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Heffer y Milet: dos fotógrafos en las fronteras de la Araucanía

Un grupo de mujeres, hombres y niños posan frente a una vivienda de madera. El encuadre general los enmarca destacando en el centro un hombre sentado que equilibra y divide el espacio fotográfico...

Heffer y Milet: dos fotógrafos en las fronteras de la Araucanía

Un grupo de mujeres, hombres y niños posan frente a una vivienda de madera. El encuadre general los enmarca destacando en el centro un hombre sentado que equilibra y divide el espacio fotográfico...

Un grupo de mujeres, hombres y niños posan frente a una vivienda de madera. El encuadre general los enmarca destacando en el centro un hombre sentado que equilibra y divide el espacio fotográfico. Viste makuñ, chiripá y botas, indumentaria propia y distintiva del mundo mapuche. De alguna manera esta imagen, más que un registro en modalidad “retrato” pareciera evocar en nuestros imaginarios, aquellos tiempos antes de la ocupación del Estado chileno de los territorios de este pueblo, en la segunda mitad del siglo XIX, cuando eran dueños y señores de sus destinos.

Son las estéticas visuales que prevalecen en el amplio corpus fotográfico que registra a este pueblo como habitantes de las zonas del sur de Chile y Argentina, muchas veces nombrada genéricamente como Patagonia y hoy también conocido como wallmapu. Gran parte de las fotografías mapuche realizadas por diversos autores después de mediados del siglo XIX y XX se alejan notoriamente –aunque a veces se superponen– de otras representaciones producidas por pintores, grabadores y en ocasiones por viajeros, sobre todo del XVIII y XIX, en las zonas de frontera.

Muchos de los dibujos y óleos del pintor y viajero alemán Mauricio Rugendas o el emblemático cuadro de Ángel del Valle, “La vuelta del malón”, exhibido por primera vez en Buenos Aires en 1892 y que muestra un grupo de jinetes llevando una cautiva, instalaron la imagen del mapuche guerrero como parte de los enfrentamientos y las violencias de los habitantes originarios de Patagonia y del sur de Chile.

Las visualidades construidas por los fotógrafos que viajan o viven en estos territorios llegan para instalar otras miradas, otros imaginarios y otras historias en la Patagonia.

Junto con la llegada del Estado con sus instituciones y sus procesos supuestamente civilizatorios a partir de 1860, también arribaron cantidad de colonos chilenos y europeos, misioneros, comerciantes y, por supuesto, fotógrafos. Como profesionales de la imagen se instalaron con sus estudios en los diversos pueblos que se fueron estableciendo. A estos fotógrafos tempranos se sumaron también los fotógrafos itinerantes, que viajaban de Santiago y Valparaíso para hacer tomas de paisajes, ciudades y del pueblo mapuche.

Traiguén es una de las ciudades de frontera que acoge a dos de estos fotógrafos tempranos. Se establece primero como Fortín Traiguén, en 1878, bajo el mando del General Gregorio Urrutia como parte de la campaña militar para la ocupación de La Araucanía. En 1879, llega el telégrafo y a partir de 1883 se instalan numerosas familias de colonos europeos, principalmente suizos, franceses y alemanes.

Las tensiones de estos nuevos procesos de colonización tienen una dramática expresión el 27 de enero de 1881, cuando se produce el llamado Asalto a Traiguén donde más de un millar de guerreros mapuche se rebelan, levantamiento que finalmente es derrotado, consolidando la ocupación de estos territorios.

En 1889 arriba el ferrocarril hecho que impulsa el crecimiento de Traiguén convirtiendo la ciudad en un importante centro agrícola y comercial por el cultivo de grandes extensiones de trigo y otros cereales, lo que le vale el apodo del “granero de Chile”.

Este es el convulsionado panorama de frontera que encuentra Obder Heffer Bissett como fotógrafo itinerante cuando desciende del tren. De origen canadiense, pero establecido en Chile desde 1886, llega después de un dificultoso viaje desde la capital, ya que en esa época todavía los equipos son pesados y los revelados dificultosos. A pesar de ello, se traslada a las afueras de la ciudad. Quiere hacer tomas de los mapuche como pueblo originario. Piensa incluirlas en sus álbumes de vistas y paisajes de Chile que busca publicar para dar una visión panorámica de estas regiones recién incorporadas al Estado nacional.

Apegado a las rigurosas estéticas del retrato de estudio, visita los alrededores de la ciudad buscando capturar a los mapuche en su cotidianeidad. Utiliza los muros de casas, galpones y de las ruka como telones para enmarcar a numerosos hombres, mujeres y niños acompañados de artefactos y utensilios como parte de una coreografía étnica. Los gestos suspendidos de alguna mujer hilando o tejiendo parecen haber detenido en el tiempo prácticas culturales lejanas y exóticas. Otros personajes figuran sentados o de pie y parecen ignorar la presencia de la cámara. Indiferencia fingida, porque todos y cada uno de ellos posa cuidadosamente para la fotografía.

Sus estéticas fotográficas rebelan su oficio y profesionalismo. Con cuidados planos medios y generales realiza una gran cantidad de fotografías dando la impresión de un extenso y detallado registro de las costumbre y tradiciones de este pueblo. Pero, si se mira atentamente se aprecia cómo se repiten los retratados: son los mismos personajes para cada una de las pequeñas historias visuales de las fronteras de La Araucanía.

Lo más probable es que Heffer se encontrara con otro fotógrafo de las fronteras, Gustavo Milet Ramírez y que conversaran y compartieran las historias y dificultades de su oficio. En 1890, las mismas épocas en que Heffer comienza sus itinerancias, Milet se instala con su estudio en esta activa y sureña localidad, logrando una nutrida y floreciente clientela de familias y personajes. Combina este trabajo con breves itinerancias y viajes por una región con grandes cambios económicos y sociales, para fotografiar a colonos europeos y chilenos que se reparten por estos territorios.

Heffer enfoca su interés en el mundo mapuche, pero al contario de este fotógrafo santiaguino, Milet invita, o tal vez convence a los fotografiados para que vayan a su estudio. Sus tomas conforman una serie de más de treinta retratos en formato Cabinet, con su nombre impreso en la parte baja, donde se auto califica como “artista fotógrafo”.

Sus estéticas destacan por la realización de cuidados montajes para grupos acompañados de artefactos de cestería y cerámica junto con una parafernalia de troncos, ramas y otros recursos para simular fogones o ablandar los pisos de madera con texturas de rastrojos que se supone otorga la paja quebradiza. Posan frente a telones pintados con abedules europeos, arbustos y clásicas columnas, arcos y jardineras de ornato. Pareciera que autorepresentan sus propias identidades mapuche.

Sus retratos individuales en diversos planos y de encuadres cerrados muestran hombres y mujeres posando con sus indumentarias de mantas y platería como referentes indiscutibles de la pertenencia mapuche. Desde el espacio fotográfico del estudio, sus existencias parecen suspendidas en el tiempo, mirando desde el pasado directamente a la cámara.

Heffer y Milet, dos estéticas fotográficas, dos estrategias visuales para capturar a los mapuche habitando en los márgenes de una ciudad como Traiguén. Ellos son solo un ejemplo de una gran cantidad de fotógrafos que llevaron a cabo un registro acabado y sistemático de estas regiones. Sin embargo, la mayor parte de ellos dejan fuera de cuadro las convulsas realidades sufridas por este pueblo, a fines de los tiempos de ocupación de su territorio, así como las violencias de los despojos y la discriminación. No sabemos los nombres de los fotografiados, no conocemos sus historias, sus vidas, los sucesos que les tocó vivir, solo sus miradas nos interpelan…

Margarita Alvarado es licenciada en estética y doctora en estudios latinoamericanos, docente e investigadora del Centro de Estudios Interculturales e Indígenas (CIIR) de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-lugares/heffer-y-milet-dos-fotografos-en-las-fronteras-de-la-araucania-nid17012026/

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