La Ciudad creó un nuevo protocolo para reforzar el control de stock y descarte de medicamentos en los hospitales
El Gobierno porteño reforzó el control del stock de medicamentos en el sistema público de salud. Según pudo saber LA NACION, apuntan a extremar al máximo el seguimiento de las unidades para an...
El Gobierno porteño reforzó el control del stock de medicamentos en el sistema público de salud. Según pudo saber LA NACION, apuntan a extremar al máximo el seguimiento de las unidades para anestesia, analgesia o sedación desde la dispensa en el área de farmacia hasta el descarte una vez utilizadas en quirófanos, unidades de terapia intensiva o guardias.
Se creó, además, un comité dentro del Ministerio de Salud local con especialistas en consumos problemáticos y representantes de los gremios para definir intervenciones para la prevención y la asistencia orientadas a médicos, enfermeros y técnicos con adicción.
El nuevo protocolo ya se está implementando en los hospitales de la ciudad. “No tenemos faltante de unidades documentado”, indicaron en el Ministerio de Salud ante la consulta de este medio. Se referían a ampollas cerradas. Las medidas, de hecho, ponen la lupa en distintas posibilidades de sustraer las drogas una vez abiertas para utilizar en los pacientes.
La revisión de los controles en la red de hospitales de agudos y especializados de la Ciudad, como así también de sus stocks de medicamentos, se realizó a partir de la muerte del médico Alejandro Zalazar, que había realizado la residencia en anestesiología en el Hospital Rivadavia y trabajaba en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.
La Justicia investiga si el profesional, de 31 años, participaba de encuentros organizados para consumir propofol u otras drogas sustraídas de los lugares de trabajo con al menos dos residentes –Delfina “Fini” Lanusse y Chantal “Tati” Leclercq– y un anestesiólogo –Hernán Boveri– del Hospital Italiano de Buenos Aires.
El miércoles, la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (Aaarba) notificó al tribunal interviniente que había suspendido como socia a Leclercq, residente de tercer año de anestesiología del Hospital Rivadavia, mientras avance el sumario. La inscripción de Lanusse —requisito para ingresar a la carrera de especialista una vez concursada la residencia— ya había sido dada de baja, mientras que Boveri había renunciado a la Aaarba como socio para evitar la expulsión.
Limitar posibilidadesLas direcciones de los hospitales porteños respondieron que no habían detectado anomalías en sus stocks, de acuerdo con el relevamiento solicitado por Salud. “El otro faltante, el «microrobo», es casi imposible de estimar. Lo que sí se puede hacer es reforzar los controles, como hacen sistemas de otros países con buenos resultados, para ir limitando cualquier posibilidad”, explicaron desde la cartera a cargo de Fernán Quirós ante la consulta.
El nuevo protocolo que recibieron las autoridades de los más de 30 hospitales porteños establece, en una decena de páginas, cómo instrumentar esos ajustes en el manejo de medicación, estupefacientes y psicotrópicos en las áreas de farmacia desde que un médico indica una droga e informa para qué paciente lo hace. También establece cómo será la administración.
Con esto, los farmacéuticos validan que la medicación, el paciente, la dosis, la concentración y la frecuencia son correctos. Cada ampolla o unidad que se entrega es contra indicación de un paciente concreto.
Control de descarteEl documento establece que, una vez en el servicio o antes de un procedimiento, se documenta el ingreso de los fármacos en una planilla de Registro de Adquisición y Devolución para Descarte de Psicotrópicos y/o Estupefacientes y/o Analgésicos Opioides, Sedantes, Hipnóticos y Bloqueantes Neuromusculares para Procedimientos Hospitalarios. Lo que se anote ahí debe coincidir con lo anotado en el paso anterior.
Una vez aplicadas, las ampollas o cualquiera sea el envase original tienen que devolverse a la farmacia cerrados si no se utilizaron, vacíos si se utilizaron por completo o, de lo contrario, con la cantidad que no se haya aplicado y que habrá que descartar.
El protocolo impone, en ese momento, que eso tiene que hacerse con un segundo observador independiente (por ejemplo, el cirujano en un quirófano) y ambos profesionales tienen que firmar la planilla en la que se documentó el ingreso y el uso de los medicamentos.
Al momento de la entrega, en el control tiene que coincidir la cantidad total de la ampolla original, el volumen que se utilizó en la dilución y el que quede remanente, si así fuera, sea en su envase farmacéutico o en la jeringa utilizada. El descarte final queda anotado en el libro rubricado que, por ley, deben resguardar las farmacias con el movimiento del stock.
Los responsables de la implementación del protocolo son los jefes de servicio, el jefe de Farmacia de cada hospital y los directores, de acuerdo con esta nueva norma que definió la cartera a cargo de Fernán Quirós para gestionar el circuito interno de entrega, uso y descarte de fármacos con potencial adictivo y de manejo hospitalario exclusivo.