Generales Escuchar artículo

Fotógrafas silvestres y el acto de ver

Dos mujeres se aventuran tierra adentro, kilómetros de soledad en el paisaje. Van solas, cada una por su huella, pero llevan una misma armadura: una cámara de fotos que les da una razón para el ...

Fotógrafas silvestres y el acto de ver

Dos mujeres se aventuran tierra adentro, kilómetros de soledad en el paisaje. Van solas, cada una por su huella, pero llevan una misma armadura: una cámara de fotos que les da una razón para el ...

Dos mujeres se aventuran tierra adentro, kilómetros de soledad en el paisaje. Van solas, cada una por su huella, pero llevan una misma armadura: una cámara de fotos que les da una razón para el viaje. Un sentido: contar de la manera más sencilla y auténtica quiénes son los habitantes de estas tierras.

Tienen la capacidad de poner el corazón en el otro, mirar a los ojos, ver sin presentir.

Céline Frers y Guadalupe Miles tienen más semejanzas que diferencias. Son fotógrafas y acaban de publicar libros con sus últimos ensayos. Son dulces con sus retratados: van al encuentro genuino con el otro, en sentido antropológico. Buscan comprender la esencia de personas muy distintas, a las que admiran profundamente. Practican el ejercicio de ver. Y después llegan las muestras y los libros, con los que comunican al mundo esa otredad tan valiosa, tan preciosa, que han encontrado.

Frers es vaqueana: se interna a caballo o a pie monte adentro o cerro arriba, 4000 metros sobre el nivel del mar, camina por cornisas, atraviesa ríos. Busca como un antiguo explorador, conversando de rancho a rancho, el dato que la lleve a su personaje perdido. Criada entre gauchos de Corrientes, la peonada del campo de su abuelo, monta a pelo si es necesario. Se baña desnuda en arroyos. Me recuerda a la China Iron en su destreza silvestre (la Martín Fierro mujer del libro de Gabriela Cabezón Cámara). “Yo quiero que mis fotos transmitan esa fuerza que siento en la naturaleza, esa potencia”, dice, y retrata una manada de búfalos que se le vienen al humo, ella arriba de un árbol.

Es nómade y sus motivos van cambiando. Vivió por buena parte del mundo antes de asentarse en lo más alto de un cerro en las afueras de Salta. Sus libros anteriores son Colores de Corrientes, Cielos Patagónicos, Tierra de Gauchos, Patagonia Sur, Sentir Areco y Tierra Adentro. De norte a sur. El más reciente es Hilando culturas (India Ediciones, 2025), en el que retrata a hilanderas de los Valles Calchaquíes, la Puna y el Monte Impenetrable. Se queda a dormir en sus casas de adobe hasta que logra una foto que no las traicione, cuando siente que logró que le abrieran su alma. “Paso varios días tomando mate, acompañando a pastar las cabras en precipicios que te tiemblan las piernas… pero hasta que no siento que se entregan, que ya confían en mí, no saco la cámara”, dice. “Me conmueve esta gente. Yo la admiro, por su simpleza, su contacto con la naturaleza, la aceptación en tantas cosas y a la vez eso de valorar lo simple, que es todo lo que yo busco”, dice.

Si Frers es gaucha, criolla, Miles se ha vuelto parte de una comunidad aborigen, y entre las dos componen una radiografía de la argentinidad. También viajera, ha decidido quedarse en un lugar. Lleva treinta años dedicada a observar los pueblos Wichí, Chorote y Nivaclé en el Chaco salteño. Se fue quedando, y así logró imágenes de una intimidad imposible, gozosas, que dieron la vuelta al mundo, ganaron premios y se guardan en colecciones de museos. Vuelve una y otra vez. El chamán Tiluk le hizo su propia casa de barro y le dio el nombre del libro que reúne sus fotos: Hace diez mil veces éramos familia, publicado por el Museo de los Cerros de Jujuy. Ella ayudó a construir el Centro Cultural Tewok en la comunidad de Santa Victoria Este, y también fundó El Caserío, una residencia para artistas en Bárcena, portal de la Quebrada de Humahuaca, Jujuy, donde vive. Una vez al año, Isabel Ruarte, la mujer de Tiluk, ya fallecido, va a dar clases de cerámica. Algunas de sus piezas se inspiran en las fotos de Miles.

“Somos familia, y eso es algo que hemos ido generando, sin que nadie pierda su identidad”, dice Miles. Solo quien permanece en un lugar llega a conocerlo tanto, tan en profundidad. Tiene fotos de cinco generaciones de mujeres: al sol, disfrutando el agua y el barro. Ticio Escobar dice que lo que hace Miles es tener una mirada no extractivista. “Yo siento que ellos me criaron de nuevo. Yo era grande, ya tenía 30 años, pero siento que ellos me tomaron y me criaron otra vez. Y me enseñaron a ver y a percibir como ellos ven y perciben la naturaleza, siendo parte de ella”, dice Miles.

Ellas, Frers y Miles, tienen la capacidad de poner el corazón en el otro, mirar a los ojos, ver sin presentir. Regalan al mundo esa maravilla.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/fotografas-silvestres-y-el-acto-de-ver-nid27012026/

Volver arriba