La asistente de Sarah Ferguson que fue “Cenicienta” en el Palacio de Buckingham y se convirtió en asesina
Jane Andrews nació en Cleethorpes, un pueblo costero en el condado de Lincolnshire, el 1 de abril de 1967. Se crio en un hogar humilde donde la falta de dinero fue siempre una preocupación. Su pa...
Jane Andrews nació en Cleethorpes, un pueblo costero en el condado de Lincolnshire, el 1 de abril de 1967. Se crio en un hogar humilde donde la falta de dinero fue siempre una preocupación. Su padre era carpintero y su madre, trabajadora social. Sus biógrafos sostiene que desde chica sufrió distintos trastornos psicológicos. Nunca hizo pie en el colegio y, cansada de cosechar las peores notas, a los 15 años resolvió abandonar los estudios. Poco después, cuando dos agentes de servicios sociales llegaron su casa para informar a su madre que estaba faltando a clase, Jane intentó suicidarse con una sobredosis de medicamentos. Consumió todo lo que había en el botiquín de la casa.
Convivió durante años con un cuadro severo de depresión y ataques de pánico. A los 17 quedó embarazada y se sometió a un aborto que marcaría el resto de su vida. Ella misma lo definió como “el momento más traumatizante”.
Mucho después, en 2001, su defensa utilizaría estos antecedentes para argumentar ante un tribunal que Jane sufría de una inestabilidad emocional profunda y trastornos de personalidad...
Hizo un curso de moda en el Grimsby College of Art, y consiguió trabajo diseñando indumentaria infantil en Marks & Spencer. En 1988, cuando tenía 21 años, respondió a un anuncio anónimo en la revista The Lady que le cambiaría la vida: buscaban una estilista personal.
Seis meses recibió respuesta: una invitación para una entrevista de trabajo... ¡en el Palacio de Buckingham! Nunca supo -ni lo imaginó- que quien buscaba una estilista era la duquesa de York.
Andrews acudió a la cita y fue entrevistada por la propia Sarah Ferguson, quien por entonces estaba embarazada de su primera hija, la princesa Beatrice. La química fue instantánea y, a los cuatro días, Jane comenzó a trabajar como staff de la Familia Real.
Vida de CenicientaEl trabajo para la duquesa le dio acceso a un mundo fascinante. Andrews se convirtió en "la mano derecha de Sarah Ferguson, duquesa de York". Así la reconocían todos en Londres. Durante nueve años fue su persona de confianza y confidente. Se ocupaba de su ropa y también de sus salidas. Se codeaba con la Familia Real, viajaba con chofer, y acompañaba a Fergie en todos sus viajes. Su salario era de 18.000 libras esterlinas por mes.
Con las mejores recomendaciones, en poco tiempo se compró un piso en Battersea Park. Su trabajo le dio un status social mucho más alto y le permitió hacerse de un círculo de contactos exclusivo. Ferguson, que celebraba cada logro de su empleada, la apodó Lady Jane.
Incluso, desde afuera, la gente la veía como su amiga y no solo parte de su staff. Especialmente porque, al estilo de la película Mujer Soltera Busca (el thriller de 1992 con Jennifer Jason Leight y Bridget Fonda, sobre una mujer y su compañera de departamento que cada vez se parece más a ella), Jane Andrews comenzó a imitar a la duquesa. Copió su acento, sus looks e incluso su color de cabello. Estaba obsesionada con la nuera de la Reina. Solo le faltaba su propio príncipe...
En 1990, Jane Andrews se casó con Christopher Dunn-Butler, un ejecutivo de IBM veinte años mayor. Sintió que había conseguido la vida que soñaba y que había ganado su lugar en la sociedad londinense. Pero el romance duró poco más que un suspiro: se divorciaron en 1995. Andrews culpó a las “presiones del trabajo” (por entonces Sara Ferguson era el foco de atención de la prensa, por su separación con el príncipe Andrés), pero Dunn-Buttler señaló las continuas infidelidades de su exesposa, incluida una con un guardaespaldas de la Familia Real que Jane ni siquiera negó... “Sí, tuve un par de aventuras, no estoy orgullosa de ello”, declaró entonces.
Unidas por sus crisis matrimoniales, Fergie la tomó como su confidente. La estilista, manipuladora, aprovechó la oportunidad: mediante conexiones de la duquesa, conoció a Dimitri Horne, hijastro de un multimillonario naviero griego, en un evento de caridad.
Lo conquistó, comenzaron a salir e, incluso, llegaron a convivir. Pero los celos y las exigencias de Jane pronto cansaron al candidato. Cuando Horne quiso cortar la relación, Andrews sintió que se derrumbaba su mundo. No supo lidiar con otro abandono y, sin vueltas, destrozó el piso que compartían.
Después cayó en una profunda depresión y, nuevamente, intentó suicidarse con una sobredosis de medicamentos. Sobrevivió y se concentró en su trabajo que, al fin y al cabo, era lo único que parecía estable.
Sin embargo, después del proceso de separación y divorcio del príncipe Andrés, que se extendió desde 1992 hasta 1996, las finanzas de Fergie se fueron a pique.
Isabel II, que no aprobaba el despilfarro ni el comportamiento de su exnuera, decidió recortar sus partidas presupuestarias. Así fue como, en 1997, tras nueve años al servicio de la Familia Real, Jane Andrews fue despedida.
Desde Buckingham Palace sostuvieron, en forma oficial, que su desvinculación se debió a un “recorte de gastos”. Sin embargo, Jane siempre dijo que la echaron por la atracción que sentía por ella el conde Gaddo della Gherardesca, un aristócrata toscano que estaba en la mira de su jefa...
Andrews se quedó sin trabajo y, prácticamente, sin identidad. Tras codearse con las familias más poderosas de Gran Bretaña, volvía a foja cero. Con su currículum no tuvo inconveniente en conseguir trabajo: fue empleada en la joyería Theo Fennell, de las más exclusivas de Londres. Era el lugar perfecto para Jane, que se mostraba muy sociable y sabía cómo moverse con clientes adinerados. Su nuevo puesto le permitía,de alguna manera, mantenerse entre la élite londinense.
El marido perfectoEn diciembre de 1998, en una cita a ciegas promovida por un amigo, conoció a Thomas Cressman, un exitoso empresario del rubro automotriz. Hubo coup de foudre y en poco tiempo comenzaron una relación.
Tom -así se hacía llamar- estaba conectado con la alta sociedad londinense. No solo tenía una casa en Chelsea, autos de lujo y un superyatch, sino que también provenía de una familia adinerada. Su padre era Harry Cressman, un multimillonario americano que había llegado a ser presidente del club de fútbol Aston Villa.
Tres meses después de aquella primera cita, Andrews se instaló en la casa de Cressman. En octubre de 1999, consiguió trabajo en el Hotel Claridge’s como directora de relaciones públicas, aunque solo duró dos meses.
Durante los siguientes dos años, Jane apostó todo a su relación con Tom. Dirá más adelante, frente al Tribunal que la juzgó por homicidio, que lo veía como su futuro esposo, que lo soñaba como el padre de sus hijos.
En la intimidad del hogar, el ambiente se volvió tóxico. Enferma de celos, Jane comenzó a revisar los teléfonos y mails de su pareja. Encontró un intercambio de mensajes entre Tom con una mujer de California. Un “ida y vuelta” de mensajes que, se comprobaría luego, jamás derivó en un encuentro.
Jane lo confrontó. Tom se reaccionó molestó por la intromisión y le respondió que no tenía planes para ellos “a largo plazo”. En otras palabras, le dijo que no pensaba formalizar.
Jane se mostró frustrada. Para calmarla, Tom la invitó a un viaje que había planeado con su familia para septiembre de 2000: recorrer los lagos del norte de Italia y parte de la riviera francesa. Era su manera de arreglar sus cosas. Pero la mente de Jane fue mucho más allá y fantaseó que Tom había pergeñado todo para proponerle matrimonio en un paisaje idílico...
La gran peleaLos íntimos de Tom aseguran que jamás tuvo intención de casarse con Jane. Y sostienen que la actitud posesiva de su pareja estaba agobiándolo. Pero insisten que no sabía cómo salir de la relación.
“Creo que él sabía que debía terminar, pero que quería hacerlo de una manera amigable, no era una persona que gustara de confrontar”, afirmó su hermano, Rick Cressman.
Y, acto seguido, reveló qué sucedió en el viaje: “Ella había imaginado que él se le propondría en esas increíbles vacaciones. Pero, como vio que la propuesta no llegaba, ella puso el tema del casamiento sobre la mesa. Y se la pasó presionando a Tom por una respuesta. Finalmente, él le dijo que si quería una respuesta, esa respuesta era que no”.
En una entrevista a This Morning, Rick contó, además, que era común que Jane llamase a su hermano amenazando con tomar pastillas o estrellar su auto si la dejaba.
El viaje de regreso, después de aquellas vacaciones “idílicas”, terminó en escándalo. Jane y Tom sostuvieron una fuerte discusión en el aeropuerto de Niza, primera escala en el regreso a casa.
Jane sentía que el candidato de sus sueños (acaudalado, de la alta sociedad y, sobre todas las cosas, millonario) se caía a pedazos. Sin embargo, apenas abordó el avión, se mostró serena. Quienes la conocen dice que fue en ese instante cuando comenzó a planear su venganza.
La última nocheUna vez en casa, Tom le propuso buscar ayuda psicológica. Pero Jane se negó. La paz duró apenas algunas horas, lo que duró el sueño. Al día siguiente, las discusiones volvieron.
El sábado 16 de septiembre, la situación se puso violenta. A las 23:35, Cressman llamó a la policía. El diálogo quedó registrado y fue reproducido en el juicio:
Tom: -Estoy teniendo una gran pelea con mi otra mitad.
Policía: -¿Alguien está herido?
Tom: -No, todavía.
Policía: -¿Y dónde está su otra mitad?
Tom: -Justo aquí, mirándome fijamente
Cressman pidió que la policía se acercara a su domicilio: “Me gustaría que alguien nos detuviera de lastimarnos unos a otros. Porque, si no tenemos a alguien aquí pronto, alguno terminará herido”.
Curiosamente, la policía ignoró su pedido.
“Aquel llamado a la policía fue una demostración de su desesperación. Creo que la policía descartó el tema, no le dio prioridad, porque el llamado lo realizó un hombre. Hoy se tiene conocimiento que la mujer puede ser una agresora... Él estaba pidiendo ayuda”, se lamentó su hermano Rick.
La pareja sobrevivió a aquella noche de terror. Al día siguiente, el domingo 17 por la mañana, Tom llamó a su amigo Richard Gore y le contó el calvario que estaba viviendo. Le manifestó su asombro por la nula reacción de la policía.
Como testigo de la fiscalía, Gore reprodujo parte del diálogo que sostuvo con su amigo: “Me dijo ’Peleamos, pero los policías no vinieron. Richie a ellos solo les importa si hay un cuerpo. En las vacaciones, hacia el final, ella quiso saber, creo que ella pensó que yo me le iba a proponer o algo que yo no tengo intenciones de hacer... También tuvimos una gran pelea esta mañana. Y ella se fue, se fue a algún lado’. Luego me dijo, ‘me suena la otra línea, debe ser ella, te llamo luego’”.
Aquella fue su última conversación. 48 horas después, Thomas Creesman fue encontrado muerto. Tenía 39 años.
Un crimen de películaEl domingo 17 septiembre a las 13 horas, después de hablar por teléfono con su amigo Richard Gore, Tom cruzó la calle y caminó hasta su oficina. Se puso a trabajar como cualquier otro día.
Jane regresó a la casa y preparó el terreno: metió sus cosas en un bolso y lo guardó en un placard. Luego tomó un cuchillo de la cocina y lo escondió debajo de la cama, de su lado. También escondió debajo de la cama un bate de críquet de su pareja.
Cuando Thomas regresó a casa, se relajó en el living sin sospechar los planes de su pareja. A las 20, Jane salió a dar unas vueltas en su auto. Cuando regresó, Tom ya estaba en la cama, acostado. A las 22, ella se acostó a su lado. Y mientras simulaba que dormía, Tom pasó dos horas mirando por televisión los Juegos Olímpicos de Sydney.
Cressman era corto de vista así que, recién cuando se quitó los anteojos Jane supo que se disponía a dormir. Minutos después, ella se levantó y golpeó a Tom en la cabeza con el palo de críquet. Luego lo apuñaló en el pecho con el cuchillo de cocina que había escondido bajo la cama. Se lo clavó ocho veces entre las costillas, perforando el pulmón y un costado del corazón.
Después de asesinar a su pareja, Jane Andrews se bañó, se vistió, tomó sus cosas y huyó del lugar. El lunes por la tarde, cuando Tom no apareció en su trabajo, alertaron a su familia. El martes la policía entró en la casa de Thomas Cressman y encontró su cuerpo tendido en la cama, en una charco de sangre. A su lado estaban el cuchillo y el bate que habían usado para asesinarlo. De inmediato, Jane Andrews, la exasistente de Sara Ferguson, se convirtió en la principal sospechosa.
Sus amigos comenzaron a enviarle mensajes de texto para que se entregara. Incluso la duquesa -quien, tras sus numerosas deudas recién comenzaba a salir a flote dando charlas por el mundo como portavoz de Weight Watchers y se había convertido en escritora de libros infantiles- intentó disuadirla para que se entregara.
Desde la clandestinidad, Jane respondió diciendo que era inocente, que en los últimos tiempos alguien había estado chantajeando a Cressman. Rastrearon su celular, y dos días más tarde la encontraron escondida en su auto con una sobredosis de paracetamol. Había fallado en un nuevo intento de suicidio...
La primera reacción de Jane Andrews fue declararse víctima. Dijo que Cressman era un abusador obsesivo, que trató de violarla y que ella lo golpeó con el bate para defenderse. Siempre de acuerdo a su testimonio, Thomas la atacó de nuevo y ella no encontró otra alternativa que acuchillarlo. En su defensa, enumeró los traumas que la acompañaron desde su infancia.
Sin embargo, los investigadores encontraron cartas. En una de ellas, Tom le decía a Jane: “Traté y traté de hacerte feliz, pero nunca parece ser suficiente (...) los celos ya se fueron de las manos. Debo ser parte de tu vida, pero no toda tu vida, y lo mismo debería ser yo para tí. Detesto verte tan molesta”.
Las pruebas de los peritos forenses también fueron contundentes. Dijeron que no se trató de una autodefensa, sino de un asesinato premeditado, brutal y a sangre fría. “Mi hermano no tenía los anteojos puestos, lo atacó mientras él dormía”, detalló Rick Cressman.
El juicio por la muerte de Thomas Cressman duró tres semanas y media. Siempre “a sala llena”. Fue uno de los casos más resonante de la década. El 6 de mayo de 2001, después de once horas de deliberación, el tribunal llegó a un veredicto. Jane Andrews, quien nunca mostró remordimiento, fue sentenciada a cadena perpetua. La exmiembro del staff de la Familia Real se había convertido en una asesina.
Jane Andrews pasó 14 años en prisión. Allí la apodaron Fergie’s Bird. En 2009, durante su encierro, protagonizó una breve fuga y sumó un nuevo intento de suicidio con una ingesta masiva de paracetamol. Sin embargo, fue liberada en 2015 “bajo fianza”.
En 2018 regresó brevemente a la cárcel. Un hombre la acusó de acoso, pero su denuncia pronto fue desestimada.
Jane Andrews hoy se encuentra en libertad. Se cree que vive en su ciudad natal, en Cleethorpes, y que trabaja en una organización benéfica para animales. Se estima que durante su tiempo en prisión acumuló una pequeña fortuna de 500.000 libras esterlinas por el alquiler de su apartamento en Battersea Park.
La historia de Lady Jane llega a la televisión. Será retratada en una miniserie de cuatro episodios titulada The Lady, una coproducción de ITV y Britbox realizada por Left Bank Pictures, productora de The Crown. La actriz Mia McKenna-Bruce interpretará si papel y Natalie Dormer será Sarah Ferguson.