Fernando Tornello, la voz de la Fórmula 1: “Si tuviera un auto bueno, Colapinto estaría ganando carreras”
Siempre le gustó leer, pero no sólo las revistas deportivas en su infancia en Palmira, tierra mendocina, cuando no tenía plata y el kioskero vecino se las prestaba para que pudiera estar al día...
Siempre le gustó leer, pero no sólo las revistas deportivas en su infancia en Palmira, tierra mendocina, cuando no tenía plata y el kioskero vecino se las prestaba para que pudiera estar al día con todo lo que pasaba en el mundo deportivo. A Fernando Tornello lo atraía básicamente la lectura. Toda clase de libros. Por lo que su paso por la escuela fue holgado, salvo por los dolores de cabeza que le ocasionaban las materias física y química. Pero geografía, historia, eran “fáciles”. Lo mismo que matemáticas: “Siempre fui rápido para los números”.
La voz de Tornello es un clásico en las transmisiones automovilísticas por televisión. Un mundo con el que no soñaba de chico, cuando sí lo atraía particularmente el periodismo. La vida lo fue llevando por distintos caminos, incluida la de estar en el núcleo de organización de grandes premios de Fórmula 1. Nacido en Belgrano, pero desde los 7 instalado en Mendoza cuando sus padres, Pedro (mendocino) e Irma, decidieron mudarse allí, se convirtió en un referente de las distintas categorías del mundo motor, especialmente la Fórmula 1, su gran pasión. Viajes, anécdotas, amistades, amigos muy cercanos entre los protagonistas. La convicción de que “Franco Colapinto estaría ganando carreras si tuviera un buen auto”. Y el impacto que ocasiona una muerte inesperada como la de Ayrton Senna, “el mejor”, según su mirada.
Hermano de Silvia, casado con Miriam y padre de Enrico y de Tamara, con dos nietos (Franquito e Indiana), Tornello, de 74 años, se sorprende por la manera cómo conecta con la gente. “La gente me reconoce más por la voz. Es impresionante. Me miran en la calle y no pasa nada, jaja. Cuando me escuchan hablar, se dan cuenta: ‘Vos sos el que transmite la Fórmula 1’, me dicen. Hace poco estaba en Chile, tomé un Uber y justo me llama un amigo. Cuando corté, el conductor me dice: ‘Perdón Fernando, no te había reconocido hasta que hablaste. Yo miro todas las carreras de Fórmula 1’. Ese tipo de cosas me pasan.
Fanático de Independiente, de la época bien copera del Rojo, tiene una memoria prodigiosa. Es capaz de acordarse de la formación del primer partido que vio en una cancha: el que Independiente le ganó al Santos de Pelé. Un amistoso. Lo llamativo es que recuerda los 11 del equipo brasileño y los recita: “Gilmar; Mauro y Geraldinho; Ismael, Lima, que reemplazaba a Zito que estaba lesionado y era el titular y Joel; Dorval, Mengalvio, Coutinho, Pelé y Pepe. Fue el 1° de febrero de 1964. Ganamos 5 a 1. Santos era el campeón de América y del mundo. Ese fue mi debut en la cancha”.
¿Cómo fue su nexo con el periodismo? “Leía El Gráfico, Goles, lo que me interesaba: automovilismo y fútbol. Me gustaba muchísimo el periodismo. Lo que yo soñaba era ser periodista. Después vinieron cosas mucho más grandes, todo lo que pasó en mi vida”.
-¿Qué te gustaba del periodismo en sí?
-Leía mucho: Juvenal, Vega Onesime, Cherquis Bialo. Tenía referentes y maestros que después terminaron siendo amigos míos, como Guillermo Blanco. Y en la radio escuchaba los partidos de Buenos Aires por Fioravanti. Paradojas de la vida, después terminé trabajando con él en el programa de Silvio Soldán en Radio Splendid. Era tocar el cielo con las manos. Los chicos de ahora no saben ni quién era Fioravanti, don Joaquín Carvallo Serantes, el número uno de los relatores. Una distinción, una elegancia para hablar.
-¿En el colegio qué tipo de alumno eras?
-Al leer muchísimo de chico, y toda clase de libros, el colegio nunca me resultó difícil. Sabía de geografía, de historia. Mis materias más flojas eran física y química. Matemáticas no, porque siempre fui rápido para los números. El profesor de geografía, cuando me tenía que tomar examen, me pedía disculpas por hacerme pasar, jajaja. ¡Sabía todo! Estudiaba los Atlas, jugaba con mi padre a reconocer las banderas de los países de todo el mundo, pero no las fáciles, ¿eh?. Las más difíciles. Después, el mismo ejercicio lo hice con mi hijo, Enrico, que también sabe un montón.
-Estudiaste Derecho en algún momento.
-Sí, la facultad en esos años era complicadísima. Desde los 17, trabajaba en una concesionaria FIAT, en Villa Martelli. Hacía toda la parte de entrega de autos, la papelería. Mi padre compraba autos ahí y los vendía en su agencia, en Palmira. Estaba de 8 a 18.30, tomaba el 67 y llegaba a las 19.30 a la facultad. ¡Y la mayoría de los días no había clases! Estaban el ERP, los montoneros. Tomaban las clases, sacaban al profesor y empezaban con la proclama política. Yo quería estudiar. Un día volví, le dije a mi madre “no voy más a la facultad” y se terminó. Ella me preguntó qué iba a hacer y le dije “voy a estudiar periodismo”. Enseguida me preguntó: “¿Y de eso vas a vivir?”.
-Naciste en el 53, justo en la época de Fangio campeón…
-Sí, pero yo no tenía idea de Juan Manuel. Empecé a ver automovilismo y a acercarme a la Fórmula 1 con Jackie Stewart, allá por 1973. No vi a Fangio, no vi a Jim Clark, pero a partir de Stewart para acá, sí, vi a todos. Obvio que conozco la historia de Juan Manuel y de Clark, porque era mi obligación y mi gusto conocer lo que había pasado.
-Hiciste radio, hacés TV. ¿Cuál te gustó más?
-La radio, por el encanto de que la gente se imagina las cosas, no las ve. Tenés que ser descriptivo, das un mundo para que cada uno se imagine una cosa a su modo. En la televisión no te queda nada mágico, misterioso. La TV es cruda en ese punto. Pero claro…Arranqué en el 84, con Héctor Acosta, en ATC, y no paré más. En rigor, empecé con Carlos Legnani en Campeones en el 76. Hacíamos una tira de lunes a viernes. Yo estaba estudiando en el Círculo de Periodistas Deportivos con Ernesto Testa, que 50 años después sigue siendo mi mejor amigo. Y en el tercer año me dice: “Legnani está necesitando gente para hacer un programa. ¿Qué te parece si vamos?”.
Ahí dejé la concesionaria y arranqué con periodistas muy buenos. En 1980 llegó el programa Ruedas, durante seis años, en Radio Excelsior. Fue con lo que más me divertí en mi vida haciendo periodismo, con Ernesto Testa, Néstor Carbia, Héctor Miranda. Lo tuve que dejar porque con ATC viajábamos 42 fines de semana por año a transmitir carreras de todas las categorías. ¡Era una masacre! Llegaba destruido a fin de año.
-¿Te gustaba esa vida?
-Sí, en ese momento me gustó mucho, estaba haciendo periodismo y me gustaban los autos. Porque no llegué como piloto frustrado al periodismo: no sentía correr. Aquella vida, hoy, no la podría hacer.
-¿Qué clase de conductor sos en la calle?
-Manejo súper tranquilo. Es una locura la calle. No soy de pisar el acelerador. En alguna época, de joven, quizá sí, pero se me pasó enseguida. Por suerte no tuve graves accidentes ni nada. Es más, voy tranquilo, pensando en lo que tengo que hacer en los programas, repasando cosas que pasaron en esa carrera.
-¿El auto más lindo que tuviste?
-Mirá, la gente se ríe. Hasta hace poco tuve un Citroën C4 Lounge que me encantaba, lo amaba, y lo cambié después de ocho años. Ahora me compré un ByD, chino, una nave espacial. Pero cariño, cariño le tenía al C4 Lounge. Una vez vino un amigo que tenía una concesionaria y me dice “Llevate un Audi y me lo pagás como querés y cuando puedas”. Le agradecí y le expliqué: “Yo no puedo abrir el garage a las cuatro de la mañana cuando voy al canal y salir con un Audi”. Prefiero algo más tranquilo, low profile.
-Hablando de autos y de manejar, tu primer viaje periodístico fue a Brasil en 1977.
-Síiiii, fue una locura por dos cosas. Primero, porque fuimos en dos autos: 2400 kilómetros hasta San Pablo. Era una aventura, pensá que no fue con los autos de ahora y hablamos de hace 50 años. Ni recuerdo si tenían cinturones de seguridad. El otro motivo fue que la carrera la ganó Lole Reutemann. Debutar con una carrera de Fórmula 1 afuera y que gane Reutemann era de locos para nosotros.
-¿Cuántas paradas hicieron para pernoctar?
-Una, en Iguazú. Lo normal serían dos. La vuelta también fue en el auto, contentos por la victoria de Lole. Lo curioso es después hice muchísimos viajes a Brasil en auto con la Fórmula 2, con la F3 Sudamericana. Fui a Brasilia dos o tres veces: son 3000 kilómetros desde acá. También a Rio, a Curitiba, a San Pablo tres o cuatro veces. El avión era muy caro como para pagar cuatro o cinco pasajes y no había presupuesto. Además, disponíamos del coche para movernos allá.
-¿Cómo lo conociste a Felipe McGough?
-Él era periodista en Carburando y yo en Campeones, siempre hablábamos. Se fue a vivir a Inglaterra. Era corresponsal de una revista (Auto 2000) que teníamos con otros periodistas. Cuando volvió, empezamos a trabajar con la Fórmula 2 Codasur antes que se transformara en la F3 Sudamericana. Felipe hacía las relaciones públicas y yo la prensa. Un día nos ofrecieron ser los promotores de la categoría y nació la sociedad. Hasta organizar los grandes premios de Fórmula 1 de los años 90, transmitiendo por Telefe.
-Organizar una carrera de Fórmula 1 debe ser algo muy especial. Cuando te lo dijeron por primera vez, ¿la respuesta fue un sí automático?
-Sí, éramos dos locos que íbamos al frente. Todo lo que decían si lo podíamos hacer, lo hacíamos. Hoy te digo que jamás volvería a hacer una cosa como esa. Te absorbía las 24 horas. Te llamaban a las 3 de la mañana por un problema y tenías que irte para el autódromo. ¡Una locura! Y además lo hicimos con escasos recursos. La semana de la carrera teníamos trabajando 2000 personas en el autódromo. Pero la organización-organización, la hicimos con un grupo de gente mucho menor: de 12 a 15 personas que nos encargábamos de todo. Y es una organización desbordante, por todo lo que hay y todo lo que te exigen.
-¿Cómo se traduce esa exigencia?
-Un día vino Bernie Ecclestone, en marzo del 94, y nos dijo: “Hay que arrasar todo aquello”. Y nos señaló los boxes. ¡Arrasarlo, como hicieron ahora! Había que construir de nuevo. En medio de la construcción, se produjo un tema financiero grave: el efecto Tequila. Y el banco que nos financiaba, el de Marcos Gastaldi, se cayó. Teníamos el autódromo arrasado y la carrera a cuatro meses. Marcos se portó muy bien, nos consiguió otros bancos que financiaron la obra. La pudimos hacer con lo justo, pero lo hicimos.
-¿Cómo era negociar con Ecclestone?
-Dificilísimo. Cuando vos vas, Ecclestone ya fue y vino noventa veces. ¡Rapidísimo! Pero siempre tuvo una virtud: es un hombre de palabra. Te exprime, te exige, pero lo que te dice que está, aunque no lo firmes, está. A nosotros nos pasó. Felipe estaba negociando la renovación de los derechos con Telefe en el 97 y Bernie nunca nos cerraba el acuerdo. Hasta que un día le dijo a Felipe “Está hecho. Le doy mi palabra. Ustedes arranquen, después firmamos el convenio”. Arrancamos en Australia. Obviamente estaba todo: la credencial, la cabina. ¡Firmamos recién en septiembre! Un tipo derecho en esas cosas.
-¿En Telefe entre qué años trabajaste?
-Del 91 al 99. Toda la época de Constancio Vigil como dueño del canal, con Gustavo Yankelevich, que es el 1 absoluto de la televisión. El canal era una máquina arrolladora. Con Grande Pa y sus 53 puntos de rating, con Amigos son los amigos que hacía 50, Videomatch, Ritmo de la Noche, Susana, Xuxa. En la Fórmula 1 éramos el último vagón, con 8 a 12 puntos, que ahora son muchísimo. Pero era la Fórmula 1 y había carreras en Argentina. Había mucho atractivo.
-No lo viste correr, pero cuando lo conociste a Fangio, ¿qué te pasó?
-Y, a Fangio lo veía como un dios, pero él no se comportaba como tal. Era un hombre de carne y hueso que te aconsejaba, te decía buenas cosas siempre. Le tenía tanto respeto que nunca me saqué una foto con él. Hace un año publiqué un libro, “Amigos de América, de Fangio a Colapinto”, y no tengo una foto con Fangio. Una figura impresionante.
-¿Te pasó con algún otro?
-En otro sentido, te diría que con Senna, con el que compartimos mucho. Pero con Ayrton era todo mucho más terrenal. Como íbamos a todas las carreras de Fórmula 1, lo veíamos siempre. Teníamos una relación espectacular. Llegábamos y nos preguntaba si ese fin de semana necesitábamos hacer alguna nota.
-Está el famoso viaje en remise que compartieron con él, junto a Felipe.
-Cuando me toca compartir una comida o un encuentro con gente que no conozco, y me piden una anécdota, esa es la primera que me sale. Fue a finales del 91, cuando él vino como tricampeón del mundo. La secretaria de Ayrton, Helena, llamó a la oficina nuestra para ver si le podíamos organizar una cena con Fangio, porque él iba a estar una noche en el Sheraton. Llegó en el vuelo traspolar. Felipe organizó la comida y yo llamé a Juan Manuel. Había una admiración mutua muy fuerte. Para Senna, Fangio era el número uno indiscutido, y para Fangio, Senna era el número uno que le iba a quitar sus récords. Así que entre ellos había una onda increíble.
Lo fuimos a buscar en remise aeropuerto y en medio del viaje al hotel lo llamo a Fangio, con esos teléfono ladrillo, como le decíamos. “Páseme con Ayrton”. Y es cuando Senna le cuenta, medio en portuñol, “Don Juan, hice todo como vocé me dijo”, lo que demostraba el enorme cariño que Senna le tenía a Fangio. Después está el podio de Brasil 93, cuando lo ve y baja a saludarlo afectuosamente. Un momento sublime.
-¿Ayrton fue el mejor para vos?
-Sí, el mejor de los que vi. Digamos que tengo dos número 1: Fangio, al que no vi, y Senna. Y Verstappen, para mi, es la reencarnación de Senna. Tiene todo lo que tenía Ayrton: la garra, la mentalidad, el hambre de ganar, no te regala un milímetro. Un piloto impresionante.
-Tenemos los tres mejores entonces. Elegí dos más para completar tu quinteto histórico.
-Jim Clark y Schumacher. Se van a enojar los hinchas de Hamilton, pero creo que Schumacher era mejor. Alguien tenía que quedar afuera.
-No estabas en Imola el día que se mató Senna. ¿Cómo lo viviste a la distancia?
-En Imola estaba Felipe y yo hacía estudios en Buenos Aires. Fue un shock. Era como perder a un hermano, más o menos. Fue brutal. ¿Sabés qué pasa? Jamás nadie pensó que Senna se podía matar. Nunca. Senna era indestructible. Era inmortal. Es inmortal, en definitiva. Y encima, como se murió joven, quedó la mejor imagen de él. Vos vas a un circuito y hay tiendas de merchandising de los pilotos de los equipos. Y en todos hay una tienda de Senna. A la gente la ves con ropa de Senna. ¡Y pasaron más de 30 años! Senna sí que tenía un aura especial. Cuando entraba a una sala de conferencias, se hacía silencio. Te lo digo y se me pone la piel de gallina.
-Además de la del remise, ¿tenés otra anécdota con Senna?
-Una vez, en Sudáfrica, cuando él ya era súper ganador, famoso, tricampeón del mundo, yo fui con mi camarógrafo para hacer una entrevista detrás del box. Estaba en una nota con Globo. Nos paramos a un metro y medio, a esperar. La nota fue larga. En el interín, llegó la gente de la RAI, de la BBC, y cuando terminó con Globo se le abalanzaron. Eran los canales más importantes de Europa. “Disculpen, pero primero están ellos”. Una anécdota que te lo pinta cómo era él como persona.
-¿Y Lole Reutemann? La gente lo cuestionaba: que era segundo, que le faltaba carácter, que no arriesgaba. ¿No se lo valoró en su real dimensión?
-Sí lo valoraron afuera, acá no se lo valoró, cosa habitual en nosotros, los argentinos, que cuestionamos todo. Han cuestionado a Messi antes de Qatar, así que imaginate. Reutemann fue un pilotazo que tendría que haber sido campeón. Hay por lo menos tres pilotos que eran mejores que muchos de los campeones y no lo fueron: Reutemann, Ronnie Peterson y Stirling Moss. Reutemann era mejor que Keke Rosberg, que Jody Scheckter, que Dennis Hulme. Lole era un piloto mucho más completo. Lo que pasa es que nunca tuvo suerte. O tuvo un problema para elegir los equipos: llegaba en el momento inoportuno. Todos grandes equipos. En Ferrari, en el 78, ganó cuatro carreras, pero estaba Lotus, que ganó ocho, seis con Mario Andretti, y salió campeón. En el 81 pasó lo que todo el mundo conoce en Williams. Debió ser campeón ese año en Las Vegas.
-¿Te sorprendió que se dedicara a la política?
-Sí, pero ojo que en los ratos libres de Fórmula 1 leía mucho, sobre todo de economía. Siempre. Leía libros, los diarios europeos. O sea que tenía un perfil como para dedicarse a algo así, pero no a la política para ser, como fue, gobernador o cuando le ofrecieron ser candidato a presidente. Era un tipo muy reservado. Fue comentarista en algunas carreras. Hablaba mucho más con nosotros cuando dejó de ser piloto que cuando corría, jajaja. Siempre le tuve un enorme respeto, admiración, valoré su talento y calidad. Por algo lo eligieron Ferrari, Lotus, Brabham, Williams. No corrió en equipos de segunda.
-¿Qué sensaciones tuviste cuando apareció Franco Colapinto?
-Franco revolucionó un poco el tema de la Fórmula 1 en Argentina, se metió gente que nunca estuvo. Me hizo acordar un poco, en otra medida porque ahora hay redes sociales, a la época de Reutemann, donde la gente se interesaba por ver las carreras. Si Lole hubiera tenido las redes sociales que hay ahora sería un monstruo en la historia. Pero a mí me gustó el impacto de Franco.
-Se desbordó un poco el tema del público.
-Claro, hay también algunos temas que no son muy buenos. Las reacciones de mucha gente que no conoce la idiosincrasia de la Fórmula 1. Entonces insulta al equipo, insulta a los rivales. Vos ves una carrera de Fórmula 1 y en la tribuna están sentados algunos con la camiseta de Ferrari, al lado alguien con la gorra de Red Bull, otro con la camiseta de Mercedes. Es decir, no hay barra brava. Los hinchas van todos juntos y se divierten, disfrutan la carrera. Cada uno va a lo suyo.
Y bueno, acá con esta pasión que tenemos los argentinos… En Bakú pasó con Franco y Alpine tuvo que sacar comunicados por el tema del abuso y el odio en las redes, y eso es malo. Ya había pasado y también lo sufrió Agustín Canapino en la Indy. Hay que tener respeto, hay que ser educado para decir las cosas. Mi lema es: lo peor se puede decir de la mejor manera también.
-¿Cómo se portan con vos en las redes?
-Hay de todo. En general se porta bien. Perdóneme la gente, pero leo muy poquito de las redes. Vos escribís con tu nombre, tu apellido, tu foto, la gente sabe cuál es tu trabajo, y de repente te habla o te escribe alguien que no se sabe si es un hombre, una mujer, un robot, un chico o una persona grande, porque está escudado en un nombre falso, configurado, y en una foto te ponen un perrito. Es una batalla desigual.
-Todo lo de Bakú, incluida la frase de Lando Norris, que después le pidió disculpas, fue demasiado escándalo.
-Franco hizo una nota con nosotros, con ESPN, y le pidió a la gente que bajara los decibeles, que apoye a todo el equipo, a él, a Gasly, a Briatore. La gente interpreta a veces muchas cosas que no son como parecen, creen que a veces le perjudican a Colapinto a propósito, y no es así. El equipo tiene una forma de desarrollar. Llevan un ala nueva, se la ponen primero a Gasly en una carrera para probar si funciona, porque Pierre tiene más experiencia y hace muchos años entró en Fórmula 1, ha ganado. Me parece lógico. Después se la pusieron a Franco, y le ganó a Gasly. Hizo una buena carrera en Monza, donde sacó puntos; anduvo mucho mejor que Gasly en Madrid. En Bakú andaba peor que Gasly, pero es la Fórmula 1 así. Es el deporte, no se puede ganar siempre. La gente tiene que entender eso también. Y ser educada.
-Se hizo muy frecuente en los comienzos de Franco de cuestionar también al periodismo, como que se sobredimensionaba la capacidad del piloto.
-¿Sabés qué pasa? Desde el sofá, cómodo en tu casa, es fácil ver e imaginar cosas, pensar “¿Qué está diciendo este tonto?”. Tenemos un equipo muy sólido, todos hace años que estamos en la Fórmula 1. Tenemos gente que habla de técnica, gente que hace notas, gente que comenta desde el punto de vista del piloto. Pero el público tiene su imaginario. Y después están los fans de cada uno, que reaccionan dependiendo de lo que vos digas. Yo diría que el mensaje sería bajar un poquito los decibeles, vivirlo con pasión, pero tratar de ver la realidad de las cosas como son. Y Franco, Franco se equivocó esa vez, como a veces puede errar el equipo.
-¿Para qué crees que está Colapinto? ¿Qué futuro le avizorás?
-Franco tiene talento, tiene sponsors, ya está en la Fórmula 1, o sea que está dentro del sistema. Te doy el caso de Antonelli: Colapinto con Antonelli ganaban y perdían en la Fórmula 2; eran más las veces que Franco le ganaba a Antonelli. Es cierto que los pilotos después van creciendo, evolucionando, pero si Franco tuviera un equipo como tuvo Antonelli, un Mercedes para estar todo un año de aprendizaje, el pasado, y un auto con la diferencia que tiene Mercedes este año, Franco estaría ganando carreras. Tiene talento para hacerlo.
Los pilotos, como otros deportistas, van creciendo, mejorando, aprendiendo, se hacen más sólidos y con la experiencia ganan en un montón de cosas. Pero tenés que tener un auto bueno, y un equipo bueno. Franco tiene un equipo del medio. Con ese equipo no puede ganar, salvo una catástrofe en una carrera. Pero si tuviera un buen auto podría ganar. Yo lo veo para eso. Ahora, para llegar a ese punto hay que permanecer en la Fórmula 1 y tratar de conseguir un equipo de punta. Eso es difícil: cada equipo además ahora tiene su academia y están esperando que se vaya alguno de los titulares. Y Colapinto no está en la academia de Mercedes, de Red Bull, ni de Ferrari.
-¿Briatore qué clase de personaje es?
-Briatore es un duro, desde la época de Ecclestone procede de la misma manera que procedía Bernie: con dureza. Briatore jamás le va a decir a Franco que estuvo super extraordinario, le va a decir que estuvo bien y siempre lo va a pinchar, a aguijonear, para sacarle algo más. Es el estilo de él. No es un estilo que me guste demasiado, pero lo conozco desde el 91, cuando se lo llevó a Schumacher de Jordan a Benetton en la primera carrera, y después se lo llevó a Alonso de Minardi a Renault. Él tuvo grandes pilotos, entonces quiere conseguir otro gran piloto. Cuando se lo llevó a Franco fue para ir formándolo. Briatore tiene que formar un buen equipo. Ya consiguió un buen sponsor para los próximos años (Gucci) y ahora tiene que formar un equipo técnico, que también respalde a los pilotos.
-¿Qué tiene de distinto un piloto de Fórmula 1? ¿Por qué son de élite?
-Creo que es por lo que manejan, por los autos que conducen y por cómo tienen que prepararse para manejar estos autos. Ojo que hay otras categorías con pilotos muy, pero muy buenos. Nosotros tuvimos uno que no llegó a la Fórmula 1 y que lo merecía más que otros: Pechito López. Extraordinario. Para llegar a la Fórmula 1 necesitás tener varias condiciones: talento, apoyo y suerte de que se libere una butaca cuando estás maduro para entrar. Si no se libera una butaca, te quedás en la antesala y no llegás nunca, como le ha pasado a muchos pilotos.
-Dentro de los muchos cambios que tuvo la Fórmula 1 está el trato de los periodistas con los pilotos. Antes había más acceso: paraban en los mismos hoteles, compartían comidas. Y hoy es todo mucho más estricto.
-Muy diferente todo. Antes podías hablar con los pilotos en cualquier momento. Te los cruzabas, los parabas y hablabas. Pero no tenías ninguna información. Por ejemplo, yo transmitía las carreras y me llevaba el cronómetro, no tenía el live timing, como hay ahora, ni monitor de TV. Ahora es todo al revés: no se puede hablar prácticamente con los pilotos, salvo cuando la jefa de prensa te dice bueno “tal día tenés 10 minutos para hacer una nota con él”. Pero tenés toda la información en la pantalla. Para el público es bueno. Hay millones de datos: tiempos, diferencias, vueltas que tienen con cada goma, en qué vuelta puede alcanzar al otro, los team radios. Hoy podés relatar una carrera mirando sólo la pantalla. Eso te favorece para el laburo. El trabajo hoy es mucho más fácil que antes. No te podés equivocar.
-La entrada de Liberty, en 2017, revolucionó todas las estructuras de la Fórmula 1. Hoy, mirando para atrás, ¿fue positivo ese cambio?
-Sí, muy positivo. Valoro muchísimo lo que hizo Ecclestone en 45 años manejando la Fórmula 1, del 72 al 2017. La Fórmula 1 era, a principios de los años 70, un deporte donde los pilotos como Stewart, Fittipaldi, Reutemann y otros iban a correr carreras de Fórmula 2 para facturar más. Ecclestone la tomó ahí, la hizo crecer exponencialmente. Pero llegó un punto donde Bernie estaba muy cerrado con la entrada de los jóvenes. Su frase favorita era “Me gusta la gente de 70 años con plata, con mucha plata”.
Con Ecclestone no podías grabar, no podías subir a las redes, en los boxes y en el paddock no podías hacer nada. Liberty dio vuelta a la historia, creó la música de la Fórmula 1, que es espectacular; hicieron la serie de Netflix, la película con Brad Pitt, abrieron las redes, hoy todo el mundo puede opinar, los pilotos suben fotos, videos. Se abrió el mundo de la F1 y captó millones de seguidores. Llegaron jóvenes, millones de chicos y sobre todo mujeres. El 74% de las nuevas audiencias son mujeres, con lo que se equilibró la balanza machista anterior. Lo que pasa es que este año para mí la erraron con el reglamento.
-Hablemos de eso.
-Creo que arruinó un poquito la calidad de la Fórmula 1. Bajaron el techo y los pilotos que hacían una diferencia hoy no la pueden hacer. Verstappen, por ejemplo. Él siempre se quejó de este reglamento porque sabía que al achatar el techo, todos iban a estar en ese límite. Y él no puede pasar de ese límite. El tema técnico del motor, que es el 50% eléctrico, hace que los pilotos tengan que recargar la batería cuando están corriendo, y entonces de repente van en rectas, o en curvas famosísimas de alta velocidad, y tienen que levantar el pie para regenerar la batería eléctrica. Así se pierde el espectáculo.
-¿A la gente puede ser que le resulte más divertida esta Fórmula 1 por ver más sobrepasos, más pelea, o no?
-Es que no son sobrepasos: son cambios de posiciones por la batería. Un piloto en una recta te pasa como parado, pero se queda sin la batería. En la recta siguiente, el otro que venía recargando la batería, lo vuelve a pasar. Entonces, es muy artificial el tema. Antes la habilidad de los pilotos era tratar de frenar más adentro de una curva, arriesgarse, pasar al otro por adentro, por afuera, por donde fuere, pero era la habilidad de los pilotos.
Ahora es un tema tecnológico, nada más. Es complejo para el público también.
-La Fórmula 1 depende el 80% del auto. ¿Eso cómo influye en la imagen del deporte? ¿Le baja el precio?
-No, porque siempre el ser humano, en este caso los pilotos, se supera. Hay pilotos que se sobreponen a no tener un auto ganador. En el 93, Senna ganó cinco carreras, en callejeros y con lluvia, con un auto que era dos segundos más lento en lo seco. Verstappen y Schumacher también. Lo que pasa es que Schumacher y Hamilton ganaron muchos títulos con el mejor auto. Por eso yo valoro más lo de Senna. Verstappen ganó un par de títulos con el mejor auto, pero también con un auto que no era el mejor. El año pasado, sin ir más lejos, estuvo muy cerca pese a que venía 100 puntos atrás de los líderes.
-¿Vuelve la Fórmula 1 a la Argentina?
-Parece que sí, no sé si para el 28, 29, o 30, pero sé que están trabajando bien en el autódromo. Va a ser un autódromo muy bueno, de primer mundo, y teniendo un buen autódromo, a Franco y sponsors, es más simple poder hacer una carrera, dentro de lo complejo que es armar una carrera de Fórmula 1. Pero tenés todos los factores que inciden a favor.
-¿Vos creías que era posible en un país con tantas vueltas, su economía volátil?
-Nosotros lo hicimos, yo siempre creí que era posible. Me llamaron hace un año y medio del Gobierno de la Ciudad para preguntarme y les dije: “Miren, es muy difícil pero no es imposible, se puede hacer. De hecho nosotros lo hicimos, y sin demasiado dinero que sobrara”. Así que sí, se puede hacer tranquilamente. Lo que pasa es que hay que medir bien algunos temas: quién pone el dinero, cómo se pone, si son empresas privadas. En un país con las carencias que nosotros tenemos desde hace muchos años, los gobiernos no pueden distraer plata en una carrera de Fórmula 1. Sí entiendo que el Gobierno de la Ciudad esté arreglando el autódromo, porque el autódromo es de la ciudad, y me parece que se puede usar todo el año para muchas otras cosas, categorías, festivales.
-Mencionaste a Héctor Acosta en tus primeros tiempos en ATC. Es recordada la manera como se quiebra en el relato de la última vuelta de Mónaco 1980, cuando gana Reutemann. ¿Te pasó alguna vez de emocionarte en medio del relato?
-No, así como a Héctor, no. Hubo carreras muy emocionantes para mí, de disfrutarlas al máximo. Como la de Abu Dhabi 2021, con ese final increíble entre Verstappen y Hamilton.
Fue una de las carreras más impresionantes que transmití en mi vida, pero por el final, que se llevó todo puesto. Después, algunas victorias de Senna increíbles, bajo la lluvia y con un auto inferior. Palizas por manejo. Como hace Max cuando puede. Lo que pasa es que ahora cambiaron las condiciones. La tecnología, el reglamento, acható el techo este año y los pilotos buenos no se pueden lucir tanto. Porque al techo bajo que hay llegan casi todos.
-Muchas veces se cuestiona el automovilismo por sus riesgos, más allá de que se han reducido los accidentes mortales. ¿Tiene esa cuota de imprevisibilidad?
-Sí, la tiene. Más allá de los enormes avances, nunca se está 100% seguro en la F1. Pasa que hoy tenés que tener mucha mala suerte para matarte en un accidente. Froilán González siempre me decía: “Los cascos que usábamos nosotros eran para no despeinarte. Era una tela o un cuerito que te ponían en la cabeza, pero si te pegabas te matabas”. Y bueno, ahora entre los cascos, los arneses, el dispositivo Hans para proteger el cuello y las cervicales, la ropa, los autos, las defensas en los circuitos que absorben el impacto. O sea, se ha mejorado muchísimo, pero nunca estás exento de que pase algo... Como el accidente de Senna: no era para que se matara. Sin embargo, se le desprendió un cañito de la suspensión y se le metió casi por la ceja. Y eso fue lo que lo mató. Hubo accidentes mucho peores que ese.
-¿La serie Drive to Survive te gustó?
-Vi dos capítulos nada más. Mucho no me atrajo porque sé lo que pasa dentro de la Fórmula 1 y vi “la novela” que es la serie. Miré el primer capítulo de la temporada inicial y ahí la dejé. Y también vi, por curiosidad, cómo era el último capítulo del 2021, el de Abu Dhabi. No digo que sea mala: a la gente, a los chicos les interesó muchísimo, los trajo a la Fórmula 1. A los que estamos ahí en ese ambiente no nos atrajo.
-¿Las tres carreras preferidas para cubrir?
-Amo el circuito de Suzuka y Japón. De las modernas me gusta muchísimo Austin. Todo: el circuito, el ambiente, la comodidad para trabajar. Después, bueno, hay carreras… Monza me encanta para ir. Silvertone tiene un ambiente increíble: es la Fórmula 1. Monaco me gusta por el entorno, la carrera no porque no se ve nada. Interlagos es muy buena pista, salen muy buenas carreras.
-¿Te gustó hacer el libro?
-Fue una linda experiencia. Me anduvieron pinchando muchos años para hacerlo. Me ayudó Pablo Vignone, un gran periodista. Ahora estamos tratando de empezar el segundo libro, digo tratando porque yo no tuve tanto tiempo, él sí, ya lo empezó, pero queremos hacer un libro juntos y va a ser muy interesante, espero tenerlo para el año que viene. La gente lo recibió muy bien, tuve muy buen feedback. El libro es un poco autobiográfico y un poco lo que yo vi de las carreras y lo que pienso, de antes y de ahora también.
-¿Habías pensado en escribirlo vos o nunca se te cruzó?
-No, me costaba mucho arrancar para escribir, no porque no sepa escribir, pero el tema de estar todo el tiempo transmitiendo, hablando…Nos juntamos seis o siete veces con Pablo en un café a hablar y él escribió todo lo que le conté. Con esa base, empecé a corregir las cosas a mi manera. Yo creo que no me salió tan perfecto de literatura, pero traté de volcar mis vivencias. El contenido era lo importante.
-¿Por qué crees que Argentina es tan fierrera?
-Tenemos una cultura y una tradición fierrera. El pasado de Fangio, de Froilán ganando con Ferrari, de Reutemann. Y ahora los chicos con Colapinto están entusiasmadísimos. Yo también, todos estamos entusiasmados con Franco. Cada uno lo vive a su forma y a su medida. El automovilismo nacional siempre fue muy fuerte también.
-Te tiro tres nombres: Oscar Gálvez.
-Oscar era un tipo extrovertido, querible y muy ganador. Indudablemente está entre los tops de Argentina, igual su hermano Juan.
-El Flaco Traverso.
-Un muy buen piloto de la época esta. Fue contemporáneo, así que nunca tomé la dimensión que tiene la gente.
-Charles Menditeguy.
-Y… siempre recuerdo cuando se le quedó el auto en la parte final de una carrera y ante la pregunta de su copiloto, Linares, de “¿Y ahora qué hacemos, Carlos?”, respondió: “Quemeló, Linares, quemeló”. Por lo que leí de él, era un súper deportista, no solamente de automovilismo.
-¿Fuera de la Fórmula 1 seguís otras categorías o no hoy?
-Me gustan mucho las categorías de Fórmula, miro la Fórmula 2, la Fórmula 3, que las relata mi hijo con Pablo Schillachi. Están los chicos que van a llegar a Fórmula 1. Pero después no miro más nada.
-¿Qué tan futbolero sos?
-Mucho. Hincha de Independiente. Viví las mejores épocas del Rojo. Los años 60, 70, 80, para mí era ganar, ganar, ganar todos los años. Iba a la cancha. Mi ídolo era un número 7 genial que teníamos: Raúl Bernao. Hace poquito descubrieron un busto de él en la cancha y fui. Estuve hablando con la hija. Estaban Bochini, Santoro, Pavoni, Pancho Sá, para mí un lujo, eran de una época extraordinaria de Independiente. Yo iba a verlo jugar a Bernao. Me acuerdo que en el 67 teníamos un técnico brasileño, Oswaldo Brandao, que lo hacía jugar un 4-2-4, imagínate lo que sería ahora que juegan 4-5-1, 4-4-2. Pastoriza y Raimondo eran los mediocampistas y la delantera era letal: Bernao, Artime, Yazalde y Tarabini, goleador del campeonato Artime, segundo goleador Yazalde y Bernao era el que desbordaba y tiraba los centros y ellos hacían los goles.
-Lo último futbolero: una reflexión sobre Maradona y Messi.
-Dos absolutamente grandes ídolos de la gente, muy diferentes en lo que fue su vida privada, pero yo los juzgo, como hago con los pilotos, por lo que hacen en el deporte. No puedo juzgar, no soy quién para hablar de la vida privada de nadie. Dos números uno absolutos.