El refugio de Bad Bunny en Brooklyn: así es “Casa Toñita”, el lugar donde los migrantes olvidan el miedo al ICE
En el barrio de Williamsburg, en Brooklyn, funciona el Caribbean Social Club, un club social puertorriqueño activo desde la década de 1970. Conocido como Casa Toñita, el espacio ganó aún más ...
En el barrio de Williamsburg, en Brooklyn, funciona el Caribbean Social Club, un club social puertorriqueño activo desde la década de 1970. Conocido como Casa Toñita, el espacio ganó aún más renombre al ser mencionado en una emblemática canción de Bad Bunny. Por estos días, el lugar es frecuentado por muchos migrantes en Nueva York que pueden olvidarse, al menos por unas horas, de las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) y del clima de vigilancia constante.
El club que nombra Bad Bunny en “NUEVAYoL”En la letra de la reconocida canción NUEVAYoL, Casa Toñita aparece como un punto donde Puerto Rico “se siente cerquita”, según el cantante boricua.
El verso funciona como un homenaje directo al Caribbean Social Club administrado por María Antonia Cay, y refuerza su valor simbólico dentro de la migración puertorriqueña en Nueva York.
Con motivo del lanzamiento del álbum DeBÍ TiRAR MáS FOToS en 2025, Bad Bunny organizó en ese club una fiesta cuyas imágenes quedaron registradas en la cuenta de Instagram del lugar.
La historia del Caribbean Social Club “Casa Toñita”El Caribbean Social Club funciona en Williamsburg desde la década de 1970. Toñita, su dueña, lo inauguró como un espacio para un equipo de béisbol del barrio y con el tiempo se transformó en un club social. En 2000 obtuvo licencia para vender alcohol y abrió el lugar al público, según detalló The New York Times.
El ingreso se realiza por una puerta discreta sobre Grand Street. En el interior, los clientes beben cervezas económicas, juegan dominó o pool y conversan en español.
Mientras, Toñita cocina platos puertorriqueños, como arroz con gandules o pollo guisado, en su departamento del piso superior y los comparte con los asistentes.
Las paredes exhiben banderas de Puerto Rico y retratos de la dueña. El espacio reúne a personas de distintas edades que se encuentran para comer, bailar y jugar.
Según dijeron clientes habituales a The New York Times, el club “recuerda al hogar” y funciona como un refugio frente a los cambios del barrio.
Toñita suele dirigir el lugar desde un taburete al fondo del salón. Mantiene horarios extensos los viernes y sábados y afirma que no piensa retirarse.
“Me quedo aquí con mi gente todo lo que pueda”, dijo al diario en 2023. El objetivo del club no es ganar dinero, sino “sostener un espacio para estar juntos”.
En otra entrevista con Interview Magazine, señaló que allí la gente se trata “como familia” y que ella busca que “se sientan bien y como en casa”.
A su vez, explicó que sostiene precios bajos y que continúa con la misma dinámica comunitaria que, según dijo, no cambió con el paso de los años.
Williamsburg atravesó un proceso de transformación urbana con la llegada de edificios modernos y cadenas comerciales.
En ese contexto, ahora muchos residentes temen la desaparición de los espacios comunitarios históricos. Toñita afirmó que recibió ofertas millonarias por el edificio, que compró décadas atrás, y remarcó que no tiene intención de venderlo.
El origen histórico de los clubes sociales latinos en Nueva YorkLos clubes sociales puertorriqueños y cubanos comenzaron a expandirse en Nueva York desde la década de 1920, explicó Nancy Raquel Mirabal, profesora de la University of Maryland, College Park.
Según señaló, primero funcionaron como espacios para hablar español, comer y debatir política, y luego se consolidaron como centros de redes laborales y apoyo social, que con el tiempo incorporaron a personas de distintas culturas latinas.