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Habitamos una mota de polvo en el espacio

Ocurrió hace 36 años, un 14 de febrero, Día de los Enamorados. La Voyager 1, el artefacto producido por los humanos que más lejos se encuentra de la Tierra, fotografió al planeta desde una dis...

Habitamos una mota de polvo en el espacio

Ocurrió hace 36 años, un 14 de febrero, Día de los Enamorados. La Voyager 1, el artefacto producido por los humanos que más lejos se encuentra de la Tierra, fotografió al planeta desde una dis...

Ocurrió hace 36 años, un 14 de febrero, Día de los Enamorados. La Voyager 1, el artefacto producido por los humanos que más lejos se encuentra de la Tierra, fotografió al planeta desde una distancia de 6 mil millones de kilómetros. La cápsula flotaba en el espacio desde el 5 de septiembre de 1977, y aquella fotografía se conoce desde entonces como Pale Blue Dot (Punto Azul Pálido). Eso es lo que parece la Tierra en la imagen. O menos que eso. No siempre resulta fácil detectarla cuando se observa la fotografía. Se percibe allí que, tal como la definió el célebre astrónomo Carl Sagan (1934-1996), es apenas “una mota de polvo suspendida en un rayo de sol”.

Como vulgarmente se dice, y cabe repetirlo, no somos nada

De veras impresiona la exacta descripción de Sagan. Estremece comprobar la casi inexistencia de la Tierra en el espacio interestelar, y la mente humana no parece estar capacitada para absorber la dimensión de lo infinito, que sugiere la fotografía. Como si fuera imposible aceptar que en ese Todo inconmensurable somos Nada. “Si se hubiera tomado una imagen comparable desde cualquier otro sistema planetario de la Vía Láctea, una de las entre 200 mil millones y 2 billones de galaxias del cosmos, no habríamos aparecido ni siquiera como una mota de polvo; la imagen no nos habría captado en absoluto”, explica Tim Bayne, profesor de filosofía en la Universidad Monash de Melbourne, Australia, y miembro del Centro Monash para la Conciencia y Estudios Contemplativos. Para Bayne, autor de La unidad de la conciencia y Filosofía de la mente, las grandes creaciones y logros humanos en el arte, la ciencia, la arquitectura, la música y las distintas áreas de la creatividad y el conocimiento carecen de importancia durante la observación del Punto Azul Pálido, “que inspira una gama de sentimientos: asombro, vulnerabilidad, ansiedad”. Y que, según sus palabras, termina por certificar nuestra insignificancia cósmica. Como vulgarmente se dice, y cabe repetirlo, no somos nada.

Sin embargo, aquí estamos y venimos estando desde hace decenas de miles de años. Y dado que poseemos mente y conciencia, además de un inconsciente personal y otro colectivo, nos acompaña siempre un silencioso interrogante: ¿para qué se nos concedió a cada uno de nosotros el don de habitar durante un cierto tiempo esta mota de polvo? Ya en el siglo XVII el matemático y filósofo francés Blaise Pascal reflexionaba al respecto. Escribía en sus Pensamientos: “Cuando considero el breve lapso de mi vida absorbido por la eternidad anterior y posterior (…) y el pequeño espacio que lleno e incluso puedo ver, absorbido por la inmensidad infinita (…) me aterroriza y me sorprende encontrarme aquí en lugar de allí, pues no hay razón para que sea aquí en lugar de allí, por qué ahora en lugar de entonces. ¿Quién me puso aquí? ¿Bajo órdenes y decisión de quién se me ha asignado este lugar y este tiempo?”.

¿Por qué no también, y sobre todo, la esperanza, la generosidad, la compasión, la aceptación y las tantas formas de encontrar sentido en la soledad cósmica?

Ya en nuestros días la banda estadounidense de metal progresivo Dream Theater (creada en 1985 por Mike Portnoy, John Myung y John Petrucci) dedicó una potente canción al tema. Bajo el título Pale Blue Dot la letra habla de “un indicio solitario de la vida”, de que “adoramos a héroes y santos”, de “niños, padres y madres esperanzados”, de “nuestros ríos llenos de sangre alimentados por el odio”, de “esta mancha aislada, corriendo a través de la oscuridad cósmica”. Y en su final pregunta: “A la deriva en el espacio, estamos/ Pero ¿quién está ahí afuera para salvarnos de nosotros mismos?”.

Las miserias del poder, el egoísmo de las almas y las mentes, la indiferencia ante el dolor del otro, la violencia de los ambiciosos que quieren todo en su breve vida, las rencillas por minucias. Todo eso cabe en una mota de polvo en el espacio sideral. ¿Por qué no también, y sobre todo, la esperanza, la generosidad, la compasión, la aceptación y las tantas formas de encontrar sentido en la soledad cósmica?

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/habitamos-una-mota-de-polvo-en-el-espacio-nid22022026/

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