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Eugenia Zandoli: “No se trata de demonizar el estrés, sino de evitar que se vuelva crónico”

A los 19 años, a Eugenia Zandoli le diagnosticaron ovario poliquístico. “Desde que comenzaron los síntomas hasta el diagnóstico y durante el tratamiento, me fui interiorizando acerca de mucho...

Eugenia Zandoli: “No se trata de demonizar el estrés, sino de evitar que se vuelva crónico”

A los 19 años, a Eugenia Zandoli le diagnosticaron ovario poliquístico. “Desde que comenzaron los síntomas hasta el diagnóstico y durante el tratamiento, me fui interiorizando acerca de mucho...

A los 19 años, a Eugenia Zandoli le diagnosticaron ovario poliquístico. “Desde que comenzaron los síntomas hasta el diagnóstico y durante el tratamiento, me fui interiorizando acerca de muchos procesos hormonales de mi cuerpo. Me interesó tanto que quisé formarme en salud hormonal”, relata Eugenia sobre su comienzo en este camino.

Fue así que se recibió de Health Coach especializada en salud hormonal en el Institute for Integrative Nutrition de Nueva York. “Esto me permite acompañar a las personas para lograr objetivos específicos como mejorar su alimentación, manejar el estrés o aumentar su energía mediante cambios sostenibles en su estilo de vida que tienen que ver con hábitos, alimentación, pensamientos. Es un enfoque integral que se adapta a las necesidades individuales, y a la par, trabajo con una médica que es quien diagnostica, receta medicamentos e indica los tratamientos clínicos. Mi rol es ayudar al paciente a cumplir con esas indicaciones”, explica Eugenia, que divulga contenido informativo en redes sociales y dicta cursos, talleres y asesorías.

En su primer libro, La hormona del estrés (VR Editoras), volcó su propia experiencia luego de haber atravesado una etapa de estrés crónico y brinda herramientas prácticas y hábitos para regular el cortisol y vivir con más plenitud.

-¿Qué es exactamente el estrés y cuándo se puede convertir en algo crónico?

-El estrés es una respuesta natural y adaptativa del cuerpo, que nos acompañó siempre como seres humanos. Cuando el cuerpo percibe que hay un estresor, ya sea externo o interno, se activan un montón de mecanismos que nos ayudan a atravesar ese desafío o amenaza. Por eso el estrés tiene un fin protector y de supervivencia muy importante y necesario. Cuando nacemos y salimos del útero materno nos enfrentamos al primer estresor de nuestras vidas, pero es algo natural y para lo que estamos preparados. Por eso me parece importante no demonizar el estrés. No hay que eliminarlo de nuestras vidas, sino evitar que se vuelva un estado crónico, es decir, que se active cuando es necesario y se desactive volviendo a un estado de calma. Si el sistema está siempre activado ya no tenemos un estrés agudo puntual, sino más crónico y que en muchos casos se ve a largo plazo, ya que termina ocasionando síntomas. El problema es que solemos normalizar sentirnos en estado de alerta constante.

-¿Cuáles son los principales desencadenantes del estrés?

-Bueno, los más reconocidos son los que relacionamos con situaciones de crisis, como ser despedidos del trabajo o terminar una relación amorosa, por ejemplo. Sin embargo, hay un montón de situaciones en el día a día que no vinculamos tanto con el estrés y que pueden ocasionarlo. Por ejemplo, tener un mal descanso, tener un diálogo interno negativo donde nos culpamos por las cosas o vemos la realidad negativamente, tener vínculos tóxicos o inciertos, llevar una alimentación muy alta en azúcares o en alimentos procesados, pasar la mayor parte del día frente a pantallas, realizar cualquier actividad o quehacer de forma acelerada y en automático sin conectar con ese momento, entre muchos otros factores.

-¿Y qué nos puede causar todo esto? ¿Cómo lo reconocemos?

-Depende mucho de cada individuo, pero los dos sistemas del organismo más afectados por el estrés son la parte digestiva y la parte reproductiva. En el caso de las mujeres, por ejemplo, puede ocasionar dejar de menstruar o tener ciclos muy irregulares. También pueden aparecer desordenes hormonales, dolor menstrual o acné, entre otros síntomas. Las mujeres somos más sensibles al estrés que los hombres, porque nuestro sistema hormonal es muy delicado y el entorno influye mucho. En cuanto a la parte digestiva puede presentarse reflujo, acidez, cambios muy notorios en el peso, dificultades en la digestión. Además, el estrés puede ocasionar otros problemas como insomnio, alteraciones en la piel o ansiedad constante. Es importante escuchar a nuestro cuerpo y prestarle atención, porque siempre nos va dando señales tempranas. Hay una clara relación entre lo que nos pasa y lo que nuestro cuerpo expresa.

-En tu libro hacés especial hincapié en el cortisol, ¿cómo se vincula con el estrés?

-El cortisol es una hormona conocida como la hormona del estrés, pero en realidad cumple muchas otras funciones. Por un lado, se dispara cuando nos estresamos ocasionando diferentes mecanismos en el cuerpo, como que se frene la digestión, que se agudicen los sentidos o que se acelere el ritmo cardíaco para enviar sangre rápidamente a los músculos. Por otro lado, también es una hormona que regula el sistema inmune, el sueño y la inflamación crónica del cuerpo. Una hormona que ayuda a bajar el cortisol cuando se eleva por situaciones de estrés es la oxitocina, conocida como la hormona del amor y la conexión. El contacto de un ser querido, un abrazo o hablar con algún amigo pueden hacer que el cortisol vaya disminuyendo. Otra hormona muy importante que ayuda a regular el estrés es la serotonina, conocida como la hormona de la felicidad y la calma, que se produce en un 80% en el intestino.

-¿Por eso mencionabas que la alimentación es un factor muy importante para el estrés?

-Exacto, la serotonina depende de cómo esté tu intestino para que pueda producirse de manera óptima. Además, los niveles de azúcar en sangre están muy vinculados con el cortisol. Por eso es vital tratar de tener una alimentación más baja en azúcar. Otro estresor para el cuerpo que tiene que ver con la alimentación son los ayunos, porque al pasar períodos largos de hambre de alguna manera el cuerpo busca protegerte. Lo más importante es darle buen combustible al cuerpo: proteína (que ayuda a regular el azúcar en sangre), grasas saludables y alimentos que no sean multiprocesados, sino todo lo que esté en la naturaleza, como frutas, verduras, carnes o huevos.

-¿Qué otros hábitos diarios nos ayudan a gestionar mejor el estrés?

-Otros hábitos importantes son regular el ritmo circadiano, es decir, el reloj interno del cuerpo, exponiéndonos a la luz natural al despertarnos; prestar atención a nuestro diálogo interno y nuestros pensamientos, tratando de no anclarnos en las emociones negativas; realizar ejercicio físico suave como caminatas, pilates o yoga; pasar tiempo en la naturaleza (aunque estemos en la ciudad puede ser en un parque) y hacer grounding, que es caminar descalzo sobre el pasto o la tierra. Además, hay dos ejercicios muy buenos para poner en práctica cuando nos sentimos estresados. Siempre se recomienda meditar, pero muchas veces es difícil si el nivel de estrés es muy alto. En esos casos lo mejor es liberar la energía acumulada en el cuerpo debido al estrés. Para eso podés salir a caminar o hacer shaking, que es una técnica que consiste en sacudir las piernas y los brazos de manera enérgica o dando saltos para relajar los músculos tensos y regular el sistema nervioso. El otro ejercicio es la técnica de los cinco sentidos que ayuda a salir del estado de ansiedad que produce el estrés. Consiste en prestar atención a algo que estoy viendo, algo que pueda tocar o rozar, algo que pueda probar y saborear, algún sonido y algún olor. Si no se puede hacer con todos los sentidos alcanza con algunos. Esto nos ayuda a volver al presente y hacer foco.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sabado/eugenia-zandoli-no-se-trata-de-demonizar-el-estres-sino-de-evitar-que-se-vuelva-cronico-nid19072026/

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