Federico Merke: “Estados Unidos se comporta como un estado depredador”
Hubo un tiempo no tan lejano en el que Occidente se distanciaba de las guerras en Medio Oriente. Pasaban allá, más lejos o más cerca, pero allá. Desde que la globalización es un hecho, la guer...
Hubo un tiempo no tan lejano en el que Occidente se distanciaba de las guerras en Medio Oriente. Pasaban allá, más lejos o más cerca, pero allá. Desde que la globalización es un hecho, la guerra es asunto de todos. Donald Trump lanzó un ataque contra Irán junto con Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, y las economías de Europa, Oriente y América sienten los cimbronazos de lo que se convirtió en un conflicto armado de proporciones. El planisferio parece un tablero de TEG donde Estados Unidos, el gran jugador, libra acciones simultáneas en Irán, Venezuela y Cuba, incluso en Ucrania. Quiere ganar el juego, no hay duda. Pero, ¿con qué fin?
Federico Merke, profesor asociado de Relaciones Internacionales en la Universidad de San Andrés, donde dirige la maestría en Política y Economía Internacional, no cree que a Trump le sirva de mucho esta guerra. “Está desperdiciando capital diplomático y a la vez está irritando no solo a los rivales, sino también a los aliados” señala. “Estados Unidos se comporta como un estado villano, depredador, mafioso, y está tirando abajo pilares centrales del orden global”.
Mientras, el pueblo norteamericano reacciona. Y no todos los protestan bajo el lema “No kings” son del Partido Demócrata. “La guerra en Irán afecta a Trump y ha generado disidencias dentro su base electoral. Pero el futuro vale poco para él, porque no va a estar”, destaca, en alusión al límite de dos mandatos que le impone la constitución.
Europa externalizó su seguridad y ahora descubre que la relación con el proveedor es cada vez más distante
erke propone una figura muy descriptiva: “Trump es el director de cine que te muestra los trailers de películas que no va a filmar. Cuando el terreno se le empieza a complicar, pasa a otra cosa. ¿Quién está hablando de Ucrania hoy? Nadie. ¿Quién está hablando de Venezuela? Nadie”.
En momentos en que Trump oscila entre arrasar “una civilización entera” en Irán y el anuncio de treguas de firmantes y términos poco claros, Merke describe los riesgos de esta conducta inestable. “Trump puso en practica lo que se conoce como la madman theory, que consiste en hacerte pasar por una persona desequilibrada, errática y dispuesta a todo frente a tus rivales. Es lo que buscó hacer Nixon en Vietnam o Khruschev en la crisis de Berlín o incluso Putin, cuando amenazó arrojar la bomba en Ucrania. A ninguno le fue bien. El problema es que, si te hacés el loco, estás señalizando que el no cumplimiento tendrá consecuencias, pero no que el cumplimiento será retribuido o evitará el castigo. Un buen líder combina una amenaza creíble de usar la fuerza con una promesa creíble de mantener la paz. Trump está muy lejos de ser ese líder".
–Trump empezó la guerra y ahora quiere terminarla. ¿Le ha servido de algo?
– Le sirvió para muy poco. Desde la dimensión militar, uno puede decir que Irán quedó severamente dañado en su capacidad aérea y naval. Su stock de misiles se vio reducido y eso podría pensarse como de alguna utilidad. Pero Estados Unidos ha desperdiciado capital diplomático, y con esta guerra a irritado no solo a los rivales, sino también a los aliados.
Ahora hay una Venezuela Trump friendly. Pero todo sigue igual. El régimen está cambiando de piel, pero para permanecer
–¿Hay riesgo real tras el ultimátum al régimen, ahora extendido? ¿La tregua puede alumbrar la paz?
–Creo que estamos entrando en la fase de negociación de la paz. El cese del fuego es un buen paso, pero solo el primero. Que puedan avanzar depende no solo de las concesiones que cada parte tendrá que hacer, sino también de cuán creíbles sean los compromisos de cada lado. Es un gran desafío, porque no estamos ante un juego de dos, sino de tres. Israel es una parte clave del conflicto y su acción militar en el Líbano ha quedado fuera del cese al fuego. Esto para Irán es un problema grave. Israel sigue atacando a uno de sus proxis, minando su propia seguridad en el largo plazo.
–La guerra complicó la realidad económica de muchos países.
–Ha generado mayores niveles de incertidumbre a la economía global, además del aumento del precio del combustible y de otros insumos que se producen en los países del Golfo. Esto suele impactar en otras actividades, como el transporte. Si uno piensa en las dos grandes promesas de campaña de Trump, bajar la inflación y terminar con las guerras, advierte que está lejos de cumplirlas. Él se proponía como un presidente de paz. Nada de eso ocurrió. Hoy tiene un Congreso dividido, una opinión pública mayoritariamente en contra de la guerra y ciudadanos de a pie que están viendo su impacto en el aumento de los precios.
–No es esta la primera incursión militar de Estados Unidos en Medio Oriente. ¿En qué se diferencia de las anteriores?
–Hoy podríamos hablar de una tercera guerra del Golfo. La conflictividad en el Golfo ha estado puntuando los giros en la política exterior de Estados Unidos. La primera guerra del Golfo fue para defender a Kuwait y fue un ejercicio de seguridad colectiva legítimo, autorizado por Naciones Unidas, en donde Estados Unidos se presentaba como el líder de un orden liberal internacional basado en reglas. Y definió el momento unipolar en el que consolidó su hegemonía global. Después vino la segunda guerra del Golfo, la de 2003, un conflicto que no contó con el apoyo de Naciones Unidas y que fue una guerra de Estados Unidos para sacar del poder a Saddam Hussein. Fue un giro unilateral que llevó adelante la política exterior estadounidense después del 11 de septiembre. Ahora esta guerra, la actual, la tercera guerra del Golfo, lo que hace es profundizar el unilateralismo norteamericano.
–Esta guerra, entonces, se parece a la segunda, a la que sacó a Saddam Hussein del poder en Irak.
–Esa guerra, aunque fue ilegal, para muchos seguía teniendo algún grado de legitimidad, porque era vista como una acción para mantener funcionando el sistema, para mantener algún nivel de estabilidad global. En cambio, ésta guerra no invoca ningún principio de estabilidad internacional. Me acuerdo de Colin Powell en el Consejo de Seguridad, mostrando mapas y diciendo que Irak escondía armas de destrucción masiva. Estados Unidos trataba de explicar lo que quería hacer, y eso es central para el derecho internacional. Ahora Trump desestima eso y actúa de manera absolutamente unilateral, reconociendo que el único límite que él tiene es su propia conciencia, como dijo en una entrevista. Entonces, en esta tercera guerra Estados Unidos se comporta como un estado villano, depredador, mafioso, y está tirando abajo pilares centrales del orden global.
–En todos estos años Estados Unidos cambió. ¿Cambió también Medio Oriente?
–Desde la segunda guerra del Golfo pasaron 23 años y la región se transformó. Los países del Golfo se insertaron en la globalización, se abrieron al mundo, sumaron conexiones aéreas. Se volvieron un lugar de inversión extranjera en materia de tecnología e inteligencia artificial. Ellos mismos desarrollaron fondos soberanos de inversión que manejan billones de dólares en el mundo apostando a la transición energética. Buscaron desarrollar estatus global a partir de mega proyectos y mega eventos, como la Copa del Mundo o la Fórmula 1 o The Line, este gran proyecto de infraestructura en Arabia Saudita, que hoy está casi abandonado.
–¿Estaban trabajando para desarticular una mala imagen?
–Trabajaron para insertarse en los negocios globales desde cierta neutralidad diplomática, y apostar a la normalización de las relaciones con Israel. Esto último estalló por los aires a partir de Gaza. Y el lugar que tienen hoy estos países en la globalización abre muchos signos de pregunta. Porque Irán se dio cuenta de que la manera que tenía de responder el ataque de Estados Unidos e Israel era la economía regional, la infraestructura regional, atacando empresas, centros de datos, instalaciones eléctricas, dejando a las líneas aéreas más importantes del Golfo sin despegar, con la pérdida millonaria que eso implica.
–Y jugando también la carta del Estrecho de Ormuz, ¿no?
–Irán hizo de la geografía un arma, un escenario que se asumía como posible. Demostró que eso puede generar importantes costos para la economía, no solo de la región, sino de los países que más dependientes son del petróleo de la región. En suma, la globalización amplió la superficie de contacto de estos países con la economía global. Y eso supone, por otro lado, que hay más lugares donde pegar cuando empieza una guerra.
–¿A quién perjudica más el bloqueo del estrecho de Ormuz?
–Cuando Rusia invade Ucrania, los países europeos que dependían mucho del gas y del petróleo ruso pasaron a depender más de Estados Unidos y de los países del Golfo. Entonces, ahora el bloqueo impacta en Europa. Por otro lado, los países que más producción del Golfo toman son los asiáticos, principalmente China, pero también India y Japón. Tuvieron que acortar la semana laboral, apagar fábricas que consumen mucha energía, la iluminación pública, usar menos el transporte público. Irán ha sido muy hábil. Los buques iraníes pasan, pero no los otros. Y el buque iraní lleva petróleo a Asia. Entonces, Irán pudo hacerse de plata a partir de esa venta de crudo. Y ha empezado a cobrar peajes informales a buques no iraníes.
–Hace negocios en medio de la guerra.
–En primer lugar, Irán tuvo a favor la geografía, el hecho de poder controlar el estrecho de Ormuz y estar enfrente de los países del Golfo para poder atacarlos. Otro elemento a su favor fue el tiempo. Mostró capacidad para resistir y estirar el conflicto, cuando Estados Unidos e Israel esperaban un fuego breve, un shock que forzara al gobierno de Irán a buscar una rápida salida negociada. Pero el apuro por mostrar resultados no lo tiene Irán, lo tieneTrump.
–Justamente, ¿cómo lo está afectando la guerra a Trump en su propia casa?
–El panorama para las elecciones intermedias no es bueno para Trump, con un escenario de más inflación y de rechazo a la guerra. Esto ha generado disidencias dentro su base electoral. Y ahí tenés al vicepresidente Vance, que nunca definió a Irán como una amenaza existencial para Estados Unidos y no creía necesario hacer lo que hizo Trump.
–Considerando que Trump no puede ser reelecto, tal vez la reticencia de Vance en este punto sea una manera de preparar la sucesión. ¿O es una lectura muy argentina?
– En principio, Trump no puede ser reelecto. El verdadero efecto de esto es que Trump descuenta el futuro a una tasa muy alta.
–¿Cómo es eso?
– Claro, el futuro vale poco para Trump, porque él no va a estar. Por eso está obsesionado con logros en el corto plazo. Y espectaculares, en sentido de espectáculo. Leí por ahí a un analista que decía que Trump es el director de cine que te muestra trailers de películas que nunca va a filmar. Porque cuando el terreno se le empieza a complicar pasa a otra cosa. ¿Quién está hablando de Ucrania hoy? Nadie. ¿De Venezuela? Nadie. A Trump le interesa el poder, pero también el espectáculo del poder. Eso le exige ser el centro de la discusión constantemente y manejar el ciclo de noticias. Entonces, cuando ve que un escenario se empantana, empieza a correr. Se aburre y busca otra cosa. Tiene un déficit de atención fenomenal.
–¿Y cómo ve a Europa en este escenario?
–Europa está atrapada en tres lógicas difícilmente compatibles, que son la dependencia energética del Golfo, la dependencia de seguridad de Estados Unidos y el rechazo a una guerra que no está en el interés del bloque. El riesgo es que Trump use el no involucramiento de Europa como moneda de cambio: si Europa no estuvo en Ormuz, ¿por qué Washington debería estar en Ucrania? Que a Europa le cueste responder esta pregunta se debe en parte a que por décadas externalizó su seguridad y ahora descubre que la relación con el proveedor es cada vez más distante.
–¿Cómo impacta la guerra en el país?
–La guerra reordena prioridades, flujos y riesgos. La Argentina puede tener ventajas tácticas, pero también restricciones estructurales. Dicho de otro modo, mejora lo que la Argentina vende (energía y oportunidades para invertir en hidrocarburos), pero empeora el mundo que tiene para jugar. El beneficio puede ser transitorio, porque no lo controla la Argentina, y además viene con inflación importada y mayor incertidumbre en cuanto a las reglas. Históricamente, la Argentina ha tenido baja capacidad para absorber shocks y el riesgo es que la volatilidad le gane a la renta.
–¿Ser aliado de Estados Unidos suma riesgos en materia de seguridad?
–Sí, pero no visualizo un salto de magnitud en el riesgo. Aunque por antecedentes como el atentado a la Embajada de Israel y la AMIA, por alineamiento con Estados Unidos e Israel y por dinámicas globales que siguen a este tipo de conflictos, a la Argentina le agrega una capa adicional de exposición que exige un mejor monitoreo del riesgo.
–Hablábamos de Venezuela. Con el reemplazo de Maduro por Delcy Rodríguez, ¿Trump puede darse por satisfecho? ¿Puede hacer lo mismo en Cuba?
–Con Venezuela creo que por ahora sí. Era un gobierno autoritario y antiimperialista. Hoy es un gobierno autoritario que se convirtió en vasallo del gobierno de Estados Unidos. Eso no supone que haya habido un cambio de régimen en Venezuela. Lo que hubo es un cambio en la orientación internacional. Tenemos una Venezuela Trump friendly. Eso en la práctica significa una apertura a mayor inversión y negocios con empresas americanas que están viendo de volver a operar en Venezuela. Pero después, en lo fundamental, todo sigue igual. El régimen está cambiando de piel, pero para permanecer.
–¿Y Cuba?
–Las chances de encontrar una Delcy Rodríguez en Cuba son bajas. Es un régimen mucho más cerrado que tiene una oposición y algunos movimientos de protesta, pero hoy están muy reprimidos. Los cubanos están votando con los pies: se van de la isla. Cuba está en una crisis de proporciones. Crisis económica, ambiental, social. Cualquier intento de voltear al régimen cubano puede provocar un desastre económico y humanitario aún peor. Y acá hay una lección de la historia. A los Estados Unidos le es mucho más fácil romper un país que reconstruirlo. Son conscientes de eso. La estrategia de la decapitación, tal como funcionó en Venezuela, difícilmente funcione en Cuba. Y mucho menos en Irán.
UN ESTUDIOSO DE LA GEOPOLÍTICA
PERFIL: Federico Merke
Federico Merke, doctor en Ciencias Sociales, es profesor Asociado de Relaciones Internacionales en el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de San Andrés
También es investigador del Conicet y Profesor en el en Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN) del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto.
Estudió Relaciones Internacionales en la Universidad del Salvador, hizo un Master of Arts en Estudios Internacionales en la Universidad de Warwick (Reino Unido) y un doctorado en Ciencias Sociales en Flacso Buenos Aires, en donde investigó la relación entre identidades políticas y política exterior en la Argentina y Brasil
Sus áreas de investigación giran en torno a la geopolítica, los derechos humanos, el cambio climático y la política internacional latinoamericana