Hay menos de 1000: un acuerdo de “convivencia” permitirá proteger a una de las aves más amenazadas
EL CALAFATE, Santa Cruz.- Una de las aves playeras migratorias más amenazadas en el mundo ha logrado reunir a productores y ambientalistas del sur de esta provincia en una causa común: protegerla...
EL CALAFATE, Santa Cruz.- Una de las aves playeras migratorias más amenazadas en el mundo ha logrado reunir a productores y ambientalistas del sur de esta provincia en una causa común: protegerla e impedir su extinción. Se trata del chorlito ceniciento, según su nombre de fantasía que tiene una población estimada de menos de 1000 individuos y suele elegir la margen de las lagunas de la estepa patagónica austral para reproducirse.
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Desde la Asociación Ambiente Sur, ONG con base en Río Gallegos que hace más de veinte años trabaja en la protección de aves migratorias-, buscaron desandar las diferencias que suelen separar a ambientalistas y productores e impulsaron el Proyecto Pluvianellus, un programa de acuerdos de conservación que impulsa compromisos voluntarios entre productores, ganaderos, empresas, organismos públicos y organizaciones ambientales con el objetivo de armonizar las actividades productivas con la conservación de la biodiversidad en la estepa patagónica austral.
Protección para aves migratorias. Crédito: Ambiente SurEl Programa Acuerdos se da a través de convenios adaptados a cada realidad, se implementan acciones en dos fases: diagnóstico y planificación en primera instancia y luego la implementación que incluye protección de nidos, manejo y monitoreo, entre otras tareas. En este caso puntual, más de diez establecimientos de Santa Cruz y Tierra del Fuego avanzan en esta línea: desde la ONG les propusieron instalar protectores de nidos del chorlito que suele armarlos al borde de las lagunas y de este modo evitan que sean pisados por el ganado en tanto que ofrecen a los productores armar un inventario de las especies que pueblan cada campo.
“Nos interesa la estepa porque es un ambiente poco representado en la conservación, por las especies que alberga y lo frágil que es, el chorlito ceniciento o Pluvianellus, suele nidificar al margen de las lagunas y en muchos casos se trata de campos privados con actividad productiva, por eso pensamos una forma de proteger la especie, hacer una mínima intervención en el campo para que puedan convivir junto al ganado”, detalló a LA NACION Germán Montero, director ejecutivo de Ambiente Sur.
El primer paso es recorrer los campos, compartir las iniciativas ambientales con los productores, firmar acuerdos para hacer una propuesta de inventario de aves en cada campo y a partir de allí tomar decisiones: la instalación de protectores de nido del chorlito, es una de ellas.
El productor César Guatti, del establecimiento Carlota, ubicado sobre la ruta nacional 40 a 90 km de Río Gallegos, es uno de los que les abrió las tranqueras de su campo y apostó a esta convivencia consciente entre la explotación ovina y la avifauna. A 20 km del casco de la estancia se encuentra la Laguna Potrok Aike, de origen volcánico, donde anida el chorlito ceniciento.
“Creemos que esto es un plus importante para el establecimiento, estamos trabajando con especies que no causan daño a la producción ovina, hacemos intercambios de conocimientos, ellos nos cuentan cómo se desarrolla la vida de los pájaros de la zona y nosotros tratamos de complementar con el manejo de nuestras ovejas, creo que es muy útil y va a ser valorado en el mundo como un ejemplo de convivencia entre la fauna autóctona y la producción ganadera”, explicó Guatti consultado por LA NACION.
La laguna tiene 90 metros de profundidad, una superficie de 600 hectáreas y allí también conviven otros pájaros. “Desde la ONG nos ayudaron a ir conociendo cuáles son las especies que viven allí, nos han compartido sus trabajos sobre las aves que viven y nidifican en nuestro campo y esto resultó muy importante porque solemos tener una mirada muy ganadera y no miramos con atención toda la avifauna que habita el lugar; a través de este intercambio hemos ido aprendiendo a conocerla”, expresó.
En Carlota, -ubicada en la frontera con Chile-, se dedican a la producción de carne y lana ovina y es uno de los ejemplos de la convivencia entre ambientalistas y productores. “Siempre que haya un equilibrio y la fauna tenga un mediano control y permita el normal desenvolvimiento de la producción ovina, los productores apostamos a la convivencia entre la fauna silvestre y la producción ovina”, explicó Guatti.
Agregó que “es importante mantener ese equilibrio, cuando una especie se va de control, como es el caso del guanaco, ahí sí empezamos a tener problemas, y hay que buscarle las soluciones”.
El productor y dirigente de la Federación de Instituciones Agropecuarias de Santa Cruz (FIAS) consideró que cada vez más se valora en el mundo las producciones que protejan el medio ambiente.
“El consumidor exige que el lugar donde se hace una explotación ganadera esté protegido ambientalmente”, dijo Guatti y aseguró “eso conlleva a la importancia de convivir con el medio ambiente, una situación donde se cuidan los pastizales, se cuida la fauna silvestre y se hace sustentable la producción ganadera, creemos que también ayuda para que nuestro producto sea valorado en el mundo”.
Para Montero, quien junto a su pequeño equipo recorre incansablemente la estepa patagónica, firmar estos acuerdos “es un circuito virtuoso, que se suma a quienes se animan a encarar la ganadería regenerativa y tienen muy en cuenta la salud del pastizal”.
Para realizar las celdas de protección adaptaron una experiencia que se hizo en los Países Bajos para proteger una especie de ave playera que está en zona de ganadería. “Una vez que se identifica el nido en las orillas que utiliza el ganado para tomar agua, instalamos el protector de nidos y una cámara trampa. Cuando los chorlitos aceptan la jaula, los padres van y vienen mientras van incubando y así se evita que el tránsito de ganado impacte contra los huevos”, detalló Montero. “No es invasivo para el productor, no tiene que cerrar un lugar, es algo bastante simple”, resumió el ambientalista.
El chorlito ceniciento mide aproximadamente 18 cm, pesa de 80 a 90 gramos y se mimetiza en los lugares que habita, lo que hace que sea muy difícil verlo. A simple vista, su aspecto general recuerda a una paloma. Posee la cabeza, pecho y partes superiores de color gris ceniciento, con el vientre y abdomen blancos. Sus ojos son rojos y las patas cortas, de color rosado y se lo suele encontrar solo o en grupos reducidos.
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En los últimos días, durante la COP15 de la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres (CMS, por sus siglas en inglés), realizada en Campo Grande, Brasil, se aprobó la “Acción Concertada”, una propuesta de manera conjunta por Argentina y Chile para conservar y recuperar al Chorlito ceniciento o Chorlo de Magallanes (Pluvianellus socialis). Sus contrapartes son la Asociación Ambiente Sur y su par el Centro de Rehabilitación de Aves de Leñadura, de Punta Arenas, Chile. Ambos formalizaron una alianza estratégica en 2021 para dar vida al Proyecto Binacional Pluvianellus.
Para ambas organizaciones, esta especie ha sido una prioridad histórica. Mientras Ambiente Sur trabaja en su conservación en el Estuario del Río Gallegos y las lagunas de la estepa, sitios que albergan cerca del 10% de su población mundial en invierno, la ONG chilena lidera el estudio en la Región de Magallanes identificando áreas críticas de reproducción de la especie.