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La batata que compraste en la verdulería puede convertirse en muchas plantas

Hay batatas que llegan a la cocina y, antes de terminar en una olla, empiezan a sacar brotes. Lejos de ser una señal de que ya no sirven, esos pequeños tallos pueden convertirse en el punto de pa...

La batata que compraste en la verdulería puede convertirse en muchas plantas

Hay batatas que llegan a la cocina y, antes de terminar en una olla, empiezan a sacar brotes. Lejos de ser una señal de que ya no sirven, esos pequeños tallos pueden convertirse en el punto de pa...

Hay batatas que llegan a la cocina y, antes de terminar en una olla, empiezan a sacar brotes. Lejos de ser una señal de que ya no sirven, esos pequeños tallos pueden convertirse en el punto de partida de nuevas plantas. Con una sola batata es posible obtener varios brotes, enraizarlos y llevarlos a la huerta cuando las condiciones acompañen.

La especie Ipomoea batatas pertenece a una familia de plantas de clima cálido y tiene poca paciencia con el frío. Las heladas pueden dañarla seriamente y, cuando las temperaturas nocturnas bajan de los 15 °C, su crecimiento se detiene. Por eso, en nuestro hemisferio, la primavera es el momento indicado para poner en marcha la multiplicación.

Gabriela Escrivá explica que la primavera es el momento ideal y hay una buena razón: a medida que aumentan la temperatura del suelo y las horas de luz, los brotes encuentran mejores condiciones para desarrollarse.

Elegir una buena batata

No hace falta que sea enorme ni perfecta. Lo importante es que esté sana, firme y sin signos de pudrición. Y, en este punto, una aclaración: la batata no se multiplica habitualmente a partir de semillas para producir nuevos cultivos, sino mediante esquejes enraizados o brotes que se obtienen a partir del tubérculo.

Es decir, esa batata que quedó olvidada en la cocina puede convertirse en el punto de partida de varias plantas.

El frasco con agua

Este método es probablemente la manera más entretenida de observar qué está pasando. También es la más didáctica, porque permite ver cómo aparecen las raíces y los nuevos tallos prácticamente delante de los ojos.

El primer paso es elegir una batata sana y lavarla suavemente para retirar restos de tierra. Luego se la coloca en un frasco o recipiente con agua, puede disponerse en posición vertical, dejando una parte del tubérculo fuera del agua.

Conviene buscar un lugar cálido y luminoso, protegido del frío porque la batata necesita temperatura para activarse; no tiene sentido ponerla a brotar en un rincón helado de la casa.

Luego de unos días se empieza a observar la aparición de raíces y brotes. La humedad constante es fundamental, pero conviene evitar que el tubérculo quede completamente sumergido, porque eso favorece su deterioro.

Este sistema tiene una ventaja que va más allá de producir plantas: permite entender visualmente cómo una estructura de reserva empieza a movilizar sus recursos para formar una nueva planta.

Si querés más plantines, probá esto

Hay una segunda forma de hacerlo con agua y, según Escrivá, resulta más eficiente cuando el objetivo es obtener una mayor cantidad de plantines.

En lugar de colocar la batata parada, se dispone horizontalmente, manteniendo parte del tubérculo en contacto con el agua y procurando que no quede completamente sumergido. Al disponer de más superficie expuesta, pueden aparecer brotes en distintos puntos del tubérculo. Cada uno de esos brotes puede convertirse posteriormente en material de propagación.

Escrivá señala que esta modalidad es “la más eficiente ya que se obtienen más plantines”.

La batata necesita calor para germinar y la primavera ofrece las condiciones ideales

Directamente sobre fibra de coco

Hay otra alternativa que evita tener el tubérculo flotando en un frasco: utilizar fibra de coco como sustrato. Primero se debe cortar una batata sana por la mitad.

Luego se apoyan las mitades sobre fibra de coco. Se debe mantener el sustrato constantemente húmedo, no se trata de empaparlo hasta convertirlo en barro sino de que conserve humedad suficiente para que los brotes puedan desarrollarse.

El recipiente se debe colocar en un lugar cálido y luminoso, siempre protegido de las bajas temperaturas. Con el tiempo aparecerán los brotes y las raíces. Este procedimiento tiene una ventaja interesante: se forma una estructura que puede trasplantarse con facilidad y permite que las plantas jóvenes comiencen a nutrirse a partir del propio sustrato.

¿Cuándo pasan a la tierra?

Cuando los brotes ya tienen un desarrollo suficiente y cuentan con raíces propias, pueden separarse cuidadosamente del tubérculo y llevarse al lugar definitivo.

Acá conviene no apurarse. Una planta recién brotada todavía está armando su sistema radical y necesita un traslado cuidadoso. Lo ideal es manipularla por la base del tallo o por el conjunto de raíces, evitando tironear de las hojas.

La batata necesita calor para crecer con fuerza, por lo que el trasplante al exterior debe hacerse cuando haya pasado el riesgo de heladas y las temperaturas sean sostenidamente templadas. En regiones donde las noches primaverales todavía son frías, conviene esperar un poco más.

La gracia de este método no está solamente en ahorrar la compra de unas cuantas plantas. También permite multiplicar una variedad que nos haya gustado y observar un proceso que normalmente ocurre fuera de nuestra vista, debajo de la tierra.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-jardin/la-batata-que-compraste-en-la-verduleria-puede-convertirse-en-muchas-plantas-nid10102026/

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