El primer ganador del primer Gran Hermano en el mundo todavía se lamenta de haber entrado a “la casa más famosa”
En septiembre de 1999, un joven exmilitar de 22 años entró a una casa en Almere, en Países Bajos, sin dimensionar que estaba participando de un experimento que cambiaría para siempre su vida. Y...
En septiembre de 1999, un joven exmilitar de 22 años entró a una casa en Almere, en Países Bajos, sin dimensionar que estaba participando de un experimento que cambiaría para siempre su vida. Y la historia de la televisión en todo el mundo.
Bart Spring in ’t Veld se convirtió meses después en “el primer ganador del primer Gran Hermano en todo el mundo" y, con ello, en una celebridad instantánea. Un cuarto de siglo más tarde, su relación con la fama sigue siendo ambigua: la recuerda como un desafío, pero también como una irrupción violenta en su vida privada.
El Gran Hermano te quiereGran Hermano fue emitido por primera vez en Holanda el 16 de septiembre de 1999. El éxito fue rotundo, casi inesperable, al punto de que enseguida se adaptó en decenas de países en todo el mundo. Aunque con pequeñas modificaciones, siempre mantuvo (incluso hoy) la idea original: la convivencia de un grupo de desconocidos entre sí que son filmados por cámaras y grabados por micrófonos durante las 24 horas del día.
Cuando Bart decidió anotarse, lo movían razones simples. En una entrevista con el New York Times, a un año del triunfo, dijo: “Al principio quise entrar por dinero. Pero después, fue el… ¿cómo se dice? (…) desafío”. En ese entonces estaba desempleado tras casi cuatro años en el ejército, una experiencia que, él mismo contaría después, le dio las herramientas para soportar el encierro y la disciplina del formato del reality.
El Algemeen Dagblad (AD), uno de los diarios más leídos de los Países Bajos, reconstruyó 25 años después ese momento fundacional: al primer programa se anotaron cerca de 3000 personas, pero solo había nueve lugares, por lo que fue una selección exhaustiva. Pruebas de cámara, tests psicológicos y exámenes médicos. “Como militar ya conocía un poco eso, claro”, recordó. Cuando finalmente lo eligieron, un equipo de televisión se presentó en su casa con un mensaje directo: “Big brother wants you” (“El Gran Hermano te quiere”).
El 16 de septiembre de 1999 comenzó la emisión. El programa ya generaba debate social. Pero dentro de la casa la percepción era otra. Todo era una novedad, incluso para Bart y el resto de los participantes. Nadie podía imaginar cuántas personas verían su día a día al otro lado de la pantalla. Él mismo contó a los medios neerlandeses que, ahí adentro, no tenían “ni idea” cuántas personas los miraban.
La final, por ejemplo, tuvo 3,5 millones de televidentes, los participantes apenas intuían el fenómeno. “Al final había unos miles de personas frente a la puerta. Eso ya nos parecía raro. Incluso bromeábamos esos eran los únicos espectadores”, contó.
Las cámaras estaban en todas partes. La sensación de vigilancia constante marcó la experiencia: “Yo sí sabía que se filmaba en todas partes, solo que en algunos momentos ya no lo tenía en cuenta y hasta jugaba un poco con eso, por ejemplo, ver qué tan rápido se movían las cámaras si ibas de un lado al otro”. A su vez, vivió uno de los momentos más comentados de la temporada, cuando lo filmaron teniendo sexo con su compañera, Sabine Wendel. En ese momento, lo miraba un millón de personas.
Una nota del medio inglés The Guardian, antes de que inauguraran el programa en Gran Bretaña, contaba que la pareja fue captada por una cámara infrarroja en el dormitorio de Bart. “Supongo que fue lo más atrevido que alguien hizo en la casa. Había un tipo que andaba desnudo gran parte del tiempo, pero nadie más tuvo sexo”, aseguró. Mientras que Sabine más tarde expresó arrepentimiento, Bart se mantuvo relajado. Le contó al entrevistador: “No hablé con mi familia sobre eso. Creo que estaban sentados frente al televisor así diciendo: ‘¿qué hiciste esta vez?’”.
Además, comparó la dinámica con el ejército: “No tenía suficiente comida, estaba con desconocidos, dormía en la misma habitación con siete personas y siempre estaba vigilado por supervisores”, explicó al New York Times.
“¿Qué hiciste con la plata?”Sin embargo, lo verdaderamente inesperado fue lo que vino después. “Fue realmente una sorpresa desagradable no poder caminar más con normalidad por la calle”, confesó al AD. La fama le cayó encima de golpe. De un día para el otro se convirtió en una figura fija de los tabloides holandeses (Prive, Weekend, Aktueel) y la prensa lo siguió con insistencia. Por eso también el rechazo parcial que expresaba a veces: “No suelo dar entrevistas —agregó en la charla con el New York Times—. Me escondo de la prensa”. Y agregó: “No ando por la calle. Sería un desastre”.
El estrellato repentino tenía un costado asfixiante: “Estás a merced de todos en la calle. Todo el mundo sabe quién sos, y la gente te habla continuamente, cree conocerte. Eso me resultó muy difícil”, explicó 20 años después en una obra de teatro que creó, Villa VdB, en donde cuenta sobre esa experiencia. Fueron momentos complicados, por ejemplo, le irritaba sobremanera que le preguntaran: “¿Qué hiciste con la plata?“. Él solía responder: ”¿Qué hiciste vos con tu plata?“.
El premio fue de 250.000 florines, equivalente a US$110.000 de hoy, una suma considerable para un joven de 23 años. Las pocas veces que respondió esa pregunta, detalló: “Viajé mucho, pero sobre todo pasé mucho tiempo en el bar con amigos”.
“Viajar enriquece tu vida, pero esas visitas al bar… digamos que la plata se fue más rápido de lo planeado”, bromeaba. En una entrevista con la revista Story, además, reconoció que no recibió nunca asesoramiento financiero: “No era un hombre de negocios. En retrospectiva, probablemente debería haberlo hecho mejor”.
Lo suficientemente inteligente para ganarloSu carrera mediática fue intensa e irregular. Trabajó como coconductor en una famosa radio neerlandesa, la 3FM junto, a Rob Stenders durante un año y medio. “A mí la radio me gustaba mucho más que la televisión”, contó al AD, aunque la colaboración no terminó bien. Después, escribió para pequeños medios locales como Ons Utrecht, la revista masculina S1ngle, condujo programas juveniles en RTV Utrecht y moderó debates en escuelas, que, sostuvo, fue “lo más divertido que hice”.
Pero no toda su trayectoria se dio en los medios. De hecho, contó que cuando los ingresos no alcanzaban, buscó “un trabajo normal”. Fue empleado en una casa de apuestas hípicas, también trabajó en una empresa de inventario de amianto y, más tarde, como orientador laboral en una prisión durante la pandemia. Su inestabilidad laboral es asombrosa: pasó por 38 trabajos diferentes.
Contó que el encierro colectivo de 2020 por la pandemia de covid-19 le hizo recordar la experiencia de Gran Hermano. Los detenidos se acordaban y le preguntaban en sus visitas: “Vos también estuviste encerrado, ¿cómo manejás eso?”. Por primera vez, su paso por el reality parecía servir para algo concreto.
En paralelo, se mantuvo activo como promotor de seguridad vial en escuelas secundarias para la fundación TeamAlert y participó en la fundación de un nuevo partido político, Vrij en Vooruitstrevend (Libre y Progresista). Pero el pasado televisivo nunca dejó de ser una sombra. “Soy lo suficientemente inteligente como para haberlo ganarlo, pero no lo suficientemente tonto como para que me guste”, resumió con ironía sobre el programa. Y, por si quedaban dudas, concluyó: “No estoy orgulloso”.
Poner punto finalEn los últimos años, su horizonte cambió de continente. “Quiero emigrar a Namibia lo antes posible. Quiero irme de los Países Bajos y de la Unión Europea. No estoy de acuerdo con la forma en que se organizan muchas cosas acá”, declaró a algunas revistas, aunque parece más una expresión de deseo, casi un chiste, que un plan concreto.
Pero de llevarlo a cabo, sabía que necesitaba un cierre a su historia pública. Lo hizo de forma simbólica a través del espectáculo teatral en el que contaba la experiencia del GH 25 años después. En este respondía a las preguntas del público, explicaba lo que necesitaran: “Lo hacemos con humor. Escribí reflexiones sobre cómo viví la televisión de reality y su evolución”. La intención concreta: “poner un punto final” a su relato mediático.
View this post on InstagramA diferencia de muchos otros participantes de realities, Bart nunca intentó construir una identidad permanente como figura televisiva. Más bien parece haber buscado lo contrario: preservar un núcleo privado. En 2000, señalándose la cabeza, le dijo al New York Times: “Aquí soy privado. Mientras no sepan lo que pensás, no les das nada. ¡Tengo una pared adentro de la cabeza!”.
Esa frase resume su trayectoria: el joven que aceptó el desafío de vivir bajo vigilancia constante terminó construyendo, con el tiempo, una barrera interior contra la exposición. Fue el primero en ganar Gran Hermano en el mundo. Y, quizá por eso mismo, uno de los primeros en experimentar que la fama instantánea puede ser tan intensa como efímera.