Guillermo Yanco, pareja de Patricia Bullrich: su estreno en teatro, por qué elige no casarse y su vínculo con Milei
“No sé por qué expresás que mi historia es muy particular”. Guillermo Yanco se sorprende, en el inicio de la entrevista con LA NACION, ante la aseveración sobre el curioso o, al menos, poco...
“No sé por qué expresás que mi historia es muy particular”. Guillermo Yanco se sorprende, en el inicio de la entrevista con LA NACION, ante la aseveración sobre el curioso o, al menos, poco previsible derrotero de su vida.
Es abogado, mediador, docente, comunicador, editorialista, artesano, vicepresidente del Museo del Holocausto de Buenos Aires, actor y pareja, desde hace casi tres décadas, de la senadora Patricia Bullrich.
La enumeración a viva voz de sus actividades lo llevan, finalmente, a coincidir en que su camino no fue de los más previsibles: “Hice una vida linda, sencilla, pero con variedad de situaciones y de elecciones de caminos”.
Actualmente, Yanco es uno de los protagonistas de la comedia ¿Qué somos?, que se ofrece en el Nuevo Teatro La Casona, bajo la producción de Aldo Funes y con dirección de Juan Acosta, quien también forma parte del elenco junto con Silvio Klein -quien fue legislador bonaerense- y Rubi Montalvo.
“Desde hace muchos años soy amigo de Juan Acosta y Silvio Klein, quienes me ofrecieron sumarme a esta obra que ya se había estrenado; pero lo pensé un poco y acepté”. Al texto original se sumaron dos tramos, que fueron agregados especialmente para ser interpretados por el actor.
-¿Cuál es la trama del material?
-¿Qué somos? cuenta la relación de una pareja muy enamorada, en la que la mujer pide matrimonio, pero no todo será tan sencillo. Uno de mis papeles es el de un encargado que llega para reparar algo en la casa de los novios y se termina entrometiendo en todo.
Matrimonio a medidaSi de amores se trata, indudablemente, la pareja conformada por Guillermo Yanco y Patricia Bullrich no es de las más comunes. Al conjunto de actividades de él se suman las de su mujer, de histórica militancia política y hoy uno de los nombres de mayor injerencia dentro de la estructura de La Libertad Avanza.
Yanco tiene dos hijos, y Bullrich es madre de un varón. Cuando se conocieron, ambos ya habían finalizado sus compromisos afectivos anteriores. “Los dos estábamos separados”, remarca él. El primer cruce lo tuvieron cuando Yanco la invitó a su programa de radio. Corría 1997 y ella se candidateaba para ocupar una banca en el Congreso Nacional. “Fue una entrevista de casi una hora”.
-¿Qué le parecía ella hasta ese momento?
-Una linda mujer y una política intensa, con vocación.
View this post on Instagram-Después de la entrevista radial, ¿cómo siguió el cuento?
-A la semana fui a tomar un café con un amigo kiosquero, que me proveía de revistas internacionales que siempre leí.
Nada fuera de lo habitual, a no ser que, ni bien ingresó en aquel bar de la Avenida Santa Fe casi Coronel Díaz, se topó con una mesa extensa, desmedida. Se trataba de un equipo de campaña y, causalidades del destino, allí se encontraba Patricia Bullrich en pleno mitin proselitista. “Cuando observé la mesa, la vi a Patricia. Ella, ni bien me vio, se levantó a saludarme”.
-Nada menos.
-“¡Bien, Guille!”, me dije. Esa tarde tenía entradas para ver Poderosa afrodita, la película de Woody Allen, así que la invité, porque, desde que me había separado, unos tres años atrás, mis salidas eran solitarias.
-¿Aceptó la invitación?
-No, me dijo que tenía que trabajar. Cuando uno la conoce, sabe que Patricia, con su vocación de política y en plena campaña, no te da ni 30 segundos para vos.
A pesar que la salida compartida al cine se frustró, la entonces candidata a legisladora le dio su tarjeta personal. “Llamame”, le dijo la mujer que fuera hasta diciembre pasado ministra de Seguridad de la Nación.
-¿Cuándo y cómo se reencontraron?
-En el cierre de su campaña.
Yanco trabajaba en Radio Palermo y solía cubrir ese tipo de eventos de índole político. Si bien el ámbito no se caracterizaba por la atmósfera romántica, allí fue y sucedió la epifanía. “No fue una elección mía, me destinaron allí como me podría haber tocado en la sede de otro partido”.
-¿Hablaron?
-Nos vimos y, a la salida, le dije que era muy inteligente y me despedí. Terminó la campaña y, a la semana, Patricia me llamó, fuimos al cine y a cenar. Todo transcurrió muy bien, pero fue muy clara. Antes de despedirnos, me dijo: “Guillermo nunca me des a elegir entre la política y vos”.
Yanco aceptó la ecuación. “Al poco tiempo, empezamos a estar juntos y a convivir”. Transcurrieron 28 años de aquel primer encuentro.
-¿Están casados?
-No.
-¿Pensaron en hacerlo?
-No.
-¿Por qué?
-Yo había estado casado y ella en pareja, cada uno tenía a sus hijos, así que no tenía mucho sentido estar casados; no le daba relevancia a la relación.
-Patricia Bullrich no pasa inadvertida, despierta pasiones encontradas. ¿Cómo es ser su pareja?
-Tiene vocación y calle política desde muy joven. Además, posee academia sobre el tema, ha hecho carrera y doctorado sobre Ciencias Políticas. Posee responsabilidad y honestidad, es leal. Tiene intuición y percibe todo, pero es muy intensa.
-Se observa eso.
-Su ser político está puesto en ella con total intensidad, pero también cuida a sus afectos.
-¿Lo logra en medio de tanta actividad?
-Sí, puede estar de viaje, pero pensando que me quedé sin comida y, entonces, llama para encargarme la cena.
-Entiendo que, dada la agenda tan compleja y nutrida de su pareja, se deben perder de compartir momentos. ¿Cómo es la cotidianeidad entre ustedes?
-Cada uno tiene su actividad, pero cuando se puede compartimos charlas, salidas, cenas y vacaciones. Nuestra vida tiene su intensidad; de pronto, Patricia me puede decir: “Me voy a Mar del Plata, vuelvo pasado mañana”. Es una vida sin reproches.
-¿Cómo es eso?
-Si ella se va a cenar, no le pregunto con quién. Si yo salgo a comer, ella no me pregunta a dónde voy ni con quién.
-¿Nunca un reproche?
-Jamás. Y, por otra parte, de lo que hace ella en la función pública, yo no tengo ni la menor idea. No intervengo ni le pregunto.
-En las ocasiones en las que pueden compartir una cena, ¿no conversan sobre política?
-Hablamos de política en el sentido conceptual, no sobre hechos puntuales que ocurren.
-Caminar por la calle con Patricia Bullrich no debe ser fácil.
-Tardamos una hora en hacer una cuadra, porque personas de todas las edades la paran permanentemente para sacarse fotos.
-¿No hay agresiones o voces encontradas?
-Solo algún que otro grito.
-Los políticos, en general, no suelen transitar la calle como una persona de a pie. ¿Se convierte usted en su termómetro?
-Le hablo desde lo espiritual y lo social, de lo que yo observo. Ella tiene mirada, visión y criterio, pero eso no impide que pueda marcarle alguna situación, como por ejemplo la realidad de la gente en la calle. O, cuando sucedió el ataque de Rusia a Ucrania, le dije que comenzaba una Tercera Guerra Mundial, con características diferentes a las anteriores. Cuando terminó la pandemia, le dije a Patricia “el mundo que fue se terminó, entramos en otro mundo, las relaciones, los matrimonios y los hijos son distintos, se funciona distinto”.
-¿Lo escucha?
-Sí, me escucha.
-Patricia Bullrich tuvo aspiración de ser presidenta de la Nación. ¿Se pensaba a usted mismo, acompañándola?
-Me imaginaba que podía suceder, pero no me lo creía. Mis amigos me decían que podía ser un “primer damo” (risas). Ella tiene todas las condiciones para lograrlo. No le fue bien, una lástima, pero así es la vida y la política.
-A futuro, ¿la imagina como presidenta?
-¿Por qué, no? Tiene muchas condiciones. Ahora estamos en un gobierno del cual participa con mucha intensidad. No sé si el presidente promoverá o no la reelección, no tengo la menor idea y no pregunto.
-¿Se imagina a su pareja fuera de la política, poniendo punto final a su carrera?
-Sería muy raro. A Patricia le puede sonar el teléfono a las tres de la mañana y atiende. Recuerdo que, a los pocos años de estar juntos, nos fuimos de vacaciones a Traslasierra, Córdoba. Estábamos en una posada muy austera, queríamos descansar, así que no teníamos televisión, internet ni teléfono en la habitación. A los dos días de llegar, Patricia me dice: “Guille, tenemos que hacer la valija”. Se había producido el incendio de (la disco) Cromañón. Hicimos las valijas y nos volvimos. Ella necesitaba estar en Buenos Aires.
-Cada vez que se postuló, ¿votó a Patricia Bullrich o alguna vez fue por otro lado?
-Mirá qué pregunta... Siempre la voté.
-¿Por convicción o por matrimonio?
-Creo, en serio, que es una gran persona y una gran política. Es honesta, responsable, audaz, piensa.
-¿Le duele cuando escucha críticas hacia ella, tanto en los medios como en la calle?
-Ya me acostumbré.
El arte-¿Cómo aparece la actuación en su vida?
-De joven me gustaba mucho el teatro, quería ser actor y periodista, pero, en aquella época, mi padre decía: “Hay que ser profesional”.
-El mandato de M´hijo el dotor, como rubricó Florencio Sánchez.
-Exactamente, por eso estudié abogacía. Había que ser profesional, trabajar, comprarse la vivienda, construir el matrimonio y tener hijos. Existía una planificación que creo que hoy no se ubica en ese orden.
En sus tiempos de estudiante germinó, además, su pasión por la escena: “Durante el colegio secundario, con mis compañeros íbamos mucho al teatro de texto; al Colón, a escuchar conciertos y ver ballet, y también solíamos ir a muestras de pintura. Cuando, de más grande, comencé a viajar, no dejaba de visitar los museos de cada lugar”, sostiene el hombre nacido en la localidad bonaerense de San Martín.
Estudió actuación en la escuela de Julio Chávez, teniendo como docente a Luz Palazón, una gran actriz. “Disfruté muchísimo todo eso”. También se formó en oratoria, una herramienta que capitalizó en cada una de sus actividades, todas vinculadas con el don de la expresión verbal, incluida, desde ya, la actuación.
Compromiso“Soy mediador, uno de los primeros de Argentina, con matrícula del Ministerio de Justicia, lo que me valió la posibilidad de hacer viajes por toda Latinoamérica trabajando en el tema”.
-En este rol se desempeñó en diversos penales.
-Así es, trabajé en la cárcel de Villa Devoto y en la de mujeres de Ezeiza.
-Además, desarrolló una nutrida actividad docente.
-Fui profesor durante muchos años. Ejercí en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, donde era adjunto en una cátedra de Derecho Civil, también fui docente en la Universidad de La Matanza -donde implementamos una Maestría en Gobernabilidad-, en la Universidad de Palermo y en la Universidad de Morón.
-Otra de sus actividades tiene que ver con el cargo de vicepresidente del Museo del Holocausto.
-Es una experiencia de vida riquísima, porque profundizar la historia del nazismo y del Holocausto, la de los judíos muertos en campos de concentración y cámaras de gas, y tener relación periódica con sobrevivientes que han logrado escaparse, es muy movilizador.
En la pantalla de su celular se observa la foto sepia de su bisabuelo ucraniano. “Soy judío, mis ancestros han vivido la Shoa y hoy tengo una hermosa relación con los sobrevivientes, con los cuales charlo a menudo. Me duele cuando ocurren situaciones en las que la gente queda en estado de indefensión, se la maltrata o se la mata, como sucede ahora en Irán. No me gusta que alguien intente hacerse dueño del poder para dominar todo y crea que sus ideas son las únicas”.
Antes de la finalizar la charla, cuando se le consulta cómo se desenvuelve cada vez que, debido a los roles que le ha tocado asumir a su pareja, debe compartir una reunión o una comida con algún primer mandatario, como le sucedió con Fernando de la Rúa, Mauricio Macri o Javier Milei, no duda en afirmar: “Me quedo en silencio, no opino si no me preguntan expresamente.
-¿Va seguido con su mujer a la Quinta de Olivos?
-No.
-Pero habrá ido.
-Sí.
-¿Cómo es Javier Milei fuera de la mirada pública?
-Él es muy afectivo, natural. Por supuesto, hay gente a la que no le gusta, pero cuando se encuentra conmigo me dice: “Hola, Guille” y me abraza. Yo soy muy cuidadoso. A Milei jamás le diría: “Hola, Javier”.
-¿Cómo lo saluda?
-Con un respetuoso: “Hola, presidente”.
Para agendar¿Qué somos? Jueves a las 21, viernes y sábados a las 21.30 y domingos a las 20.30 horas. Nuevo Teatro La Casona (Av. Corrientes 1975)