Fue campeón con Racing en 2001, dejó el fútbol y abrió un bar en Brasil: “No volví a encontrar una pasión así”
El 27 de diciembre de 2001 quedó marcado para siempre en la historia de Racing Club. Después de 35 años sin conquistar un campeonato de Primera División, el equipo dirigido por Reinaldo “Most...
El 27 de diciembre de 2001 quedó marcado para siempre en la historia de Racing Club. Después de 35 años sin conquistar un campeonato de Primera División, el equipo dirigido por Reinaldo “Mostaza” Merlo consiguió un título que desató la emoción de miles de hinchas. Entre los protagonistas de aquella hazaña estuvo Martín Vitali, un defensor que llegó desde Independiente en medio de una profunda crisis institucional y terminó convirtiéndose en parte de uno de los planteles más recordados de la Academia.
Sin embargo, su historia no terminó dentro de una cancha. Después de una carrera que lo llevó por distintos clubes de la Argentina, España y Chipre, el exfutbolista decidió colgar los botines y comenzar una etapa completamente diferente. Se instaló en Brasil, participó de un emprendimiento gastronómico y encontró nuevas oportunidades laborales lejos de las tribunas y los vestuarios.
Aunque logró reinventarse profesionalmente, Vitali reconoció que hubo algo que nunca pudo recuperar: la emoción que sentía cada vez que salía a jugar un partido. “No hay algo que te genere lo mismo que jugar al fútbol. De hecho, no volví a encontrar una pasión que me dé lo mismo. A veces es difícil encontrar algo que te motive”, confió en 2023, en una entrevista con LA NACION.
Su recorrido comenzó en Moreno, provincia de Buenos Aires, donde nació y dio sus primeros pasos en el deporte. Debutó profesionalmente en Ferro Carril Oeste, institución en la que permaneció durante cuatro años, hasta que en 2000 tuvo la oportunidad de incorporarse a Independiente.
Su paso por el Rojo fue breve y estuvo condicionado por problemas económicos. Según recordó, el club no estaba al día con los pagos, una situación que lo llevó a buscar otras alternativas para continuar su carrera. La oportunidad apareció a pocas cuadras de distancia, cuando Racing decidió incorporarlo a su plantel.
El traspaso no pasó desapercibido entre los hinchas de ambos equipos. De hecho, poco después de su llegada a la Academia, un niño de aproximadamente diez años se acercó para advertirle: “Te están esperando en la cortada”.
El mensaje hacía referencia al Pasaje Corbatta, ubicado junto al estadio de Racing. Allí, según relató, se encontró con integrantes de la barrabrava de Independiente, quienes le pidieron que no besara la camiseta de su nuevo equipo y que devolviera la indumentaria que conservaba del Rojo. Al día siguiente, el futbolista cumplió con este último pedido.
“Entiendo que es la manera en la que los hinchas se expresan. En ese momento no tenía celular, pero me dejaban mensajes en el contestador del teléfono fijo de mi mamá. Sé que es parte del folclore”, recordó Vitali, conocido durante su carrera como Pelotín.
Cómo fue el campeonato de Racing en 2001 que cambió la vida de Martín VitaliLa llegada del defensor coincidió con uno de los momentos más difíciles de Racing. El club atravesaba una delicada situación económica e institucional, había peleado por mantener la categoría y comenzaba una etapa marcada por el gerenciamiento.
En ese contexto, Mostaza Merlo asumió la conducción técnica de un equipo que se había conformado con poco tiempo de preparación. Pese a las dificultades, el entrenador consiguió encontrar un funcionamiento colectivo que terminó siendo decisivo para alcanzar el campeonato.
“El plantel se armó sobre la hora. El punto estuvo en la habilidad de Mostaza Merlo para encontrar el puesto a cada jugador y el esquema para que funcionara. Con el correr de las fechas entramos en una dinámica en la que jugábamos casi siempre los mismos y pudimos lograr el campeonato”, explicó Vitali.
El desenlace del torneo estuvo atravesado por una circunstancia excepcional: la crisis social, política y económica de diciembre de 2001 en la Argentina. Mientras el país enfrentaba protestas, saqueos y una fuerte inestabilidad institucional, los futbolistas esperaban conocer cuándo podrían disputar el último partido frente a Vélez.
“Teníamos mucha ansiedad, nerviosismo, queríamos jugar el partido con Vélez, pero no sabíamos cuándo. Estaba el temor de que se postergara para enero de 2002 y ahí no sé qué hubiera pasado”, recordó el exdefensor.
Aunque el plantel estaba concentrado en conseguir el título, Vitali aseguró que los jugadores eran conscientes de las dificultades que atravesaba la sociedad. “Si bien el jugador en sí vive en una burbuja, más que nada los de Primera División que cobran bien y no sufren el día a día, tenía noción de amigos y familiares que la estaban pasando muy mal. El país no daba para más”, expresó.
Finalmente, el encuentro se disputó el 27 de diciembre de 2001 en el estadio José Amalfitani. Racing empató 1 a 1 con Vélez y consiguió el resultado que necesitaba para consagrarse campeón del Torneo Apertura. Aquella vuelta olímpica quedó asociada a uno de los períodos más complejos de la historia argentina y significó el final de una espera que había atravesado a varias generaciones de hinchas.
“La gente festejó; el título fue especial y te ponés un poco en egoísta de que a uno le importaba solo lo deportivo y no lo que pasaba afuera”, reflexionó Vitali y agregó: “A su vez no éramos responsables de las cagadas que se mandaron los políticos”.
El campeonato también consolidó su lugar en la memoria de los simpatizantes de Racing, que continuaron reconociéndolo años después por haber formado parte de aquel equipo histórico.
Tras permanecer en la Academia hasta 2003, el defensor decidió probar suerte en Europa. Su primera experiencia fue en el fútbol español, donde vistió las camisetas del Leganés y Getafe. Sin embargo, no logró encontrar la continuidad que esperaba. En Getafe, incluso, recordó que el entrenador le manifestó durante su primera práctica que no había solicitado su incorporación. A esa situación se sumaron problemas físicos que comenzaron a condicionar su rendimiento.
En 2005 regresó a Racing con la intención de recuperar protagonismo, pero una lesión en la rodilla terminó convirtiéndose en uno de los momentos más difíciles de su trayectoria. “Me rompí la rodilla y jugué seis meses infiltrado; eso provocó que se me destruyera el cartílago y la rótula. Cuando me operé, tenía la zona destruida y me demoró un año volver a las canchas para poder trotar”, relató.
Después de recuperarse, continuó su carrera en Nueva Chicago y posteriormente se trasladó a Chipre, donde jugó para el APOP. Ese fue su último club antes de retirarse definitivamente del fútbol profesional en 2010.
De Racing a Brasil: el bar en la playa y los nuevos negocios de Martín VitaliEl retiro representó un cambio profundo para Vitali, quien debió acostumbrarse a una rutina completamente distinta después de dedicar gran parte de su vida al deporte. En un primer momento, mantuvo su vínculo con Racing mediante una experiencia como coordinador del fútbol amateur en las divisiones inferiores. Sin embargo, su camino profesional tomó otro rumbo cuando decidió instalarse en Brasil junto a su entonces pareja.
El destino elegido fue Trancoso, una localidad turística del estado de Bahía, conocida por sus playas, su entorno natural y su actividad gastronómica. Allí participaron de distintos emprendimientos que les permitieron comenzar una nueva etapa. “Ella abrió una galería de arte, una casa de decoración y un bar con comida asiática: había tragos, música... era muy buena la idea”, contó.
Mientras su pareja desarrollaba los proyectos, el exfutbolista asumió tareas relacionadas con el funcionamiento cotidiano del negocio. Se ocupaba de recibir y controlar la mercadería, atender a los clientes y resolver cuestiones logísticas. “Estuve seis años. Era un pueblo chico, lindo, era otra vida”, recordó sobre su experiencia en Brasil.
A pesar de haber encontrado una nueva ocupación, la gastronomía no fue su único proyecto. Paralelamente, comenzó a involucrarse en el negocio inmobiliario de su familia, especialmente a través de la empresa de su padre, dedicada al desarrollo de propiedades. Su participación se concentró en el asesoramiento y la construcción de casas y edificios en la zona oeste del conurbano bonaerense, una actividad que le permitió adquirir experiencia en un rubro alejado del deporte.
También decidió incursionar en el mercado automotor. Junto a un amigo abrió una concesionaria de vehículos usados, con un modelo de negocio basado en la intermediación entre propietarios y compradores. “Abrí con un amigo una concesionaria de autos usados, que funciona como un servicio para la gente que lo quiere vender; yo hago la gestión de venta para llevarme una comisión”, explicó.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA a partir de un artículo firmado por Federico Marín.