Gustavo y Juan Luppi: el recuerdo de Federico, cómo es trabajar juntos y un gran regalo sorpresa
No es la primera vez que Gustavo y Juan Luppi trabajan juntos. Disfrutan tanto de esta pasión que los acerca todavía más como padre e hijo, que buscan compartir escenario cada vez que aparece la...
No es la primera vez que Gustavo y Juan Luppi trabajan juntos. Disfrutan tanto de esta pasión que los acerca todavía más como padre e hijo, que buscan compartir escenario cada vez que aparece la oportunidad. Todos los viernes, a las 22, se los puede ver en el Teatro Picadilly con Humor del Negro, basada en cuatro cuentos de Roberto Fontanarrosa. Además, la familia pasa por un momento especial porque Juan acaba de ser papá de Pampa, de cinco meses. LA NACION conversó con ellos en la intimidad de su hogar, mientras padre e hijo compartían mates y monerías con la beba. Durante la charla recordaron a Federico Luppi, padre de Gustavo y abuelo de Juan, quien seguramente tuvo algo que ver en el camino artístico de ambos.
—¿Cómo se dio la oportunidad de trabajar juntos?
Gustavo Luppi: —Nos hemos ensamblado porque nosotros hacíamos una obra de Fontanarrosa para Microteatro y Fede Donofrio otra con Gonzalo Urtizberea, y un día charlando surgió la idea de juntar las ideas de adaptaciones de unos y de otros y nos pusimos a trabajar con Lisandro Fiks, que es el director. Y salió esto que pueden ver los viernes en el Picadilly. El título juega un poco con los cuentos del Negro y el humor negro. Son adaptaciones de cuatro cuentos de él que hemos teatralizado y nos pusimos a jugar.
Juan Luppi: —Tengo toda la obra completa del Negro y hay varios cuentos que me gustan mucho. “Julito”, que es uno de los cuentos que hace mi papá con Donofrio, fue el primero que leí hace muchos años y se me ocurrió decir: ‘¡Qué divertido sería hacer esto en teatro!’. Después, leí “Con todo respeto”, una disertación filosófica entre un padre y un hijo que son dos estudiosos que tienen una relación de mierda. Entonces, con indirectas y con grandes parábolas hablando sobre filosofía, se empiezan a tirar palos el uno al otro. Es una pelea muy divertida porque se ve un vínculo podrido de un padre y un hijo, pero todo maquillado con grandes teorías.
—¿Y te pareció interesante hacerlo?
JP: —Sí, me pareció divertidísimo hacerlo también. Y las otras dos adaptaciones son de “El mundo ha vivido equivocado” y “El sordo”. En calle Corrientes quisimos hacer un espectáculo más grande; no cuentos chiquitos y separados. Y de una manera muy orgánica fue creciendo el proyecto porque empezó con poca ambición. Hace mucho tiempo que hacemos Fontanarrosa y probamos en bares de Palermo, de San Telmo, en ciclos, pero no en un teatro como ahora.
—Y cuando surgió la posibilidad de trabajar en una sala más grande, ¿qué pensaron?
GP: —Cuando surgió la posibilidad de hacerlo en la calle Corrientes, nos dimos cuenta de que le teníamos que dar otro marco, otra envergadura y otra estructura. Y entonces nos pusimos a trabajar y nos divertimos tanto que suponemos que la gente se puede llegar a divertir mucho también. Además, Fontanarrosa tiene una observación muy fina y muy precisa sobre el ser nacional y sobre ese tipo de personaje de barrio, de cierta periferia cultural que es muy común a todos los argentinos. Y nos pareció que es algo que vale la pena hacerlo y vale la pena verlo.
El placer de trabajar juntos—No es la primera vez que trabajan juntos...
GP: —No. En teatro hicimos hace unos años Hombres y ratones, una obra que empezó a producir Juan, también dirigida por Fisk, una adaptación de la novela de John Steinbeck, y nos fue bárbaro. Fuimos nominados a los premios ACE, yo gané el Estrella de Mar al Mejor actor de reparto porque la hicimos en Mar del Plata también; ganamos otros premios. La pasamos muy bien y fue una linda experiencia. Y en televisión trabajamos juntos en algunos programas que dirigí y en los que Juan participó. Pero tele ya es algo más rápido, más despersonalizado; en cambio, en teatro, la experiencia de Hombres y ratones fue muy hermosa, sobre todo porque me hizo volver a subirme a un escenario y la codirigimos con Fisk porque yo no quería actuar y dirigir solo; me parecía que necesitaba otra mirada y fue bárbaro.
—O sea, les gusta trabajar en dupla...
GP: —Sí, siempre damos vueltas con ideas de hacer cosas juntos. Juan es muy generador de ideas y de materiales; siempre me dice: “Encontré un cuento inglés de dos tipos que se proponen robar pavos”. Y no sé de dónde lo saca , pero siempre está generando ideas o pensando cosas, y a mí me encanta que pase eso.
—¿Cómo es la relación sobre el escenario y en la vida?
GP: —No hemos tenido grandes despelotes, ni grandes desplantes. Tenemos un criterio similar. Yo lo escucho mucho porque hay una cuestión generacional y a veces cuando Juan habla de determinado material y yo no lo veo, él me lo explica y lo entiendo, lo miro desde su lugar y me parece interesante. Me redescubre un material. Y en la vida me parece que nos llevamos bien, que nos gusta estar juntos, nos gusta hacer asados y visitarnos, y cada vez que podemos nos vemos. Para comentar algo lindo de la relación con mis tres hijos, Juan, Antonio y Josefina, puedo contar que para mi cumpleaños decidieron regalarme un pasaje a Bulgaria para que vaya a conocer el pueblo del abuelo con el que me crié.
—¡Qué buen regalo!
GP: —Hermoso. Inesperado. Voy a ir este año. Yo me crié con mi abuelo materno, que era búlgaro, inmigrante, y mi abuela era bielorrusa.
JP: —Es un personaje que está muy presente en su mitología familiar.
GP: —Sí, está muy presente porque fue una figura muy fuerte. Viví en Berisso hasta los diez años y vivía prácticamente con él. Me sorprendieron y me pareció un regalazo.
JP: —Tenemos buena relación y el teatro también nos ayuda, es una excusa para vincularnos. Además, se dio todo de una manera muy natural...
GP: —Claro, porque mi viejo es actor, la madre de ellos es actriz y artista plástica (Marina Olmi), el tío es actor (Boy Olmi), el otro abuelo era showman (Boy Olmi padre). Entonces, por todos lados están rodeados de artistas. Crecieron con esto. Juan es actor, Antonio es bailarín y parte del elenco estable del Teatro Colón, y Josefina empezó estudiando psicología y un montón de cosas y ahora es standupera.
Luppi, en el recuerdo—La figura de Federico Luppi está siempre muy presente porque protagonizó muchas películas icónicas. ¿Cuánto influyó en la decisión de seguir este camino?
GP: —Sí, filmó mucho y está muy presente. A veces en Instagram aparecen escenas de sus puteadas o la famosa escena de Martín Hache cuando le habla al hijo sobre la Argentina. Ahora fueron muriendo muchos contemporáneos, pero hasta hace algunos años yo me encontraba con gente y me decían: “Con tu viejo tal cosa o me acuerdo una vez que tu viejo... o una vez trabajando, tu viejo dijo”. Siempre aparecían historias que yo no conocía, u otras versiones de historias que yo conocía.
—Vos compartiste con tu papá lo que ahora podés compartir con tu hijo...
GP: —Era de otra manera porque Federico era el actor, no había en la familia alguien más que tuviera que ver con eso, aunque siempre hubo una sensibilidad artística porque la hermana también actuaba, les gustaba la música, tenían unos tíos políticos guitarreros. Pero él copó el papel de artista... En cambio, mis hijos ya entraron en una familia donde era más común que todos estuviéramos en alguna locura de estas. Trabajé varias veces con mi papá en televisión, nunca en teatro. Compartí Hombres de ley, un unitario que hacía con Norma Aleandro, dirigidos por Agustín Alezzo.
—¿Qué recuerdos tenés de tu abuelo, Juan?
—Compartimos mucho e hicimos teatro juntos una vez en La noche del ángel. Haberlo tenido como abuelo hace que lo haya conocido menos en algunas facetas y entonces lo puedo idealizar más. Me puedo imaginar la parte que me falta; lo puedo completar como yo me lo imagino, como modelo familiar y artístico.
—¿Hacer teatro entonces es un mandato familiar?
JL: —Muchas veces me pregunto eso y pienso que es mi mundo familiar. El que tuvo el arte de cerca, no es raro que se enganche.
GL: —En mi caso, las cosas van cambiando; antes era el hijo de Federico y ahora soy el papá de Juan .
Padre e hijo están ilusionados con este nuevo trabajo juntos y se apasionan sumando detalles. Además, Gustavo Luppi vuelve con El amateur a partir del 26 de febrero, todos los jueves, a las 20.30, en el Chacarerean, junto a Mauricio Dayub. En tanto, Juan está en otra etapa de la vida, cambiando pañales y haciendo papilla, pero siempre creando.