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John, Carolyn y el regreso de una ciudad sin Instagram

NUEVA YORK.— La nueva temporada de Love Story: John Kennedy Jr. & Carolyn Bessette ya había convertido —...

John, Carolyn y el regreso de una ciudad sin Instagram

NUEVA YORK.— La nueva temporada de Love Story: John Kennedy Jr. & Carolyn Bessette ya había convertido —...

NUEVA YORK.— La nueva temporada de Love Story: John Kennedy Jr. & Carolyn Bessette ya había convertido —como se comentó en este espacio la semana pasada— un tono de rubio en asunto de Estado. Ahora empieza a hacer algo más ambicioso: reorganizar el mapa sentimental de la ciudad.

Es notable la cantidad de amigos aquí, sobre todo extranjeros que viven en la ciudad desde hace décadas, que juran que la historia de John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette no podría importarles menos. De él recuerdan que era muy pintón, sí, pero que aprobó el examen para ejercer como abogado recién al tercer intento. Lo ven como un nepo baby avant la lettre que jamás debió despegar la avioneta más tarde de lo previsto cuando no estaba del todo calificado para volar sólo con instrumentos. El accidente fue causado por desorientación espacial durante la aproximación al destino en la noche, y terminó con su vida, la de su mujer y la de su cuñada.

Tampoco Carolyn los deslumbra retrospectivamente. Se vestía bien, dentro del minimalismo que alguien que trabajaba en relaciones públicas de Calvin Klein debía encarnar casi por contrato, pero para el Nobel, coinciden, no estaba ninguno de los dos. Y les parece un exceso romántico trasladarles el mito de Camelot: ese sueño joven e inconcluso de redención nacional que la familia Kennedy supo encarnar mejor que nadie.

La imagen ligeramente deslavada, la cámara que parece llegar un segundo tarde: todo opera como certificado emocional de verdad

Aún así, perderse un solo capítulo de la serie, eso no. Eso ni lo sueñan por el placer que derivan de reencontrarse con el Nueva York de los años noventa que conocieron. La forma en que fue filmada la serie contribuye decisivamente. Tiene esa luz apenas opaca de la película analógica, ese aire de “lofts de Tribeca lofts, sweaters de cashmere negro y fotos granuladas de paparazzi que parecen de una vieja Vogue”, como describían los primeros adelantos promocionales. La imagen ligeramente deslavada, la cámara que parece llegar un segundo tarde: todo opera como certificado emocional de verdad.

En tiempos de hiperdefinición digital, la imperfección funciona como prueba de autenticidad. La generación que estuvo aquí en los noventa reconoce los códigos como quien vuelve a una casa donde todavía sabe qué baldosa cruje. Y disfruta mirarlo ahora en la pantalla desde el living propio, con distancia y calefacción central. Pero los más jóvenes —los que no vivieron esa década—parecen abordarlo de una manera muy distinta. Lo que parecen demostrar a través de sus cuentas de Instagram es, paradójicamente, descubrir cómo era una ciudad previa a Instagram, cuando la imagen dependía del azar del paparazzi y del misterio. Y la ficción no solo revive personajes: reactiva direcciones. Como ocurrió en su momento con Magnolia Bakery tras su aparición en Sex and the City, ahora un restaurante indio del Lower East Side —abierto desde los años ochenta— vive una segunda juventud porque allí se filmó la supuesta primera cita. Las reservas se dispararon, la espera se volvió parte del ritual. Adentro, todos quieren sentarse en la mesa donde —según la tradición seriéfila— JFK jr y Bessette se dieron el primer beso.

Lo más interesante, sin embargo, es el vestuario de este nuevo público. Las chicas adoptan maquillaje mínimo salvo en los labios, pollera tubo gris, camisa blanca, botas de taco grueso, tal cual llevaba Bessette. Los varones ensayan el revival JFK: blazer sin ironía, corbata sobria y —lamentablemente, porque hay que ser un Kennedy para que quede bien— el gorrito de béisbol con visera hacia atrás. No todo revival es democrático.

Una vez más queda claro que, en una ciudad que siempre cambia, pocas cosas resultan tan irresistibles como la oportunidad de repetir un momento que ya parecía perdido. La serie empezó como biopic romántica. Muchos la critican por romantizar seres bastante mas complicados –quizá simplemente más humanos. Pero de lo que no quedan dudas es que está terminando como manual de instrucciones para vestirse, reservar mesa, recordar y, por un rato si hace falta, habitar el Nueva York que fue.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/john-carolyn-y-el-regreso-de-una-ciudad-sin-instagram-nid08032026/

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