gustavo Cerati, fallecido 12 años atrá...
El pasado fin de semana, los dos sobrevivientes del grupo Soda Stereo (Zeta Bosio y Charly Alberti) incluyeron en su espectáculo Ecos un avatar del difunto Gustavo Cerati, fallecido 12 años atrás, para crear el espejismo de que el conjunto estaba completo nuevamente. Algo parecido había hecho Volkswagen en 2023 en Brasil, con un video publicitario en el que Elis Regina (muerta en 1982) revivía artificialmente para cantar junto a su hija, María Rita, mientras manejaba una combi de la marca. Y en 2024, Paul McCartney resucitó la voz de John Lennon (asesinado en 1980) para un tema que acababa de componer y presentar: Now and Then.
El fenómeno de la resurrección digital es uno de los más peligrosos, entre tantos, de la inteligencia artificial y no se reduce solo a presentar como vivas y presentes a figuras del espectáculo (la actriz Carrie Fisher, fallecida en 2016, fue recreada mediante realidad virtual para reaparecer como la princesa Leia en Rogue One: una historia de Star Wars, película dirigida de 2016). Existen aplicaciones por medio de las cuales ya es posible ver y oír a avatares de personas fallecidas y hablar con ellas, desde hijos a padres, hermanos, cónyuges, etc. Por no citar perros clonados y otras atrocidades.
Esto evidencia hasta qué punto se profundizó en la sociedad contemporánea tanto la negación de los límites como de la muerte, dos experiencias estrechamente conectadas. Los límites existen, aunque se abuse de la palabra “ilimitado” así se hable de créditos, velocidad, deportes de riesgo o variadas formas de consumo. Y también existe la muerte, aunque se evite nombrarla o se la maquille y edulcore con eufemismos.
La muerte es el límite irrevocable. De alguna manera su negación es también la negación de la vida, o al menos su depreciación. Porque es la finitud lo que la hace valiosa a la existencia y lo que impulsa a encontrar su sentido, sin el cual sería un breve y absurdo relámpago, como sostenía Albert Camus (1913-1960), el escritor francés autor de El extranjero, La peste y El mito de Sísifo, entre otras obras esenciales. En su bella y conmovedora autobiografía titulada La rueda de la vida, la médica suiza Elisabeth Kübler-Ross (1926-2004), quien dedicó su carrera al acompañamiento de enfermos terminales y a investigar el misterio de ese tramo final, describe el ciclo vital (infancia, juventud, madurez y años finales) y también el por qué y el para qué de la aceptación y el cierre de ese círculo en el que todos estamos incluidos.
La resurrección digital asoma como una forma perversa y patológica de la no aceptación del ciclo vital y abre preguntas que la filosofía plantea a la tecnología, a la ciencia y a quienes se resisten a aceptar que quienes murieron ya no están, al menos en este plano. ¿Tienen los vivos derecho a apropiarse de esa manera de la figura de los muertos? ¿No se niega con esta resurrección ilusoria la identidad del resucitado, ya que la identidad incluye aspectos profundos e inalcanzables para el otro? ¿Alguien sabe si el resucitado habría aceptado esta utilización de su imagen, ya sea con fines comerciales, conmemorativos o para paliar de modo egoísta la negación a aceptar la despedida final y conservar el vínculo en la memoria mientras se hace el duelo, algo necesario para la salud mental y espiritual de los que quedan vivos y algún día también morirán? El sentido de una vida puede residir en muchas cosas, algunas de ellas inesperadas y misteriosas, pero seguramente no es convertirse en avatar, en juguete de una tecnología que, al desconocer o no aceptar sus propios límites, bordea peligrosamente la irresponsabilidad.
Damián Tuset Varela, Investigador en Derecho Internacional Público de la Universidad Abierta de Barcelona, advierte: “La tecnología, en su intento de acercarnos a quienes hemos perdido, nos confronta con la ineludible realidad de su ausencia”. Aunque se finja lo contrario.