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James Jesse Strang, el último rey de los Estados Unidos

Las manifestaciones en los Estados Unidos de los últimos días, donde miles de ciudadanos (entre ellos destacados artistas como Robert De Niro, Jane Fonda o Bruce Spingsteen) se movilizaron contra...

James Jesse Strang, el último rey de los Estados Unidos

Las manifestaciones en los Estados Unidos de los últimos días, donde miles de ciudadanos (entre ellos destacados artistas como Robert De Niro, Jane Fonda o Bruce Spingsteen) se movilizaron contra...

Las manifestaciones en los Estados Unidos de los últimos días, donde miles de ciudadanos (entre ellos destacados artistas como Robert De Niro, Jane Fonda o Bruce Spingsteen) se movilizaron contra las políticas del presidente Donald Trump bajo la consigna “NO KING”, trae a la memoria la historia del último (y único) rey de los Estados Unidos.

Se trata de Jame Jesse Strang, un líder religioso que “por mandato divino” fue coronado en una pomposa ceremonia y estableció su reino dentro de una isla norteamericana. El caso, que podría haber quedado en una anécdota, llamó la atención de la Casa Blanca que tomó cartas en el asunto. Y terminó en tragedia...

“Voy a rivalizar con César o Napoleón”

James Jesse Strang nació el 21 de marzo de 1813. Se crio en una granja en el norte del estado de Nueva York y fue educado, sobre todo, en escuelas rurales. Estudió Derecho, pero no lo ejerció. Siempre estuvo convencido de que su destino era “superior”. Durante su juventud llevó un diario íntimo que escribió con un código secreto que fue descifrado décadas más tarde.

“Mi mente siempre ha estado llena de sueños de realeza y poder”, escribió en marzo de 1832. Tenía 19 años y, en el mismo cuaderno, se describía como “un simple agricultor”. Sin embargo, nunca renunció a sus ambiciones: “Ya debería haber sido miembro de la Asamblea o general de brigada para este momento, si es que alguna vez voy a rivalizar con César o Napoleón, cosa que he jurado hacer”, escribió más adelante.

Parecía dispuesto a todo para alcanzar la grandeza a la que aspiraba: “He pasado el día tratando de idear algún plan para obtener en matrimonio a la heredera de la Corona inglesa. Es un asunto difícil para mí, pero lo intentaré si hay la menor posibilidad A veces casi tengo la intención de hacerme sacerdote, pero eso es un asunto demasiado pequeño para mí”, escribía.

Definitivamente, Strang no tenía planeado continuar con la granja familiar.

De granjero a profeta

El giro decisivo llegó en la década de 1840, cuando se convirtió al mormonismo, una religión entonces joven y en expansión, y se unió a la Iglesia de los Santos de los Últimos Días. Había conocido a su fundador, Joseph Smith, y a la comunidad de mormones gracias a su cuñada, que se había casado con un fiel de la congregación. El propio Smith lo bautizó.

Los mormones quedaron acéfalos pocos meses después, en junio de 1844, cuando Smith murió en la cárcel de Carthage, Illinois, asesinado por una multitud armada. Así, la Iglesia quedó sin liderazgo y expuesta a una fragmentación inevitable. Strang aprovechó la oportunidad para escalar, para conseguir ese poder que tanto anhelaba.

Presentó una carta que, según él, había sido escrita por el propio Smith poco antes de morir. Allí, lo designaba como su heredero legítimo. “Así habló el Dios Todopoderoso del cielo. Tu deber ha sido claramente establecido, y si careces de sabiduría, pídele a Dios, en cuyas manos confío, y Él te la dará generosamente; pues si algún mal me sobreviniera, deberás guiar al rebaño hacia pastos agradables. Que Dios te sostenga”, dice el manuscrito.

Sumó también una escena sobrenatural, que en ese contexto a nadie pareció extraña: dijo que un ángel se le había aparecido para ordenarlo como nuevo profeta.

Un reportaje de The New York Times recrea otro acontecimiento que definió la elección de Strang como sucesor de Smith. El texto dice: “A fines del verano de 1845, condujo a un grupo de hombres hasta la base de un árbol junto al río White, un lugar que le había sido revelado en una visión. Allí desenterraron tres placas de latón grabadas con una escritura misteriosa, supuestamente escrita por un tal ‘Rajah Manchou de Vorito’, líder de una civilización hace mucho derrotada. Utilizando un par de ‘piedras videntes’ prestadas por un ángel, Strang tradujo la profecía del Rajah: ‘Los hombres precursores matarán —a Smith—, pero allí habitará un poderoso profeta’. Strang".

Sin embargo, los mormones estaban divididos. La mayoría seguía a otro líder, Brigham Young, en su éxodo hacia Utah. Strang reunió a un grupo más reducido pero leal en Wisconsin, donde empezó a construir un espacio donde pudiera ejercer, sin interferencias, la forma de poder que había imaginado desde joven. En esa etapa, su figura ya condensaba varias de sus facetas: predicador, organizador, polemista y, sobre todo, un líder con una notable capacidad para persuadir.

La isla y la coronación

A partir de 1848, Strang comenzó a trasladar a sus seguidores a Beaver Island, una isla en el lago Michigan, en el estado homónimo, que, hasta entonces, había sido habitada por comunidades indígenas, pescadores y algunos colonos europeos, sobre todo irlandeses. Decía que el destino se lo había señalado un ángel en otra aparición. Que le mostró “una tierra rodeada de aguas extensas y cubierta de grandes árboles”.

En pocos años, la isla se transformó: construyeron caminos, casas, granjas y hasta fundaron un periódico. La colonia prosperó económica y socialmente, lo que reforzó la legitimidad de su líder ante los ojos de sus fieles.

En ese contexto de crecimiento, el paso hacia la monarquía fue menos abrupto de lo que podría parecer. En 1850, frente a cientos de seguidores, se proclamó rey. La ceremonia fue deliberadamente teatral. Un artículo del Milwaukee Sentinel, de 1929, recordaba: “En 1850 ocurrió una escena sacada de un cuento de hadas. Vestido en una túnica roja, que uno de sus seguidores, un famoso actor, había usado para un rol shakespeariano, Strang fue coronado rey en la verde quietud de los bosques de Michigan. La colonia practicaba la poligamia, pero en otros asuntos era estrictamente moral. El rey Strang había prohibido el consumo de tabaco, café, te y todos los intoxicantes”.

Su reino recibió el nombre de Reino de Dios en la Tierra, aunque a menudo fue citado como el Reino Mormón de Beaver Island.

En su coronación, el 8 de julio de 1850, decidió presentarse como Rey Santiago I (King James I) el 8 de julio de 1850. Bautizó con su nombre a la ciudad principal de la isla: Saint James.

Y adoptó como Constitución la “Ley de Dios”, que él mismo administraba.

Hay quienes dice que la corona era de cartón. Otros, que era de metal, de lata. Que llevaba un cetro. Que se había armado un trono. Parecía una puesta en escena, como destacaba aquel periódico, pero para los mormones, era una afirmación más de su autoridad.

Strang no era rey “por herencia”, lo era por mandato divino. No solo de los mormones, sino de toda la isla Beaver. Sus habitantes originarios, por ende, debían subordinarse a él y practicar su credo. Todo esto ocurría dentro de Estados Unidos, un país cuya identidad política se había construido precisamente en oposición a la monarquía. Los rumores sobre lo que sucedía en ese rincón del mundo pronto llegaron a la Casa Blanca...

El periodista y autor Miles Harvey escribió, en su libro El rey de la confianza, sobre la posterior reacción del gobierno federal: “El presidente Millard Fillmore, aproximadamente un año después de que Strang se autoproclamara rey, estaba tan preocupado por este reino semi independiente en territorio estadounidense que envió al primer buque de guerra con casco de hierro de la Armada para invadir la isla y llevar a Strang ante la justicia. Lo interesante es que, aunque Strang fue juzgado en Detroit en 1851, él y su gente fueron declarados inocentes de todos los cargos . Tenía un carisma increíble, y además, tenía la habilidad de engañar a la gente”.

Piratas, fe y violencia

Por un tiempo, en el continente los tomaron en broma. Los diarios norteamericanos contaron la historia del “rey de la Isla Beaver”, pero siempre con ironía.

El hermetismo de la congregación fue caldo de cultivo para todo tipo de leyendas. Comenzaron a circular historias cada vez más alarmantes. Algunos periódicos de la época describían a Strang como el líder de una banda pirata que asaltaba embarcaciones en el lago Michigan, que robaba mercancías y ejercía una forma de violencia organizada.

Algunas décadas más tarde, un artículo también de The New York Times, hoy en archivo, lo recordaría como el jefe de “una de las bandas de piratas más desesperadas que jamás infestaron aguas estadounidenses”.

Si bien muchas de estas versiones fueron exageradas o desmentidas con el tiempo, contribuyeron a construir una imagen pública que oscilaba entre el fanático religioso y el delincuente.

A medida que el poder de Strang crecía, el gobierno empezó a prestarle cada vez más atención a lo que pasaba en la isla. Mientras tanto, entre los fieles aumentaban las tensiones: por las diferencias religiosas, disputas económicas y, sobre todo, el carácter cerrado de la colonia. Strang, además, promovía normas estrictas, como la prohibición del alcohol, que chocaban con las prácticas locales.

El prólogo de El diario de James J. Strang, explica: “Aunque la poligamia nunca se practicó ampliamente en Beaver, pronto se convirtió en un motivo de conflicto con la población cercana del continente pescadores católicos irlandeses; tampoco las historias sensacionalistas en la prensa contribuyeron a la reputación de la colonia. Hubo un número creciente de enfrentamientos entre los mormones de Strang y los gentiles del continente, en parte por las zonas de pesca, en parte por los ataques de Strang contra los irlandeses por vender alcohol a los indígenas, y también por el éxito político y financiero de su colonia”.

De prohibir la poligamia, terminó no solo avalándola, sino también casándose con cuatro esposas.

El final de un rey

El desenlace del autoproclamado rey fue tan abrupto como previsible. En junio de 1856, el mismo buque de guerra que llevó a Strang a juicio volvió a atracar en el puerto de St. James, al norte de la isla. Según cuenta la historia, Strang fue invitado a cenar con el capitán y, mientras caminaba por el muelle, dos hombres le dispararon por la espalda. Nadie confirmó que el gobierno estadounidense estuviera involucrado en el ataque, pero muchos aseguran que los dos atacantes y sus familias fueron evacuados rápidamente a bordo del mismo barco.

Algunos sostienen que los asesinos fueron dos de sus propios seguidores, que lo esperaron cuando bajó al muelle para vengarse o por el trato que tuvo con sus esposas, o por tomarlas para él. Otros dicen que unos de los hombres que lo mató había sido azotado en público por la forma en que su esposa iba vestida.

Lo cierto es que, dos semanas después de los disparos, Strang falleció. El sheriff notificó a los mormones de la isla, ya sin líder, que Beaver debía ser evacuada, y una turba “medio ebria”, dice el prólogo a su diario, “apareció para ayudar a ejecutar la orden”.

El reino desapareció en cuestión de meses, dejando atrás apenas vestigios materiales y una historia fantástica: la del último rey de los Estados Unidos.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/james-jesse-strang-el-ultimo-rey-de-los-estados-unidos-nid01042026/

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