Enzo Fernández, un molde de crack de los pies a la cabeza y de la cabeza a los pies
A la carrera de Enzo Fernández le sobran ceros. Son ceros a la derecha, claro. Es el primer futbolista en ser transferido dos veces en la Premier en una cifra superior a las 100 millones de libras...
A la carrera de Enzo Fernández le sobran ceros. Son ceros a la derecha, claro. Es el primer futbolista en ser transferido dos veces en la Premier en una cifra superior a las 100 millones de libras. Con ese dato lo describieron en la BBC. Hay más: los 145 millones de euros que el Manchester City pagó por su pase igualaron la compra más cara de la historia del fútbol inglés. En el fútbol más acaudalado del mundo, una liga sobregirada en gastos para compras de jugadores en este verano europeo, el rubro monetario tal vez se trate de la mejor carta de presentación. Semejante dineral se lleva las luces. Pero hay una serie de virtudes que merecen ser iluminadas.
Una vez que se fue el español Rodri, el técnico Enzo Maresca tuvo una idea fija: su tocayo argentino. Se conocieron en Chelsea, se valoraron mutuamente. A la distancia, una persona cercana al italiano aporta que Maresca lo considera un jugador distinto a nivel mundial. Entrenador versátil en lo táctico, encontró en Fernández a “un fenómeno que se adapta a distintas posiciones”. Es decir, alguien que hace diferencia pero no pone condiciones. No pone reparos en que lo retrasen o lo muevan a un costado. Se acomoda y juega. Y lo hace mejor que el resto.
Enzo decidió irse del Chelsea sin que lo empujaran. Si antes del Mundial había molestado cierto coqueteo con el Real Madrid, el mes pasado lo ovacionaron cada vez que los hinchas del Fulham lo abucheaban recordando su festejo de gol nada menos que contra Inglaterra. Seguramente lidiará contra ese sonido ambiente cada vez que el City juegue de visitante; nada que un argentino con fuerte personalidad no pueda sobrellevar.
Si eligió y promovió su salida fue porque siempre prefiere un salto más. Se alimenta permanentemente de nuevas motivaciones. Antes de generarse una costumbre, cambia de aire. Una anécdota del programa Por el mundo con Marley puede servir de muestra. Allí estaba como invitada Valentina Cervantes, pareja de Fernández, que mostraba la nueva casa de la familia. “Nos vivimos mudando”, contó, “porque a Enzo le gusta mucho cambiar de casa”. La experiencia que fastidia a la mayoría de la población puede resultar, ayudas al margen, estimulante para algunos.
El City está en reconstrucción, seguramente otro motivo de inspiración. Maresca llegó para reemplazar nada menos que a Pep Guardiola y no sólo se fue Rodri sino también John Stones, Nathan Aké, Manuel Akanji, Bernardo Silva, Tijjani Reijnders y otros cinco jugadores. Llegaron mediocampistas interesantes como el marroquí Ayyoub Bouaddi, revelación en el Mundial, y Elliot Anderson, el equilibrista de la selección inglesa. Pero el fútbol pasará por Enzo. Por su panorama, su pegada y su llegada al área. La selección necesitará otro volante central ante la sanción y las dudas de continuidad de Leandro Paredes, pero tendrán que mirar hacia otro lado: en su equipo, Enzo ya no jugará de 5.
Un nuevo argentino en el equipo 🇦🇷 pic.twitter.com/c6JdYoUYzs
— Manchester City (@ManCityES) September 1, 2026Las condiciones técnicas lo caracterizan, la mentalidad ganadora lo distingue. Lo que se traza lo logra. No se conformó con entrar a último momento en la lista para Qatar; se transformó en figura. En el reciente Mundial bajó su nivel promedio, pero aquella doble cualidad le sirvió para el gol agónico a Egipto, el más gritado hasta que Argentina le ganó a Inglaterra, casualmente con un excelso Enzo Fernández en aquel segundo tiempo inolvidable. A los 25 años, la del Manchester City será su quinta camiseta. En Defensa se fogueó, en River explotó, en Benfica se mostró y en Chelsea demostró. Argentina tiene varios jugadores de selección, aquellos de rendimiento superior con la camiseta nacional que con la de sus clubes. No es el caso. Siempre estuvo a la altura. Con una notable obsesión por la mejoría en todo sentido: si de adolescente le evaluaban especialmente el peso, de grande cambió su dieta y ganó en explosión.
No sólo quiso cambiar de equipo como profesional. Un día, cuando no conseguía ser titular con regularidad en las divisiones inferiores, entró en la oficina de Gabriel Rodríguez, el coordinador de las juveniles de River. Le pidió el pase, algo que suelen hacer los padres o algún representante. Rodríguez se negó: “Siempre confié en él. Me lo habían llevado a sus 8 años. Daba ventajas en lo físico, pero ya tenía un panorama tremendo”. Tendría que saber esperar como en el club estaban esperando su estirón. “Cuando pisó sexta división, ese gordito petiso se estilizó”, cuenta Rodríguez, y entonces no se puede más que pensar en el hijo de Enzo, que derrocha carisma en las redes. Y desde aquel momento no paró. Los formadores suelen ver algo distinto a la media. Así es como Rodríguez pide atención en una virtud especial: la frialdad de Fernández para resolver situaciones complejas. La cabeza, otra vez.
Ni el libro de autoayuda más elemental podría aseverar que sólo basta con proponérselo. Sin su personalidad, Enzo Fernández no podría. Con ella, no le alcanza. También necesita pegada, distribución, sacrificio, saber cómo cubrir la pelota, atacar, hacerlo con ganas de ser decisivo, hasta cabecear. Sin su personalidad, ni se le hubiese ocurrido prometerse a los 15 años que alguna vez jugaría con Messi en la selección, como escribió en estos días. Con ella y todo lo demás, se convirtió en el autor de la anteúltima gran alegría del 10 en la selección.