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El impacto económico del conocimiento

Discutir sobre el desarrollo de América Latina sería estéril sin pensar en la relación entre recursos territoriales, activos físicos y el impacto de la economía del conocimiento. La forma en ...

El impacto económico del conocimiento

Discutir sobre el desarrollo de América Latina sería estéril sin pensar en la relación entre recursos territoriales, activos físicos y el impacto de la economía del conocimiento. La forma en ...

Discutir sobre el desarrollo de América Latina sería estéril sin pensar en la relación entre recursos territoriales, activos físicos y el impacto de la economía del conocimiento. La forma en que los recursos naturales pueden transformarse en riqueza, originar bienes atractivos y agregar valor económico a una sociedad.

Los países que más crecieron en el mundo tienen hoy una rarísima particularidad: disponen de una ínfima cantidad de recursos naturales, o directamente nula. La base de su crecimiento no está en el petróleo, ni en el acero, ni en el cobre ni en el gas. Está en la formulación de nuevas patentes, en la transformación de esas patentes en empresas y en la rentabilidad originada por la propiedad intelectual. Solo en 2025, Alemania originó 3000 empresas de base tecnológica, generó 24.000 patentes y produjo 54.000 millones de dólares de rentabilidad en propiedad intelectual. Cinco veces más que América Latina considerada en su conjunto.

Estas magnitudes se dan, no obstante, bajo una condición: la nula disponibilidad de reservas petroleras, gasíferas, energéticas y mineras (el 95% de la energía usada por este país ingresa del exterior). Quienes elaboran complejas teorías acerca del crecimiento deberían preguntarse cómo un solo país puede equiparar la capacidad comercial y exportadora de todo un continente cuyo caudal natural parece inagotable. La respuesta se halla más cerca de lo que pensamos. En las minuciosas investigaciones de Philippe Aghion, James Robinson o Daron Acemoglu, quienes estudiaron detalladamente el impacto de estas relaciones. Sus conclusiones desembocan en un solo lugar: el fin de las economías extractivas y el auge de las economías creativas.

El predominio de regiones que, sin ningún potencial energético, son verdaderas potencias comerciales, con un alto nivel de capitalización y un nivel de vida 10 veces superior al de cualquier país de tamaño medio. Es lo que ocurre, por ejemplo, con Singapur, un pequeñísimo territorio en el que se producen algunos de los bienes más sofisticados y en cuyo puerto se opera el 20% de todo el transbordo de contenedores del mundo. Una matriz condicionada por la carencia de recursos, pero que origina una capacidad productiva y comercial que ocupa al 98% de la población económicamente activa. Lo mismo ocurre con Israel, un territorio yermo y asediado por el conflicto. En 2025 se asentaron en Israel 6000 nuevas empresas y las exportaciones tecnológicas le reportaron 85.000 millones de dólares, alcanzando un porcentaje de ocupación del 97,2%.

El crecimiento económico basado en la innovación tiene una fortaleza particular: puede reconvertirse de manera competitiva. Reduce los tiempos de transición y resuelve uno de los problemas más insidiosos del capitalismo: el desempleo. A diferencia de los antiguos modelos industriales, las economías del conocimiento resisten mejor las transiciones tecnológicas y lo que conocemos como fase temporal de desajuste (la fricción laboral que produce miles de desocupados afectados por el cambio).

En contraste con las creencias prevalecientes, los modelos avanzados repercuten significativamente en la cuestión social. Permiten la convergencia entre el cambio tecnológico, la expansión empresarial y la captación de empleo. Llegados a este punto, el peso de la evidencia pone a regiones como América Latina frente a una disyuntiva particular: o aprovecha la dispersión científica, tecnológica e intelectual prevaleciente, o repetirá su tradición de participar marginalmente del progreso originado por las potencias emergentes.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-impacto-economico-del-conocimiento-nid27102026/

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