Javier Perianes: cómo será el concierto con el que homenajeará a Manuel de Falla en el Teatro Colón
Como Manuel de Falla, Javier Perianes viene de Andalucía, la tierra del sol y el flamenco. De un pequeño pueblo de Huelva de apenas cinco mil habitantes donde, por la convocatoria a integrar una ...
Como Manuel de Falla, Javier Perianes viene de Andalucía, la tierra del sol y el flamenco. De un pequeño pueblo de Huelva de apenas cinco mil habitantes donde, por la convocatoria a integrar una banda infantil, descubrió su vocación musical. “Pero, ¡¡¿cómo que vas a empezar con el clarinete?!“, le reprochó una tía pianista a la que le debe la senda del instrumento, que lo sentó al teclado y le mostró la belleza y una sonoridad orquestal que de niño lo deslumbró por completo.
Hoy, como artista de gran prestigio, el nombre de Javier Perianes se distingue al lado de figuras de primerísimo nivel, con una actividad destacada internacionalmente y como referencia ineludible en el repertorio pianístico español. Un repertorio signado por genios como Albéniz y Granados, y en este caso por Manuel de Falla, autor de obras icónicas que, con refinamiento y modernidad, abrevaron en el folclore hispano: “La vida breve”, “El sombrero de tres picos”, “Noche en los Jardines de España” y “El amor brujo”, entre otras. Regresa a la Argentina, esta noche para el Mozarteum en el Teatro Colón, con un concierto-homenaje en el 150º aniversario del nacimiento de su compatriota andaluz, gran símbolo de la identidad española en la música clásica.
–Llama la atención en el diseño de tu programa, el diálogo de De Falla con Chopin en la combinación de pares de obras específicas. ¿De dónde surge la idea y qué nexos querés destacar?
–A raíz del aniversario, la tentación era hacer toda la obra de piano que tampoco es muy larga. Y hubiera funcionado bien, pero quería poner a De Falla en contexto con otros compositores. Yvan Nommick, musicólogo francés brillante que fue director de la Academia y Archivo Manuel De Falla, me contó que le encargaron desde Varsovia un estudio para encontrar en qué obras específicas de Chopin se había inspirado para componer sus primeras piezas. Por eso la combinación de mazurcas y nocturnos no es casualidad. El Nocturno tiene la mano izquierda prácticamente calcada a la del Nocturno op 27 nº 2, y ya presentes, aunque disimulados, los rasgos del folclore español. La relación con la Berceuse es más ambiental por tratarse de una canción de cuna. El Vals, si bien De Falla compuso un vals-capricho, no tiene la envergadura (y lo digo con modestia) para estar al lado de uno de Chopin, entonces lo combino con la Serenata andaluza en ritmo ternario que es bellísima. La idea es mostrar al compositor joven con obras que pertenecen, como decía el poeta Gerardo Diego: “al Manuel de Ante-Falla”, en la búsqueda de su lenguaje y su contexto de inspiración.
–En la segunda parte, junto con Isaac Albéniz y esa cumbre pianística que es la suite Iberia, llegan la madurez y el lenguaje propio a pleno...
–Ellos se conocieron en París, se profesaron admiración y amistad mutua. Tanto que De Falla le dedicó sus Cuatro Piezas Españolas, homenajeando las 12 postales extraordinarias que conforman Iberia, de las que incluyo sólo cuatro por cuestiones de equilibrio.
–¿Hay diferencias entre ellos en la manera de tratar el elemento folclórico y convertirlo en un nacionalismo musical?
–En el caso de Albéniz es una traducción literal. Hablando solo del ritmo, no de todo lo demás donde tiene la estatura de un genio. Triana es el ritmo de sevillana puro, es el flamenco absolutamente literal. De Falla, en cambio, es más sofisticado en ese sentido porque cuando a su número lo llama Aragonesa, nos hace pensar que es una jota, la danza popular de Aragón. Y sí, tiene ritmo de jota pero no lo es. Es más refinado. Él utiliza todo el lenguaje que, de hecho, conocía mejor que nadie. De Falla creó en Granada el primer Festival de Cante Jondo. Conocía el flamenco a la perfección, sin embargo, nunca tomaba una cita literal. Y siguiendo con las comparaciones incluso te diría que tanto Albéniz como Granados crearon, como un chispazo de genio, una obra fantástica. Nada alcanza el nivel superlativo de Iberia, así como tampoco el de Goyescas en el caso de Granados. La originalidad, inventiva y complejidad técnica de esos dos monumentos, no tuvieron parangón en el resto de sus producciones.
–Hasta aquí sobre el contenido musical, ahora el pianístico ¿Qué rasgos definen la escritura de De Falla?
–De manera esquemática, porque es sencillo de decir, pero muy difícil de lograr. El piano de De Falla tiene dos elementos fundamentales: el ritmo interno, que es una pulsación constante, un latido. Y sobre él, los diferentes planos en capas y contrapuntos de enorme riqueza armónica. Toda esa distribución de voces es tremendamente difícil, desafiante por lo complejo, pero fascinante a la vez. Y luego, una dificultad añadida como la flexibilidad del tempo rubato.
–¿Cuáles han sido tus influencias en este repertorio tan compacto y cuáles son las versiones más autorizadas?
–Como influencia diría que no tengo ninguna y las tengo a todas porque he crecido con esta música y la entiendo cercana en su respiración y fraseo por los más grandes pianistas españoles que tocaron el repertorio magistralmente. Alicia de Larrocha: el refinamiento y un colorido increíble. Rafael Orozco: su Iberia reposada, muy Góngora, como buen cordobés. Y Esteban Sánchez: el temperamento, “como si le hubieran abierto las puertas de los toriles —decía Alicia— y saliera a la plaza como el toro encendido con toda su pasión telúrica". Los tres, cada uno con su magia y misterio.
–¿Cuál es la valoración histórica del personaje Manuel De Falla y la estética, respecto de la identidad española?
–Para nosotros es el compositor más grande e internacional que ha dado España. En cuanto al hombre, una contradicción curiosa y bellísima entre su persona y su música. El arte que produjo es de un gran refinamiento y complejidad. Es la música de un hombre apasionado: “El sombrero de tres picos”, “La vida breve”, “El amor brujo”... Obras extrovertidas en contraste con una personalidad ascética y monacal. La lujuria expresiva en la música y el recato de la persona tímida, recogida, aseada como cuenta su sobrina nieta y tremendamente religiosa.
–Tremendamente religioso, si...
–Era un hombre que no se perdía la misa diaria y que, cuando vivía en Alta Gracia, tenía dos relojes: uno con la hora argentina y otro con la hora española que le marcaba las campanadas del Angelus que se rezaba en España. Sus dos casas muy austeras: en el Carmen de la Antequeruela en Granada y la de Alta Gracia, en la Argentina, país en el que se estableció y vivió sus últimos años huyendo del horror y la tremenda situación política a partir de la muerte de Lorca. Una pena que no pudo componer más. Estaba delicado de salud y muy envejecido como se ve en las fotos. Obsesionado con la obra, finalmente no pudo terminar su Atlántida. Fue su hermana quien lo regresó a España en un ataúd abrazado a la partitura. Por eso, aun cuando un español no está familiarizado con la música culta, cuando escucha la farruca y la jota final de “El Sombrero de los tres picos”, dice: “¡Este es Manuel de Falla!“, porque su música pertenece a nuestro imaginario sonoro y es el compositor más identitario de la cultura española.
Para agendarConcierto del Mozarteum Argentino en el 150º aniversario del nacimiento de Manuel De Falla (1876-1946). Recital de Manuel Perianes (piano). Obras de Falla (“Nocturno”, “Mazurkas”, “Serenata”, “Canción”, “Cuatro piezas españolas”), Chopin (”Nocturno", “Marzurca”, “Vals”, “Berceuse”) y Albéniz (selección de piezas de la suite Iberia). Hoy, a las 20, en el Teatro Colón, Libertad 621.