“La Argentina no puede llegar tarde”: distinguen a Alberto Taquini como presidente de honor de la Academia Nacional de Educación
Alberto Taquini, de 91 años, es doctor en Medicina por la Universidad de Buenos Aires, exinvestigador del Conicet y director general del Belgrano Day School. Este lunes, en un acto de designación...
Alberto Taquini, de 91 años, es doctor en Medicina por la Universidad de Buenos Aires, exinvestigador del Conicet y director general del Belgrano Day School. Este lunes, en un acto de designación formal, fue distinguido como presidente de honor de la Academia Nacional de Educación (ANE), cargo único y vitalicio otorgado a quien haya honrado de forma extraordinaria la dignidad académica y tenido una destacada trayectoria en el ámbito académico, científico y educativo.
“Su destacada actuación permanentemente incentiva a generar mejoras en la educación en el contexto global de la sociedad y la presencia de las tecnologías digitales, constituyéndose en un referente para las nuevas generaciones”, dijeron desde la ANE sobre su designación.
Entre sus logros más significativos, creó el Plan de Nuevas Universidades en 1968, también conocido como Plan Taquini, premiado en 2018 por el entonces Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la Nación. El plan fue emblemático porque propuso la creación de nuevas universidades en diferentes zonas del país con el objetivo de diversificar la oferta académica monopolizada entonces por cuatro ciudades (Buenos Aires, Córdoba, La Plata y Tucumán). A partir de este plan se crearon 16 universidades entre 1971 y 1975.
Taquini, que se define a sí mismo como un “innovador con propósito” y busca implementar una nueva visión educativa que ubique al aprendiz como protagonista, habló con LA NACION sobre cómo ve la educación a nivel global, qué reformas son necesarias y sus expectativas para su nuevo rol en la ANE.
–¿Cuál es su diagnóstico de la educación argentina hoy? ¿Cómo estamos?
–Está ocurriendo un cambio copernicano a escala mundial. Entonces, no se trata de hablar de la educación argentina en particular, sino de lo que está sucediendo a nivel global. La posibilidad del cambio es inmediata, pero la realidad del cambio va a llevar 30 o 40 años. Por eso yo uso dos conceptos: “game over”, entendido como el momento en que un modelo llega a su límite, y por otro, el “overtake”, como el proceso mediante el cual nuevas formas de aprendizaje comienzan a adelantarse al sistema tradicional.
La sociedad vive en este siglo un cambio tecnológico copernicano. Los usos y costumbres cambian en todos lados como cambiaron los bancos, como cambia el control de las personas al pasar una aduana, como se modifican todos los procesos de productividad de la industria. Todos son epifenómenos de la revolución científico-tecnológica que hasta hace poco impactaba solo en medios de producción y ahora impacta también en medios de servicio.
El 80% de la población mundial hoy tiene telefonía celular con internet y, por lo tanto, acceso a una forma de vincularse que es ubicua en cualquier lugar del mundo simultáneamente, asincrónica, y la nube tiene la totalidad de la información. En definitiva, el conocimiento está en la nube y la educación lo que tiene que hacer es desarrollar en el niño la potencia del autoaprendizaje sostenido en la matemática, el pensamiento crítico, el manejo de la lengua y el manejo de la tecnología. Hay un nuevo escenario para el aprendizaje, entonces está por delante el mejoramiento del sistema que tenemos. El nuevo modelo está aún en pañales. Lo que hay que hacer es abrir el debate sobre estas cuestiones y garantizar la fe pública en los nuevos modelos.
–En términos concretos, ¿qué medidas y reformas se necesitan implementar en las políticas públicas para que este nuevo modelo de aprendizaje sea posible?
–Hay que conocer el estado del arte y que se conozcan los distintos caminos. Que se flexibilicen los métodos de acreditación, en tanto y en cuanto haya sistemas de evaluación con el sistema formal de la educación general. Esto es una mirada mundial. Esto está en discusión en el mundo.
–En 2024 presentó una propuesta de secundaria 100% virtual para la ciudad de Buenos Aires. ¿Eso sería una forma de flexibilización, por ejemplo?
–En el mundo la secundaria online ya existe. En la Argentina, no. Presentamos el proyecto, pero no existe aún. Es urgente y necesario porque como el aprendizaje en secundario es ubicuo hay alumnos argentinos que ya hacen el secundario en el extranjero.
–¿Cuál es la agenda de prioridades que se fijó para su presidencia en la ANE?
–Espero continuar trabajando con mis compañeros en lo que la Academia siempre ha hecho, que es acompañar los cambios de la educación. Esto es un tema de la Academia y mi deseo es contribuir a que esto avance lo mejor posible.
–El Plan Taquini cambió el mapa universitario del país en su momento. ¿Qué quedó pendiente de ese proyecto y cómo dialoga con la Argentina de hoy?
–Permitió una gran descentralización del presupuesto universitario y significó un crecimiento muy grande de capital humano en todo el interior del país. La presencia de universidad en ciudades pequeñas y chicas enriqueció y cambió lo social, por lo que impactó políticamente y culturalmente en las ciudades. En Río Cuarto, por ejemplo, el 20% de la ciudad son estudiantes universitarios. Esto tuvo un impacto impresionante porque cambió el discurso de las ciudades. Los chicos se quedaron, fueron profesores. Se habló de ciencia, de política.
Esas universidades hoy siguen vigentes, pero la velocidad del cambio social es tan grande que el impacto transformador de la modernización, si bien fue significativo, no alcanzó a acompañar el cambio externo. Con la tecnología previa al gran cambio se ha avanzado, pero no se ha avanzado con la tecnología de punta. El país está atrasado en el desarrollo tecnológico de punta en el aparato productivo.
–¿Considera que falta abrir universidades en ciertos puntos del país o está bien el esquema universitario actual?
–Hay que reordenar la universidad para hacerla más eficiente porque va a tener un cambio importante con la obsolescencia de carreras por el cambio tecnológico, pero a la vez, me parece que la virtualidad y educación a distancia le van a establecer una competencia fuerte que la va a poner a competir por la calidad. Los chicos van a ir a la que más les convenga. La educación a distancia va a alentar el nivel y la competencia entre universidades argentinas.
–¿Cómo ve la distribución de oferta académica entre carreras humanísticas y carreras de ciencias duras?
–Estamos ante un desafío educativo de una movilización permanente. La universidad ya está cambiando. Mi generación conoció la universidad del conocimiento y de las ciencias. Luego, vimos crecer la universidad profesionalística, es decir, las carreras hechas para las profesiones, que ahora están entrando en un tirabuzón por el cambio productivo. Y ahora aparece una tercera etapa, que es la universidad del aprendizaje permanente, más flexible, modular, internacional, más conectada con la vida cotidiana y vinculada con la actualización constante. Por eso la importancia de ser un aprendiz durante toda la vida, especialmente de los 6 a los 15 años.
Estamos en la antesala del cambio en la universidad. Pienso que la matrícula de las carreras de la formación profesional va a caer mientras que subirá muchísimo esta nueva universidad de todos los tiempos, con carreras cortas. Tal como pasamos de la universidad de la ciencia a la profesional, ahora iremos de las profesiones a la vida cotidiana, teniendo todo lo que tiene que ver con el trabajo y el tiempo libre, las artes, el deporte.
–¿Qué rol le asigna a la inteligencia artificial en la educación? ¿Es una amenaza o una oportunidad?
–Es expansión y no hay vuelta atrás, enriquece todo. A favor 100%. Sin embargo, hay que hacer un uso prudente porque emerge el riesgo de transhumanismo, que es el momento en el que las computadoras y IA superen el pensamiento del hombre, un riesgo gravísimo.
El acto de designaciónEl acto de designación, realizado este lunes a las 18 en la sede de la Academia en Recoleta, fue inaugurado por el presidente José María La Greca, quien destacó como características principales de Taquini su inquietud y perseverancia para llevar adelante sus ideas.
A continuación, el académico Enrique Zuleta Puceiro dedicó unas palabras sobre la trayectoria profesional y personalidad de Taquini.
“Es una personalidad fundacional de nuestra Academia y una de las figuras más representativas de nuestro sistema educativo y de desarrollo”, dijo. Y agregó: “No hay figura que haya influido tanto en el desarrollo del sistema de educación superior como Alberto”. Para concluir, lo describió como “un verdadero Ulises de la educación y la ciencia”.
Tras recibir su diploma, Taquini se dirigió al auditorio, en el que se encontraba el secretario de Educación, Carlos Torrendell, entre otras personalidades del ámbito académico.
Durante su discurso, el flamante presidente de honor de la ANE sostuvo que el principal desafío actual no es la educación en sí misma, sino el sistema que la organiza. “La educación es mucho más amplia que cualquier estructura formal. El sistema educativo es una herramienta, y como toda herramienta puede quedar vieja”, afirmó, y planteó que muchas de las formas actuales de enseñar ya no responden a la velocidad y complejidad del mundo contemporáneo.
“Estamos en un clima de época que no conviene subestimar. Existe una sensación extendida de que muchas estructuras heredadas ya no alcanzan para responder a la velocidad, la complejidad y las demandas del presente. Un alumno del siglo XXI entra cada mañana a formatos concebidos para necesidades del siglo pasado”, sostuvo.
Además, remarcó el impacto de la inteligencia artificial, la virtualidad y el acceso masivo a la información, que permiten aprender “en cualquier momento, desde cualquier lugar”, en contraste con estructuras educativas diseñadas para otra época.
“La Argentina no puede darse el lujo de llegar tarde a este proceso de cambio. Es una oportunidad histórica para ampliar la forma en la que los niños aprenden”, concluyó.
Sobre la Academia Nacional de EducaciónLa Academia Nacional de Educación es una institución creada en 1984 con el fin de “funcionar como ámbito de permanente reflexión de los problemas de la educación argentina y como agencia promotora de la creatividad y la innovación en materia educativa; actuar como institución capaz de asumir la responsabilidad de una celosa custodia del cumplimiento de los valores y principios fundamentales expresados en la Constitución Nacional, e inspirar y respaldar esfuerzos tendientes a favorecer el avance de la democracia y la justicia social en todos los procesos y manifestaciones del quehacer educativo nacional”.