El ingeniero (y músico) argentino que fue pionero en IA en el país
Algunas combinaciones desafían los parámetros establecidos, pero, una vez que se concretan, ya no es posible concebirlas por separado: ¿quién hubiera pensado que el vinagre y la miel se podría...
Algunas combinaciones desafían los parámetros establecidos, pero, una vez que se concretan, ya no es posible concebirlas por separado: ¿quién hubiera pensado que el vinagre y la miel se podrían combinar para lograr sabores agridulces? Y en la vida de algunas personas, ciertos ensambles despiertan armonías inéditas.
Carlos Arana es ingeniero industrial, docente e investigador y especialista en inteligencia artificial, pero también es músico. Sus estudios abarcan desde un doctorado en Ingeniería, una formación en la Universidad de Stanford, otra en la Austral e incluso en el prestigioso Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología de Corea (KAIST), reconocido como la mejor universidad de ese país y como la más innovadora de la región Asia-Pacífico. Y también una participación en el Berklee College of Music, una de las instituciones educativas de música contemporánea más reconocidas del mundo.
Su inquietud intelectual lo llevó a ser pionero de algo que, hoy, se volvió moneda corriente: la inteligencia artificial. En ese entonces, cuando se trataba de una tecnología incipiente y muchas veces leída como algo utópico por los más escépticos, Arana creó el primer curso de posgrado sobre IA de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (antes llamado Data Mining, luego Ciencia de Datos, después Big Data y ahora IA). Con el tiempo, lo convocaron para llevar esa formación a UCEMA, donde se posicionó a la vanguardia de la enseñanza de Ciencia de Datos.
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Tampoco le faltó una incursión en el ecosistema emprendedor, vinculado a esta industria; ahí creó una consultora desde la que desarrollaba aplicaciones de inteligencia artificial para diferentes industrias: desde distribuidoras hasta prepagas de salud.
Ingeniero y músicoMientras estudiaba ingeniería en la UBA, Arana no perdió el tiempo: se inscribió en la primera escuela de música popular del país, el Instituto Tecnológico de Música Contemporánea, que nació inspirado en los programas más conocidos de USA de los años 70 y 80. Pero su sed por aprender más de este arte era muy grande, por lo que decidió hacer una inmersión más profunda: en 2002, se mudó a Brasil, más precisamente a Paraty, una ciudad conocida por ser centro mundial del arte y que, de hecho, está protegida desde 2019 por su biodiversidad y cultura como Patrimonio Mundial Mixto por la Unesco.
Esa urbe, decorada con casas coloniales de colores, una bahía rodeada de islas y naturaleza, calles que respiran historia y fiestas centenarias que encienden a la comunidad en varios momentos del año, conquistó el corazón de este ingeniero. Poco a poco, fue conociendo a la mayoría de los músicos locales, de los que aprendió “la maravillosa música de este país”, hasta especializarse en ella.
Su formación llegó a tal nivel que editó libros de enseñanza de Bossa Nova para las editoriales más grandes del mundo: desde Warner Bros y Hal Leonard, hasta el libro de partituras de quizás el disco más importante de la historia de la Bossa Nova, el de João Gilberto y Stan Getz que contiene las versiones originales de Garota de Ipanema y Desafinado. “Mis libros se usan en todas las universidades del mundo como la forma de enseñar la Bossa Nova”, explica Arana.
Con el tiempo, Arana regresó a su país de origen y trabajó con muchos artistas de este género musical, tanto cantantes brasileños que viven en la Argentina, como argentinos que cantan los géneros musicales del país vecino. Incluso dirigió los cursos de música de la embajada de Brasil de la Argentina, en el Centro cultural de la Embajada de Brasil (CCBA).
Su expertise llegó a tal nivel que llegó a tocar junto a María Creuza -leyenda viva de la Bossa Nova- en todo el país y en Uruguay. Creuza fue también la elegida de Vinicius de Moraes y protagonista de uno de los discos fundamentales de la Bossa Nova a nivel mundial, La Fusa. “Fue una experiencia única de vivenciar desde adentro la historia y la esencia del género”, explicó Arana.
Hoy, Arana estudia el vínculo entre la inteligencia artificial y la música y se describe como alguien que “está obsesionado con la educación y con la importancia de formarse integralmente, para lograr impacto”.
Su aporte en este ámbito se diferencia de la tendencia actual alrededor de la IA, que suele centrarse en el uso de esta tecnología para simplemente generar música. Del otro lado de la vereda, Arana promueve un enfoque de la IA aplicada a todo el ciclo de vida de una obra musical, desde la composición, pasando por la mezcla, el mastering y la distribución, y también en el análisis, como transcripción, musicología, estudio, entre otros. “La IA en música es mucho más que componer música con una aplicación y sin intervención humana, es una herramienta que puede tener muchísimos usos en la caja de herramientas de un músico, artista o productor y que agiliza trabajos que antes tomaban mucho tiempo y que hoy se pueden optimizar con el uso de herramientas y apps de IA”. Entre ellas, enumera los métodos de recuperación de información musical (MIR) para extraer características musicales como el ritmo, la armonía y las fuentes del audio, todas tareas que facilitan el oficio del músico.
“Carlos, you are a gift to us”, le han dicho en la Universidad de Berklee. Es que mientras algunas industrias mantienen una visión apocalíptica frente a esta tecnología y consideran que la IA las hará desaparecer, Arana logró dar una respuesta creativa, que no barre con lo previo, sino que potencia todo lo que el ser humano puede dar.