Generales Escuchar artículo

Ignacio Labaqui: “Karina Milei no es un activo electoral, pero es el monje negro de Milei, la eminencia gris”

“Karina Milei es la dueña de la construcción política; Milei es el activo electoral”, afirma. “Como político, Milei tiene algo inusual: cierto relativo desinterés por la rosca”, dice. ...

Ignacio Labaqui: “Karina Milei no es un activo electoral, pero es el monje negro de Milei, la eminencia gris”

“Karina Milei es la dueña de la construcción política; Milei es el activo electoral”, afirma. “Como político, Milei tiene algo inusual: cierto relativo desinterés por la rosca”, dice. ...

“Karina Milei es la dueña de la construcción política; Milei es el activo electoral”, afirma. “Como político, Milei tiene algo inusual: cierto relativo desinterés por la rosca”, dice. “En Karina, tal vez había voluntad de poder. Ahora, con la voluntad de poder sola y sin vocación de servicio hay un problema: se pierde de vista la mirada sobre lo público”, analiza. “Puede haber mucha gente que no tiene esa vocación de servicio, y en el caso de Karina Milei, quizás está muy convencida de las ideas de su hermano y entonces ella es como una suerte de apóstol que sabe su función”, profundiza.

“Encadenar tres años seguidos de inflación a la baja y de crecimiento no se da desde principio de los 90, en los primeros tres años del plan de convertibilidad. La duda es si eso va a terminar ocurriendo”, subraya. “Hay una mejoría respecto de la larga crisis que arrancó en abril de 2018 con Macri, se continuó con Alberto Fernández y se acentuó en sus últimos dos años de gobierno”, asegura. “El giro que le da Milei a la economía argentina tiene ganadores y perdedores. Se los puede distinguir por sectores y hasta geográficamente”, desarrolla. “Si el Gobierno tiene algún tipo de plan de contingencia para los sectores perdedores del modelo, no me queda del todo claro”, plantea.

“Hay Milei sin Trump como hubo Milei sin Trump porque durante un año Milei gobernó con un gobierno demócrata en Washington”, cree, pero sigue: “Sí creo que una derrota de Trump podría generar que mucha gente tenga dudas sobre si el año que viene, en medio de la campaña electoral, Milei podrá enfrentar una circunstancia similar a la del año pasado, si va a haber nuevamente un cheque de Bessent”. “La lección, la moraleja es clara: hay que acumular reservas. Algo que viene de la teoría de las relaciones internacionales. El mundo es un sistema de autoayuda. Hay que ayudarse a sí mismo”, explica. “Hay cuestiones que no veo tan bien, como el tema de las capacidades burocráticas”, alerta.

“Menem tenía cuadros de profesionales que le cambiaron la cara al país, y en algunos aspectos, para bien”, compara. “El kirchnerismo vivió de muchas de esas transformaciones”, agrega. “Con Menem, claramente había capacidad de ejecución; no era simplemente eliminar trabas y regulaciones, algo que Cavallo también hizo”, señala. “¿Cuántos corredores viales se licitaron en los últimos dos años? ¿Cuántas privatizaciones se hicieron? Yo asocio esas demoras con falta de capacidades burocráticas”, cuestiona. “Sin un Estado eficiente, sin inversión en infraestructura, es difícil pensar en desarrollo”, sostiene.

“El Banco Central de la República Argentina es un lugar de excelencia burocrática. Me animo a decir que también en el Ministerio de Economía. En la Cancillería también, aunque no hay mucho amor o sintonía con los profesionales de carrera. Eso está. No aprovecharlo es un error. Desmantelarlo, también”, insiste. “Es muy difícil que se pueda mejorar el PBI per cápita, la escolarización, la expectativa de vida, si no hay un Estado que haga cosas”, concluye.

El analista político Ignacio Labaqui, dueño de una mirada aguda sobre la política argentina, que también pone foco en la política internacional, estuvo en La Repregunta. Labaqui es analista senior en Medley Global Advisors, una consultora de análisis de riesgo y políticas monetarias, fiscales y comerciales orientadas a inversores financieros. Es profesor en la Universidad Católica (UCA) y en la maestría de Estudios Internacionales de la Ucema. Tiene una maestría en Sociología por la London School of Economics y es licenciado en Ciencia Política por la UCA

¿Estamos mal, pero vamos bien? Poder mileísta, ¿un dispositivo atípico? ¿Milei al gobierno, Karina al poder? ¿Cuál es el modelo de la Argentina mileísta? Matriz productiva y los riesgos de la Argentina dual. Argentina vs. Perú, los límites de esa comparación. Estado mileísta, ¿ineficiente? Estado menemista, ¿eficiente? Capacidades burocráticas y cuadros técnicos, ¿una limitación mileísta? ¿Hay Milei sin Trump? ¿Hay futuro para Cristina Kirchner y Macri? Labaqui hizo su análisis. Aquí, la entrevista completa.

La Argentina de Milei: ¿balance más positivo que negativo?

-Primera cuestión: en esta Argentina de Milei, a la hora de hacer un balance que incluya la economía y la política, ¿diría que estamos mal, pero vamos bien?

-En términos de inflación, si uno compara con lo que fue el gobierno de Alberto Fernández y con el final del gobierno de Macri, la Argentina está mejor. Es una película: falta ver el final. Pero supongamos que llegamos al final del mandato de Milei con la inflación bajando ligeramente y con la economía creciendo por tercer año consecutivo en 2027: encadenar tres años seguidos de inflación a la baja, no importa cuánto, y de crecimiento es algo que no se da desde principio de los 90, en los primeros tres años del plan de convertibilidad. La duda es si eso va a terminar ocurriendo. Entonces, en algunas cosas es evidente que hay una mejoría respecto de lo que fue la larga crisis que arrancó en abril de 2018, en el final del gobierno de Cambiemos y que, con sus más o menos, se continuó durante el gobierno de Alberto Fernández y se acentuó en los últimos dos años de ese Gobierno. Ahora, es evidente que el giro que le da Milei a la economía argentina tiene ganadores y perdedores. Se los puede distinguir por sectores y hasta geográficamente. Eso es real, es evidente. Si el Gobierno tiene algún tipo de plan de contingencia para los sectores perdedores del modelo, a mí no me queda del todo claro. Entonces, económicamente hay algo que está mejor. La macro es algo más sana que lo que tuvimos desde 2011 en adelante, incluso un poquito antes de 2011. Desde 2011 hasta 2024, la Argentina estuvo estancada. El empleo formal muestra la misma cantidad de personas empleadas, no hablamos de porcentaje de la población económicamente activa. La cantidad de personas que tiene un salario formal es la misma en 2011 que quince años después. Hay un ciclo de estancamiento. La duda es si se va a salir de eso. Entonces, en algunas cosas es evidente que hay algo mejor: ir hacia una inflación más baja, tener equilibrio fiscal, quitar ciertas regulaciones que complican todo. Ese es el costado positivo. Después, hay unas cuestiones que no sé si las veo tan bien, como el tema de las capacidades burocráticas.

-Lo que me resulta curioso es que, a la hora de hacer un balance sobre el Gobierno, tenga en cuenta logros y deudas económicas, y deudas y logros políticos, un analista político como usted, aunque usted también se enfoca en la macro, pone el acento en el tema macroeconómico. ¿La estabilización macroeconómica, aunque todavía en construcción porque tiene que demostrar si se puede sostener, es el mayor logro político del Gobierno?

-Sí, sin duda. Agregaría un segundo logro político. Milei asumió en 2023 después de sacar un 30% de los votos en la primera vuelta: se puede decir que era un mandato relativamente débil. Luego ganó cómodamente la segunda vuelta con lo que yo llamo “la coalición de los anticasta”, pero con una representación muy baja en el Congreso, sin ningún gobernador, sin ningún intendente, con el 10% del Senado y el 15% de la Cámara de Diputados. Eso supone un desafío tremendo en términos de gobernabilidad. En otros países, ese desafío se conjura creando un gobierno de coalición, algo que Milei nunca iba a hacer porque está totalmente en contra de su narrativa, de su estrategia, de lo que quería hacer. Y la verdad es que a pesar de la herencia bastante pesada que recibió, tuvo bastante más gobernabilidad de lo que muchos podríamos haber esperado. Tuvo muchos aciertos, aunque tuvo bastantes errores. 2025 fue más complicado, lógicamente, porque era un año electoral. Ahí se notaron las dificultades en término gobernabilidad, particularmente en el Congreso, donde Milei no tenía escudo legislativo. Haber podido aprobar la Ley Bases en el primer año de gestión, haber podido sostener algunos vetos en ese momento, eso es un logro importante de Milei. O que no se le descontrolara la calle, lo que ha sido históricamente el karma de los gobiernos no peronistas. Yo lo sumo a los activos de Milei, a sus logros. Haber podido avanzar con un ajuste tan fuerte sin tener protestas masivas. A Alfonsín, que fue algo mucho más tenue que cualquier cosa que hizo Menem, por ejemplo, le hicieron trece paros generales. En el caso de Macri, por mucho menos, ya sabemos lo que pasó. Normalmente, la lógica era que los gobiernos peronistas, cuando ajustaban, no tenían resistencia del mundo obrero o de los sectores populares. Bueno, Milei fue capaz de desarticular la calle.

Milei-Karina Milei, ¿un giro copernicano en la manera de hacer política?

-Quiero detenerme en ese punto que está señalado, que me parece muy interesante: cómo Milei está pudiendo hacer cosas que otros gobiernos no peronistas no pudieron hacer. Por un lado, hay una confluencia entre Milei y el agotamiento total de una época política: el kirchnerismo ya no tiene poder de movilización en la calle. Milei está gozando de esa oportunidad histórica. Ahora, hay algo específico de la construcción de poder de Milei, esta idea de que Milei tiene una voluntad política voraz y muy feroz. Pero también está la figura de Karina Milei, con una voluntad de poder también importante. ¿Qué ve usted en esta conformación política, en el modo en que hace política y concibe el poder la dupla Milei-Karina Milei y los distintos triángulos de hierro que se arman dentro de ese círculo? ¿Qué ve de específico, de interesante?

-Milei es un líder muy personalista. En cualquier manual de ciencia política, a Milei le cuadraría la definición de populismo por más que hay muchas definiciones de populismo, incluso entre los politólogos. Pero yo creo que le calzaría perfecto.

-¿Es tan populista como Cristina Kirchner?

-En términos de los modos, sí. Mucha gente se queda con la noción económica del populismo que viene de un libro de Rudi Dornbusch y Sebastián Edwards, que lo asocia a una política fuertemente distributiva, fiscalmente expansiva, insostenible. Pero la verdad es que ese tipo de políticas económicas son compatibles con muy distinto tipo de líderes. El maridaje entre populismo político y economía de mercado no tiene nada de novedoso. Se podría asociar a Menem con eso. Fujimori en su momento, en los 90, también. Y hay otros casos, como Bucaram, por ejemplo, en Ecuador en los 90. En los modos, hay alguna cierta similitud. La mala relación con la prensa, por ejemplo. Veo cierto desprecio por lo institucional, haber querido avanzar sobre la Corte. A los que les preocupan los modos hasta le pusieron un apodo: “ñoños los republicanos”. Ahí veo cierta similitud. En relación al discurso, algo típico del liderazgo populista es el discurso de la casta: de un lado estamos “las personas de bien”, del otro lado está la casta. Eso está no solamente en Milei; se puede ver también en López Obrador, en México, que ponía a todos en una misma bolsa. Hablaba de la corrupción del PRIAN, el PRI, el PAN, la corrupción. Lo mismo se ve en Chávez, en Bolsonaro. No distingue derecha de izquierda. Milei entra en ese tipo de liderazgo. Ahora, tiene algo inusual: cierto relativo desinterés por la rosca. A veces eso tiene consecuencias. No lo conocí a Kirchner personalmente, pero me lo imagino como una persona que estaba mirando quién era hasta el último concejal del último pueblo perdido de la Argentina.

-O Menem, que era así.

-Hacen lo mismo. Podría decir lo mismo de Menem y de alguien no populista como De la Rúa: políticos tradicionales. No lo veo a Milei en ese tipo de cuestiones, chequeando quién está en la lista, qué hizo antes. Cuando se votó la ley del matrimonio igualitario, una diputada mendocina peronista votó en contra. Era del riñón de Kirchner. Por ese voto, quedó excluida y creo que ya no se dedica a la política. Era una figura principal del bloque, pero le hicieron la cruz, literalmente, los Kirchner. Milei no hace eso de fijarse específicamente en cada uno.

-Eso lo hace Karina Milei.

-Karina se ocupa más de la construcción política junto con los Menem.

Milei-Karina Milei, ¿visión de país más voluntad de poder?

-¿Hay algo de esta división de tareas: Milei es el que tiene la visión de país; Karina es la dueña de la visión de poder?

-Sí, Karina dueña de la construcción política.

-¿Cuando dice construcción política es en relación de poder, construcción de poder? El armado.

-Sí, totalmente: el armado. Y también hay un hecho: Milei es la figura que, por ahora, concita voluntades, que genera apoyo. Es el que gana elecciones.

-Es el activo.

-Desde el punto de vista electoral, es el activo libertario. Pero me cuesta pensar que Karina Milei sea un activo en términos electorales. Se parece más a la figura del monje negro, la eminencia gris. En algún punto, debe haber chocado ahí con la otra figura del triángulo de hierro, que ya no existe, Santiago Caputo.

-Para alguien que conoce la curva larga de la política argentina como politólogo, ¿qué significa que una figura como Karina Milei, con un cursus honorum tan particular, una persona común que se dedicaba a la repostería, que aparecía en programas de concursos en televisión, haya llegado hasta la Secretaría General de la Presidencia y tenga ese nivel de influencia porque no es una figura técnica: representa el lado B del poder de Milei. ¿Qué significa en términos de lo que ha pasado en la Argentina en el campo político?

-Habla de cierto cansancio de la política tradicional. Es cierto que ella no es una funcionaria que llega por medio del voto, sino que llega a través de su hermano. Tampoco es que para dedicarse a la política, aunque es mejor si estás formado, haya que ser politólogo como el gobernador de Mendoza, Cornejo, o abogado o médico o lo que fuere, ni que haya que ir a un curso de liderazgo.

-Pero sí tener un interés por la política. No había interés por eso, no había militancia ni pertenencia, no era parte de una conversación política en su vida cotidiana.

-Probablemente, pero tal vez había voluntad de poder. Con la vocación de servicio sola no vamos ni a la esquina. Me parece muy bueno que haya gente con vocación de servicio, pero con vocación de servicio sola no alcanza. En ese caso, en mis clases me gustaba decir un chiste: armá una ONG. Pero en realidad, aún en ese caso, si tenés una ONG, tenés que tener cierta vocación de poder: tener ganas de influir sobre la agenda pública. Ahora, con la voluntad de poder sola y sin vocación de servicio hay un problema: se pierde de vista la mirada sobre lo público. Pero puede haber mucha gente que no tiene esa vocación de servicio, y en el caso de Karina Milei, quizás está muy convencida de las ideas de su hermano y entonces ella es como una suerte de apóstol que sabe su función. Pero a esa vocación de poder no te la enseñan en ningún lugar. O la tenés o la desarrollás. Me refiero a cierto olfato. El año pasado, año de elecciones legislativas, había un ala del Gobierno que decía: pactemos con los que nos apoyaron en el Congreso para no tener problemas. Y otra que decía: no, construyamos un partido propio para no depender más de esos aliados que pueden cambiar.

-Un ala era Caputo, que planteaba alianzas con los gobernadores....

-La otra era Karina y los Menem: una apuesta de alto riesgo. Como decía Virgilio: la fortuna sonríe a los audaces. Fue un grado de audacia e implicó muchos problemas en el Congreso casi hasta dos semanas antes de las elecciones legislativas. Pero la apuesta pagó.

Perú, ¿espejo para la Argentina, o mejor no? Macro estable, incertidumbre política, commodities e informalidad

-Me interesa el lugar de la Argentina de Milei en la región. Usted nombró a Fujimori y al Perú de Fujimori: populismo con libre mercado. Se suele mencionar el proceso de Perú, con una macroeconomía superestable, con Julio Velarde en el Banco Central desde hace dieciséis años o más…

-Ya lleva veinte años.

-Pero, al mismo tiempo, con presidentes que se suicidan, renuncian, van presos uno tras otro. ¿Cuán lejos o cuán cerca está la Argentina de un proceso como ése?

-Tendremos que tener un deterioro sostenido de la representación partidaria.

-Y hay otro dato de ese Perú, la altísima informalidad en torno al 70%. En la Argentina, también hay una informalidad que crece.

-Sí. En Perú el 75% de la población laboral en la informalidad es algo histórico. Me acuerdo haber tenido que ir a trabajar a Perú en 2011 y ese indicador ya estaba en ese nivel.

-Bajó de 80% a 75%.

-Pero hay que marcar una distinción con Fujimori: Fujimori dio un autogolpe de Estado. Cerró el Congreso, gobernó de manera muy autoritaria durante ocho años y levantó de una manera bastante turbia la traba para ir por un tercer mandato, cosa que después fue copiada por populistas de izquierda y de derecha en la región.

-En el origen, Milei no tiene nada que ver con Fujimori.

-En eso, no tiene nada que ver con Milei. Fujimori hizo una reforma de la Constitución que explica buena parte de este combo de volatilidad política y estabilidad económica.

-¿Cómo lo explica?

-Porque la autonomía del Banco Central está incrustada en la Constitución, en un capítulo económico de la Constitución. Y reformar la Constitución es muy difícil: el Congreso de Perú es muy fragmentado. Perú va a tener elecciones en breve, el 12 del mes que viene. Ahora hay un mito con lo del Perú que hay que desterrar: se dice que la economía anda bien y que la política anda mal, pero que la política no perjudica la economía. Cuidado con eso porque, sobre todo los últimos diez años, los años de mayor inestabilidad política… Cambian de presidente cada dos meses. Si los enumero, son unos cuantos: Kuczynski, Vizcarra, Merino, que duró una semana, Sagasti que terminó el mandato de Kuczynski, Pedro Castillo, Dina Boluarte, José Jerí y el actual, Balcázar. Ocho presidentes en diez años. Creer que eso no daña la economía es no mirar bien. No me gustaría que la Argentina se pareciera en eso a Perú. Cada tanto tenemos esta cuestión de la comparación, el temor a ser Venezuela, la esperanza de ser Perú, o el temor a ser Perú. En relación a Perú, me gustaría tener quince o veinte años seguidos de crecimiento.

-Y de baja inflación.

-Preferiría evitar la informalidad del 75%. Con un sistema de partidos como el de Perú, desafío a cualquiera a leer las noticias políticas de Perú: es una invitación al aburrimiento. Todas las semanas hay algún escándalo, algún video que se filtra. Comparando los debates legislativos, nuestro Parlamento queda como Westminster. Viendo la política peruana, espero que no nos parezcamos a eso.

-¿Con los cimientos que se están tratando de construir hoy, a qué país la Argentina podría apuntar a parecerse en la región, al menos?

-Me cuesta pensar en términos de aspiración. Es difícil que la Argentina sea parecida a Chile, que es un país unitario, que exporta sobre todo metales y pesca, pura materia prima, y que importa buena parte de lo que consume. Uruguay es muy pequeño.

La Argentina deseada, ¿en el pasado? ¿Qué pasado? Años 60 y movilidad ascendente

-¿Brasil tiene algún lugar en esas referencias posibles?

-Es un país aparte, con un sistema de partidos caótico. La aspiración sería no parecernos a lo que fuimos los últimos cincuenta años.

-No parecernos a nosotros mismos.

-No parecernos a nosotros mismos desde el Rodrigazo hasta el final de Alberto Fernández.

-¿Y cuál es la Argentina soñada del pasado que puede llevar a un futuro? ¿Hay una Argentina del pasado que puede dar algunas pautas de cómo ser?

-Tratar de volver a ser como la Argentina entre 1880 y 1930 no tiene nada que ver. Si uno lee a Alberdi, sobre todo, no era alguien que no mirara la realidad sobre la cual operaba. No tiene sentido pretender volver a esa etapa: era otro mundo donde la principal potencia era Gran Bretaña, donde se practicaba el libre comercio, había patrón oro, había muy poca población alfabetizada. Se requería traer inmigración para instaurar los hábitos laboriosos de la población europea, algo que no le salió tan bien a Alberdi porque no vinieron los que él quería, donde Sarmiento decía educar al soberano. Volver a 1880 no tiene el más mínimo sentido. Muy poca gente participa de la vida política. Está la Ley Sáenz Peña, las organizaciones obreras… Cambió mucho la Argentina desde entonces. Yo me quedaría con algunas cosas de la década de los 60 como la cuestión de la movilidad ascendente. Paradójicamente, en los 60 está toda esta percepción de que está todo muy mal. No estaba tan mal y, al mismo tiempo, había una tremenda inestabilidad política. Pero me quedo con eso: volver a algún momento en que había movilidad social ascendente.

-Ahora, hay un tema: esa década tiene golpes militares y, al mismo tiempo, una clase media que se va consolidando y una movilidad social ascendente a partir de una estructura industrial basada, en buena parte, en la famosa sustitución de importaciones, algo que el debate argentino actual plantea como negativo en el largo plazo, que termina repercutiendo en este presente. ¿Cómo se arma una Argentina de movilidad social ascendente, de clase media, cada vez más vigorosa, con la matriz productiva que se está organizando y que divide al país en un eje vertical y deja a provincias mineras y petroleras con posibilidades mucho más contundentes que el conurbano industrial en decadencia? ¿Cómo se llega a ese país soñado de los 60 en el día de hoy?

-Con algún tipo de estrategia de desarrollo que involucre algún grado o idea de inserción internacional inteligente y con algún plan para pensar esto: tenemos claro que hay sectores que son netamente ganadores, pero qué hacemos con el resto. Porque si no, se va a esto que decían los teóricos de la dependencia: la sociedad dual, con unos plenamente integrados a la economía internacional y viven mejor que el resto y el resto. Alguien tiene que pensar. Ya que hablamos de Perú: hay que mirar lo bueno de Perú, la estabilidad económica, pero también hay que mirar lo otro. Perú tiene unas poquitas islas, en términos burocráticos, de personal capacitado: el Banco Central, hasta cierto punto el Ministerio de Economía y Finanzas, y no vayamos mucho más allá. Tiene problemas bastante serios en términos de infraestructura, con regiones que viven en permanente descontento. Con cada elección en Perú, como la que va a haber dentro de poquito, aparece en el establishment económico el temor al candidato disruptivo. ¿Y de dónde sale siempre el candidato disruptivo? Del sur, la zona más atrasada, más desatendida. Eso tiene algún tipo de impacto económico. Tener un país sin capacidades burocráticas, que no piensa en términos de infraestructura, que piensa que no invertir en rutas va a ser gratis… es muy naif.

-¿Y el modelo de participación público privada que alienta el Gobierno?

-El gobierno de Macri también lo alentó. Sin un Estado eficiente, sin capacidades burocráticas, sin inversión en infraestructura, parece difícil pensar en desarrollo.

Estado mileísta, ¿ineficiente? Estado menemista, ¿Estado pequeño con eficiencia?

-Usted plantea el tema de las capacidades burocráticas. ¿Es posible una política de desarrollo inteligente implementada también de manera inteligente con tan bajas capacidades burocráticas? Porque la respuesta de, por ejemplo, el secretario de Coordinación de Producción, Pablo Lavigne, es que el Estado argentino carece de esas capacidades, que la única política de desarrollo posible es la no política de desarrollo, es decir, concentrarse en la macroeconomía y en los incentivos que genera.

-Lo de Lavigne apuntaba más un debate sobre si la Argentina necesita política industrial o no, no habló de tener funcionarios que ejecuten.

-¿Cuando usted dice “desarrollo” no está pensando en política industrial?

-No. Pienso en desarrollo, en mejorar las condiciones de vida de la población. Tomemos el Índice de Desarrollo Humano (IDH). Es muy difícil que se pueda mejorar el PBI per cápita, la escolarización, la expectativa de vida, los componentes del Índice de Desarrollo Humano (IDH), que es el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), si no hay un Estado que haga cosas. No estoy hablando del Estado presente de los kirchneristas, que era un mito. Milei lo tiene como modelo a Menem. Menem tenía, por un lado, el apoyo del PJ en el Congreso y por otro lado, tenía cuadros de profesionales, como los de la Fundación Mediterránea, que fueron los que hicieron esas transformaciones. Algunas pueden gustar más o menos, pero no se puede negar que le cambiaron la cara al país en muchos aspectos y en algunos aspectos, para bien. En la primera década de este siglo, en buena medida, el kirchnerismo vivió de muchas de esas transformaciones. Por ejemplo, en el área energética.

-Y después las desarmó.

-Sí, totalmente, pero vivió de eso, de la inversión en materia de infraestructura vial, por ejemplo. Claramente había capacidad de ejecución; no era simplemente eliminar trabas, eliminar regulaciones. Cavallo hizo esas cosas, por ejemplo, con el famoso Decreto 284/91 que hizo con Pablo Rojo. Pero también había capacidad de ejecución, capacidad de llevar adelante privatizaciones, licitaciones. Pongo un ejemplo para pensar el tema de las capacidades burocráticas: ¿cuántos autos circulan con patente provisoria? Es un ejemplo muy chiquito, fue un problema puntual, puede responderme cualquier funcionario. Bien, ¿pero cuántos corredores viales se licitaron en dos años? ¿Cuántas privatizaciones se hicieron con la Ley Bases ya aprobada, es decir, de las que están habilitadas? Yo asocio esas demoras con falta de capacidades burocráticas.

Cuadros técnicos, ¿el gran problema del Estado mileísta? ¿Por qué se demoran las privatizaciones?

-Yo pensaba desarrollo como desarrollo industrial y usted está pensando desarrollo en áreas estratégicas, en cuestiones estratégicas.

-Se necesitan funcionarios para llevar adelante políticas públicas. Si todos los funcionarios son diez o quince, que son los que tienen a cargo llevar adelante cualquier tipo de política pública, se vuelve cuesta arriba. En el Banco Central de la República Argentina, es un lugar de excelencia burocrática. Me animo a decir que también en el Ministerio de Economía. En la Cancillería también, aunque no hay mucho amor o sintonía con los profesionales de carrera. Eso está. No aprovecharlo es un error.

-Le juega en contra al Gobierno.

-Desmantelarlo también es un error porque si no, al final, el Gobierno termina dependiendo de tres o cuatro tipos. Mencionamos el caso de Perú y la institucionalidad en Perú: el Banco Central de Reserva del Perú tiene increíbles cuadros burocráticos. Pero si todo depende de que Julio Velarde esté ahí…

-Velarde tendría que seguir viviendo hasta los cien años.

-Tiene 73 años. El próximo presidente peruano puede decidir que lo nomina o no. Un grado de madurez institucional es que cuando se van las personas, la institución sigue. Si no, la institución es la persona y en ese caso, es como dijo Perón cuando le preguntaron sobre la reelección, aunque después cambió de opinión: “si la suerte del Movimiento, de la República dependiera de una sola persona, sería muy riesgoso”.

¿Hay Milei sin Trump?

-Hablando de personalismos, hay una alineación completa entre Milei y Trump y hay una ayuda concreta de Trump que quedó clara el año pasado, con el rescate de Bessent. Este año va a haber elecciones en Estados Unidos. Las encuestas le dan muy mal a Trump. ¿Hay Milei sin Trump?

-Hay Milei sin Trump como hubo Milei sin Trump porque durante un año, Milei gobernó con un gobierno demócrata en Washington. Milei dijo: mi alineamiento es con Estados Unidos independientemente si hay un republicano o un demócrata en la Casa Blanca. Trump fue de mucha ayuda en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, sobre todo con el perfil de desembolso, con concentrar los desembolsos del programa del Fondo en el primer año de gobierno. Le hizo fácil las revisiones del FMI. Y desde ya, el hecho inédito de la intervención del Tesoro norteamericano en el mercado de cambios en la Argentina el año pasado. No creo que eso le haya hecho ganar la elección a Milei, lo aclaro. Sí le evitó al equipo económico tener una disyuntiva muy difícil: enfrentar la decisión de sangrar reservas para frenar el tipo de cambio, levanto el techo de la banda y que el dólar vaya donde dios quiera o reintroducir controles. Eso fue lo que lo que hizo la intervención de Bessent. Además, en ese momento, había ciertos rumores “destituyentes”. Algunos salieron publicados en los medios, o sea, gente con mucha irresponsabilidad hablando de Asamblea Legislativa. El mensaje de EE.UU. fue claro: nuestro compromiso es con Milei, no con quien esté ocupando la Casa Rosada. Sí creo que una derrota de Trump podría generar que mucha gente tenga dudas sobre si el año que viene, en medio de la campaña electoral, Milei podrá enfrentar una circunstancia similar a la del año pasado, si va a haber nuevamente un cheque de Bessent. La lección, la moraleja es clara: hay que acumular reservas. Algo que viene de la teoría de las relaciones internacionales. El mundo es un sistema de autoayuda. Hay que ayudarse a sí mismo.

Ping-pong. Kicillof, Cristina Kirchner, Macri, ¿más pasado que futuro?

-Para cerrar, le propongo un ping-pong, preguntas muy concretas y respuestas muy concretas. Kicillof, ¿lo mejor y lo peor de su visión?

-De su visión yo no comparto nada. Lo mejor es que es una figura nueva en el peronismo, por más que ya está hace bastante en política. Y que no pesan sobre él sospechas sobre su honestidad.

-¿Mauricio Macri es más pasado que presente y futuro?

-Es definitivamente pasado. Entre el gobierno de Alberto Fernández y la elección de Milei, jubilaron a buena parte de la dirigencia política anterior.

-¿Cristina Kirchner es más pasado que futuro?

-Un pasado que se resiste a morir. No ella, a quien le deseo la mejor salud.

-Se refiere a su legado.

-Encaja perfectamente con la definición de Gramsci sobre crisis aplicado al peronismo: lo viejo no termina de morir, lo nuevo no termina de nacer.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/ignacio-labaqui-karina-milei-no-es-un-activo-electoral-pero-es-el-monje-negro-de-milei-la-eminencia-nid05042026/

Volver arriba