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Hipertensión arterial: la primera causa de muerte prematura en el mundo

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Hipertensión arterial: la primera causa de muerte prematura en el mundo

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La hipertensión arterial sigue siendo la primera causa de muerte prematura en el mundo. El lema de este año, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, es: “Controlemos juntos a la hipertensión arterial: controle su presión regularmente, derrotemos al asesino silencioso”.

A pesar de las campañas que se despliegan anualmente en todo el planeta para concientizar acerca del riesgo que representa este flagelo para la salud, la prevalencia de esta enfermedad se ha ido incrementando lentamente a lo largo de los años, especialmente en países de ingresos medios y bajos.

El término “concientizar” alude a que una persona adquiera un conocimiento pleno y asuma la responsabilidad sobre una situación determinada, modificando hábitos o conductas gracias a esa información específica. Sin embargo, esto no parecería estar sucediendo en el caso de la hipertensión arterial.

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En la Argentina, de acuerdo con información suministrada por la Sociedad Argentina de Cardiología, existen 12 millones de hipertensos: cuatro de cada 10 adultos mayores de 18 años padecen esta enfermedad.

Según la Cuarta Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, en la población mayor de 65 años la prevalencia es aún más elevada, cercana al 60%, lo que sin duda magnifica el daño sobre la salud de este grupo etario, ya de por sí vulnerable.

Por otra parte, la realidad es aún más preocupante: las encuestas muestran que más del 40% de las personas desconocen su enfermedad, la cual está asociada a patologías cardiovasculares graves, como la enfermedad coronaria, el accidente cerebrovascular (ACV) y la insuficiencia cardíaca, además de otras no menos invalidantes, como la insuficiencia renal crónica, la retinopatía y la demencia.

Frente a estos últimos datos, surge una pregunta inevitable: ¿es posible revertir esta problemática? ¿Cómo es posible que cuatro a cinco de cada 10 personas desconozcan que están en alto riesgo?

¿Podemos concientizar en forma efectiva a la población acerca de la importancia de conocer nuestros valores de presión arterial, si enfrente tenemos una patología que, en la gran mayoría de los casos, es completamente asintomática?

La respuesta optimista es que sí, es posible. Pero resulta imprescindible contar con una estrategia que actúe sobre distintos niveles.

El primero debería ser una gran campaña de detección masiva de los niveles de presión arterial de la población. Cada vez que una persona concurra a cualquier efector de salud —farmacia, laboratorio, consultorio odontológico o guardia médica— debería medirse la presión arterial. Esto incluso podría ampliarse a ámbitos “no médicos”, como centros de jubilados, empresas o eventos deportivos.

El segundo pilar es la alfabetización en salud cardiovascular y en la correcta toma de la presión arterial desde edades tempranas. Las escuelas, las campañas estatales y una comunicación médica de calidad en redes sociales pueden desempeñar un rol clave para explicar la importancia de conocer cuáles son los valores normales de presión arterial según la edad.

La tercera pata de esta mesa es, sin duda, el rediseño de la consulta médica. Debemos abandonar el paradigma del especialista centrado únicamente en el órgano o sistema por el cual el paciente consulta. Un oftalmólogo o un traumatólogo, por citar algunos ejemplos, deberían medir la presión arterial de manera rutinaria durante la consulta.

Por último, y no menos importante, es fundamental empoderar al paciente mediante el acceso a la tecnología. Esto incluye desde tensiómetros automáticos de bajo costo para uso domiciliario hasta, en un futuro no muy lejano, relojes inteligentes capaces de detectar valores alterados de presión arterial fuera del consultorio médico.

El camino para lograr un cambio es, sin duda, largo. La evidencia demuestra que, muchas veces, una sociedad tarda años en tomar verdadera conciencia sobre un problema de salud. Basta mirar lo sucedido con el tabaquismo y su relación con el cáncer de pulmón, o la adopción masiva del cinturón de seguridad para prevenir muertes en accidentes viales.

Existe además un ejemplo paradigmático en la historia de la medicina.

En 1847, el médico húngaro Ignaz Semmelweis observó que las mujeres que daban a luz en una de las salas de maternidad de su hospital morían por infecciones a una tasa cinco veces mayor que aquellas atendidas por parteras. La diferencia era que los médicos venían, en muchos casos, directamente de realizar autopsias. Semmelweis propuso entonces que se lavaran las manos antes de asistir cada parto. Como consecuencia, la mortalidad cayó del 18% al 1%.

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Sin embargo, la comunidad médica de la época lo ridiculizó. Resultaba inaceptable admitir que un médico pudiera ser responsable de la muerte de sus pacientes. Décadas más tarde, Louis Pasteur y la teoría de los gérmenes terminarían reivindicando su trabajo. La humanidad tardó más de 50 años en aceptar la importancia de lavarse las manos.

En el caso de la hipertensión arterial, el enemigo está claramente identificado y sabemos cómo prevenir sus complicaciones y tratarla eficazmente.

Hábitos saludables como una alimentación basada en alimentos reales y no ultraprocesados, la actividad física regular, evitar el tabaco y reducir el consumo de alcohol y sal constituyen el primer gran paso hacia una reducción significativa del riesgo cardiovascular. Si además evitamos el sobrepeso, completamos un círculo virtuoso.

Hoy también contamos con tratamientos eficaces que permiten a las personas con hipertensión llevar una vida plena y con buena calidad de vida.

Pero el primer paso sigue siendo el mismo: diagnosticarla a tiempo para poder combatirla eficazmente. A no esperar otros 50 años para decidirnos a cambiar. El futuro empieza hoy.

*El autor es cardiólogo, especialista en gerociencia, miembro titular de la Sociedad Argentina de Cardiología (MN 74.002)

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/salud/vida_sana/hipertension-arterial-la-primera-causa-de-muerte-prematura-en-el-mundo-nid18052026/

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