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Fue modelo en los 90, asesor político, sobrevivió al cáncer y se volcó al tarot: “Saber que somos mortales nos pone a vivir urgente”

Si el destino está escrito en las cartas, las de Gustavo Villamor trazaron una historia digna de un guion cinematográfico difícil de imaginar. Nació en Salazar, un pequeño pueblo de poco más ...

Fue modelo en los 90, asesor político, sobrevivió al cáncer y se volcó al tarot: “Saber que somos mortales nos pone a vivir urgente”

Si el destino está escrito en las cartas, las de Gustavo Villamor trazaron una historia digna de un guion cinematográfico difícil de imaginar. Nació en Salazar, un pequeño pueblo de poco más ...

Si el destino está escrito en las cartas, las de Gustavo Villamor trazaron una historia digna de un guion cinematográfico difícil de imaginar. Nació en Salazar, un pequeño pueblo de poco más de 2000 habitantes dentro del partido de Daireaux, Provincia de Buenos Aires. Nieto de una abuela gitana por un lado, y de un abuelo masón por el otro; algo de lo que llevaba en la sangre y su sensibilidad desde tan pequeño, fueron las razones que hicieron que la tía Leonor -vidente y estudiosa de Carl Gustav Jung, por quién lo bautizaron-, le regalara un mazo de tarot a sus ocho años.

Un niño entre lo mágico y lo espiritual

Era un chico inquieto, ‘especial’, según le decían a su mamá. “Todo empezó porque yo le contaba a mi tía que escuchaba una voz”. Lo que para el mundo adulto convencional podía ser un ‘amigo invisible’, fue interpretado de otra forma por su tía, que había tenido experiencias parecidas de chica y de adulta, llegó a colaborar en casos policiales históricos como psíquica. Cuando ella le da las cartas, le pide que imagine cada una como la escena de una película, que las describiera: eran los 22 arcanos mayores del Tarot de Marsella, que representan arquetipos universales, y narran -desde la mirada de Jung- una especie de viaje de evolución. Hasta sus 12 años, Gustavo jugó con las cartas supervisado por su tía, que le llevaba las imágenes en blanco y negro para que las pintara y leía las historias que él escribía. Su infancia fue feliz, entre lo mágico y lo espiritual, y no sólo por las cartas, sino también por pasar largas horas en la casa de la abuela gitana que era una especie de laboratorio alquímico desde el que limpiaba energías con flores, hierbas y tinturas madre.

Con la llegada de la dictadura, la familia se mudó a Mar del Plata. “Ya era adolescente, y me di cuenta de que el tarot era una mancia que había que aprender, y empecé a leer libros que me traía mi tía, y a los 14, leía astrología en la biblioteca pública”. Otro lenguaje que se abrió para él desde muy chico, y lo conectó con un camino espiritual, casi como un designio.

De chico de pueblo a modelo internacional

El desparpajo adolescente, el físico de deportista y ser ‘carilindo’, fueron el combo perfecto para que un verano, a sus 16 años, terminara trabajando en la barra de uno de los boliches de moda de Mar del Plata. Fue ahí que lo descubrió el representante de modelos, Ricardo Piñeyro. Todavía no había terminado el secundario y al poco tiempo -previa emancipación de sus padres-, firmó contrato para ser una de las caras de la campaña de una marca de productos para el pelo que se hacía en México. A partir de ahí, su carrera como modelo internacional se disparó: trabajó para comerciales y gráficas de las marcas del momento, en Argentina, Latinoamérica y Europa. A la par, empezó a estudiar Ciencias Políticas en Buenos Aires, una carrera que lo apasionaba. Empezó un raid de viajes, trabajos varios y estudios, intercalando materias y libros con campañas de moda y portadas de revistas. Pero las cartas lo seguían acompañando: aún recuerda estar trabajando en Barcelona y tirar la manta en La Rambla y leer el tarot. O a sus veintipocos, irse a Ibiza improvisadamente con un amigo, y como mientras tiraba las cartas en un bar, un cliente fascinado con su lectura, lo contrata para que sea el tarotista de los invitados a una reunión en su casa. Al llegar al destino -una mansión increíble-, se entera que el cliente, era el dueño de la disco Pachá: pasó la temporada tirándole las cartas a celebridades de todo el mundo.

“A los 25 años entré en una crisis muy grande con la carrera y me fui a trabajar a México con una agencia de publicidad que le estaba armando la campaña política a un importante empresario. Pensaba quedarme por seis meses y fueron más de seis años”. En ese viaje, urgido por terminar una etapa de su vida, deja su mazo de cartas en Buenos Aires.

Había algo que lo unía con Ciudad de México, como de otras vidas, una sensación inexplicable de familiaridad con la que caminaba por sus calles. “Alquilo un departamento en Colonia Condesa, estoy limpiando el placard del departamento y se me cae algo en la cabeza: era una baraja de cartas de tarot”. Gustavo continuó trabajando en política, con un equipo que asesoraba a Fox para su campaña. Le fascinaba la parte de imagen, y alternaba su rol de asesoría con las campañas de moda. En México llegó a ser una de las caras principales de las campañas de Palacio de Hierro, el ‘Harrods’ mexicano; filmó un videoclip con Julio Iglesias y rodó comerciales con un joven González Iñarritu que soñaba con su primer largometraje. Fue a través de Santiago Pando, su director de fotografía, que se abre otro portal espiritual, y conoce a su maestra chamana, Juanita, en Puerto Escondido, cerca de Oaxaca, en la costa pacífica. “Venía de una abuela que me decía que las cosas se podían transmutar, que se podía sanar. Y conocía el tarot y la astrología pero mi sensación en aquel momento era no puedo ayudar a la persona”. De Juanita y en sucesivos viajes, aprendió la terapia chamánica; a trabajar el cuerpo como canal espiritual.

La enfermedad como camino: “Acá está pasando algo más”

A sus 32 años Gustavo comienza a tener un sueño recurrente: una especie de torre que veía de lejos, una y otra vez. “Estaba con un dolor en la ingle, iba al médico y me daban calmantes. Me levanto una noche y digo, ’no, acá está pasando algo más’”. Fue a una guardia y pidió hacerse una ecografía. Intuitivamente -y pensando en esa torre simbólica de su sueño-, dijo que le dolía la columna, aunque no era así. Le hicieron una serie de estudios, y los resultados arrojaron un diagnóstico demoledor: un tumor testicular que se había extendido alrededor de la columna. Tenía cáncer testicular y linfático. Empezó su tratamiento en México y si bien daba resultados incipientes, los tumores no se reducían; y empezaron a afectar su movilidad. Supervisado por su oncólogo en México, decidió volver a Argentina, a Mar del Plata, a darle curso a un proceso de sanación física y emocional, que llevó casi cinco años. Las herramientas espirituales que lo acompañaban desde chico eran parte pero, “dicen que no hay maestro sin haber pasado la prueba, y con saber mucho no hacemos nada… hay que poner en práctica. Sin saberlo me había convertido en el chico que estudiaba, aprendía y no compartía, era un solitario. Ese tumor trajo una gran verdad, un trabajo con mi familia, con mi linaje”. Una nueva metástasis en el pulmón, que resulta operable, antecede a otras metástasis en la piel, parte del resabio de un cáncer tan agresivo. Fueron dieciocho ciclos de quimioterapia, hasta que los médicos dijeron, ‘hasta acá, no podés seguir’. Sorprendentemente, nunca sintió que se enfermaba más, sino que cada paso era parte de un proceso más grande. “Ahí reconecté con la herboristería heredada de mi abuela, y me puse a estudiar el cuerpo humano, la célula, la genética”. Seguía con medicación, pero sumó la alimentación; estudió avicultura para producir sus propios huevos orgánicos, iba a Sierra de los Padres a buscar vegetales de las huertas, trabajó el cuerpo y el espíritu. Poco a poco, empezó a mejorar.

Los retiros holísticos

“Mi gran lección de la enfermedad fue la certeza de que lo que se, no es mío. Lo que sabemos y nos da el universo, es para todos. Somos canales”, dice Gustavo. Es que ahí su vida dio un nuevo giro: “Saber que somos mortales nos pone a vivir urgente”. Pero entre las metástasis, los sucesivos tratamientos y luego la etapa de controles, habían pasado cerca de diez años. Tenía casi 40, a nivel laboral se había quedado sin trabajo y se había ido de México. Ahí reapareció un viejo aliado -que nunca se había ido del todo-, el tarot. “Mi tía, la que me había dado las cartas de chico, trabajaba en Buenos Aires con grupos de pacientes de la Fundación Huésped, enseñando técnicas de meditación y respiración, y me invitó a ayudarla”. Naturalmente, los roles de meditador, tarotista y facilitador de distintas terapias que había aprendido y pasado por su cuerpo durante la enfermedad, empezaron a emerger. Se fue creando una comunidad en un núcleo de artistas, donde facilitaba lecturas y terapias.

Empezó a viajar mucho, y a vivir entre Buenos Aires, Miami y México. Allí, en encuentros del psicoterapeuta alemán Bert Hellinger -creador del sistema de Constelaciones Familiares-, conoce a Rosario Garrido, una psiquiatra que, tiempo después, lo invitó a tener conversaciones con ella para sus alumnos en sus clases en la Universidad de Florida, indagando en los arquetipos, el trabajo de Jung y la antropología; y terminaron trabajando juntos.

El camino se fue armando al andar, y lo espiritual se materializó, años después de una forma impensada. Durante años, su cuñado iba a surfear a las playas de Paunch Beach, Panamá, hasta que compró la casa en la que se quedaba y la propiedad en la que finalmente se construyó un imponente complejo de habitaciones y villas en plena selva, de arquitectura javanesa, íntegramente traída de Bali. Gustavo ideó el concepto creativo y hay tratamientos terapéuticos, estéticos y espirituales; hay temazcales, clases de yoga, chamanismo, entre muchas actividades, y se hacen retiros con facilitadores de todo el mundo, dedicados a la expansión del ser y por supuesto incluye sus vivencias con el tarot que lo conquistó desde chico. "Es un proyecto de diversidad consciente, donde las almas se encuentran. Siento que siempre fui llamado al servicio, este proyecto fue orgánico, tenía que pasar”, concluye el hombre que no imaginaba que el niño de Daireaux terminaría en Panamá.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/fue-modelo-en-los-90-asesor-politico-sobrevivio-al-cancer-y-se-volco-al-tarot-saber-que-somos-nid27012026/

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