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El mundo en 2026: los 10 focos de tensión que marcarán un año que empezó sin respiro

PARÍS.– Como cada año desde hace cinco siglos, las profecías de Michel de Nostradamus suscitan la curiosidad en torno al futuro que espera a la humanidad en los próximos 12 meses. Y, una vez ...

El mundo en 2026: los 10 focos de tensión que marcarán un año que empezó sin respiro

PARÍS.– Como cada año desde hace cinco siglos, las profecías de Michel de Nostradamus suscitan la curiosidad en torno al futuro que espera a la humanidad en los próximos 12 meses. Y, una vez ...

PARÍS.– Como cada año desde hace cinco siglos, las profecías de Michel de Nostradamus suscitan la curiosidad en torno al futuro que espera a la humanidad en los próximos 12 meses. Y, una vez más, los vaticinios del célebre astrólogo y vidente francés coinciden en gran parte —aunque en términos bastante crípticos, es verdad— con los acontecimientos que marcaron los primeros días de 2026: un terremoto geopolítico de imprevisibles consecuencias, llegado de la mano de un líder iconoclasta y narcisista, decidido a terminar con el viejo orden internacional, convirtiendo a su país en una superpotencia imperialista.

A juicio de los más prudentes, 2026 se caracterizará pues por un mundo de tensiones geopolíticas, sin guerra total, pero con riesgos de escaladas accidentales. Viviremos pues en un planeta agitado por una peligrosa transición, crecientes tensiones y catástrofes naturales. Aunque Nostradamus no lo haya predicho, habrá elecciones decisivas en una América Latina que gira cada vez más hacia la extrema derecha; en Estados Unidos, donde los resultados podrían debilitar la voracidad del movimiento MAGA de Donald Trump; en Israel, con una eventual derrota del gobierno actual, y en la ONU, con la posible victoria de un candidato argentino.

Pero también seguirán activos los volcanes Ucrania, Gaza y Taiwán: tres escenarios víctimas de la ambición geopolítica de tres hombres decididos a todo por conservar el poder, Vladimir Putin, Benjamín Netanyahu y Xi Jinping.

Al mismo tiempo, el mundo seguirá padeciendo la amenaza terrorista multiforme en Europa, África y Medio Oriente. La economía del planeta navegará en el océano de la incertidumbre, azotada por las guerras comerciales y la inflación, mientras que el multilateralismo continuará agrietándose, con una ONU en crisis, una OTAN jaqueada por su principal miembro, y las grandes potencias cada vez más enfrentadas.

Sin embargo, hay que tener presente que la historia la hacen los hombres. Y que, por esa razón, será la capacidad de los líderes políticos para gestionar esos desafíos que determinará, al fin de cuentas, si 2026 será un año de escalada de las crisis o, por el contrario, de estabilización.

1. Venezuela, el expansionismo de EE.UU.

La captura del depuesto mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte del Ejercito norteamericano en los primeros días del año dio otra dimensión a las múltiples afirmaciones de Trump sobre sus intenciones de profundizar su agenda expansionista y de intervención extranjera. Apenas unos días después de la incursión en Caracas, el mandatario norteamericano mantuvo un intercambio con periodistas a bordo del Air Force One en el que reiteró la necesidad de hacerse con Groenlandia por cuestiones de “seguridad nacional”, descartó una intervención militar en Cuba porque el régimen “se está cayendo” por su cuenta, y amenazó con una acción militar en Colombia por facilitar la venta global de cocaína.

La primera semana del año, Trump fijó un nuevo objetivo al anunciar: “Vamos a empezar ahora a atacar por tierra a los carteles. Los carteles están controlando México”.

El mensaje se proyectó también más allá de América Latina. A fines del año pasado, Trump ordenó bombardeos en Nigeria en lo que presentó como una defensa de comunidades cristianas atacadas por grupos islamistas y advirtió hace unos días que podrían repetirse si continúan las masacres. En paralelo, aunque no habló de una intervención directa, amenazó con “acudir al rescate” de los manifestantes en Irán, país al que ya atacó en junio del año pasado durante la guerra de los 12 días, en caso de que el régimen teocrático profundice la represión, completando un cuadro de intervenciones y advertencias que sugiere una política exterior cada vez más confrontativa y expansiva.

2. El futuro de Irán

La crisis económica de la República Islámica de Irán, un país asfixiado por las sanciones internacionales y la propia ineficiencia y corrupción de sus dirigentes, desató a fines del año pasado las protestas populares más fuertes 47 años después del triunfo de la revolución.

Sin un líder claro, el futuro de la revuelta es incierto. Desde Estados Unidos el príncipe heredero del último sha, Reza Pahlevi intenta ponerse al frente de los reclamos y afirma que tiene un equipo listo para asumir el poder.

En casi medio siglo en el poder, los líderes islámicos encabezados ahora por el ayatollah Alí Khamenei, tienen una larga tradición de aplastar levantamientos. Pero esta vez se sumaron a la oposición los comerciantes de los bazares, un sector tradicionalmente conservador que sirvió de apoyo a la teocracia desde 1979 hasta ahora.

3. ¿América Latina gira a la derecha?

El triunfo de José Antonio Kast en Chile y de Nasry Asfura en Honduras confirmó un giro hacia la derecha en América Latina que no solo expresa un cansancio con los oficialismos, sino también una mayor disposición a alinearse con la agenda de Washington. El cambio funciona como antesala de un calendario electoral decisivo en 2026, en una región atravesada por economías frágiles, altos niveles de inseguridad y una fatiga social persistente frente a promesas incumplidas.

Este año elegirán presidente Colombia, Perú y Brasil. En Colombia, el desgaste del proyecto de Gustavo Petro —bajo crecimiento, tensiones fiscales y choques institucionales— empieza a traducirse en una demanda de alternancia que gana volumen. Perú, atrapado en una inestabilidad crónica, llega a las urnas con un sistema partidario erosionado y un electorado volátil, un terreno fértil para discursos de orden y mano dura. Brasil, en cambio, aparece como una posible excepción: Luiz Inácio Lula da Silva mantiene niveles de popularidad superiores a los de Flávio Bolsonaro, heredero político de su padre Jair Bolsonaro, hoy en prisión, lo que introduce un contrapeso al péndulo regional y sugiere que el viraje no es tan lineal ni automático como a veces se presume.

4. Trump a las urnas

Una Casa Blanca cada vez más dorada, con un gran salón de baile y un “paseo de la fama” para burlarse de los expresidentes. Un emblemático centro cultural –el Kennedy Center– rebautizado con su apellido. Y un premio de la paz hecho a medida, ante la ausencia del Nobel, entregado por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Donald Trump llevó su protagonismo a lugares inesperados durante el primer año de su nuevo mandato, y para el segundo solo se espera más. Los 250 años de Estados Unidos prometen celebrarse como su cumpleaños, y el Mundial de Fútbol lo tendrá en el centro de la escena.

Pero el año comienza con señales de alerta para un Trump con un poder cada vez más personalista. Las encuestas muestran una caída en su imagen y un panorama adverso para los republicanos en las elecciones de mitad de término, donde podrían perder el control del Congreso, como ocurrió en 2018, cuando los demócratas recuperaron la mayoría y promovieron juicios políticos en su contra.

Según el promedio de encuestas de Real Clear Politics, los números del magnate se dieron vuelta en un año: comenzó este mandato con poco más del 50% de aprobación y 44% de desaprobación, y hoy esos números son inversos (44% vs. 53%). Un análisis del Instituto Brookings atribuye este giro a tres factores: una mala evaluación de la economía, las dudas sobre el uso excesivo del poder presidencial y el rechazo a los métodos empleados, especialmente en inmigración. De fondo, crece la desconfianza con miras a 2028: siete de cada diez estadounidenses rechazan su recurrente mención a un tercer mandato, algo que violaría la Constitución.

5. Gaza, la guerra interminable

El alto el fuego negociado por Donald Trump entre Israel y Hamas en octubre de 2025 sigue siendo precario. Debilitado por acusaciones de corrupción y una popularidad en caída libre, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, apuesta por una victoria militar para mantenerse en el poder. Sin embargo, la presión estadounidense e internacional en favor de una solución negociada complica su posición. Previstas para noviembre de 2026, esas elecciones podrían marcar un cambio, con una posible derrota de Netanyahu si la guerra se prolonga sin una salida clara.

Su coalición frágil —60 escaños de 120 en la Knesset— y las divisiones internas en su partido Likud hacen incierto su futuro. Netanyahu ha pedido un indulto presidencial para poner fin a sus juicios por corrupción, una maniobra política destinada a calmar las tensiones internas. Trump apoyó esa solicitud, pero un indulto sin reconocimiento de culpabilidad sería una situación sin precedentes en Israel.

Medio Oriente, en general, seguirá marcado por la inestabilidad, con tensiones persistentes entre Israel, Hamas, Hezbollah e Irán, y un alto riesgo de escalada militar.

La caída del régimen de Assad en 2024 reforzó el papel de Turquía y confirmó las ambiciones de las monarquías del Golfo en la recomposición regional. Tres tendencias estructurarán el futuro: el fin del modelo de potencias tutelares, la hibridación acelerada de los actores y el aumento de las guerras asimétricas por drones.

6. Cinco años de guerra en Ucrania

El 10 de junio de 2026, la guerra entre Rusia y Ucrania habrá durado más que la Primera Guerra Mundial. Y este año, el conflicto corre el riesgo de eternizarse, con Moscú determinado a obtener una victoria simbólica antes de negociar, saboteando sistemáticamente todo acuerdo de paz pasablemente justo. Vladimir Putin mantiene sus exigencias —retirada ucraniana de las regiones anexadas, neutralidad de Kiev, desmilitarización— y amenaza con una escalada si la OTAN llegara a aceptar a Ucrania como nuevo miembro. Con Trump en la Casa Blanca, Estados Unidos debería seguir reduciendo su ayuda a Kiev y buscando una solución negociada —aunque decididamente pro-rusa—, que obviamente debilitará la posición ucraniana.

La OTAN refuerza sus capacidades en Europa del Este en previsión de un conflicto continental, pero el cansancio de las opiniones públicas y las tensiones internas en los países europeos podrían limitar su compromiso en favor de Ucrania.

Por su parte, la administración norteamericana sigue tomando distancia de la Organización Atlántica. En varias ocasiones, Donald Trump fue ambiguo en cuanto al compromiso automático de Estados Unidos para defender a un miembro de la OTAN atacado (artículo 5 del tratado), exigiendo que Europa, en particular, asuma una mayor parte del apoyo a Kiev.

Rusia realizó ejercicios nucleares en octubre de 2025, en respuesta a unas maniobras de la OTAN. Esas tensiones crecientes podrían desembocar en una escalada en 2026, especialmente si fracasan las negociaciones de paz.

7. China juega al límite con Taiwán

El presidente chino, Xi Jinping, declaró hace unos días que la reunificación del país “es una tendencia imparable”, durante un discurso poco después del fin de las maniobras militares alrededor de Taiwán. Eso significa que, en 2026, Pekín aumentará cada vez más la presión militar y diplomática sobre Taiwán, con ejercicios de bloqueo y amenazas de invasión.

Taiwán, por su parte, seguirá incrementando su gasto en defensa —5 % del PBI para 2030—, tratando de cerrar su “ventana de vulnerabilidad” frente a una China cada vez más agresiva.

Las tensiones en el mar de China Meridional y las rivalidades entre grandes potencias —Estados Unidos, China, Rusia— podrían además exacerbar los conflictos regionales, especialmente entre India y Pakistán o Camboya y Tailandia. Ante una amenaza de invasión cada vez más presente, Japón y otros países asiáticos refuerzan sus gastos militares, pues nadie descarta una guerra en 2026-2027, especialmente si Estados Unidos optara por reducir su compromiso en la región.

En el marco interno, China tiene sus propios problemas —deflación, crecimiento lento y exceso industrial y escaso consumo interno—, pero la política “América Primero” de Trump le abrió nuevas oportunidades para aumentar su influencia global.

Este año, Pekín continuará presentándose como un socio más confiable, particularmente en el sur global, donde sigue firmando acuerdos comerciales.

8. La guerra comercial de Trump

Las políticas proteccionistas de Trump —aranceles, restricciones comerciales— ya han afectado el crecimiento mundial, con una caída estimada del PBI global de entre 0,5% y 1 % en el periodo 2025-2026. La Unión Europea (UE), China y los países emergentes fueron y serán siendo los más expuestos.

Sin embargo, afortunadamente, esos aranceles no hundieron la economía global, mientras los ingresos recaudados en Estados Unidos sugieren una tasa promedio efectiva —de poco más del 10%— mucho menor de lo esperado en abril. La represalia global fue limitada y se evitó una guerra comercial al estilo de los años 30. En cambio, los países cerraron acuerdos y los importadores asumieron gran parte del impacto de los aranceles.

Pero las tensiones podrían agravarse si Trump persiste en su actual política comercial, con riesgos de recesión en algunas regiones.

El daño será más evidente en 2026, la presión sobre los consumidores más gravosa y la insostenibilidad de los déficits presupuestarios de Estados Unidos más obvia. Por su parte, los bancos centrales (Fed, BCE) podrían verse obligados a mantener tasas de interés altas para combatir la inflación, lo que frenaría el consumo y la inversión. Los mercados también temen una burbuja especulativa relacionada con la inteligencia artificial.

9. Resurgimiento del terrorismo

El 2 de enero, el Departamento de Justicia de Estados Unidos informó que había frustrado un plan de un joven de 18 años de Carolina del Norte que había jurado lealtad a Estado Islámico (EI, o ISIS por sus siglas en inglés) para cometer un ataque con cuchillos y martillos durante la noche de Año Nuevo. Así, evitó otro comienzo de año sangriento, como el de 2025, cuando un atentado con una camioneta en Nueva Orleans dejó 14 muertos.

Con el correr del año, ISIS sonó cada vez con más fuerza. Su expansión en África llevó a Trump a ordenar bombardeos en Nigeria bajo el argumento de combatir al grupo jihadista. En Occidente, se frustraron ataques que llevaron a países como Francia a elevar sus alertas. En Medio Oriente, el grupo tomó fuerza en una Siria en transición, con un atentado que mató a tres estadounidenses, entre otros golpes. Y hacia fin de año, llegó la masacre de Australia: un padre y su hijo, que tenían banderas de ISIS, asesinaron a 15 personas durante una celebración judía en Bondi Beach.

¿Vuelve el grupo jihadista que llegó a instaurar un califato en Siria e Irak hace poco más de diez años? Según un informe del Soufan Center, los ataques del año pasado no muestran necesariamente un resurgimiento, sino que confirman que “el grupo no ha sido derrotado y seguirá representando un importante desafío antiterrorista en el futuro previsible”.

Hoy, menos centralizado, ISIS tiene una presencia expansiva en forma de filiales, sobre todo en África.

En el terreno digital, el grupo todavía tiene una fuerte influencia y, según el reporte, Estado Islámico en la Provincia de Khorasan (ISIS-K), una de sus filiales más peligrosas, con sede principalmente en Afganistán y Pakistán, “está a la vanguardia de la experimentación con inteligencia artificial” para la propaganda. El informe advierte, además, que este repunte coincide con una menor prioridad global en la lucha antiterrorista frente a otras agendas de seguridad, como el foco de Estados Unidos en Venezuela.

10. Secretaría general de la ONU

El 2025 supuso el inicio de un nuevo proceso de selección para el secretario general de las Naciones Unidas, que busca volverse más transparente mientras el principal organismo multilateral es criticado por su estancamiento e incapacidad de acción ante conflictos como la invasión rusa de Ucrania o la guerra en Gaza.

Los candidatos tendrán hasta mediados de año para presentar sus propuestas y visión para la ONU, antes de que el Consejo de Seguridad deba recomendar un candidato para que lo ratifique la Asamblea General, que nunca ha rechazado su propuesta.

Para América Latina, la búsqueda del reemplazante de António Guterres tiene un interés particular, ya que una regla informal dicta que el próximo secretario debería surgir de estas latitudes. Aún más para la Argentina, que cuenta con un fuerte contendiente en Rafael Grossi, el actual director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) que ya ha sido postulado por el Gobierno.

Sin embargo, con otras candidaturas de peso –como la de la expresidenta chilena Michelle Bachelet y la de la exvicepresidenta de Costa Rica Rebeca Grynspan– y un llamado de la ONU a “considerar firmemente la posibilidad de nominar a mujeres como candidatas”, todo está por verse.

Con la colaboración de Guido Bovone, María del Pilar Castillo, Rubén Guillemí y Julieta Nassau,

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/los-10-conflictos-que-enfrenta-el-mundo-en-un-ano-que-empezo-sin-respiro-clone-nid11012026/

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