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Fabián Mazzei: su espíritu “buscavidas”, el accidente que lo alejó de los escenarios y los altibajos de su sociedad con Araceli González

Fabián Mazzei vuelve al teatro después de casi seis años, con una obra que ya había hecho: Los 39 escalones, basada en la película de Alfred Hitchcock. En todo este tiempo el actor tuvo alguna...

Fabián Mazzei: su espíritu “buscavidas”, el accidente que lo alejó de los escenarios y los altibajos de su sociedad con Araceli González

Fabián Mazzei vuelve al teatro después de casi seis años, con una obra que ya había hecho: Los 39 escalones, basada en la película de Alfred Hitchcock. En todo este tiempo el actor tuvo alguna...

Fabián Mazzei vuelve al teatro después de casi seis años, con una obra que ya había hecho: Los 39 escalones, basada en la película de Alfred Hitchcock. En todo este tiempo el actor tuvo algunas pérdidas y sufrió una grave caída que lo obligó a hacer un año de rehabilitación. De todo eso habla con LA NACION en el Multiescena, donde se presenta de jueves a domingos durante todo el verano. Además, habla de su relación con Araceli González, revela cuál es el secreto para seguir juntos después de 18 años, y cuenta cómo es su vínculo con los hijos de ella, Florencia Torrente y Tomás Kirzner.

-¿Por qué volvés a hacer el mismo personaje en una obra que estrenaste hace algunos años?

-Hace 13 años la hice por primera vez. Mi personaje es el que cuenta la historia de esta película que adaptaron al teatro. Y soy el único que no cambia de personaje, porque Fabiana García Lago, Federico Barón y Fabián Gianola, que además la dirige, hacen varios. Es una obra que cada tanto vuelve porque gusta. Y tengo que decir que respeta la original londinense, no está ‘argentinizada’; y lo voy a defender a morir (risas). Manuel González Gil, en la primera puesta que hizo, agregó algo que no tiene la de Londres y está relacionado al sonido y la música, y queda muy bien. Estoy muy entusiasmado con esta vuelta al trabajo porque hace un par de años tuve un accidente grave: me caí de un techo y tuve rehabilitación un año. Me estalló el talón y me pusieron tres clavos. Estuve primero en silla de ruedas, después en muletas. Pero la saqué barata porque me caí de tres metros. Podría haber sido peor.

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-¿Estabas arreglando un techo?

-Sí. Ese día, en 2022, me levanté muy temprano, escuché por la radio que se venía una tormenta terrible y le dije a Ara que iba a subir al techo a limpiar las hojas porque el jardinero no venía. Y ella me dijo: “No subas al techo”. No le hice caso porque hace quince años que me subo. Me cargué unas bolsas con mucha agua y cuando estaba bajando por la escalera, una se me fue para atrás y no la solté, y me fui. Cuando estaba cayendo de espalda, me giré para adelante, para no caer de espaldas, y caí con el talón.

-La sacaste barata entonces…

-Sí. Y me operaron y me reconstruyeron el talón, prácticamente. Por la manera en que caí, y en un tramo de tres metros es corto, era muy difícil darse vuelta en el aire. Y yo lo hice.

-Como los gatos…

-Sí (risas). Capaz que tengo siete vidas también. Estuve un tiempo largo sin trabajar. El material que me llegó después era para trabajar en Córdoba o Mar del Plata, y no tenía ganas de irme.

-¿Por qué no querías hacer temporada?

-Porque hacía poco habíamos abierto con Araceli su marca de cosmética, y soy su socio. Empezamos con una tienda nube, después un showroom, y ahora tenemos un local en el Unicenter. Y eso lleva su tiempo; yo me encargo de los números. Pero cuando me llamaron para hacer Los 39 escalones me entusiasmé porque me gusta mucho la obra. Y era para la temporada de Buenos Aires. Lo último que hice fue La ratonera, en 2019, y después vino la pandemia, la caída. Fueron años difíciles porque perdí a mi mamá, a un tío de Araceli que era muy compinche… Hace seis años que no me subo a un escenario.

-¿Tenías miedo de no estar aceitado?

-No voy a mentir. El primer día fue duro, transpiré muchísimo. Porque hace unos años que hago la parte de números y la logística de la empresa, y pensaba que quizá iba a ser difícil aprenderme la letra y recordarla. Pero no, subí al escenario, arranqué con un monólogo que hago al principio y salió. Me transpiraban las manos. Esto me da mucha felicidad.

-A falta de ficción ahora los actores hacen teatro y hay mucha competencia... ¿Asusta eso?

-Es verdad, hay muchas obras en cartel y algunas muy buenas. La falta de ficción sucedió porque no estábamos armados para este momento desde la parte técnica, los actores, la producción. Otros países siguen haciendo ficción. Y no vamos a echarle la culpa al gobierno, porque si eso hubiera estado bien armado podríamos seguir produciendo ficción nacional. No hay apoyo económico y hay demasiados impuestos para hacer una tira. Trabajé en España, en México, en Colombia, en Uruguay y a mí no me la cuentan porque la viví. En México, por ejemplo, no existen los sindicatos, pero acá sí existen y a veces son muy estructurados. He filmado en Uruguay y no te cobran impuestos, te dejan grabar en cualquier lado con una autorización, te devuelven el IVA. Hay muchas cosas que acá no existen. Yo creo que cada uno cuidó su gallinero y no nos preparamos para lo que se venía.

-Tenías ganas de vivir la experiencia de trabajar en otros países, ¿en algún momento pensaste en radicarte afuera?

-Sí, en un momento estaba en pareja con alguien en España y pensé en plantar bandera ahí. Pero la relación se terminó y ahí es cuando tomé conciencia de que los amigos no son tuyos sino de ella, y que la gente que conocés es gente que conocés hace poco. Y Argentina es mi país. Me tira mi gen, a pesar de todos los quilombos que tenemos. Con el dinero que junté abrí un salón de belleza, puse una peluquería, una distribuidora.

-¡Sos buscavidas!

-Sí, siempre. Yo trabajaba con mi papá en una fábrica de broncería. Cuando terminé la secundaria, dije en casa que quería ser profesor de Educación Física. Mentira, porque yo quería ser actor. Entonces di mal el examen, a propósito, y dije que iba a estudiar teatro. Y mi viejo me dijo: “Vos querés estudiar, maravilloso, pero te vas a venir a las seis de la mañana a trabajar conmigo”. Y tenía una fábrica de broncería sanitarias. Y a la noche estudiaba teatro.

-¿Y de dónde venía ese gusto?

-Cuando mi papá se dormía, con mi mamá nos quedábamos mirando películas. Crecí con Luis Sandrini, Pepe Arias, viendo Las aguas bajan turbias. Y me encantaba el cine. El padrino me partió la cabeza y ahí me decidí a ser actor. En el colegio hice a todos los próceres en los actos de las fechas patrias. Y en la secundaria hice La novicia rebelde. Un día vi a Agustín Alesso en una entrevista con Carlos Perciavalle, decía que daba cursos de teatro y me anoté. Fue Alesso quien me dio la primera oportunidad con Delirante Leticia, con China Zorrilla, Maurice Jouvet, Nelly Bertrand. Y dije “de acá no me baja nadie”.

-En televisión hiciste programas muy populares….

-Amigovios, Como pan caliente, mucho en Canal 13 hasta que quise entrar a Polka e hice un personaje en Gasoleros, el conflictivo entre Roxi y Panigassi . Y después llegó Garmendia en Campeones.

-Fue una bisagra en tu carrera.

-Sí, porque la gente dejó de llamarme como el personaje que interpretaba y aprendió mi nombre. Ahí ya te sentís actor…. ¡Qué época! Garmendia y Guevara (Osvaldo Laport). Iba al supermercado y los tipos me decían “matálo a ese, matálo”. Y las mujeres tiraban por Guevara, que era un atorrante.

-Contabas que trabajás con Araceli, ¿es complicado que tu esposa sea tu socia?

-No es bueno. Sí, la verdad es esa. A veces estoy deseando llegar a mi casa para que ella se transforme en “Araceli-casa” y yo en “Fabián-casa”. Y ahí es nuestra vida. Porque tenemos distintas opiniones, hay que buscar un punto de equilibrio y eso lleva a un desgaste. Con otro socio decís “mañana hablamos”, pero con Ara nos vamos juntos a casa. Hay que amoldarse y, por suerte, en los puntos fundamentales nos llevamos bien.

-Araceli todavía tiene problemas legales con Adrián Suar y cada tanto salen a la luz... ¿Cómo lo vivís?

-Cuando se meten conmigo salgo a contestar, pero trato de no meterme. Y cuando es algo personal de ella, tan injusto, me cuesta quedarme callado. Me parece realmente que la gente es mala, porque otra cosa no se puede decir. Ahí me pongo los guantes y salto porque, a esta altura, no le tengo miedo a nadie. Sé que, al final, la verdad va a predominar, por sobre todo.

-¿Sos quien la sostiene en los momentos de angustia?

-Cuando la conocí venía por un proceso doloroso, pero siempre digo lo mismo: una vez que encontrás el apoyo, vos sos el que se levanta. Y así fue.

-Llevan 18 años juntos, un secreto deben tener...

-Nos peleamos (risas). Pero nunca dormimos separados…. Bueno, una vez yo dormí en una punta de la casa y ella en la otra. Y al otro día hicimos como si nada. Ella me preguntó si quería desayunar y ahí fuimos.

-¿Quién afloja en las discusiones?

-Yo soy muy conciliador.

-Se casaron después de muchos años de convivencia, ¿por qué?

-Porque Toto nos lo pidió. Dijo que estaba cansado de decir “la pareja de mi mamá”.

-Conocés a Toto desde muy chico, ¿cómo es el vínculo con él?

-Desde los 8 años. Convivimos mucho, hasta que hace un par de años se mudó solo. Con Flor viví menos tiempo, porque al año de estar con Ara ella se mudó.

-¿Sufrieron el síndrome del nido vacío?

-Sí, claro. Y es normal. Con Toto, sobre todo, tenía un vínculo diario y ahora hablamos por teléfono casi todos los días, pero no nos vemos siempre. No fue fácil porque la casa quedó en silencio. Los chicos hacen ruido, vienen sus amigos, es otra cosa.

-Y ahí también se tiene que reacomodar la pareja…

-Sí, nos costó un poquito. Había demasiada paz y empezamos a discutir más (risas). Pero ya pasó. Flor ahora se mudó a cinco cuadras de casa y la vemos bastante.

-¿Qué pasa cuando Toto está en boca de todos porque en el streaming dice algo que molesta?

-Capaz que se pasó alguna vez, pero lo hablamos. Con la madre le quemamos la cabeza y él escucha. Toto es un buen pibe. Y, a veces, en el streaming podés ser carne de cañón.

-Acabás de cumplir 60 años ¿asusta el número?

-Un poco. El número es fuerte. Pero me siento bien y me veo bien. No me hice nada y la única rutina es ponerme crema. Lo aprendí cuando laburé en España; estaba dulce, usaba buenos productos y me quedó el hábito. Mi termómetro es Toto, porque lo vi crecer y ahora está grande; entonces yo estoy más grande (risas).

-¿Te hubiera gustado tener hijos?

-Mucho. Ara perdió un embarazo y fue un dolor grande. Obviamente está todo superado, pero en su momento fue angustiante porque me había ilusionado. No esperábamos esa noticia y sucedió y nos entusiasmó. Y no pudo ser.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/fabian-mazzei-su-espiritu-buscavidas-el-accidente-que-lo-alejo-de-los-escenarios-y-los-altibajos-de-nid03022026/

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