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Entre la niebla y el barro, así fue la jornada de quienes volvieron a hacer filas de horas por trabajo en el conurbano

La niebla cubre el predio y vuelve difusa la fila que se forma frente al galpón gris de Cabaña Don Theo, en Moreno. El frío de la mañana obliga a muchos a esconder las manos en los bolsillos o ...

Entre la niebla y el barro, así fue la jornada de quienes volvieron a hacer filas de horas por trabajo en el conurbano

La niebla cubre el predio y vuelve difusa la fila que se forma frente al galpón gris de Cabaña Don Theo, en Moreno. El frío de la mañana obliga a muchos a esconder las manos en los bolsillos o ...

La niebla cubre el predio y vuelve difusa la fila que se forma frente al galpón gris de Cabaña Don Theo, en Moreno. El frío de la mañana obliga a muchos a esconder las manos en los bolsillos o a sostener los vasos de café caliente que reparten cerca de las carpas. Sobre la tierra húmeda quedan marcadas las huellas de zapatillas embarradas, bicicletas apoyadas contra el alambrado y personas que esperan con carpetas bajo el brazo para entregar un currículum.

La fila avanza lenta y no deja de crecer. Algunos llegaron antes de que amaneciera. Otros siguen apareciendo entrada la mañana, caminando desde las paradas de colectivo o bajando de motos con los papeles protegidos dentro de folios transparentes para que no se mojen con la humedad. Cada vez que alguien pregunta dónde termina la fila, tiene que seguir caminando unos metros más.

Hay jóvenes que buscan su primer empleo, mujeres desempleadas desde hace meses, trabajadores despedidos y hombres mayores que vuelven a dejar un CV después de años de trabajo formal. Algunos conversan entre ellos para hacer más corta la espera. Otros permanecen en silencio, mirando hacia las carpas negras instaladas frente a la entrada del frigorífico.

Desde la madrugada, la fila crece frente al predio de Moreno en busca de una oportunidad laboral

Esta vez, además de Cabaña Don Theo, otras empresas decidieron participar de la convocatoria. Entre ellas aparecen Avícola Lanús y Grupo Pájaro S.A., junto a otras búsquedas laborales. También hay una carpa del municipio de Moreno donde personal recibe datos y carga currículums para distintos programas de empleo y puestos del distrito.

Cerca del mediodía comenzaron a sumarse más empresas a la convocatoria. según pudo confirmar LA NACION durante una recorrida. Entre ellas aparecieron Granja La Familia, Trabajo Ya y una maderera que también decidió recibir currículums en el predio de Cabaña Don Theo. A medida que avanzaban las horas, nuevos representantes empresariales llegaban hasta las carpas y se acomodaban detrás de las mesas para escuchar a los postulantes que seguían haciendo fila bajo el frío y la niebla.

La incorporación de nuevas firmas amplió todavía más las búsquedas laborales. Algunos dejaban el CV en varias mesas al mismo tiempo, preguntando por puestos administrativos, logística, producción o atención al público. Otros recorrían las carpas intentando encontrar oportunidades vinculadas a su experiencia previa o, en muchos casos, simplemente cualquier posibilidad de empleo.

“La gente de Cabaña Don Theo somos amigos, aparte de comercializar juntos, tenemos muchos años de amistad”, explicó Jonathan, representante de Avícola Lanús, una de las empresas que decidió participar de la jornada.

“Ante la convocatoria de algo tan importante como es ofrecer trabajo, lo mínimo que teníamos que hacer es estar presentes hoy acá”, agregó mientras observaba el movimiento constante de personas entrando y saliendo de las carpas.

El empresario aseguró a LA NACION que la convocatoria no los tomó por sorpresa después de la repercusión que había tenido la primera jornada realizada por el frigorífico. “Sabemos que la gente está necesitando trabajo. Y nosotros, como empresarios y como parte colaborativa de esto, tratamos de generar trabajo y darle una oportunidad más a la gente, tanto al que tiene experiencia como al que no”, señaló.

Desde Avícola Lanús confirmaron además que buscan incorporar nuevos empleados en distintas áreas de la empresa. “Estamos buscando 10 puestos de trabajo”, explicó Jonathan. Según detalló, las búsquedas incluyen sectores como marketing, producción y logística.

“Cuando uno se expande no crece solo en producción. Eso también te lleva a tener que sumar gente en logística, en caja y en otros sectores”, sostuvo mientras seguían llegando currículums a las mesas instaladas dentro de la carpa principal.

La convocatoria había sido impulsada desde las redes sociales del frigorífico. “Aunque solo necesites un trabajador, vení. Acá hay gente que necesita trabajo”, publicaron días atrás para invitar a otras empresas a sumarse.

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Dentro de una de las carpas, varias cajas de cartón organizan los currículums por rubro. Sobre cada una hay carteles escritos en marcador negro: “Choferes”, “Sin experiencia”, “Cajeras”, “Administración”, “Carnicería”, “Marketing”. Los papeles se acumulan uno detrás de otro mientras representantes de distintas empresas escuchan durante algunos minutos a cada persona que ingresa.

El ritmo es lento porque todos quieren explicar su situación. Algunos cuentan que hace meses buscan empleo. Otros hablan de despidos recientes o de changas temporarias que no alcanzan para sostener los gastos de la casa. Cada postulante tiene apenas unos minutos para resumir su historia frente a una mesa.

En primera persona

“Mi nombre es Mariana, tengo 48 años. Estoy desocupada hace más de seis meses”, cuenta a LA NACION una mujer mientras sostiene una carpeta blanca contra el pecho para protegerla de la humedad. Dice que se enteró de la convocatoria por redes sociales y decidió acercarse temprano porque considera que “hay posibilidades reales”.

“Es una buena oportunidad de trabajo que le da a la gente desocupada. Y que otras empresas también puedan dar un puesto, eso es bueno”, agrega mientras la fila avanza apenas unos pasos.

Las primeras en entregar el currículum fueron Yara y Antonella, de 22 y 25 años. Llegaron cerca de las 5.30 de la mañana para asegurarse un lugar adelante. Las dos siguen acomodándose las camperas mientras esperan cerca de la entrada.

Con carpetas en mano y bajo la niebla, cientos de personas esperan para dejar su currículum

“Yo estaba trabajando en una avícola, pero hace ocho meses dejé porque estaban pagando muy poco”, cuenta una de ellas. La otra relata que trabajó en seguridad y también en un kiosco preparando milanesas. “Ahora vine a probar suerte”, dice.

Ninguna había logrado ingresar durante la convocatoria anterior, cuando la cantidad de personas desbordó varias cuadras alrededor del frigorífico. “Ese día no llegamos”, recuerdan mientras sostienen sus CV.

Entre quienes siguen llegando está Kevin Sosa, de 20 años, que viajó desde Ituzaingó con una mochila negra y varias copias impresas de su currículum. Terminó la secundaria el año pasado y desde entonces busca trabajo sin éxito. Cuenta que hizo changas repartiendo pedidos y ayudando en albañilería, pero nunca consiguió empleo formal.

“Te piden experiencia para todo y si nadie te da una oportunidad no la podés tener”, resume mientras acomoda los papeles dentro de un folio transparente para que no se humedezcan con la niebla.

Dice que vive con su madre y sus hermanos menores y que en su casa “cada vez cuesta más”. Explica que manda currículums por internet todas las semanas, aunque casi nunca recibe respuestas. “Acá por lo menos te escuchan”, agrega, mirando hacia la carpa principal.

Más atrás espera Rubén Martínez, de 56 años. Trabajó en automotrices, metalúrgicas y laboratorios hasta quedar desempleado hace dos años. Lleva una campera oscura y mantiene las manos en los bolsillos mientras avanza lentamente junto al resto.

“Trabajé toda la vida”, dice. Cuenta que vio la convocatoria mientras desayunaba y decidió acercarse porque vive cerca del lugar. “Vengo a anotarme en lo que sea”, agrega.

La convocatoria volvió a reunir a cientos de postulantes en una escena que se repite en Moreno

La fila reúne historias distintas, atravesadas por el mismo problema: la falta de trabajo estable. Entre quienes esperan también está Héctor Benítez, vecino de Moreno, de 62 años. Hace changas de pintura, albañilería y mantenimiento desde hace años. Lleva un sobretodo oscuro y una carpeta gastada que sostiene contra el cuerpo.

“Yo hago lo que salga. Lo importante es volver a tener algo fijo”, cuenta mientras mira hacia la entrada de las carpas. Dice que tiene hijos y nietos y que, mientras pueda seguir moviéndose, va a continuar buscando empleo.

Dentro de las carpas, los representantes de las empresas escuchan uno por uno a quienes ingresan. Algunos salen rápido después de dejar el CV. Otros permanecen varios minutos contando dónde trabajaron, qué experiencia tienen y qué puesto buscan. Cuando terminan, quienes viven en Moreno pasan a la carpa municipal para cargar sus datos.

Sobre una de las mesas comienzan a acumularse currículums húmedos por la niebla. Afuera, la fila sigue avanzando apenas unos pasos a la vez. Cada tanto, alguien vuelve a revisar los papeles antes de entrar o acomoda certificados dentro de carpetas de plástico.

“Todavía no organizamos el equipo de trabajo, así que si quieren dejar sus CV pueden”, explica Fernando Majeras, dueño del frigorífico, mientras recorre las carpas y conversa con postulantes y empresarios.

Con el paso de las horas, el olor a café caliente empieza a mezclarse con otro aroma que llega desde el fondo del predio. Cerca del mediodía comenzaron a preparar choripanes para quienes continúan esperando. El humo se mezcla con la niebla y atraviesa la fila, que todavía sigue extendida sobre la tierra mojada.

Entre el frío y la espera, la fila avanza lentamente frente a las carpas del predio

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/entre-la-niebla-y-el-barro-asi-fue-la-jornada-de-quienes-volvieron-a-hacer-filas-de-horas-por-nid25052026/

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