Generales Escuchar artículo

Emiratos Árabes rompe en varios frentes con Arabia Saudita y busca emerger como potencia hegemónica regional

BARCELONA.– Prácticamente desde sus respectivas independencias, las petromonarquías del Golfo Pérsico se han comportado como una gran familia. Y por ello, no han estado exentas de querellas in...

Emiratos Árabes rompe en varios frentes con Arabia Saudita y busca emerger como potencia hegemónica regional

BARCELONA.– Prácticamente desde sus respectivas independencias, las petromonarquías del Golfo Pérsico se han comportado como una gran familia. Y por ello, no han estado exentas de querellas in...

BARCELONA.– Prácticamente desde sus respectivas independencias, las petromonarquías del Golfo Pérsico se han comportado como una gran familia. Y por ello, no han estado exentas de querellas internas, como la que enfrentó a Qatar con varias de ellas en 2017 por su bloqueo económico.

No obstante, nunca suele llegar la sangre al río y, tarde o temprano, se acaba imponiendo una fraternal reconciliación. No en vano, es mucho más lo que las une que lo que las separa, siendo todas ellas poco pobladas, con ingentes recursos minerales, gobernados por dinastías tradicionales, y lo más importante, con vecinos ambiciosos y agresivos.

Durante las últimas semanas ha aflorado un nuevo conflicto en el seno del Consejo de Cooperación del Golfo, que reúne a las seis monarquías de la Península Arábiga. En concreto, enfrenta a sus dos más poderosos miembros, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Las tensiones entre ambos, que se han plasmado con la salida de Abu Dhabi de la OPEC, el cartel de países productores de petróleo, no son nuevas, sino que han ido in crescendo desde el inicio de la presente década.

Probablemente, el detonante de su estallido han sido las tensiones derivadas de la actual guerra en la región. Tan solo el tiempo dirá si se trata de una nueva rencilla de corta duración y efectos limitados, o bien si se convierte en un cisma más profundo.

En la raíz del conflicto está la competencia entre Riad y Abu Dhabi en su búsqueda de un nuevo modelo económico que les permita superar su dependencia del petróleo, así como una visión estratégica diferente sobre cómo abordar los nuevos retos aparecidos en la región, especialmente, la llegada a la Casa Blanca de un Trump dispuesto a remodelar Medio Oriente de acuerdo con los designios de Israel y la mayor injerencia de Irán en la Península Arábiga.

La ruptura entre ambos países puede resultar sorprendente para aquellos observadores que se hubieran desconectado de la región hace más de una década. Entonces, ante la amenaza que representaba la “primavera árabe" y su promesa de democratización, Arabia Saudita y Emiratos Árabes formaron un bloque tan cohesionado como activo en la creación de una especie de “eje contrarrevolucionario”.

Así, ambas capitales actuaron al unísono para sabotear veladamente el ascenso en las urnas de partidos islamistas en Egipto, Libia o Túnez, y apoyar el ascenso de sus enemigos, en especial el general egipcio Abdelfattah Al-Sisi, y el libio Khalifa Hafter.

Aliados contra los hutíes

El escenario en el que su alianza resultó más evidente fue en Yemen, donde lanzaron una guerra sin cuartel contra la milicia proiraní de los hutíes después de que ésta lograra ampararse de la capital, Saná, gracias a un golpe de Estado en 2015.

En aquel entonces, un jovencísimo príncipe heredero, Mohammed bin Salman, recién había tomado las riendas de Arabia Saudita a raíz del delicado estado de salud de su padre. Sus reuniones con el astuto líder emiratí Mohammed bin Zayed eran tan habituales y su sintonía tan evidente que en la región se lo definió como su verdadero mentor político. La prensa regional incluso jugaba con sus parecidas iniciales para referirse al dúo como si fueran un grupo de música, MBZ & MBS.

Curiosamente, la aventura yemení fue a la vez el elemento que unió destinos y, a la vez, unos años después se convertiría en la primera fuente de discordias cuando la guerra se volvió en un atolladero. Ante la exitosa resistencia de los hutíes, un Bin Salman ya más experimentado e independiente optó por buscar una salida al conflicto a través de un intento de distensión con Irán con la mediación China, y que desembocó en el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas en 2023.

En cambio, Bin Zayed había reaccionado a las complicaciones en Yemen de una forma diametralmente opuesta: sellando una estrecha alianza estratégica con Israel, el archienemigo regional de Irán.

Al principio, no pareció que la firma del llamado Acuerdo de Abraham por parte de Abu Dhabi lo situará en una senda opuesta a la de Riad, pues Bin Salman también estaba negociando un acuerdo parecido con Israel. Sin embargo, los ataques del 7 de octubre de 2023 y la consiguiente respuesta israelí convirtieron en inviable para Bin Salman un pacto de tal naturaleza.

Poco a poco, en los últimos tres años han ido surgiendo nuevos focos de tensión producto de las diferentes elecciones estratégicas de ambos países. En Yemen, Emiratos rompió la coalición antihutí aliándose con las facciones soberanistas del sur del país, e incluso promoviendo su independencia. De hecho, en diciembre, las facciones yemeníes patrocinadas por ambos países llegaron a enfrentarse violentamente en el campo de batalla.

En Sudán, mientras Bin Salman apoyaba al Ejército con el fin de estabilizar el país, Bin Zayed azuzaba las llamas de la guerra civil patrocinando a la milicia paramilitar de las RSF para afianzar su posición de hub del comercio mundial de oro.

Según apuntaron varias fuentes, si un hecho desencadenó la ruptura definitiva entre Riad y Abu Dhabi es que el príncipe saudita solicitara a Trump en una visita a la Casa Blanca el año pasado la imposición de sanciones a Emiratos por su intervención en Sudán.

Así las cosas, hay que interpretar la salida de Emiratos de la OPEC como un desafío a Arabia Saudita, líder oficioso del grupo, como una forma de visibilizar la decisión de Abu Dhabi de buscar un camino propio hacia la hegemonía regional de la mano de su socio israelí y en hostil oposición a Teherán.

Riad, en cambio, apuesta por reforzar sus vínculos con Pakistán, Egipto y Turquía, las otras potencias militares de la región, y parece decantarse por ensayar de nuevo la distensión con Irán bajo unas nuevas bases.

De cómo acabe la actual guerra en el Golfo Pérsico y de cuáles sean las conclusiones que se extraigan en Riad y Abu Dhabi dependerá que los líderes de ambos países sellen una nueva fraternal reconciliación, o más bien continúen avanzando en direcciones opuestas.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/emiratos-arabes-rompe-en-varios-frentes-con-arabia-saudita-y-busca-emerger-como-potencia-hegemonica-nid17052026/

Volver arriba