El imperdible circuito europeo, ideal para recorrer durante 5 días en bicicleta
La combinación entre turismo y deporte es una ecuación perfecta, sobre todo cuando el destino es...
La combinación entre turismo y deporte es una ecuación perfecta, sobre todo cuando el destino es la Provence, una región encantadora de pueblitos que parecen detenidos en el tiempo, campiñas y viñedos en el sur de Francia.
Recorrerla en bicicleta permite conocer el detrás de escena de la zona, accediendo a lugares que de otra manera serían difíciles de alcanzar, y le da al viajero la posibilidad de conectar con los sentidos: los caminos invitan a hacer pausas para disfrutar de un picnic entre los viñedos, meterse por callecitas donde los autos no circulan y llegar a pueblitos inhóspitos y llenos de encanto.
Para vivir la experiencia no hace falta ser un viajero intrépido: se puede optar por distintos tipos de bicicletas, desde la clásica o rutera hasta una asistida, con batería. Esta última permite activar la asistencia en los tramos más exigentes del recorrido y desactivarla cuando el camino se vuelve más amable. En general, las bicicletas se alquilan a través de agencias especializadas que, además, ofrecen un servicio muy práctico: el traslado diario del equipaje de hotel en hotel, ideal para pedalear liviano, aunque siempre existe la opción de llevarlo con uno.
Esta región está totalmente preparada para el turismo sobre dos ruedas, con una excelente infraestructura pensada para ciclistas de todos los niveles. Cuenta con una amplia red de véloroutes —bicisendas— que la recorren de punta a punta, conectando pueblos, viñedos, campos de lavanda y paisajes naturales.
La mejor época para recorrer la Provence en bicicleta es entre mayo y octubre, durante la primavera y el verano, cuando los días son largos y las temperaturas superamigables para pedalear. Además, entre mayo y julio la región regala uno de sus mayores espectáculos: los campos de lavandas empiezan a florecer y tiñen el paisaje de tonos violetas.
La experiencia, en primera persona, de llegar a la cima del Lanín
Día 1: a orillas del RódanoDesde Avignon hasta Saint-Rémy-de-Provence. Es un trayecto de aproximadamente 45 kilómetros, sobre un terreno completamente llano y de vistas abiertas entre campiñas y viñedos. A lo largo del recorrido, una de las paradas obligadas es Beaucaire, un pueblo de origen medieval situado a orillas del río Ródano. Su centro histórico alberga elegantes construcciones y plazas repletas de cafés y patisseries, ideales para hacer una pausa y reponer energía. Además, sus callecitas empedradas invitan a perderse sin apuro.
Durante la Edad Media y hasta entrado el siglo XIX, Beaucaire fue sinónimo de comercio gracias a la célebre Feria de la Madeleine, uno de los mercados más importantes de Europa. Cada año, durante varias semanas, el pueblo se transformaba en un enorme centro comercial a cielo abierto que llegaba a recibir a miles de comerciantes y viajeros de todo el continente.
El último tramo hasta Saint-Rémy-de-Provence es con los Alpilles, una cadena montañosa, como telón de fondo. Estas colinas acompañan el recorrido con pequeñas ondulaciones, caminos rurales y vistas abiertas. El pueblo, de ritmo tranquilo, es una parada ideal para ciclistas: es fácil de recorrer, tiene un centenar de barcitos, plazas y mercados donde hacer una pausa y probar productos autóctonos como la trufa.
Este pueblo también ha sido cuna de la cultura y el arte. Vincent van Gogh vivió allí entre mayo de 1889 y mayo de 1890, cuando tenía 36 años y atravesaba un momento crítico de su vida. Durante ese tiempo estuvo internado en el hospital de Saint-Paul-de-Mausole, a las afueras del pueblo, donde encontró en el paisaje provenzal una fuente de inspiración: ha llegado a pintar más de 150 obras, en su mayoría influenciadas por el macizo de los Alpilles, los olivares y los viñedos, escenarios que hoy son parte del recorrido de los viajeros.
Día 2: visita medievalDesde Saint-Rémy-de-Provence hasta Cavaillon. Este segundo día de pedaleo es uno de los más intensos, tanto a nivel físico como visual. El recorrido total es de aproximadamente 50 kilómetros, dependiendo de los desvíos que se hagan para recorrer distintos pueblitos. Los primeros diez kilómetros desde la salida de Saint-Rémy transcurren por un camino sinuoso y boscoso en pleno corazón de los Alpilles y acumulan un desnivel total de casi 800 metros.
En esta primera parte del trayecto, uno de los primeros pueblos donde vale la pena frenar para visitar es Les Baux-de-Provence, un antiguo fuerte medieval ubicado a 245 metros sobre el nivel del mar. Es conocido principalmente por Les Carrières de Lumières: antiguas canteras de roca caliza —excavaciones realizadas directamente en la montaña— que hoy funcionan como espacios de arte y albergan muestras inmersivas, famosas por sus exposiciones dedicadas a Van Gogh, Klimt, Monet y, más recientemente, El Principito.
Desde allí y hasta la entrada de Cavaillon, el recorrido se vuelve espectacular: un camino ondulado entre viñedos que parecen infinitos, de un verde intenso, salpicado de bodegas con entradas despampanantes, que no deja de sorprender en ningún momento.
Por su parte, Cavaillon es otra ciudad con un legado histórico importante. Su casco antiguo aún conserva su estilo medieval y barroco, visible en sus zigzagueantes callejones, antiguas murallas y edificios religiosos, entre ellos la Catedral de Notre-Dame-et-Saint-Véran y la Sinagoga de Cavaillon.
Todos los días por la mañana se monta un mercado que ofrece productos frescos, especialidades provenzales y artesanías donde la gente local suele hacer sus compras diarias. El melón es el símbolo gastronómico de la ciudad, alimento que se encuentra en muchas de las recetas locales y como acompañamiento de comidas. Este producto supo desarrollarse hace ya muchos años gracias a su clima mediterráneo y sus suelos fértiles.
Visita al misterioso refugio de San Francisco de Asís, en el corazón de Italia
Día 3: paisaje teñido de ocreDesde Cavaillon hasta Roussillon. Este trayecto también es de ensueño, con un recorrido de aproximadamente 45 kilómetros. La salida de Cavaillon es a través de una bicisenda entre la campiña y, en el camino, quienes lo deseen encontrarán estaciones para frenar un rato, hacer picnics y recargar pilas.
Sin embargo, vale la pena salir un rato del camino y disfrutar algunos de los desvíos. Uno de ellos es Ménerbes, un pequeño pueblo en lo alto de una colina, con vistas abiertas a los viñedos y campos de lavandas que supo ser residencia de artistas y escritores.
A esta lista de desvíos también se suma Lacoste, un elegante pueblo de calles empedradas y casas de piedra donde se respira arte en cada rincón, dado que alberga importantes galerías y es sede de una reconocida escuela de diseño, que cada verano recibe a jóvenes universitarios. En lo más alto se encuentra el castillo de Lacoste, una fortaleza medieval que perteneció al Marqués de Sade y que fue adquirida por el diseñador Pierre Cardin, quien lo transformó en un espacio cultural y escenario de desfiles y eventos artísticos.
Finalmente, la llegada a Roussillon está enmarcada en un paisaje teñido de color ocre que oscila en tonos amarillos, dorados y rojos. Esto se debe a la presencia de óxido de hierro en sus suelos, pigmento que durante siglos formó parte de la actividad económica de la zona, ya que se utilizaba para hacer, por ejemplo, pinturas. A pocos metros del casco histórico se encuentra el Sentier des Ocres, un parque natural protegido con senderos para recorrer entre bosques, formaciones rocosas y paredes de ocre que te hacen sentir como si estuvieras en Marte. Acá, los fanáticos del arte están en su lugar ideal: podrán encontrar muchísimas variedades de témperas y acuarelas naturales.
Día 4: la pequeña VeneciaDesde Roussillon hasta L’Isle-sur-la-Sorgue. Apodada “la pequeña Venecia”, L’Isle-sur-la-Sorgue es una pequeña ciudad rodeada de canales de aguas cristalinas que serpentean entre sus calles. Entre barcitos y cafés con mesas al sol, la verdadera impronta del lugar son sus ateliers, galerías de arte y anticuarios, que la convierten en un punto de encuentro para los amantes del coleccionismo y los objetos con historia. Y como es costumbre en estos pueblos provenzales, los domingos se despliega su célebre mercado callejero donde locales y viajeros se entrecruzan para descubrir quesos, aceitunas, frutas y aromas autóctonos.
Día 5: sobre el puenteDesde L’Isle-sur-la-Sorgue hasta Avignon. Este último trayecto del recorrido es el más corto, con apenas 20 kilómetros, y el más llano. Atrás quedaron los cerros y los ríos. Este día vale la pena llegar temprano a Avignon para recorrerla. Entre sus must se encuentra el famoso “Puente de Avignon”, emplazado sobre el río Ródano, construido alrededor de 1177 por pedido de Saint Bénézet, un joven pastor de la zona, que manifestó haber recibido un llamado divino donde le pedían una construcción de esta envergadura. Su casco antiguo también es una verdadera reliquia: pintoresco y elegante, alberga locales comerciales, bares y mercados. Vale la pena caminar por su muralla con vistas imperdibles a la ciudad y aprovechar una visita al Palacio de los Papas, donde entre 1309 y 1377 se oficializó como la capital del cristianismo.
Con esta aventura terminada, quienes deseen continuar el viaje pueden aprovechar la terminal de trenes de Avignon, con destinos hacia todo el país. Y para quienes se quedaron con ganas de recorrer un poco más la Provence —como fue mi caso—, pueden aprovechar que, a solo 20 minutos, está Aix-en-Provence, un destino que hipnotiza a los amantes de la gastronomía, la historia e incluso las flores.
La ciudad vive al ritmo de un enorme mercado que recorre la avenida principal de punta a punta y donde hay de todo: desde ropa y vajilla hasta florerías y una gran cantidad de puestos con productos locales, como quesos saborizados —por ejemplo, de lavanda o romero—, aceitunas y mermeladas.
Además, allí vivió el reconocido pintor postimpresionista Paul Cézanne; en su honor, se puede hacer un paseo caminando conocido como Circuit Cézanne, que conecta los lugares más importantes de su vida: su casa natal, atelier, escuela y distintos miradores en donde se inspiraba para sus obras.
Datos útilesCómo llegar
El aeropuerto más cercano a Avignon es el de Marsella. Desde allí, para ir a la ciudad, hay opciones de tren que tardan alrededor de 40 minutos o servicio de taxi, que demora aproximadamente 20 minutos. Durante este trayecto es muy lindo ver cómo el paisaje urbano de la ciudad queda atrás para dar paso a los campos de lavandas y los viñedos.
Equipo
Para disfrutar el recorrido con total tranquilidad, es importante llevar algunos artículos de primera necesidad: un rompevientos, y mejor si es impermeable, fundamental ante cambios repentinos de clima; también se recomienda tener encima una remera y un par de medias secas extra. No puede faltar agua para mantenerse hidratado, algo de comida y un pequeño botiquín de primeros auxilios. También es importante contar con un cargador de batería portátil dado que el uso del GPS consume mucha batería del celular.
Tarifa
El tour es a partir de 880 euros por persona. Incluye alojamiento, el alquiler de la bicicleta y el traslado del equipaje.
Se recomienda arrancar a pedalear temprano para aprovechar el recorrido, desviarse sin apuro a los distintos pueblos y llegar al siguiente antes de que caiga la noche.