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Inés Estévez: su deseo de escapar del estereotipo y por qué siente que, aunque “no encaja” en este mundo, el trabajo la salva

Con movimientos precisos -casi coreográficos- , una elegantísima Inés Estévez se desliza hacia un sofá de un distinguido hotel en la zona de Retiro, en Buenos Aires. Revuelve sin apuro un té,...

Inés Estévez: su deseo de escapar del estereotipo y por qué siente que, aunque “no encaja” en este mundo, el trabajo la salva

Con movimientos precisos -casi coreográficos- , una elegantísima Inés Estévez se desliza hacia un sofá de un distinguido hotel en la zona de Retiro, en Buenos Aires. Revuelve sin apuro un té,...

Con movimientos precisos -casi coreográficos- , una elegantísima Inés Estévez se desliza hacia un sofá de un distinguido hotel en la zona de Retiro, en Buenos Aires. Revuelve sin apuro un té, respira hondo y se dispone a conversar con LA NACION sobre su incorporación a la segunda temporada de En el barro, la pasión que le despierta la actuación y las reflexiones que le impulsa maternar a Cielo y Vida, sus dos hijas. “El trabajo me salva”, dispara a los pocos minutos de iniciar la entrevista.

—A lo largo de tu carrera exploraste una gran cantidad de personajes. ¿Qué es lo que te atrajo de aceptar un papel en En el Barro?

—Me enteré que se estaba haciendo esta serie y a mí me interesaba en principio salir del estereotipo de la mujer rubia fina. Tuve una charla con Pablo Culell en la que le recordé mi capacidad de transformación física y le dije que me gustaría poder mostrar esas otras facetas que mostré, por ejemplo, en Mujeres asesinas. Cuando tuve esta charla el elenco de las presas ya estaba armado, o sea, que no tenía mucha chance y pensé que no iba a participar de la serie, pero finalmente me llamaron para este personaje que me gustó mucho.

-Apareció un nuevo desafío...

-Me convoca la transformación, los personajes que no se parecen a mí. Ni en su aspecto físico, ni en su accionar, ni en su pensamiento. Lo que más me atrapa de la actuación es la posibilidad de convertirme en alguien que nunca seré. Cuanto más lejano a mí está el personaje, mayor es el desafío.

—Aunque sea un personaje muy lejano a lo que sos vos, siempre se encuentra algún hilo de conexión, ¿verdad?

—Los personajes pasan a través de uno y se tiñen de los colores de uno. Por eso hay tantos personajes como actores los encarnan. Un mismo personaje en teatro hecho por cuatro actores diferentes, va a tener el mismo pulso, el mismo ritmo, pero diferente melodía. De todas maneras, aunque esté en las antípodas, no sé, suponete que encarne a una asesina serial... Siempre cuando doy clases explico que es muy importante defender al personaje, creer en él, no juzgarlo como un espectador, sino incorporarlo, sentirse atravesado o atravesada por el personaje y comprenderlo. Entonces, lógicamente, aunque vos no te identifiques con el personaje lo más desafiante y lo más encantador de actuar es crear una emocionalidad que no tiene nada que ver con con la tuya.

—¿Qué es lo que más te costó a la hora de entregarte a un personaje?

—En general elijo trabajos que una actriz que está en mi frecuencia no elegiría, justamente porque me gusta romper con los prejuicios. Los prejuicios me parecen una limitación para un actor y para la experiencia del aprendizaje, del crecimiento. Sí, me ha pasado de no saber qué hacer.

—¿Por ejemplo?

—Cuando hice el personaje de Jimena Soria en Vulnerables. Había una situación determinada que atravesaba el personaje que yo no sabía bien qué hacer. Y pensé: ¿Qué haría yo? Tal cosa. Bueno, okay, voy a hacer lo opuesto. Trabajé por oposición.

—¿Y en qué cosa específica de ese personaje trabajaste por oposición?

—Uy, montones, montones... Cuando el personaje enfrenta a su madre no la podía hacer como yo lo hubiera hecho. Hubo muchas situaciones en donde, sobre todo frente a los quiebres emocionales y a la fragilidad a ciertas situaciones que tenía que afrontar que no partían de un espíritu y de una mente adulta.

—De alguna manera, aunque sea por oposición, el personaje te lleva a analizar tu propia historia...

—Exacto y eso es encantador, porque además te encontrás con secretos de un personaje sobre la marcha, no lo sabés de antemano. Te das cuenta mientras los estás transitando. Pero en general para mí actuar es lúdico. Entro y salgo de la ficción como quien entra y sale de una habitación. No quedo impregnada, no necesito mucha ceremonia para ingresar en ese mundo, es mi vía de escape, es mi momento de meditación. Mi conexión con la suspensión de la realidad de orden fáctico y mi conexión con esa fuerza que fluye y que todo lo rige. Para evadirte, para disfrutar, para todo eso lo tengo en la actuación. Me salva. Mi trabajo me salva.

—Qué frase...

—Sí, me salva completamente.

—¿De qué te salva?

—De la realidad, de la rispidez de la realidad, de todas las cosas de orden fáctico que hay que atender en la diaria, del dolor del mundo que me afecta mucho.

—¿Qué es lo que más te afecta del mundo en este momento?

—En este momento es imposible abstraerse de un embate sociopolítico deshumanizante. Es mundial y el país es un reflejo de lo que pasa en el mundo. Es algo que me afecta, soy altamente sensitiva, no solo de los padeceres, sino también de las alegrías. Esto que ahora llaman empatía, que es un término que me pone un poco nerviosa, ¿no? Viste que se ponen de moda términos. No se puede ser empático si no hay un conocimiento profundo del alma humana, de lo que puede llegar a estar atravesando otro ser humano. Es un tema sociocultural y socioeducativo. La educación en general está construida en base a la uniformidad. Entonces, no hay ningún respeto por la singularidad ni hablemos de destacarla como un valor. En ningún orden de cosas, porque no hablo solamente de la educación escolar: en los vínculos afectivos, en los vínculos intrafamiliares. No hay tolerancia hacia la diferencia.

—Vos eso lo vivís de cerca con tus dos hijas

—Desde que ellas están en mi vida, pero es algo que igualmente siempre tuve presente porque yo nunca sentí que encajara del todo. Disimulé, actué, pero nunca logré uniformarme, nunca logré sentirme del todo encastrada en esos patrones hegemónicos.

—¿En algún momento lo intentaste?

—Lo actúo, lo actúo permanentemente, pero en realidad me siento muy sola en el mundo. O sea, hay un lugar en donde mi singularidad fue para mí un castigo durante la infancia, la adolescencia, la juventud, porque no encajaba. Después fui descubriendo que podía utilizarlo como una virtud, pero de todas maneras la soledad se siente. Cuando vos no tenés gustos masivos, cuando vos no coincidís con una mirada masificadora cuando vos tenés discernimiento, pero no juzgás al prójimo, vivir entre un mundo en donde todo se juega por ahí, se vuelve un poquito rari.

—¿Te sentís más cómoda cuando interpretás un personaje?

—No, yo me siento muy cómoda siendo yo misma. Solo que bueno, esa comodidad en el ámbito social se ve bastante sesgada porque hay que encajar. En la intimidad me siento más cómoda. Actuar tiene que ver con la expresión creativa, y eso es algo que tengo a flor de piel desde que nací y que se fue plasmando con la literatura y después con la música y con la dirección teatral; hay una diversificación que me ayuda a estar en permanente contacto con la parte más genuina de mi espíritu, de mi alma.

—Tenés una historia de vida fuera de lo común: hubo un momento en el que llegaste a dormir en la calle y después te convertiste en una actriz muy reconocida...

—Tiene mucho de aventura, pero siempre persiguiendo la felicidad y nada de esto desde un lugar racional, es algo más del orden del instinto. Creo que el instinto es mucho más sabio que el raciocinio. La mente se equivoca, el instinto no. Si uno estuviera más conectado, si nos enseñaran, si nos inculcaran, si nos educaran para estar más en contacto con nuestra capacidad de escuchar nuestra intuición nos equivocaríamos el 50% de las veces que nos hemos equivocado.

—O nos mataríamos...

—No. No creo. Cuando está por llegar un tsunami, los animales se retiran del lugar un día antes. El instinto no tiene que ver con matar, al contrario. Lo que está generando guerras es la ambición. Es un razonamiento errado acerca de una subversión de valores, de qué es lo que vale. Lo que está generando el horror en el mundo es la codicia. Eso no tiene nada que ver con el instinto. Eso tiene que ver con la mente. Con creaciones mentales, con constructos mentales.

—Tu personaje en En el barro ocupa una posición de poder...

—El personaje está en el medio porque responde a poderes, y a la vez supone que ejerce el poder de la autoridad en un ámbito en donde hay también otros poderes. Es una cadena de poderes diversos que requiere de un delicado equilibrio. En realidad todos los personajes de la historia se someten a otros y tienen un cierto poder sobre otros. Es una cadena interminable de poderes. Entonces no considero que mi personaje sea el que tiene mayor poder, sino que integra esa cadena. Es más complejo y más interesante de actuar. La gente ve el poder como algo blanco o negro y en realidad es una red. En un punto el más poderoso de los poderosos necesita de los menos poderosos para existir. Y eso sucede también en este mismo mundo; el ámbito carcelario no escapa a ese croquis.

—¿Qué pensás de las cárceles? ¿Visitaste alguna para el proyecto?

—He ido a filmar, pero no por mi cuenta. Creo que son ámbitos contradictorios y no logrados. No se reinserta a nadie. Es muy difícil, es parte de este sistema del que hablábamos... La justicia del hombre es algo cuestionable, muy cuestionable porque la inventó el hombre, es falible como todo lo que inventó el ser humano. Es como la medicina alopática, ¿no? Se combate el síntoma y no se atacan las causas. Y así nos va.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/ines-estevez-su-deseo-de-escapar-del-estereotipo-y-por-que-siente-que-aunque-no-encaja-el-trabajo-la-nid23022026/

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